martes, 2 de julio de 2019

CERRADO POR VACACIONES




Ha llegado julio y nadie podrá decir que en Academia Nova no hemos trabajado hasta el último día. Que luego la gente escupe que los profesores tenemos muchas vacaciones. Para muestra un botón: el 20 de junio, en plenas Hogueras de Alicante, nos llamó una madre desesperada por que su hija recuperara matemáticas. Al día siguiente, hablé con la adolescente porque la madre no dominaba el castellano. Admitió que tenía siete libros. «¿Siete libros de matemáticas?», pregunté estupefacto. Aclaró: «No, siete suspensos». Y aún añadió que cuándo empezaba. La animé a empezar el curso que viene desde el principio. Con esta anécdota, no aspiro a convencer a nadie de que nos merecemos hasta el último segundo de vacaciones. Eso es asunto evidente que cae por su propio peso. Solo espero alguna muestra de cariño, como esta planta de Cele que nos llega al corazón. Feliz verano.

miércoles, 19 de junio de 2019

EN CASA DE ORDIZ

















El escritor José Ángel Ordiz me dedica una entrada en su blog «Entre dos mundos». Rememora un viejo episodio con una editorial de cuyo nombre no quiero acordarme. También rescata Una idea original, cuento perteneciente a mi primer libro, El Mirador, que cumple diez años. Ya no se me ocurren ideas tan bandarras ni escribo con tanto desparpajo, pero sigo intentando llegar al corazón del lector.

miércoles, 12 de junio de 2019

CITA A CIEGAS


En las pasadas Elecciones Municipales del 26 de mayo, fui elegido primer vocal de Mesa. Ya había sido presidente en las Elecciones del 25 de mayo de 2003, es decir, dieciséis años atrás. Por tanto, llevaba la ventaja de saber a lo que iba. Decidí intentar pasar el trago con la actitud más positiva posible y, para ello, comencé a empollarme el manual.
            
El despertador fue la noticia más triste del domingo. Cuando llegué, un corro de gente dormitaba a la puerta del Colegio Electoral. Mi breve saludo no obtuvo réplica.
            
No tardé en conocer a mis compañeros de cautiverio. Para preservar su identidad, los llamaré Pablo y Josefa. El presidente es un veterano de carácter bromista y trabajador. La segunda vocal apenas tiene veinte años y hay que sacarle las palabras con sacacorchos. Pronto quedan asignados los papeles de la comedia que vamos a representar.
            
A las ocho y siete minutos de la mañana comienza la votación. Como un engranaje perfectamente engrasado, tres completos desconocidos trabajan en equipo. La jornada se desarrolla sin incidentes, salvo un apoderado cuyo afán controlador le lleva a meter las narices donde no le llaman. La policía avisa al caballero sin lograr que deponga su actitud. Pablo lo bautiza con el merecido apodo de MacGyver. El resto de apoderados se limita a presentarse a las Mesas y ofrecer su ayuda.
            
Los electores dejan alguna anécdota digna del surrealismo. Hay uno que, tras depositar su voto en la urna, nos pide cincuenta euros. Valiente cantamañanas. No falta un nieto que pregunta si el nombre de su abuela recientemente fallecida se encuentra en el censo. Una hermosa forma de decir te quiero. Por último, una señora me presenta un carnet de autobuses para votar. La miro de arriba abajo y sonrío.
            
Tantas horas de convivencia dejan estampas humanas mejores que una serie de televisión: la policía contando chascarrillos, un apoderado repartiendo SMINT entre los miembros de las Mesas, el cariño de mi familia…
            
Una vez cerrado el Colegio, vivimos una carrera contrarreloj para terminar el papeleo lo antes posible. Viendo a todos esos desconocidos colaborar estrechamente —sin siglas, sin partidos, sin ideologías—, siento que la mejor soledad se disfruta en compañía. Nos echaremos de menos, pero que pasen dieciséis años más.

