martes, 21 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD

No soy demasiado fan de la Navidad. La considero más bien una época de hacer balance.

Este 2010 hemos conseguido ganar el Mundial de fútbol, pero aún no sabemos si la gesta fue lograda por la selección española o por la plantilla del Barça. Protagonismos aparte, la mayoría de los españoles descubrimos partes de nuestra casa que no sabíamos que existían. El salón, por ejemplo, es mucho más cómodo que el bufé libre del chino.

Hablando de chinos, los sufridos escritores hemos descubierto que los lavabos públicos son una oportunidad para expresar nuestros sentimientos hacia esos señores que, no sólo no editan nuestros libros, sino que además se permiten discriminar a los que no cumplen sus intereses, la mayoría comerciales.

En la blogosfera he encontrado a muchos compañeros que no publican y lo proclaman con orgullo. También he coincidido con un grupo singular, llamado La Nieve, que da calor en la distancia. Mejor dicho, es un radiador humano. Y entre ellos, he de destacar la dulce quemadura de Alicia. Cuántas aventuras nos quedan por vivir.

A todos, Feliz Navidad y Divertido 2011.

lunes, 13 de diciembre de 2010

HASTA SIEMPRE MIRADOR

El otro día una alumna de la academia me dijo que su profesor de valenciano se estaba leyendo mi libro, que se lo habían recomendado. Evidentemente, no conozco a ese señor, pero me alegra que El Mirador ya lleve su propia vida. Esta anécdota me ha animado a reunir algunas de vuestras opiniones.



“Yo me asomé en “El Mirador” este verano. El cielo y el mar, testigos del encuentro, parecieron fundirse con el azul de la portada. Disfruté de un libro que bien pudiera ser el caleidoscopio de la sociedad, descrita desde una fina e inteligente ironía. Dietas de adelgazamiento, drogas, binomio sexo-amor, binomio sexo-religión, bandas juveniles, inseguridad ciudadana, familia… Una inmensa galería de personajes, temas y situaciones con la descripción de una realidad impregnada, en algunos casos, de momentos cortantes y eléctricos y en otros, a veces escondidas, unas pinceladas de ternura”.

Alicia, 26-X-2010


“No sé si puedo ser imparcial, pero El Mirador me parece un libro excelente y Jose, un escritor con un talento enorme. Evidentemente hay relatos que me gustaron más que otros. Siento predilección por los cuentos y relatos. Me fascina y maravilla cómo se puede contar una historia (y contarla bien) en dos páginas y terminar con un final sorprendente e inesperado. Jose lo consigue”.

Mª Luisa, 27-X-2010


“El Mirador del barco lo pone un autor original, con sentido de la ironía, ágil, que no sólo describe, sino que nos embarca en la continuación de la lectura sin dejar que el final sea una puerta cerrada. Un escritor que escribe como camina, como es, ajustando la palabra a los espacios para que no haya líneas de más, porque el lector no está para perder el tiempo. Con Jose Antonio López Rastoll sólo lo gana”.

Emilio Porta, 29-X-2010


“Un libro imprescindible para los amantes de lo breve, con relatos muy bien armados, cargados de ironía y con finales sorprendentes. Calidad literaria en estado puro”.

Maribel Romero, 26-VII-2010


“A mí me ha sorprendido la cantidad de colegas de tiza que pueblan los relatos. Se nota que el autor es del gremio y conoce el paño”.

Aster Navas, 28-X-2010

miércoles, 8 de diciembre de 2010

157 CARACTERES

Me presenté al concurso Movistar de microrrelatos gracias, de nuevo, a Alicia. He disfrutado mucho con este reto, ya que los cuentos no podían sobrepasar los 157 caracteres.
Creo que a este tipo de concursos les sobra profundidad y les falta una chispa de humor. Por ello, y porque Mari Carmen me lo ha pedido, les dejo uno de los tres relatos que participaron.


"Le pregunté si tenía trabajo y el vampiro de la puerta de la iglesia murió entre convulsiones y espumarajos."

miércoles, 1 de diciembre de 2010

PARAÍSO PERDIDO

Rosa Yáñez Gómez gana el 5º Concurso Literario de Hiperbreves Movistar con este precioso relato sobre las dificultades de algunos adultos para sacar el niño que llevan dentro.




"Dejé de ser niño el día que el canario escapó de la jaula y se quedó junto a ella buscando la entrada."

viernes, 26 de noviembre de 2010

LIBROS DE NIEVE

Es una gozada recibir libros de compañeros por correo. Primero fueron los de Emilio y Aster. Ahora le ha tocado el turno a Charli y los cinco peligros, la primera novela infantil de Maribel Romero Soler, publicada por Edimáter. De seguir así, me veré obligado a habilitar una nueva estantería en mi casa con un letrero: libros de nieve. Paradójico nombre si se tiene en cuenta el cariño con que me los envían.


martes, 16 de noviembre de 2010

EXITUS


¿Qué edad tienes? ¿Cuántos años crees que vivirás? ¿Crees que te dará tiempo a llevar a cabo todos tus planes?

Ante estas preguntas, lanzadas por boca de un cadáver abandonado en una sala de autopsias, los que llenábamos la sala Arniches de Alicante nos hermanamos. Incluso oí o me pareció oír algún suspiro.

