jueves, 9 de julio de 2020

PERLAS DE CUARENTENA
















Entre el 16 de marzo y el 21 de junio, la pandemia del Covid-19 obligó al gobierno español a decretar el estado de alarma. En este marco, solo estaba permitido salir de casa en casos muy concretos. Poco a poco, las restricciones a la movilidad fueron relajándose. Pudimos volver a hacer deporte en el exterior, quedar con amigos o dar un sencillo paseo. Cada semana, solía poner por escrito algún pensamiento positivo que extraer de lo que sucedía. Feliz verano, mirones.

1. El silencio: no por extraño menos bello.

2. El sol: tomarlo en el balcón como los lagartos se ha convertido en una auténtica delicia.

3. La falta de prisas: hemos pasado de estar atacados de los nervios a disponer de todo el tiempo del mundo para dedicarlo a lo que más nos gusta. En mi caso, leer y escribir.

4. La zumba: una mezcla explosiva de diversión y deporte solo comparable a un buen petardo. Moisés, el profesor virtual, me ha salvado la vida.

5. Calles solitarias: es un placer pasear al perro por la carretera desierta sin temor a que te arrolle un coche, un patinete o una señora con el carro de la compra.

6. Llamadas: escuchar la voz de amigos se ha impuesto, por fin, a los impersonales mensajes de texto.

7. Los lametones de Wolf: cariño puro por las mañanas.

8. Las películas con mis hijos: enamorados del humor surrealista de «Amanece que no es poco» y «Así en el cielo como en la tierra», ambas del albaceteño José Luis Cuerda. Impagable la banda sonora de esta última: «Apocalipsis / fin de la historia / juicio final / y carne resurrecta».

9. No madrugar: alargar la noche todo lo posible y levantarse a cualquier hora no tiene precio.

miércoles, 24 de junio de 2020

EL DÍA DE LA LIBERACIÓN


Hoy no será un día cualquiera para David, que espera impaciente que las campanas de la iglesia toquen las nueve de la mañana. Ese tañido —antes odiado porque marcaba el momento de ir al colegio— ahora le sonará a bendita gloria.
     Por primera vez, ha madrugado sin quejas ni protestas. Nadie ha tenido que despertarle; lo ha hecho él solo. Ha sido ver luz y saltar de la cama como un resorte. Ha desayunado un vaso de leche con galletas. Luego se ha puesto el chándal que va a juego con las zapatillas de deporte, se ha lavado los dientes y se ha peinado.
     Ni siquiera ha enchufado la televisión para ver dibujos animados.
     Tampoco ha matado el tiempo mirando vídeos en el móvil.
     Está asomado al balcón cuando su padre se levanta.
     El adulto se rasca la cabeza unos segundos hasta recordar que hoy es el día de la liberación. Sale a tomar el sol junto a su hijo. El contraste entre ambos es máximo: el hombre en pijama, sin afeitar y con aire huérfano; el niño vestido, acicalado y expectante.
     —¿A qué hora te acostaste ayer, papá?
     —Mejor no preguntes —contesta bostezando como un león.
     —Buenos días entonces.
     El hombre revuelve el pelo demasiado largo del chaval. Este le comunica que ya ha contado cincuenta personas con mascarilla, veinte con bufanda, diez con el rostro al descubierto y una con un casco de moto.
     —¿En serio?
     —También he visto pasar un camión del ejército. Alucinante.
     —Oye —cambia de tema—, espero que recuerdes que el paseo no podrá durar más de…
     —¿Veremos a mamá? —inquiere el pequeño mirando directamente a los ojos de su padre.
     El hombre tarda en reaccionar. Su rostro se ensombrece aunque los rayos de sol le dan de lleno. Ella decidió, por coherencia, pasar la cuarentena en casa de sus padres.
     —Hemos hablado —susurra al fin con un nudo en la garganta—. Saldrás cada día con uno.
     David, que odia las discusiones interminables y los gritos secos, sabe que ha llegado el momento de pasar página. Un nuevo nacimiento espera a la civilización. Una puerta se cierra y otra se abre. Su madre sonríe bajo la mascarilla por primera vez en meses.