miércoles, 5 de junio de 2019

CANDIDATO AL LIBRO MURCIANO DEL AÑO



El libro de relatos Trece rosas negras sigue dando que hablar. La editorial me comunicaba hace poco que un jurado externo lo había seleccionado, entre otras obras, como candidato al premio Libro Murciano del año 2018 que organiza la fundación Amigos de la Lectura. El fallo tendrá lugar en el mes de septiembre. Hasta entonces, felicidades a Tres Columnas por el reconocimiento a su labor y suerte al resto de compañeros.

miércoles, 22 de mayo de 2019

DEBATE A CUATRO



















Encendió el aparato sin saber por qué, quizá buscando alguna verdad entre tanta mentira. La moderadora del debate presentó al candidato marrón sin escatimar elogios; al rosa, amarillo y negro con la educación que requieren las formas. Sería criticada por ello en redes sociales, pero nadie la despediría de la cadena. Héctor cambió de canal para, minutos después, volver como un buitre carroñero. El líder negro se había quedado callado durante su turno de palabra. Un largo minuto mirando a cámara sin desplegar los labios. Una ligera sonrisa en los mismos, nada más. Los otros líderes sí hablaron, vaya si hablaron. El rosa despellejó al amarillo como un perro rabioso. El marrón hizo leña del árbol caído: «Me parece una broma de mal gusto, una burla hacia todos los españoles y españolas». Al día siguiente, la noticia bomba era el extraño y elocuente silencio del candidato negro. Héctor, con un café en la mano, leyó algunos titulares de la prensa digital: «Estrategia para denunciar la hipocresía en campaña», «El cansancio hace mella», «De aquí a la clínica de desintoxicación». El lacónico comunicado del partido negro llegaría a media mañana: «Abel Martín estaba agotado y pide disculpas públicamente». Tras la jornada de reflexión, Héctor votó por aquel candidato que había tenido el valor de no hacer absolutamente nada.

miércoles, 15 de mayo de 2019

TRECE ROSAS EN ALICANTE





















El último domingo de marzo era un día de esos que apetece remolonear en la cama. De madrugada, nos habían robado un jirón de sueño debido al cambio de hora. Por la mañana, una lluvia terca y obstinada me pobló de negros presagios. Los aparté a manotazos. Cogí mi paraguas multicolor y salí de casa. Me había comprometido a firmar en la caseta de la librería 80 Mundos con motivo de la Feria del Libro de Alicante. 

El autobús tardaba la friolera de trece minutos y no tuve paciencia de esperar bajo la lluvia. Llegué puntual a mi cita, pero con los bajos del pantalón calados. Carmen Juan y Sara Trigueros, las libreras, no parecieron darse cuenta. El edificio Séneca, con sus techos altos y murales, secaría un poco mi ropa. Miré alrededor: ni un alma salvo los libros, los libreros y quien escribe estas líneas.

Con el paso de la mañana, algunas familias con niños se refugiaron de la inclemencia del tiempo. Carmen, inasequible al desaliento, sacó un montón de ejemplares de Trece rosas negras para colocarlos en primera fila. Alcancé uno y empecé a dar vueltas como Chiquito de la Calzada.
            
De pronto, una mujer buscaba a un tal José Antonio López Rastoll. Dijo que me seguía desde Pelusillas en el ombligo (Lastura, 2015) y que quería un ejemplar firmado del nuevo libro. Estuvimos charlando un rato. Después se dejaron caer amigos como Manuel Cado y Chelo Gisbert. Ambos han sido alumnos en los talleres de Conchi Agüero y escriben de película.
            


También pasó Marina Beckett y nos saludamos. Me pareció una mujer natural y cercana. Luego seguí cazando lectores por la antigua estación de autobuses hasta que llegó la hora de despedirse. Una vez en casa, descubrí con asombro que había llevado todo el día el calzoncillo al revés.

miércoles, 8 de mayo de 2019

GANADOR DEL PLAZA NUEVA IDAZLEAK













Es más fácil recuperarse de una derrota que acostumbrarse a una victoria, pero a nadie le amarga un dulce ni una inyección de moral. He ganado el VII Certamen Internacional de Narrativa Bilbao Aste Nagusia 2019 en la categoría Premio Plaza Nueva Idazleak con el relato «El día infinito». Además de aparecer publicado en la antología correspondiente, recogeré mi premio el próximo 19 de agosto durante un acto público que se celebrará en el hotel Abando de Bilbao. Será la excusa perfecta para visitar a mis amigos del Norte en la Semana Grande.