Un científico negocia con el director de un hospital la experimentación con pacientes de un nuevo fármaco que puede derrotar al cáncer. Irónicamente, quien intenta encontrar la solución a esta enfermedad acaba padeciéndola y muriendo de ella.

Un hombre pierde su trabajo y no tiene más remedio que aceptar un empleo en una funeraria. Su veterano compañero le explica que el oficio de maquillar difuntos es una cuestión de sensibilidad.

Un hombre se cita en un restaurante con su hermano, un notario adicto al trabajo, para contarle algo importante. El notario recibe la llamada de un señor que no se decide a hacer testamento y esto desencadena una pelea entre hermanos. Se reprochan lo poco familiares que son, uno refugiado en su despacho y el otro en la soltería.

Tanto el hombre del restaurante como el cadáver de la funeraria son, en realidad, la misma persona: el científico desahuciado por los médicos.

Si tuviera que destacar algo de Titzina Teatre, la compañía formada por Diego Lorca y Pako Merino, sería la excelente coreografía de movimientos, gestos, miradas… que acompaña a los diálogos. Por cierto, también mérito suyo.

Una señora, sin duda despistada, le comentó a su amiga: «Qué pocos personajes tiene esta obra». En el velatorio, cuando el hermano recibe el pésame de la familia y amigos, conté por lo menos veinte.

Un veinte a una pieza valiente, llevada a sus últimas consecuencias por dos genios de la interpretación.

lunes, 8 de noviembre de 2010

UNA DE TEATRO

Esta semana Alicante se viste de tablas y no precisamente de multiplicar. Los fanáticos del sexto arte estamos de suerte. La XVIII Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos regresa un año más.
En esta edición me ha tocado una entrada doble para ver Exitus, de los geniales Diego Lorca y Pako Merino, autores de la tragicomedia Folie à deux: sueños de psiquiátrico (2004).
Porque la vida es sueño y ya habrá tiempo de dormir.

jueves, 4 de noviembre de 2010

CORALES

“Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”, sentenciaba Bécquer en una de sus Rimas más famosas.

Con la sencillez que caracterizaba a los versos de Bécquer, Emilio Porta ratifica en Corales (Asociación de Escritores y Artistas Españoles, 2010) que la poesía es eterna.

Sirviéndose del coral, un ser vivo a caballo entre lo animal y lo mineral, establece comparaciones nada anecdóticas entre la poesía y la vida humana.

Para empezar, nosotros vivimos sujetos al calendario; la poesía representa una libertad desconocida para el ser humano. El solo atisbo de la misma hace que nos sintamos esclavos.

La poesía es la base de la vida. Sin ella, nos faltaría ese asombro y esperanza que nos salvan del absurdo de existir.

Por último, la poesía pasa desapercibida: “No por ocultos / menos existentes. / Ni por callados / menos sabios.” He aquí una crítica a la sociedad de consumo, en la que aquello que no sale por televisión no existe.

En conclusión, un poeta que demuestra cuán importante es la palabra para compartir sensaciones que, de otro modo, se quedarían en forma de corales.

viernes, 29 de octubre de 2010

ANIVERSARIO

En estos días que corren de Halloween, estoy convencido de que la historia más sublime de terror es la de un amor imposible. Se cumple por estas fechas, además, mi 36 aniversario.
Porque el tiempo no cura nada, quiero acordarme de aquel amor adolescente que nunca volverá.

Va por ti, estés donde estés.


martes, 26 de octubre de 2010

ESOS LOCOS TERTULIANOS


















La charla del pasado viernes en la biblioteca Pla-Carolinas de Alicante no supondrá un paso de gigante en mi carrera literaria, pero creo que los que asistimos lo pasamos como un chino comiendo arroz.

La primera en intervenir fue Chelo Gisbert, que demostró que en el mundo de las letras no hay edad, que cualquiera que se lo proponga puede conseguir escribir un cuento desde la humildad y el trabajo bien hecho.

Luego habló Esther Planelles, una maestra que ha descubierto que la escritura no sólo sirve como medio de entretenimiento, sino también para enseñar valores.

Cuando me tocó a mí, llevábamos casi una hora de tertulia. Diversos temas que iban más allá de la literatura habían surgido de la forma más inesperada. Por eso, creí oportuno no extenderme demasiado. Hablé de la sorpresa que supuso la publicación de El Mirador, mi primer libro de cuentos, de la regularidad con que escribo actualmente, de las dificultades de distribución que he encontrado con mi editorial.

Tras el abandono de la animadora sociocultural por aburrimiento, escuchamos a Carmen Romero, joven promesa de las letras en nuestro país.

Me queda la sensación de que en este barrio necesitamos un lugar de encuentro para gente que sienta la necesidad de expresarse, sea a través de la literatura, sea por medio del rajar. Ojalá.

martes, 19 de octubre de 2010

ENCUENTRO DE ESCRITORES NOVELES

Liuva, preocupada por el alto índice de lectura en el barrio, nos ha propuesto dar una charla en la biblioteca sobre nuestra experiencia en esto de vivir del cuento. Esto acabará, palabras textuales, con “tanto vicio”.
Chelo, Ester y yo hablaremos de lo que nos impulsa a escribir y, al menor descuido, leeremos un cuento. También recomendaremos a un vividor del cuento que nos interese.

La charla tendrá lugar en la biblioteca Pla-Carolinas de Alicante, este viernes a las 17:30 horas.

lunes, 11 de octubre de 2010

SEMÁFOROS

Internet es una ventana abierta a un mundo de intercambios, de soledades compartidas, de compañeros escritores.

