sábado, 22 de febrero de 2014

ZAPATONES


















El mejor momento del día es cuando me quito la nariz frente al espejo de caballeros. A continuación me calzo las deportivas, y guardo la peluca y los zapatones en la maleta. Luego empiezo a desmaquillarme, lentamente. Hoy los niños han estado especialmente traviesos, y los padres, vaya cuajo, no se alteran. Uno de los pelones me ha dado un beso y aún me late en la mejilla.


Incluido en la antología El Mejor Momento, un libro editado por Letras con Arte.

viernes, 14 de febrero de 2014

ALEVOSÍA




     Va a ser una noche muy larga, cariño, mientras tú no piensas ni un solo momento en mí. Yo intentaré no pensar demasiado en ti. Voy a distraer mi cerebro de toda esa bazofia que vomitan los telediarios y que me mantiene alerta, en tensión. 
     Lo tengo todo medido.
     Para empezar, acumularé víveres en la mesa del salón: un termo con café bien cargado para conjurar al sueño, una tableta de chocolate para la frustración, las uñas para el desasosiego. No hará ni dos horas que te marchaste y sólo me quedan los muñones.
     En una noche como ésta no debe faltar un compañero fiel de los ancianos y los niños: el orinal. Evita los intermedios innecesarios. Instantes que pueden aprovechar los ojos para fijarse en tu cama vacía. La nostalgia de tu niñez me invadiría; el temor a que te roben, a que te peguen, a que te den un navajazo.
     Otro aliado es un colirio que borre de la mirada las horas y horas de frenesí danzante junto a la ventana; tú también lo necesitarás en cuanto aparques la moto, te quites el casco y entres en el portal. Es la clave si quieres superar con éxito el escáner de la abuela. Ya sabes que los domingos comemos en su casa y es el ojo de Dios. A la mínima señal de resaca, procede a ahogarnos en té de ortigas. Para colmo, nos obliga a escuchar una grabación de Monseñor Escrivá de Balaguer. 
     Tu madre siempre tuvo una capacidad increíble para el sueño. Y yo, para inventar pesadillas. Por eso, ella duerme a pierna suelta y yo no. Con un ojo en la ventana y otro en mi afición, presiono las teclas que proporcionan felicidad sin límites. Me dejo hipnotizar por un relato que no llega jamás al clímax. Sus personajes tienen gancho, su trama es absorbente, su veracidad roza lo inaudito. 
     A veces me gustaría ser un padre normal, un padre que pasa de las salidas de su hija. Quizás exagero un poco con lo del generador de emergencia. Sería una pesadilla quedarse a oscuras lleno de oscuros pensamientos. Esos amigotes tuyos adeptos al viejo conde, afiliados a un velatorio eterno, enemigos del color me torturarían hasta el amanecer. Si Bécquer levantara la cabeza, comprendería mis desvelos: los poetas que adora la gente joven se parecen a Marilyn Manson.
     Te escribo esta carta, hija, para que cuando regreses al alba de tus correrías nocturnas me dejes un ratito más. No es que no te quiera, ni mucho menos, pero tendrás que perdonarme por no echarte la bronca: es que estoy mortalmente enganchado a tu consola.


Este relato, que ahora os presento con leves cambios, apareció en la revista Tirano Banderas en 2010.

viernes, 7 de febrero de 2014

VERIFÁBULAS























Es un recién nacido y ya tiene entradas. Esta aparente paradoja no lo es tanto si nos referimos a un blog que acaba de ver la luz. Se trata de Verifábulas.

Lo ha fraguado la escritora y amiga Esther Planelles, según sus propias palabras, para dar salida a cuentos que no son para pequeños ni para mayores, sino más bien para principitos.

Unos dirán que las historias de Esther son marcianadas. Otros, que demuestran una imaginación extravagante y mágica. Los habrá, incluso, que elogien el magisterio de su poesía. Seguro que no habéis leído nada igual.



Alicia by Enrique Bunbury on Grooveshark

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