martes, 23 de abril de 2019

DÍA DEL LIBRO





















Me gustaría felicitaros el Día del Libro con Angelita de Pablo Lau. Esta magnífica pintura y otras se pueden disfrutar en el estudio de arquitectura alicantino 
Volta (frente al antiguo cine Ideal).

miércoles, 10 de abril de 2019

NADIE CONOCE A NADIE























En un acto promocional de mi último libro, me hicieron la siguiente pregunta: ¿Quién es en realidad José Antonio López Rastoll? Habría sido más fácil decir de corrido la tetralogía de George A. Romero dedicada a los muertos vivientes. No recuerdo qué contesté ni viene al caso. Ignoro si José Payá Beltrán ha tramado Identidad (Grupo Tierra Trivium, 2019) en venganza a los entrevistadores que seguro le han formulado la dichosa pregunta, para burlarse de los críticos literarios o, sencillamente, preso de la fiebre creadora que llevó a Freddy Mercury a escribir Bohemian Rhapsody o a Marta Sanz a romper moldes con Clavícula. No me cabe duda de que ha hecho lo que le ha venido en gana y, solo por eso, merece un aplauso.

¿Pero qué es Identidad ? ¿Una novela? ¿Un libro de relatos? ¿Una obra filosófica? ¿Un manual de crítica literaria? Ninguna de esas cosas y todas a la vez. Un editor —a través de un falso prólogo— recibe el manuscrito más extraño de su vida. Se titula «Identidad», no viene firmado y adjunta una dirección. Después de consultar a su equipo de lectores profesionales, decide publicar el libro. Pero antes tendrá que encontrar al misterioso autor.

Lo que comienza como una novela, oculta en su interior —a la manera de las muñecas rusas o las capas de una cebolla— un libro de relatos que gira alrededor del tema de la identidad. Las cinco partes del libro se dividen, a su vez, en tres secciones bien diferenciadas: crítica literaria que espolea la creatividad, cuento a modo de ejemplo como en El conde Lucanor (Don Juan Manuel, 1335) y, finalmente, comentario del relato. Un mecanismo de relojería no tan perfecto como parece, pues Payá rompe las expectativas del lector con continuas sorpresas: notas a pie de página en las que —al estilo de El Follonero (personaje que popularizó Jordi Évole en el programa de televisión Buenafuente)— critica su propio libro, referencias al cine, cuentos dentro de cuentos… Si están pensando que solo falta un chiste, abran la página dedicada habitualmente a las citas.

Esta original propuesta —cuya portada le habría gustado a Payá que fuera aún más radical y rompedora— no debe asustar al sufrido lector que busca libros fáciles de digerir. Tiene la virtud de poder leerse como un libro de relatos estándar. Sin embargo, recomiendo una lectura completa para saborear al máximo un divertimento inteligente, singular y atrevido.

Sin ánimo de convertir estas líneas en una guía de lectura, ofrezco modestamente la lista de cuentos oficiales que componen el volumen y el tema que tratan. LA CARRETERA aborda la identidad cambiante (somos el fruto de nuestra experiencia). LA SEGUNDA VIDA DE CHRISTOPHER MARLOWE, la identidad social (somos el trabajo que desempeñamos). MR. SMITH, la identidad como meta (somos aquello que deseamos alcanzar). LA HUMEDAD DEL FUEGO, la identidad narrativa (somos lo que narramos a los demás). LAS APARIENCIAS, la identidad personal (nadie es totalmente normal ni tampoco anómalo).