La mayoría de la gente no espera a que el semáforo esté en verde para atravesar la calle. Les quema el culo. Para ésos no está indicado Cuentos para esperar en los semáforos, la ópera prima de Áster Navas (Barakaldo, 1963).

Los pacientes viandantes obtendrán la recompensa de un libro pequeño repleto de grandes relatos.

Descubrirán en “Te imagino” que el oficio de escribir es imaginar aquello que no se ve o que sólo se entrevé. Se pedirán fuego y conversarán durante unos instantes de cualquier cosa banal, llegando a admitir que “el tiempo del que se dispone para cruzarlos es tan limitado que resulta difícil relacionarse e intimar”. Esto les hará sonreír de placer, incluso reírse de las esquelas personalizadas que aparecen en el diario que está expuesto en el quiosco que hay junto al semáforo. Llamarán al móvil a todos los que esperan menos a ellos. Ella, para olvidar ese bochorno, le contará chistes. Él se los terminará porque tiene memoria de pez.

Al cambiar el disco, se irán directos a la habitación de hotel que se anuncia en la página 14 del periódico que ella ha comprado. A la mañana siguiente, él leerá la nota prendida al espejo: “Nunca fui mujer de un solo paraguas”.

Desde entonces, Toño se excita diciendo obscenidades a la voz femenina del contestador de Telefónica. La felicidad es un sueño.

Juan José Millás le llamará un día y, mientras toman un café, alabará sus paralelismos. Tarde, muy tarde comprenderá que es una planta carnívora. Ya le habrá devorado la pasión por la literatura.

viernes, 8 de octubre de 2010

MAESTRO

En literatura es mejor tener los pies en la tierra, pero conozco a alguien que estos días debe de andar rozando las nubes. Me refiero al maestro y amigo José Ángel Ordiz Llaneza, que es noticia por partida doble. Por un lado, acaba de recibir el Premio de la Crítica de Asturias por su libro Relatos impíos (Atlantis, 2009). Por otro, es uno de los diez finalistas del Premio Planeta 2010. Enhorabuena y buena suerte.

lunes, 4 de octubre de 2010

COLABORO EN "TIRANO BANDERAS"

Como no puedo negarle nada a Mari Carmen Azcona, participo en el número 11 de la revista digital Tirano Banderas con un relato llamado "Alevosía". Es también un honor para mí estar junto a otra crack de la literatura: Maribel Romero. Doy las gracias a Santiago Solano, insigne director de la revista, y, de paso, a Emilio Porta, que tuvo el detalle de enviarme el soberbio poemario Corales.
Éste es el enlace:
http://www.erabradomin.org/rev11/abre.html

jueves, 23 de septiembre de 2010

LUNA
















A mí nunca me han gustado los perros. Me cuesta un mundo acariciarlos; quizá sea la falta de costumbre. No soy el único. Me consta que hay muchos que las pasan caninas. Incluso peor. Creo que en las escuelas se debería educar esa parte animal que todos llevamos dentro.
De todos los chuchos que he tenido el disgusto de encontrar en mi vida, Luna era el más astuto. Jamás me pidió una caricia. Yo no era su dueño; sólo pasaba por allí de vez en cuando. Creo que fue esa resignación lo que acabó derribando los muros infranqueables de mi antipatía.
La otra madrugada dejó de latir su corazón. Le explotó en el pecho. Lo tenía demasiado grande. Tanto que jamás me pidió nada. Bueno, sí, algo de desayunar por llevarme la contraria.


Incluido en la antología Amigos para siempre, publicada por editorial Hipálage.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

MARRAKECH: Nubes y claros




El cielo de Marrakech no tiene una sola nube. Es claro como la mirada de sus habitantes. Sin embargo, encontré algunas nubes en mi camino. Lo más apropiado en estos casos es llevar un paraguas o, como dice el manual del perfecto viajero, echar mano de imaginación.

La primera impresión que tuve de la ciudad no fue nada halagüeña. Humo de motocicletas, ruido de cláxones, un calor que ni el mismísimo infierno, un mercado de fruta podrida. Por suerte, compartimos taxi desde el aeropuerto hasta el hotel con una pareja. Digo que fue una suerte porque el precio de este transporte se regatea con el conductor.

El hotel sólo disponía de aire acondicionado en las habitaciones, con lo cual os podéis imaginar lo que era subirse al ascensor. Ni la fragua de Vulcano. De todas formas, la primera cena en Marrakech fue casi mágica, pese a ser un simple tajine de pollo con olivas. Quizás no lo comprendáis, pero a mi estómago le supo a gloria tras varias horas de avión y mi espíritu lograba un sueño largamente acariciado. Ya estábamos allí.

A la mañana siguiente, la sorpresa del siglo. A mí que me suelen dar las tantas en la cama, miré el reloj y eran las siete. Milagros de la diferencia horaria, que en esta época del año es de menos dos. No acabaron ahí las inquietudes. El aparato del aire acondicionado goteaba, no disponían de llave de la caja fuerte y nuestra habitación daba a una avenida cuyo tráfico era rabioso. Mi mujer, de hecho, no pegó ojo. No creáis que somos unos tiquismiquis. Ahora es época de Ramadán y esta peña vive de noche. Además, conduce a base de bocinazos. Todo se solucionó con un oportuno cambio de habitación.