Incluido en la antología Palabras contra el virus, editada por Palin.

miércoles, 17 de junio de 2020

ADIVINANZA




La vida es una adivinanza sin respuesta,
quizá porque la solución
no es simple
ni compleja.
La solución es irrelevante.
Solo quedan los momentos
donde desaprendimos el aprendizaje.


miércoles, 10 de junio de 2020

EL REENCUENTRO
















Después de casi tres meses sin verse, las mujeres tenían mucho que comentar y los hombres poco que decir. No es que no hablaran, pero ellas llevaban el peso de la conversación frente a una mesa repleta de manjares exquisitos y vinos caros.
     —Nosotros solo hemos salido a tirar la basura —dijo Juana sin poder contener el orgullo.
     —¿Habéis sobrevivido con latas de calamares?
     —No, Luisa, hemos pagado para que nos traigan la compra a casa.
     Juan, que se frotaba las manos continuamente, restó importancia a las palabras de su mujer. Acababa de recibir un mensaje de la ecuatoriana que le limpiaba los bajos.
     —También hemos dormido en habitaciones separadas —insistió Juana con el obcecamiento propio de una mujer segura de sí misma.
     Luis sirvió más vino en las copas de todos, aunque ya estaba bastante achispado. Luego apuró la suya de golpe.
     —Y ahora dirás que no habéis follado —ironizó.
     Juan derivó la charla, muy astutamente, a la gestión política de la crisis sanitaria. Encendidos por el alcohol, los cuatro amigos lanzaron insultos a diestro y siniestro.
     —Tenemos un aparatito de esos que mide la temperatura —recondujo Luisa con un gritito agudo.
     —Nos presentamos voluntarios —afirmó triunfante Juana.
     Juan fue al baño y, al regresar, todos se habían medido la temperatura como si fuera un juego. Faltaba él. Sudaba copiosamente, reía sin ganas, le palpitaba el tic del ojo izquierdo.
     El medidor dio negativo, pero la ecuatoriana tenía una falta.

viernes, 29 de mayo de 2020

PÍCAROS DE CUARENTENA



Entre el 16 de marzo y el 26 de abril, el confinamiento derivado del estado de alarma dejó en nuestro país estampas grotescas, situaciones hilarantes, frases de antología. No pretendo juzgar a nadie. Yo mismo no sé qué habría hecho sin la obligación de pasear al perro alrededor de veinte minutos diarios. Todas las noticias, por irreales que parezcan, han sido tomadas de la prensa digital. No he inventado una sola palabra.

1. Centros deportivos: La Policía Nacional ha descubierto actividad deportiva encubierta en un gimnasio de Alicante. Los clientes accedían usando un código previamente acordado y, para disimular, entraban con bolsas o carritos de la compra.

2. Ancianos: Un madrileño de 77 años justificó su paseo alegando que se encontraba «cazando pokémons».

3. Mascotas: Agentes de la Policía Nacional han multado a un hombre en Logroño por saltarse el confinamiento para bajar a pasear a sus peces a la calle.

4. Deportistas: Un surfista de Guardamar alegó a los agentes de la Guardia Civil que creía que hacer deporte en el mar estaba permitido.

5. Enamorados: La Policía multó a una pareja a la que pilló en plena pedida de mano en una cala de La Coruña.

6. Familias pijas: Un matrimonio con tres hijos menores y la asistenta han sido sorprendidos en una playa clausurada de Jávea por riesgo de desprendimientos. Se enfrentan a una doble sanción.

7. Nuevos Mesías: La Policía Local de Alicante interviene ante las denuncias a un vecino que lanzaba este mensaje por un altavoz: «Os vais a morir todos».

8. Viciosillos: Los Mossos han detenido a ocho personas que participaban en una orgía, operación en la que se ha incautado gran cantidad de droga.

9. Abuelas enrolladas: Una anciana de Navarra dijo que iba de paseo por la siguiente razón: «Estoy aquí guardándole el speed a mi nieta». Tras serle intervenida la sustancia estupefaciente, la denunciada enseñó sus partes íntimas a los agentes.

viernes, 22 de mayo de 2020

GERMOFOBIA


Antes de que estallase la crisis sanitaria, Claudia se lavaba las manos del orden de unas cuarenta veces al día. Las tenía enrojecidas y despellejadas de tanto frotar. También usaba guantes para tocar cualquier objeto que hubiera por casa o en el trabajo, pero, ni siquiera con ellos puestos, se sentía segura de dar la mano a nadie. No hablemos de los besos de rigor a un amigo, de una caricia a un perro, de pasar las páginas de un libro. Los gérmenes acechan en cualquier contacto por pequeño que sea. La pandemia la mantiene en un estado de felicidad indescriptible. Ha acogido la recomendación de usar mascarilla con tanto entusiasmo que no se la quita ni para dormir. Ha dejado incluso de saludar. Los vecinos, acostumbrados, no hacen caso de sus extravagancias. El ministro de Sanidad ha declarado hoy que la principal forma de luchar contra el virus es lavarse las manos con frecuencia.

viernes, 15 de mayo de 2020

LA HUELLA



Esta soledad acompañada y este silencio atronador
nos han unido para siempre a todos.

