miércoles, 7 de marzo de 2018

LA INMORTAL






















Solo le pido a Dios la eternidad 
de la nevera.
Qué placer más sinuoso
no tener que comprar.
Qué alegría más lúbrica 
no quedarse sin sal
un día de huelga.
¡Maldita la hora en que probé 
aquella crema antiedad!
Detesto salir de marcha disfrazada de abuela, 
envidio las arrugas jóvenes
que tenía mamá.
Mis amigas fallecieron hace décadas
muertas de envidia
por mi triste inmortalidad.

2 comentarios:

  1. Somos nuestro mayor enemigo cuando nos dejamos convencer para usar el estómago en lugar de la cabeza.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Lo de la eternidad de la nevera era un deseo irónico, aunque muchas mujeres y hombres firmábamos ya.

      Un abrazo.

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