El centro neurálgico de Marrakech es la plaza Jamaa El-Fna, una especie de feria a lo bestia situada cerca de la Medina. Tenderetes de carne a la plancha, encantadores de serpientes, aguadores, mujeres que adornan tu piel con tatuajes de henna no siempre solicitados. De noche, una miríada de faroles de gas ofrece la impresión de una reunión alegre de almas en pena. Un niño me vendió, mientras cenaba en uno de los tenderetes, una cajita de madera. De su interior surge el sobresalto de una negra serpiente. A mis hijos les encantó.

En torno a la plaza, un dédalo de callejuelas de dudosa catadura. Son los enigmáticos zocos. Las gentes que los habitan venderían a su padre. Tienen una habilidad innata para embaucarte con mil reclamos. Aunque, sobre todo, van a por las mujeres. Si quieres salir bien parado, debes regatear el precio que te pidan. Mi mujer compró dos chilabas de niña, una de niño, una camisa bordada y un pañuelo por 380 dirhams, unos 38 euros. Bajo ningún concepto regatees si no piensas comprar.

Es un pecado mortal no acudir a un hammam o baño turco. El nuestro tuvo el aliciente de haber contado entre sus clientes con Pablo Carbonell o Fele Martínez. Eso no nos motivó tanto como el precio razonable y la calidad del servicio. A saber: masaje integral de una hora, raspadura con jabón negro, sauna y té moruno. Resulta exasperante la tranquilidad con que se toman las cosas. Me dejaron abandonado en la sauna caliente, donde una máquina ruidosa no cesaba de echar vapor. Al borde de la lipotimia, franqueé la puerta y señalé mi reloj. El árabe se lavaba una de las cinco veces que es obligatorio al día.

Después de los negocios, la otra gran pasión de los árabes es conducir. Navegan en motos negras con sus chilabas blancas y parecen fantasmas a la carrera. Una carrera a cámara lenta envuelta en gases tóxicos.

Tras sobrevivir al hammam, necesitábamos una buena orgía de cous cous para reponer fuerzas. Dos cosas no olvidaré de aquella noche: la empalagosa música en directo y que mi mujer, al extraer un cigarro del bolso, descubrió que le faltaba la cámara.

A la mañana siguiente, le suplicamos a nuestra guía árabe que nos permitiera una parada en el hammam. La habíamos contratado el último día para que nos enseñara los palacios de los alrededores. Sospechábamos que era en la taquilla del baño donde nuestra cámara se había rezagado accidentalmente. Creemos que sigue allí, en algún rincón de Marrakech.

La guía, de nombre impronunciable, hablaba un perfecto castellano. Nos llevó al Palacio de la Bahía. Marrakech es una ciudad de interior. Raro nombre para un palacio, dije. Ba Amhed lo mandó construir en el siglo XIX en honor a una mujer llamada Bahía, que significa “resplandeciente”.

Un par de detalles me llamaron la atención de nuestra guía. El primero, que tras hablar de las costumbres funerarias árabes, consistentes en enterrar los cadáveres sin velatorio debido al calor, surgió el tema de la catalepsia. Le pregunté, iluso de mí, si había leído a Poe, el gran escritor inglés. Negativo. El segundo, que en toda la mañana probó ni una sola gota de agua. Allí todo el mundo practica el Ramadán, excepto los enfermos y las embarazadas. Nos cocíamos a 40 grados a la sombra.

Parece mentira que haga una semana ya de todo aquello; fuimos con la intención de impregnarnos de los perfumes y las esencias florales. Todavía huele a menta en mi casa, pese a haber agotado la provisión de pastelitos árabes. Volveremos algún día para contemplar el desierto con una pizca de picante en los ojos.



martes, 31 de agosto de 2010

ADIÓS, COMPAÑEROS, ADIÓS

Estoy a solas en mi ático, sin chiquillos, ni ajenos ni propios. El chiquillo que llevo dentro está excitado. Mañana cruzo el charco, rumbo a África.
Sólo quería invitaros a té moruno. Sé que el calor aún aprieta, pero la menta es refrescante.
Me temo, sin embargo, que lo del harén no va a ser posible. A mi mujer no le excita.
Hasta la vista.


lunes, 23 de agosto de 2010

BENEDETTI Y BUNBURY

Cuando acabé de leer La tregua, la novela más universal de Benedetti, me quedé planchado. ¡Coño, es que es un dramón!

Su protagonista es un viudo cincuentón cuyo único interés en la vida es que le queda poco para jubilarse. Cuando menos lo espera, se enamora de una empleada de su oficina. Ella le corresponde y comienza un periodo de dicha que creyó no volver a experimentar jamás.