No acaban las sorpresas. Payá se plagia a sí mismo. Los dos primeros cuentos ya fueron publicados en su libro La segunda vida de Christopher Marlowe y otros relatos (Juan Gil-Albert, 2011). El tercero recupera a Luis Galvañ, entre otros personajes que ya aparecieron en su novela Destilando fantasmas (Aguaclara, 2007). Sin desmerecer ninguna, quizá «Mr. Smith» sea mi pieza favorita. Su mensaje equivale a estos versos del cantante Manolo García: «Como el lindo gatito fracasamos invariablemente / para diversión del personal / que nos mira de reojo. / Y como el Coyote, nunca llegamos a la hora, / ni al lugar, ni en el momento preciso.» 


La identidad no es simple, sino que posee tantas capas como una cebolla. Todas ellas conforman nuestra personalidad. Tampoco permanece inalterable a lo largo del tiempo. Posiblemente, yo no sea la misma persona que empezó a leer Identidad hace unas semanas. Me importan menos las identidades, quién escribió esto u lo otro, quién tiene fama y quién no. José Payá Beltrán ha escrito una obra que, a partir de ahora, pertenece a los lectores.

miércoles, 3 de abril de 2019

LA LINTERNA















El guarda enfocó con su linterna al visitante rezagado. «El museo cierra en diez minutos», dijo temeroso de haber visto un humano.

miércoles, 27 de marzo de 2019

FIRMA EN LA FERIA DE ALICANTE























La antigua estación de autobuses acoge la Feria del Libro de Alicante 2019 con el lema «Mujeres de palabra». Un espacio que me trae recuerdos de idas y venidas, de despedidas y reencuentros. Las mismas emociones que uno puede encontrar en las páginas de un libro. Allí firmaré Trece rosas negras, cuyos relatos están protagonizados por algunas mujeres valientes y ambientados en lugares emblemáticos de Alicante: el Mercado Central, el monte Benacantil, el barrio del Raval Roig, la playa del Postiguet, las Torres de la Huerta… Solo me queda agradecer a Tres Columnas, a Marina Beckett y a la Librería 80 Mundos el haberme tenido en «cuento».

miércoles, 20 de marzo de 2019

TRECE ROSAS EN CARTAGENA










El sábado previo a San Valentín, tuve Firma de Trece rosas negras en la II Feria Modernista del Libro de Cartagena. Viajé solo, sin prisa, con una novela de Susanna Tamaro en la mochila. Cogí un autobús a las nueve de la mañana y regresé a Alicante a las nueve de la noche.

La Feria se ubicaba en la Plaza de San Sebastián. Pregunté a varias personas, pero no me supieron orientar. En una Oficina de Turismo, logré la información. Seguí el mapa por un barrio antiguo plagado de edificios modernistas hasta dar con mi destino.

La Feria eran dos carpas de gran tamaño: las librerías cartageneras Santos Ochoa y Centro. Mi libro estaba en ambas, de modo que decidí dedicar una hora a cada una. Empecé por Santos Ochoa. A menudo, el viento racheado helaba hasta las ideas. Había gente disfrazada de época. Rubén Darío habría estado la mar de contento. Allí firmaba también la compañera de editorial Alfonsa García Armenteros, entre otros. Tres Columnas no dejó en ningún momento de apoyar a sus autores con su presencia. Varias fotos grupales dan fe de ello. Pasada la hora reglamentaria, cambié a Centro. La hora de comer pasaba factura: no había ni un alma. Me entretuve conversando con Rosa García Oliver y me llevé dedicado uno de sus numerosos libros. Cuando vio el que había elegido, exclamó asustada: «¡Ese es de poesía erótica!». La tranquilicé diciendo: «Claro».

Comí a las cuatro de la tarde. Luego di un agradable paseo sin rumbo por Cartagena. Las sensaciones, las palabras, los gestos de aquel día calentaban mi corazón como un vino dulce. Tenía ganas de llegar a casa y abrazar a mi hijo, que volvía de pasar una semana en Londres.