Nadie relatará nuestra encrucijada
en los libros de Historia.

Me alegraré de verte
como solo se alegran
dos paisanos en el extranjero.

Hablaremos sin palabras
de tanto que encontramos
en lo que perdimos.

viernes, 8 de mayo de 2020

UN SOLO LATIDO
















Hace dos meses de este sindiós en el que está metida la humanidad entera por culpa de un insignificante virus. La lectura es clara: somos tan frágiles como nuestros sueños de inmortalidad.
            
Esta fragilidad ha sacado lo mejor y lo peor del ser humano, lejos del buenismo con que los medios de comunicación nos bombardean. Sus programas viven de la lágrima fácil o del optimismo masoquista que genera buenas audiencias.
            
Lo peor de la naturaleza humana aflora en carteles cobardes de corte antisemita que algún vecino anónimo ha dirigido a un sanitario o a una cajera de supermercado. Ni Álex de la Iglesia hubiera imaginado un comportamiento tan mezquino en una comunidad. Tampoco parecen enterarse los nacionalistas de que sus sueños lúbricos de autodeterminación han quedado relegados al psicoanálisis, aunque ellos se empeñen en hacer el ridículo más espantoso con polémicas como la de las 1714 mascarillas.
            
Afortunadamente, por primera vez en mucho tiempo, España rema en la misma dirección, se respira un solo latido, vamos todos a una. Hablo de gente que fabrica mascarillas gratis, que no sale de casa, que regala una llamada de teléfono, que desea feliz semana detrás de un mostrador, que desinfecta las calles, que salva vidas, que vela por nuestra seguridad o que ayuda a un anciano a buscar las llaves en un contenedor de basura. Tenemos espíritu de equipo.
            
Los españoles hemos aplazado nuestras costumbres, nuestras festividades e incluso nuestros afectos porque era necesario. No ha sido asignatura fácil. Los políticos deberían aprender del pueblo que, en tiempos difíciles, hasta los autónomos trabajamos por el bien común.

miércoles, 29 de abril de 2020

CUARENTONA




Cuando vino de la calle, Juan Córdoba se sintió observado por la mujer apoltronada en el sofá de escay. «Quítatelo todo, menos la mascarilla y los guantes», dijo con voz orgásmica de locutora de radio. El hombre la miró atónito, boquiabierto, confuso y acobardado. «¿No me has oído, coño?», gritó perentoriamente. Desvistiéndose, quiso saber si aquello era una especie de juego sexual o una feroz medida higiénica. Nadia Pardo, sonriendo a lo Marlene Dietrich, le obligó a envolver su cuerpo con papel transparente de cocina y a usar doble preservativo. Ella siguió el mismo protocolo de envasado al vacío salvo en los condones y, tras comprobar el hermetismo de las bandejas de carne que había repuesto cientos de veces, chocaron con brutal violencia animalesca. «Perdona, ¿el pollo?», preguntó una clienta de ojos azules embozada en una mascarilla casera.

miércoles, 22 de abril de 2020

SUSPENSE



Aquella mañana me levanté con una alegría inusitada. Mi padre, que llevaba dos semanas ingresado en el hospital de Alicante por una neumonía corriente, estaba a punto de recibir el alta. Disponía de tiempo libre para ir a la piscina.
            
Preparé la mochila y puse rumbo al Centro Deportivo Municipal Gran Vía. No imaginaba entonces que aquel paseo iba a ser el último durante una larga temporada. Elegí, como siempre, un parque de tierra que divide en dos la Avenida Juan Sanchis Candela. Los árboles derramaban su sombra al ritmo del piar de algún pájaro. El sol jugaba al escondite entre nubes perezosas. Con tres cuartas partes del trecho recorrido, recibí un brevísimo mensaje de mi mujer desde el hospital: «Problemas». El corazón me dio un vuelco. Al vecino de habitación de mi padre le estaban haciendo el test del Coronavirus. Si salía negativo, el médico nos daba el alta. Si salía positivo, veinte días más en cuarentena. Menudo suspense.
            