Ahora, tras reposar la historia, entresaco un mensaje positivo: la vida es una maravillosa tregua. Carpe diem. Aprovecha el momento. Enrique Bunbury lo resume perfectamente en tres versos de su conocido tema Infinito:

Me calaste hondo y ahora me dueles,
si todo lo que nace perece del mismo modo
un momento se va y no vuelve a pasar.


jueves, 12 de agosto de 2010

ETERNO BUKOWSKI

Entro en la biblioteca con una sonrisilla, me dirijo al mostrador y pido La máquina de follar (Anagrama, 1992).
Hay una bibliotecaria estrecha y otra seria. El ying y el yang. La seria no se inmuta lo más mínimo y comienza su búsqueda en el ordenador. La estrecha escupe:
—Ese libro no lo tenemos. (Le ha faltado añadir: esta es una biblioteca decente.)
Sin dejarme amilanar por el feliz comentario, replico con ironía:
—Pues lo he mirado en internet y figura en esta biblioteca. Debe de ser una broma de mal gusto.
Al cabo de unos segundos, la seria encuentra el libro y manda a la otra.
—Vaya, pues si estaba —regresa con el rabo entre las piernas y el ejemplar.
—Un mes, ¿no? —pregunto saboreando las palabras.

lunes, 2 de agosto de 2010

ALGO EN COMÚN

Tengo unos granitos blancos en el escroto. La sexóloga ha dicho que se deben a la acumulación de grasa y no tienen cura. Maldita perra…
Veo fantasmas y me poseen constantemente entidades del más allá. Necesito que mi pareja crea más en mí.
Hace cuarenta años fui abducida por los selenitas. Me gustaría regresar para un nuevo examen anatómico.
El rey, la reina y la princesa siguieron con sus cavilaciones mientras sonreían a los fotógrafos.

miércoles, 21 de julio de 2010

SALUD PÚBICA

Hablar de sexo sigue siendo tabú en pleno siglo veintiuno. Hablar de amor es una de tantas maneras de intentar comprender un fenómeno incomprensible. Hablar de ambas cosas a la vez es 100 microrrelatos erótico-románticos, una antología en la que tengo el honor de participar.

Casi todos los escritores hemos afrontado alguna vez una historia de temática erótica, pues el deseo es algo consustancial al hombre. No es fácil elegir las palabras adecuadas sin caer en los tópicos, no es sencillo provocar orgasmos en la imaginación sin derivar en orgías.

Las historias compiladas en este libro ofrecen un estímulo medido, una descarga apropiada, una caricia insólita en el panorama literario. Son, me atrevería a decirlo, un servicio de salud púbica.

Existen dos formas de acercarse al fenómeno erótico. La primera es la sugerencia: “Lo que recuerdo de ti es cómo caía el pelo por tu espalda cuando hacíamos cosas que aún me quitan el sueño”. La segunda es el desparpajo: “Desde entonces soy multiorgásmica, soy una adicta al sexo, a su sexo, a sus caricias, a sus dieciocho centímetros que me llenan el alma y el coño”. Entre medias, un amplio catálogo: la versión erótica del cuento de Blancanieves, una Bolsa que sube debido a la inflación, una fantasía sexual que tiene que ver con flores…

Sólo hay una forma de acercarse al amor: por la vía de la sinceridad. En este sentido, el microrrelato “La primera vez en once palabras” consigue emocionar pese a la crudeza de su pincelada. Otros cuentos más idealistas hablan de reconciliaciones en medio de auténticas guerras frías.

A pesar de algunos errores de sintaxis: “Se saciaba hasta verme gritando”, si tuviera que expresar en una frase lo que siento por este libro diría: “Te odio porque si algún día me faltas me pasaré la vida intentando encontrar a alguien como tú”.


lunes, 12 de julio de 2010

CAMPEONES

Hoy me he rapado la cabeza. Tranquilos, no me he vuelto un radical. Lo hago todos los años por estas fechas. Es una forma de sanear las ideas.

Ayer sufría las entradas holandesas a nuestros jugadores y me preguntaba si aquello era fútbol o rugby. Sentía vergüenza ajena ante el arbitraje de una final del mundo. Aquello era un intento de sabotaje, un atentado terrorista en toda regla, un regreso a la oscura Edad Media.

Hoy me he levantado con el cuerpo dolorido y he asaltado el primer quiosco abierto. He rastreado los periódicos, pero todo eran eufemismos. Que si el juego de Holanda fue un pelín brusco, que si somos campeones del mundo a pesar de la obstrucción del rival, que si el zapatazo en el pecho a Xabi Alonso era un gesto de cariño…

Sinceramente, prefiero el baloncesto. El juego sucio se sanciona rápidamente con faltas personales.

Esto no significa que no esté contento con la victoria de “La Roja” y que no lo haya celebrado con un chapuzón en la piscina de unos amigos, tras una llamada a ese padre pletórico. Mi padre. El verdadero campeón.

Pero lo más emocionante de la jornada de ayer fue que mientras acudía a la plaza de los Luceros de Alicante en el coche de un amigo, varios desconocidos me dieron la mano. No éramos ni vascos, ni catalanes, ni valencianos. ¡Éramos españoles!

Y si a alguien le molesta, que se vaya con Holanda.

viernes, 2 de julio de 2010

GMS

Óscar introduce la dirección. El GPS dice: “Tuerza a la derecha por la calle Planelles”.
Óscar no conoce la calle Planelles y se mete por la calle Asturias.
El GPS dice: “¿Con 30 años y no te sabes las calles de tu ciudad? Pues ya va siendo hora”.
—¿Encarna?
—Sí, hijo, soy yo. Te dije que jamás te abandonaría.
—Pero… ¿cómo? Estás muerta.
—Reencarnación.

viernes, 25 de junio de 2010

EL LIBRO DEL CEMENTERIO

Desde pequeño, mi sueño fue vivir en un cementerio. Neil Gaiman lo ha hecho realidad con este libro deliciosamente melancólico.

