domingo, 20 de enero de 2019

FIRMA EN CASA DEL LIBRO













Hoy hacía una desapacible mañana de domingo en Alicante. El cielo era de una grisura y lobreguez deprimentes, descorazonadoras. Ni corto ni perezoso, he bajado a la playa del Postiguet. Había mucha gente caminando por el paseo marítimo. Solo yo me mojaba los pies en el agua. Si no te gusta seguir el camino trillado, tu libro es Trece rosas negras. Estaré firmando ejemplares de 7 a 9 de la tarde este sábado en Casa del Libro de Alicante. Será un placer contar contigo.

miércoles, 16 de enero de 2019

NUEVA RESEÑA DE TRECE ROSAS




Después de un merecido descanso navideño, Trece rosas negras vuelve a ser noticia por partida doble. En primer lugar, la escritora Charo Cortés le dedica una reseña inteligente y certera. También hace un somero repaso de mis libros anteriores. Hay un fragmento que retrata mi personalidad como si me conociera de toda la vida: «Leer a José Antonio no es fácil. Puede parecer que sí porque la lectura se hace ligera y amena, lo cual te provoca encadenar un relato con otro y leerte el libro de una sentada. Sin embargo, si no lees con atención te perderás bastantes detalles y muchas interpretaciones, porque no es amigo José Antonio de explicar las cosas, sino de dejar que el lector piense y saque sus propias conclusiones.» Podéis leer la reseña completa en el blog de la autora.

La segunda noticia es que próximamente firmaré ejemplares en una conocida librería alicantina. El acto ha sido concertado por Taller de Prensa, la distribuidora con la que trabaja mi editorial. Una nueva ocasión para dejarse embrujar por la literatura breve.


miércoles, 9 de enero de 2019

ELOGIO A LA VIDA






















Conocí a Elena Casero en un viaje a Valencia durante el puente de Todos los Santos. En mi última cita a ciegas con alguien del gremio, el colega ni siquiera tuvo el gesto de invitar a café aunque le regalé uno de mis libros. La escritora valenciana, en cambio, me pareció de una llaneza y una humildad tan abrumadoras que no pude menos que admirarla. La sencillez me cautiva más que a un gitano el oro. Y encima, cuando nos despedíamos, me regaló una de sus novelas: Donde nunca pasa nada (Talentura, 2014).

Mi primer acercamiento a la autora se produjo con el libro de microrrelatos Luna de Perigeo (Enkuadres, 2016). Ya entonces me sorprendió su facilidad para urdir historias cotidianas preñadas de humor negro y con bastantes muertos. Estas señas de identidad se mantienen en Donde nunca pasa nada, engañoso título para una novela rural y de intriga que se desarrolla en el imaginario pueblo de Losantes. Allí, Anselmo y doña Celia disfrutan de unos días de vacaciones tras los acontecimientos de Tribulaciones de un sicario (reeditado por Talentura en 2018). Se alojan en casa de doña Presen, la anciana tía de doña Celia. La apertura del puticlub «La dama verde» es la comidilla de todo el pueblo y el desencadenante de un asesinato.

Los cincuentones como Anselmo de la Rua no suelen protagonizar la narrativa moderna, más dada a contar las peripecias de jóvenes enfermos de cáncer. Ajeno a la corrección política, nuestro protagonista vive amancebado con doña Celia. No he contado los polvos que echan, pero seguramente más que algunos matrimonios. Me atrevería a decir que el libro es un canto a la vida. Me recuerda a «Canción de la Tierra» de Gustav Mahler.

Uno de los personajes más divertidos de la novela es doña Presen, la octogenaria que nos gustaría ser de mayores. Su agudeza, picardía y vitalidad son comparables a las del torero diestro con el estoque. La primera frase que le regala a Anselmo me parece bastante elocuente: «A las mujeres se nos conquista con unas sonrisas, se nos gana con un buen hacer en la cama y se nos mantiene con ambas cosas».

La denuncia social se hace especialmente patente cuando Anselmo acude a su primera manifestación. En España se nos da muy bien quejarnos por internet, pero salir a la calle ya es harina de otro costal. En eso los franceses ganan por goleada. Harta de tanta injusticia, doña Celia le espeta a su tía: «Él no es diferente al resto simplemente por llevar una sotana. Solo faltaría que también tuviera aforamiento como los políticos».

Elena Casero llevaba su libro escondido en el bolso. Podría haberse ido sin dármelo, pero decidió jugársela. Donde nunca pasa nada es una novela desenfadada con mensaje social: para que pase algo, hay que tomar parte.


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