sábado, 27 de febrero de 2016

EL SEÑOR (10)















Por supuesto, no estamos de viaje en Marruecos. Hemos alquilado un piso en otra ciudad mientras aclaramos las ideas. Pedro no me agobia con demasiadas llamadas, pero sé que lo está pasando mal. Por un lado, vela por un Paco cada vez más inquieto y desorientado. Por otro, acude al trabajo con toda la normalidad que las circunstancias permiten.

Nuria, en cambio, ha pasado de ser la típica ama de casa que pide permiso para echar un polvo a convertirse en una devoradora de hombres sin complejos. Utiliza la invisibilidad para salir de casa de sus amantes en los momentos más inoportunos. Nunca la han pillado hasta ahora.

Ya no he vuelto a meter mano en política, pues desde que hay una presidenta del gobierno la corrupción no ha aumentado pero tampoco ha sido eliminada por completo. En cambio, he meditado largamente cuál debe ser mi siguiente paso.

Esta tarde, he visitado al mayordomo del señor. Nunca pensé que volvería a poner los pies en esa casa. Contra todo pronóstico, se ha mostrado de lo más amable. Incluso se ha disculpado por haberme despedido. Mientras tomábamos el té en una salita, un carrillón me ha sobresaltado al dar las cinco en punto.

No me he atrevido a contarle lo que pasa.

Él ha lamentado tener tanto tiempo libre. No deja de ser curioso. Según el testamento del señor, seguirá cobrando sus honorarios mientras viva con la única condición de mantener el hogar habitable.

Antes de que el crepúsculo ahogara el último rayo de sol, el mayordomo ha hecho una pregunta reveladora:

—¿No tienes a veces la sensación de que, aunque lo puedes todo, no puedes hacer nada?

Me he vuelto hacia él y, por primera vez, lo he mirado a los ojos.

miércoles, 17 de febrero de 2016

PELUSILLAS EN WASLALA



Siempre he sospechado que la gente sin vicios, en el fondo, no es humana. Pues bien, yo soy adicto al té. Este pequeño placer viene asociado a otro que tiene más años, el de la lectura. No puedo leer sin una taza de té en las manos.

Por eso, cuando surgió la idea de presentar PELUSILLAS EN EL OMBLIGO en una tetería me pareció lo más natural del mundo. No una cualquiera. Waslala, cuyo nombre evoca la ensoñación misma. Allí suelo ir solo o con amigos mientras suena de fondo una música nunca demasiado alta. Allí he discutido con mi mujer muchas veces si un relato valía la pena o no. Allí, incluso, he tomado mojitos hasta no saber cómo me llamaba.

Bajé una tarde de viernes a entrevistarme con sus actuales dueños y, desde el principio, hubo una química especial. Iván y Nuria están realmente interesados en la cultura, no la utilizan para cobrar un plus. Además, son abiertos y simpáticos. Te dejas encandilar por sus ganas.




Fijamos una fecha. Luego me puse en contacto con mi compañera de libro y con la editorial, que se encargó del cartel publicitario.

La víspera de la presentación, recibí un mensaje de Esther diciendo que tenía la gripe. Muchos alumnos también se pusieron enfermos esa semana, de modo que no me puedo quejar.

La noche del jueves, camino de Waslala, iba sudando como si estuviera en la selva Amazónica. Una lluvia delgada empezó a caer. Sólo faltaba la nube de mosquitos para completar el ambiente tropical. Por eso, sentí un alivio inmenso cuando me quité el chaquetón dentro de la tetería. Eché un vistazo. Había venido a verme el número de personas perfecto para que aquel rincón no perdiera el encanto.




Eva, profesora de un curso de escritura creativa en Waslala, tuvo el detalle de decir unas palabras previas. Aproveché para hidratarme. Hay escritores que aseguran que hablar en público es una tortura. A mí no me entusiasma, pero considero fundamental dar a conocer tu trabajo. Forma parte, se quiera o no, del oficio.

Mientras hablaba, se creó un ambiente agradable. Debía girar la cabeza una y otra vez para no descuidar a la derecha ni a la izquierda del auditorio. Se me antojó que era un político intentando formar gobierno.

Como Esther andaba con voz de aparecida, le dediqué el primer microrrelato. Luego se arrancaron a leer algunos de los presentes. Calaron hondo los textos más chistosos con fondo trágico. Los españoles nos reímos hasta de nuestra sombra.

Dicen que transmito pasión y humildad. No sé si será cierto, pero desde que dejé de considerarme un genio he empezado a pasármelo en grande.



martes, 9 de febrero de 2016

PRESENTACIÓN EN WASLALA



















Durante esta semana se celebra el sobrevalorado San Valentín, pero yo quiero reivindicar el valor de la amistad. Esa amistad que hace que dos personas muy diferentes escriban un libro juntas. Tenéis una cita con PELUSILLAS EN EL OMBLIGO en la tetería Waslala. Los enamorados también podéis venir.









viernes, 5 de febrero de 2016

REALISMO MÁGICO

















Para explicar el Realismo Mágico a un alumno, levité por el aula como si tal cosa. Lo entendió a la primera. Cuando el chaval desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra, me quedé estupefacto. Aún le busco una jodida explicación.


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