Su protagonista es un niño llamado Nadie. Cuando sólo era un bebé, su familia fue asesinada por un matón llamado Jack. Él, inquieto como una lombriz, huyó gateando y se refugió en el cementerio. Desde entonces, los fantasmas le acogen como a uno más y le protegen del asesino. ¿Una metáfora de la vida?

La novela abarca varias edades en la vida de Nadie: desde la niñez hasta la adolescencia. Plagada de personajes inolvidables, mis favoritos son la niña bruja y el tutor del muchacho: Silas. Una especie de criatura de la noche reconvertida en padrino.

A pesar de que el asesino acecha, el chaval desea abandonar el cementerio para incorporarse al instituto, para llevar, al fin y al cabo, una vida normal. Una decisión que puede costarle el pellejo. La ilusión de mi vejez: un alumno con esas ganas...

Un ejemplo de cómo los hijos crecen y cada edad exige de los padres un apoyo diferente. La firme y etérea mano en el hombro.


martes, 15 de junio de 2010

LA TÍA OFELIA

Hay gente con la que la vida se ensaña, gente que no tiene una mala racha sino una continua sucesión de tormentas. Casi siempre esa gente se vuelve lacrimosa. Cuando alguien la encuentra, se pone a contar sus desgracias, hasta que otra de sus desgracias acaba siendo que nadie quiere encontrársela.

Esto último no le pasó nunca a la tía Ofelia, porque a la tía Ofelia la vida la cercó varias veces con su arbitrariedad y sus infortunios, pero ella jamás abrumó a nadie con la historia de sus pesares. Dicen que fueron muchos, pero ni siquiera se sabe cuántos, y menos las causas, porque ella se encargó de borrarlos cada mañana del recuerdo ajeno.

Era una mujer de brazos fuertes y expresión juguetona, tenía una risa clara y contagiosa que supo soltar siempre en el momento adecuado. En cambio, nadie la vio llorar jamás.

A veces le dolían el aire y la tierra que pisaba, el sol del amanecer, la cuenca de los ojos. Le dolían como un vértigo el recuerdo, y como la peor amenaza, el futuro. Despertaba a media noche con la certidumbre de que se partiría en dos, segura de que el dolor se la comería de golpe. Pero apenas había luz para todos, ella se levantaba, se ponía la risa, se acomodaba el brillo en las pestañas, y salía a encontrar a los demás como si los pesares la hicieran flotar.

Nadie se atrevió a compadecerla nunca. Era tan extravagante su fortaleza, que la gente empezó a buscarla para pedirle ayuda. ¿Cuál era su secreto? ¿Quién amparaba sus aflicciones? ¿De dónde sacaba el talento que la mantenía erguida frente a las peores desgracias?

Un día le contó su secreto a una mujer joven cuya pena parecía no tener remedio:

—Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos —le dijo—. Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y llevármelas conmigo al otro mundo. Quién sabe lo que habrá que enfrentar allá.

MASTRETTA, Ángeles, Mujeres de ojos grandes, Seix Barral, 1990.

martes, 8 de junio de 2010

ADIÓS

A mi mujer y a mí nos visitó el hombre de los muertos. Así, afortunadamente, lo sigue llamando mi madre.

De crío, el hombre de los muertos venía a cobrar el seguro justo a la hora de comer. Curiosa coincidencia. Aquello destrozó para siempre mis nervios. Nunca me recuperé de aquella intromisión. Aún hoy me pregunta mi madre por qué soy anoréxico.

El tipo que nos visitó a mi mujer y a mí, ya digo, nada del otro mundo. Un poco nervioso, eso sí. El móvil cortaba su discurso continuamente, su disertación sobre las modalidades funerarias.

Primero nos dio a elegir entre nicho o incineración. Una pregunta difícil de contestar para cualquier recién nacido. Luego nos puso en la disyuntiva del seguro que sube con la edad o se mantiene. Una putada, pero la humanidad debe cubrirse las espaldas. Finalmente, el cuestionario agorero sobre enfermedades, minusvalías, juicio final…

El tipo adquirió una palidez alarmante —creí que se moría—, al expulsar un aire aprisionado de la tarde anterior. Tal fue el bárbaro trueno que nos preguntamos qué jalaba aquel maromo. No hubo risas ni comentarios. ¿Para qué alargar la agonía del adiós? La muerte es tan natural como un pedo.

martes, 1 de junio de 2010

EL MOSQUITO















Hubo una vez un mosquito que se posó en la cola de un confesionario. Nunca lo había hecho. Necesitaba desahogarse de una vida de lujuria y desenfreno, de una vida de vampirismo.
Cuando le llegó su turno al insecto, el cura saludó en el modo habitual:
—Ave María Purísima.
—Sin pecado concebida.
—Cuéntame lo que quieras, hijo. Ya sabes de la compasión infinita del Señor por todas sus criaturas.
—Padre —dijo el mosquito con voz afligida—, confieso que he picado…



Mención especial en el II Concurso de Microrrelato Bibliotecas de San Javier.

Mi Amigo Satan by Joaquín Sabina on Grooveshark

lunes, 24 de mayo de 2010

HABITACIÓN EN ROMA

Machotes del mundo: si vais al cine buscando el morbo de ver a dos tías enrollarse, os desaconsejo esta película. Sus imágenes me han puesto tan cachondo como un episodio de Los Pitufos. No es que las chicas no sean monas. Es más, se puede decir que están buenas. Lo que ocurre es que casi dos horas contemplando su desnudez es equiparable a un documental de la dos. Falta Rodríguez de la Fuente narrando sus orgasmos, que tampoco son nada del otro mundo.

