jueves, 25 de junio de 2015

CUANDO AÚN ESCRIBÍA A BOLI



















Como muchos de vosotros, yo empecé escribiendo a bolígrafo e incluso a lápiz. Recuerdo que, mientras mis padres veían la televisión, yo componía poemas en una libreta. Recuerdo incluso el nombre de aquel primer libro de versos que nunca llegaría a publicar y que destruí completamente. No en vano eran bastante pueriles.

Escribí poesía durante el instituto y la universidad, como vía de escape a un mundo en el que no encajaba. Era tímido, solitario y no me gustaban demasiado las normas. Probablemente aún soy así.

Hubo un momento en que decidí que la poesía no era lo mío. Supongo que porque necesitaba escribir una historia real y no sentimental, algo que comprendiera todo el mundo, algo no sujeto a la interpretación subjetiva como un cuadro abstracto. Necesitaba, al fin y al cabo, comunicarme.

Ya no puede hacerme ningún mal dejaros leer uno de aquellos poemas guardados en una carpeta. Les tengo el afecto justo. Embriones de lo que pudo haber sido y no fue.


Camarada, la nieve
finge hermosura.
¡Sal de tu cósmica
burbuja de nácar!

El silencio de sus besos,
el girar de las palmeras
en los huracanes,
son libido.

Camarada, el hielo
rojo se hacina,
genera una luna
enigmática y triste.

La quimera,
una bola de nieve
monstruosa
en el mentón de la primavera.

Y flores, flores, flores famélicas
encerradas
en torres, torres, torres desoladas.

Camarada, un sol
anaranjado me ha poseído,
¡qué miedo ruge entre los dos,
filigranas, escondidos!


jueves, 18 de junio de 2015

FUEGO


















Cuando le preguntaron al pirómano por qué había quemado la Hoguera del Ayuntamiento en un descuido de seguridad, se limitó a responder con un encogimiento de hombros: «Ya no quedan bosques en Alicante que reducir a cenizas». Ese año, la gente recuperó la costumbre de sacar los muebles viejos a la calle para prenderles fuego.

¡¡¡FELICES HOGUERAS 2015!!!




miércoles, 10 de junio de 2015

CIRCO
























En pleno año electoral, donde hasta las piedras hablan de política, huir de la realidad mediante la lectura apetece un montón. Sin embargo, leer a José Ángel Ordiz no te ofrecerá ese chute que tanto anhelas de fantasía. No es Laura Gallego, vaya. Por el contrario, llegarás a la nada agradable conclusión de que el ser humano es corrupto por naturaleza y tiende al mal. Quizá ya lo sospechabas después de oír las noticias.

En su última novela, Circo (Liber Factory, 2015), tendrás más de un ejemplo para mirar a tus semejantes con una nueva dosis de recelo. Puede que detrás de esa ancianita simpática que cruza la calle se esconda una asesina implacable. Tal vez ese circo que llega a tu ciudad y se asienta en cualquier descampado no resulta tan amable ni tan bonito como parece. Ordiz nos revela su trastienda, las sombras que se ocultan tras la luz de los focos y el maquillaje de los payasos.

Caramuerto, uno de los miembros, encuentra colgado en su caravana al enano Marcial. Este antiguo payaso ganó un buen pellizco en la lotería, pero la morriña por la vida circense le hizo regresar junto a sus compañeros. Desde entonces, financia el circo al tiempo que no disimula su adicción a las drogas ni su atracción por las niñas. Cualquiera puede haber asesinado a un personaje tan abyecto como atractivo. Pero nadie habla, porque todos ocultan algo de lo que avergonzarse. Gustavo Vidal, el director, que la sobrina le «incendiaba el sexo». Hugo, el lanzador de puñales, el vicio del juego. Serena, su mujer, la falta de valor para abandonarle.

El estilo de Ordiz —puro nervio de oraciones breves, concisas, de diálogos lacónicos— es seco, abrupto como el escenario donde se desarrolla la novela: «… la población costera lamida y roída por el Cantábrico». La obra sigue el orden lógico de una función: presentación, actuaciones y despedida. El autor no usa capítulos sino asteriscos para separar los fragmentos, algunos de apenas media página.

Habría que estar loco para no admirar en Circo que nada sobra, nada falta. Que menos es más. Que es literatura sin concesiones, sin pelos en la lengua, sin tapujos. La recorre de cabo a rabo un pesimismo hacia el género humano que esconde un gran amor por la humanidad: «Tantos que beben para olvidar y tú lo recuerdas todo cuando bebes».

miércoles, 3 de junio de 2015

NADA














El chaval entró al aula con el ceño fruncido, se sentó y puso cara de esperar que el tiempo pasara rápido.
—¿Qué tienes para hoy? —pregunté.
—Nada.
Adoptando un tono profesional, comencé la explicación del tema: «En el principio, no había nada sino Dios…». En ese preciso instante, de forma casi milagrosa, el alumno recordó unos deberes que le habían mandado en el colegio.



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