Reconozco que pensé en suspender la natación por razones de seguridad, pero pudo más la promesa del ejercicio físico. En el vestuario, se respiraba un ambiente de calma chicha. Caras de preocupación, charlas a gritos, miradas perdidas. Hice mis largos dándole vueltas a la cabeza. Iba tan despistado que, al cambiar de calle, un nadador saltó sobre mí. Menos mal que el agua amortiguó el golpe.
            
Alrededor de las tres de la tarde, llamaron del hospital. Reconocí la voz amable de una enfermera que nos había atendido. Me informó del resultado de la prueba. Di las gracias y suspiré. Un par de días más tarde, Pedro Sánchez decretaba el estado de alarma en todo el país. Mi padre gruñe en casa sin valorar que se ha salvado por los pelos.

miércoles, 8 de abril de 2020

EL PERRO

















En la comunidad de vecinos de la urbanización Las Pelusas solo había un perro, el de Carla la transexual. Cuarenta vecinos y un solo perro. El presidente, provisto de mascarilla, trasladó a la propietaria la voluntad de algunos inquilinos de pasear al animal para hacer más tolerable el confinamiento. Carla, en bata de franela, sonrió maliciosamente. Aquel hombre jamás la había saludado y una vez se puso tan nervioso que nunca volvió a compartir ascensor. En las reuniones, le parecía chistoso llamarla Carlos Martínez, aunque hacía años que había actualizado su carnet. El perro ladró dentro como si entendiera. El presidente sudaba copiosamente mientras se retorcía las manos. Creyó oportuno añadir —recalcando el pronombre personal femenino— que pagarían el alquiler que ella fijara. «¿Para qué están las vecinas?», dijo tendiéndole la correa.

miércoles, 1 de abril de 2020

LA VIDA SIGUE IGUAL


 
En sueños,
pedía a mi novia de la adolescencia
que fuéramos amigos. Ella me despedía
con cajas destempladas.
Insistía: son tiempos
en que cada gesto
cuenta, podría ser
el último. Con piedad
cristiana, contestaba: ni
aunque fueras un zombi
te remataría.
Es la primera vez
que me despierto
con esperanza.

miércoles, 25 de marzo de 2020

PRISIONEROS




El equipo de profesores de Academia Nova suele quedar los viernes en la cafetería Nova Pinoso para hacer terapia de grupo. Es más barato y divertido que un psicoanalista. Recuerdo que aquel viernes trece hubo un emocionante acuerdo tácito: no mencionar el Coronavirus. Ha pasado ya una semana desde entonces.
            
Durante estos días de aislamiento, he echado de menos a la gente como cualquier persona. Esta enfermedad, tan silenciosa como las calles de nuestras ciudades, ataca la esencia de lo que somos: seres sociales. Los abrazos, los besos, las caricias, las bromas y las charlas forman parte de nuestro ADN. Lo habíamos olvidado con tanta red social y tanto mensaje de móvil.
            
Sin embargo, el encierro ha puesto sobre la mesa una vieja carencia de nuestra sociedad: la gente no sabe estar sola. No hablo de los merecidos aplausos que cada tarde, a las ocho, dedicamos a nuestros sanitarios. Me refiero a las series, películas, libros, conciertos y demás pamplinas con las cuales nos agobian indecentemente. Incluso algunos escritores se están dando un baño de ego leyéndonos sus obras en vídeo. Yo y solo yo soy dueño de mi tiempo. El lobo estepario que vive en mí no aguanta esta epidemia de estupidez.
            
La crisis económica nos enseñó a vivir de otra manera. Yo cambié las compras compulsivas por un voluntariado que, a día de hoy, me sigue dando grandes satisfacciones. Espero que este virus nos contagie ganas de pasar tiempo con nuestros semejantes, pero, sobre todo, más autonomía sin caer en actitudes misántropas.

miércoles, 18 de marzo de 2020

PSICOSIS


En el ascensor del hospital, un adolescente lleva mascarilla. Durante el cortísimo trayecto, no oculta su fastidio porque preferiría ir solo. Y eso que tiene la precaución de cogerlo en horas de escasa afluencia. «Tampoco hay que exagerar», comenta un hombre. El adolescente sonríe bajo la tela verde. Las puertas metálicas se abren. Antes de desaparecer por un pasillo, repite en tono agorero: «Hacedme caso, subid solos». Llevo varios días vigilando esa cabina al caer la noche. Si coincido con él a solas, le robo la mascarilla.

miércoles, 4 de marzo de 2020

LAS PERSONAS TÓXICAS
















Mientras esperaban a la profesora, algunos linces analizaron sintácticamente la nota de suicidio de la pizarra.

FINALISTA del concurso Cuenta 140 de El Cultural.

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