Habitación en Roma entretiene, que ya es mucho para una trama que se desarrolla en un único escenario. Dos mujeres, una lesbiana y la otra a punto de contraer matrimonio con el hombre de su vida, se dejan seducir por una pasión que las arrastra al goce y a la confidencia.

No sé cómo caerá esta película en el ambiente gay. Espero que mal. Se pinta el lesbianismo casi como una desviación provocada por los malos rollos que las protagonistas han tenido con hombres. La rusa con su padre, porque toca a su hermana gemela en vez de a ella (sin comentarios); la española con un árabe que sólo quiere dejarla preñada.
Sin duda, el peor defecto de la película es la falta de verosimilitud. ¿Cómo una mujer satisfecha con su sexualidad, enamorada de su pareja y que detesta a las lesbianas se desnuda alegremente y cae sin apenas remordimientos en los brazos de otra mujer? Vamos, que parece tortillera de toda la vida.
Lo que me cautivó fue la música y la soberbia interpretación de Elena Anaya ante la inminente separación de la pareja. Todo ello unido a sus logros estéticos, como el rollo de Döner Kebab en la bañera o la flecha de Cupido.

lunes, 17 de mayo de 2010

ROMANTICISMO




















Presumía de ser el mejor amante del mundo. Y puede que fuera cierto. Juzguen ustedes.
Se tiró mordisqueándome un pezón más de media hora.
Cuando, al borde de la desesperación, le dije: “¿Follamos o qué?”, él, inopinadamente, rompió a llorar y me reprochó mi falta de romanticismo.
Pareció calmarse un poco cuando le acaricié el pelo, la nuca, la espalda... Pero se me fue la mano y le toqué el culo. Entonces se vistió a toda prisa diciendo: “Ya no me quieres. Sólo te interesa mi cuerpo”. Y se largó dando un portazo.



Finalista del I Certamen de Microrrelato Erótico-Romántico Artgerust.

domingo, 16 de mayo de 2010

FINALISTA DE UN CONCURSO DE MICROS ERÓTICOS

Alicia me animó a presentarme a este certamen. Acabo de saber que soy uno de los 100 finalistas, lo cual significa que Romanticismo, el micro con el que concursaba, será publicado en una antología.

Es para celebrarlo y lo haré. Se presentaron más de 1000 microrrelatos, algunos de gente que conozco y admiro. Estoy seguro de que el libro va a ser orgásmico y de que mucha gente se ahorrará unos euros en psicoanalistas.

Esto demuestra que hay que escuchar las provocaciones de los amigos. Sobre todo, las de aquellos que te conocen.

martes, 11 de mayo de 2010

RESTAURANTES ASESINOS

Celebrábamos el segundo cumpleaños de mi hija. Mis padres, mi mujer y yo nos comíamos las uñas de excitación ante lo que suponíamos un restaurante especial. Lo que ignorábamos era que tanto el cocinero como las camareras eran gente sádica.

Al principio todo fue bien. Entradas de embutidos ibéricos, calamares y cosas por el estilo. Mis padres comían pan y mi hijo directamente no comía, asqueado ante la visión de aquellas tapas mediocres. Los niños de cinco años son unos visionarios.

El acabose llegó con los llamados “Huevos del Capitán”. Con todos mis respetos, había que tener estómago para comerse aquellas dos sartenes de huevos fritos con patatas. Y aquello era sólo el aperitivo. Más tarde, llegó un abominable revuelto de morcilla, una ensalada de atún ahogado en aceite…

Lo más divertido era el mohín de desprecio de la camarera porque no repelábamos los platos. ¡Que no somos muertos de hambre, señora!

Realizamos unas flexiones mientras llegaba el siguiente manjar y doy fe de que me vi obligado a llamar a la calma y la serenidad para que mi familia no huyera despavorida ante semejante exageración. Cuando trajeron el plato fuerte, los que tuvieron que sujetarme fueron ellos. ¿Lo adivinan? Más patatas fritas con carne de ternera.

El postre pudo habernos costado el hospital de no ser porque en ese entrañable sitio no admiten a los borrachos. Y es que tras varias botellas de vino y los correspondientes chupitos éramos pura desconexión. A mi madre, para que pagara el festín romano, tuvimos que hacerle el boca a boca.

Querido suegro: no hay huevos fritos con patatas como los tuyos. Ay, qué dolor de tripa.

domingo, 2 de mayo de 2010

PABLO CARBONELL Y SU MADRE























Cuando Pablo Carbonell escribió “Mamá” era el líder de un provocador grupo llamado Toreros Muertos. Siempre me he preguntado qué haría aquella madre al escuchar esa letra edípica, si desheredaría a Pablo, si lo llamaría por teléfono para echarle la bronca, si se encerraría en casa con el sombrío presentimiento de que había parido a un anormal.

Lo único que tengo claro es que el chico se quedó a gusto. Lo que se dice la mar de relajado.

Años después, se dejaría de pajas mentales y trataría de redimirse con una canción, esta vez sí, propia de una madre. Se llamó “La madre”, cómo no, y la incluyó en el disco en vivo Rock and Roll alimaña (18 chulos records, 2004).