miércoles, 13 de marzo de 2019

EL CASTAÑERO















Desde que surge la duda, viven sumidos en la incertidumbre de si el castañero lleva peluca o no. El puesto ocupa la esquina de una iglesia evangelista. Mientras sus hijos compran castañas, Eduardo observa al hombre que ya no cumplirá los cincuenta liberándolas de debajo de una manta andrajosa y envolviéndolas en cucuruchos de periódico. Callados corazones del invierno con quemaduras de primer grado.
     Día a día, compra a compra, van obsesionándose con ese endiablado cabello que le da un aspecto irreal, fantástico. Parece tan falso como las cerdas de una escoba, pero ahí no acababa el asunto: encima color panocha. Y, sin embargo, está perfectamente ensamblado al cráneo. La mujer de Eduardo sugiere: «Miradle la raíz». No llegan a ninguna conclusión. De noche todos los gatos son pelirrojos.
     En casa, conciben toda clase de planes para sacarle la verdad: el secuestro, la extorsión, distraerle con cualquier artimaña para darle un tirón a lo bestia… Pasan buenos ratos a costa del pobre castañero.
     Después de Navidades, el tenderete desaparece como si se lo hubiera tragado la tierra. Eduardo peina el barrio, la ciudad en busca del misterioso señor. Una tarde, los niños señalan con el índice la cristalera de un cajero automático. Bajo unas mantas asoma el pelo anaranjado de alguien que duerme junto a un cartón de vino. Pegan la cara al cristal, pero no hay forma de asegurar si es él o una castaña gigante.

jueves, 28 de febrero de 2019

TÓCALA OTRA VEZ, SAM






















Puede que no les suene el nombre de Manuel Cado. Sin embargo, quizá a él sí le suena alguno de ustedes. La observación es una herramienta fundamental de su trabajo que ahora, afortunadamente, también aprovecha en su labor literaria. La capacidad de escuchar también. Acaba de publicar una ópera prima que aúna esas dos cualidades. Se llama El ocaso de Valeria (Letra Minúscula, 2018).

Circunscrita al género negro o policíaco, la novela da vida a un inspector de homicidios prejubilado que mata las horas empinando el codo y paseando por la alicantina playa del Postiguet. Todo cambia cuando le buscan para investigar el asesinato de Luis Belmonte, un pez gordo al que muchos querían muerto.

Paradójicamente, el inspector Samuel Mir es Manuel Cado y no es Manuel Cado. Escritor y personaje coinciden en que ambos son hábiles observadores y atentos oyentes. Ahí acaban las semejanzas. Samuel, apodado Sam, responde al cliché de tipo duro que Rick (Humphrey Bogart) popularizó en Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Nos encontramos ante un sabueso, una máquina de atrapar criminales. Calavera, visceral, siempre de un humor de perros. Odia a los ciclistas por una buena razón y eso le hace incurrir en alguna situación hilarante.

Los personajes femeninos caminan por la delgada línea que separa el amor y el odio, la traición y la lealtad. Su compañera, Blanca Garrido, recibe el puteo indiscriminado del solitario inspector. Valeria Rodes, su amante, utiliza la sensualidad como arma para lograr sus propósitos. Una auténtica femme fatale que no tiene nada que envidiar a la Conchita que inmortalizó Pierre Louÿs en La mujer y el pelele (Reino de Cordelia, 2013): «… el resto somos como esos bañistas que se desenvuelven con torpeza en el mar, mientras ella lo hace como un delfín, con un comportamiento extraño y encantador a la vez, y no me puedo imaginar que un ser así sufra.»

Dos rasgos aparentemente contrarios conviven en el libro: la frialdad y la cercanía. Por un lado, Manuel Cado adopta un estilo seco, cortante, pulido que encaja a la perfección con una novela policíaca. Los diálogos parecen lascas en la piedra. Por otro, sitúa la acción en lugares concretos de la ciudad de Alicante como San Francisco —más conocida por «la calle de las setas»—, el centro de ocio Panoramis o el hospital Perpetuo Socorro. Esto hace que el lector levantino se sienta como en casa.

Sin ánimo de moralizar, El ocaso de Valeria me parece un homenaje a la amistad, al compañerismo entre profesionales. Gustará a cualquiera que busque una buena historia llena de personajes memorables. Desde aquí le digo a Manuel Cado: «Tócala otra vez, Sam.»

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