jueves, 28 de noviembre de 2013

EL SEÑOR (2)

















Debo de haber dormido una eternidad, pues el lado de la cama en el que se acuesta mi pareja está helado. Miro el reloj. Las cuatro de la tarde. Me siento un poco delincuente. No es que no necesitara el sueño. Después de lo que ha ocurrido lo necesitaba con toda mi alma. Pero ahora que no tengo trabajo me parece que no hago nada útil.
            
Una ducha es lo que preciso, y luego un café y un periódico. Me esfuerzo por concentrarme en esas rutinas, aunque, desde el primer instante, soy consciente de que me voy a tener que enfrentar a esto sola.
            
Cómo definirlo.
           
Una revelación que ha generado en mí una nueva conciencia. De pronto me he sentido joven y vieja al mismo tiempo. Como el señor. Él no quería desaparecer de este mundo sin contarme su secreto.
            
El agua se desliza por mi cuerpo y, pese a estar fría, noto calidez. Ni aún así me abandonan sus palabras, susurradas una noche tras otra al oído. En especial una frase, que era como el resumen de su legado: «El hombre es una plaga peor que cualquier monstruo».
            
Me pregunto qué terribles experiencias habría sufrido para abominar de sus semejantes de tal modo. Las mujeres, sin embargo, no le merecíamos una opinión tan pésima. Una parte de mí me advierte que son los desvaríos de un loco. Otra se pregunta si no tendrá razón.
            
Intento concentrarme en el periódico, pero la disociación entre mente y cuerpo llega a límites insospechados. Para el señor las mujeres somos, ni más ni menos, la salvación. El café acaba de derramarse sobre mi blusa. En vez de intentar limpiar la mancha, vierto el resto en el sofá.

martes, 19 de noviembre de 2013

VENCE CAROLINAS


















Era una desapacible noche de noviembre, de frío navajero, la primera en la que teníamos que desempolvar los abrigos.

En el Club Información me preguntaron si era participante, y me dieron un vale por un ejemplar de Relatos Urbanos. Aventuras en el asfalto (ECU, 2013). El acto estaba a punto de empezar. Mi mujer y yo llegamos puntuales cuando nuestra intención era llegar tarde.

Mientras saludaba a unas amigas, los presentadores iniciaron la gala a traición. Quién les iba a decir a ellas que ganarían dos de los principales premios.

Para amenizar la velada, se representó un pequeño sainete. En él Homero se encaraba con un adaptador moderno de la Ilíada. Eché de menos micrófonos, y no creo que fuera el único. Dos tercios de los asistentes se acordaron de Imanol Arias y el anuncio de GAES.

Luego, sin más dilación, se procedía a la entrega de premios. Tres accésit y tres ganadores. Aunque supiera de antemano que mis posibilidades eran muy limitadas, se me pusieron de corbata segundos antes de oír a los elegidos. Pobrecillos. Los premios consistían en una especie de dibujo al carboncillo enmarcado en forma de lápida con su nombre debajo.

Llamaron al resto de cuentistas al escenario. Allí nos hicieron la típica foto de grupo en la que algunos empujaron para colocarse en los primeros lugares. Al bajar, me tropecé con José Luis Ferris, de quien, lo confieso, aún no he leído nada.

Durante el vino de honor, pude charlar distendidamente con Carmen Juan Romero y Chelo Gisbert Santamaría, ambas vecinas del barrio de Carolinas. Nuestro barrio. Y ambas premiadas por sus estupendos relatos. Chelo es reincidente, pues gana el primer premio tras quedar subcampeona en otra edición. Estaban contentas. Sostenían la lápida como fieras agarradas a un trozo de carne.

Poco me queda que añadir. Sólo expresar mi satisfacción por haber colado en la antología un relato tan gamberro como La metamorfosis.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

CAFÉ CON LETRAS






















El pasado verano leí una novela juvenil que me gustó, y contacté con el autor por correo. Como vive en Alicante, le invité a un café con letras. En septiembre me dijo que estaba muy ocupado y quedamos para el mes siguiente. Nos vimos por fin una mañana de octubre. 

Estuvimos un par de horas charlando de los más variados temas, y le noté orgulloso de sus premios y novelas. Yo le conté mis proyectos, y probablemente aún se debe de estar partiendo el culo. Me dijo que no hay editoriales de cuentos en España, aparte de Páginas de Espuma. Cierto que es la única que sólo publica cuento, pero en muchas editoriales existen colecciones dedicadas a los libros de relatos. Coincidimos en que la parte que menos nos gusta de escribir es hablar en público. También me sugirió que preguntara primero por correo electrónico antes de enviar manuscritos a editores que no aceptan originales.

Hay un detalle que me parece curioso. Veréis, yo le regalé un ejemplar de 
Vareando Nubes. Me dijo que le diera tiempo, que andaba bastante liado. Se lo leyó en menos de una semana. 

Algo me decía que la crítica iba a ser agridulce, aunque yo escribiera como los ángeles. De hecho, el colega ha valorado positivamente mi escritura (dice que engancho al lector con dos o tres frases) pero no le han gustado mis historias. Por cortas, por subdesarrolladas, por pequeñajas. Eso es como si le digo a un novelista: oiga, narra usted demasiado. Quizá sea impresión mía, pero no hay libros grandes o pequeños, sólo buenos o malos lectores.

A propósito del cuento «Ojos de pez», más de un lector me ha preguntado qué demonios hace un ciego con revistas porno. Hay infinitas posibilidades, pero creo que ninguna invalida el relato. Podrían ser revistas en braille (confirmado por los invidentes). Podría no ser ciego de nacimiento. Podría haberlas comprado al saber que los amigos venían de visita. ¿Qué os parece?



jueves, 7 de noviembre de 2013

NOVIO


















—Mira, papi, ese es mi novio —señala desde el parapeto de mis brazos.
—Pero… lleva un pendiente en la oreja —objeto yo—. Los niños no llevan pendientes.
—Algunos sí —zanja ella—. Me lo dijiste tú.

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