Sin embargo, para mi gusto, no logró captar en esta última canción como en “Dejadme llorar” el difícil mundo de las relaciones entre madres e hijos. Ahora, eso sí, consiguió que su madre le dirigiera la palabra por primera vez en años para expresarle toda emocionada: "Cabrón".



jueves, 29 de abril de 2010

MI PRIMER CONCURSO

El pasado mes de marzo me presenté a mi primer concurso literario serio.

Enciendo el ordenador y consulto en internet el estado del envío. ¡La madre que los parió! ¿En estado de devolución?

Me tomo dos tilas y molesto a una operadora de correos. Dice que nadie ha recogido mi carta en la oficina correspondiente.

-¿Cómo es posible? –pregunto angustiado–. Es que verá, es para un concurso literario y se acaba el plazo de presentación.

Telefoneo a los responsables del concurso y una chica misericordiosa me aclara que ha habido problemas con el apartado de correos. Se ofrece a darme una nueva dirección. La apunto con mano trémula.

-El problema es que no sé cuándo va a tener correos la deferencia de devolverme el cuento –le confieso.

-No sufras, cuando lo tengas me lo envías.

¿Que no sufra? Decido rehacer todo el papeleo y llevarle el relato aquella misma tarde. “Esto me da para otro cuento”, pienso mientras me dirijo andando al centro de Alicante.

Cuando se lo doy, comenta: "Mucha gente lo entrega en mano".

jueves, 22 de abril de 2010

MARINERO EN TIERRA























Las luces del puerto (Hera ediciones, 2010) es uno de esos títulos brillantes que todos quisiéramos para un libro nuestro.

Leí esta novela coral en la localidad pesquera de Santa Pola, entre el 19 y el 21 de marzo. Los barcos anclados en el puerto y su penetrante olor a mar me recordaron que la soledad es sólo un accidente geográfico.

Porque leer a José Ángel Ordiz es leer un pedazo de vida y saborear una página suya es como beber un licor fuerte que te calienta el alma.

A este marinero amante de la tierra le delatan sus personajes, que podríamos decir se ajustan a su visión del mundo. Domingo Ramos representa el hedonismo frente a la beatería: «Morir de placer, que la vida se te escape por el pito y no por la boca». Ciro y Tobesco son la prueba de que la amistad exige menos que el amor y, por tanto, es más llevadera. Charo, plantada por Ciro en el altar, es el mejor ejemplo de que la venganza se sirve en plato frío: «—Lo maté —volvió la esposa a saborear cada palabra de la confesión».

Todas estas historias desembocan en una central: la relación entre Cris y Martín. Charo no ve con buenos ojos a este muchacho. Le parece mejor partido un tipo con posibles llamado Berto. Concierta una cita entre ambos. Berto es rechazado y viola a Cris, dejándola embarazada. A pesar de la violación, Martín y Cris capean el temporal con golpes de humor que dan el contrapunto perfecto: «Media teta tuya es mucho más que media teta». El asesinato de Berto en extrañas circunstancias aporta intriga al desenlace.

Si bien el estilo de Ordiz está alejado de florituras, personalmente me despistan un poco las largas acotaciones. Esto no desmerece en absoluto el resultado. Una novela terrenal que, lejos de ser cómica, transmite una actitud desenfadada ante la vida: «Si no te burlas de la vida y de la muerte, ellas se burlan de ti».


sábado, 17 de abril de 2010

FANTASMAS

En no recuerdo qué programa de televisión dedicado a la literatura, aunque sería para recordarlo, entrevistan a un escritor americano: James Elroy.

Se encuentra de promoción por España. Acaba de publicar un ladrillo de 944 páginas.

A la pregunta de si le gustan los libros grandes, responde nuestro amigo Elroy que le encanta lo grande. De hecho, afirma: “Tengo una polla de 18 centímetros”.

A la pregunta de qué escritores lee, afirma que en casa sólo tiene los libros que él ha escrito. ¿Teme acaso encontrar a alguien que escriba mejor? ¿Quizás una mujer?

No voy a leer a Elroy por tres razones: no me gustan los ladrillos, no me gustan las pollas, y, sobre todo, no me gustan los escritores que no leen.

jueves, 8 de abril de 2010

ESAS LUCECITAS

Hace muchos años que la única Procesión a la que asisto en Semana Santa es la del Silencio. No sé si la conoceréis, pero supongo que debe ser parecida en diferentes puntos de la geografía española. Un tambor la encabeza tocando a muerto. Le siguen encapuchados de riguroso negro o combinando negro y morado. Algunos arrastran cadenas como si hubieran escapado de cierta novela de Dickens. Las calles, oscuras como boca de lobo, retroceden en el tiempo a la época de los candelabros. Sólo la luna llena alumbra la escena. Verdaderamente sobrecogedor y fantasmagórico.

Esta vez algo había cambiado. En la mayoría de las calles las farolas continuaban encendidas. La gente, sin duda desinhibida por la luz, charlaba animadamente, incluso a gritos. Y lo más penoso: al paso del Cristo la luz intermitente de un semáforo, primero roja, luego verde, taladraba el encanto nocturno de la escena. ¿Alguien me puede explicar de qué coño sirve un semáforo en una calle donde no circula coche alguno?

Hace muchos años que abandoné la liturgia católica; quien se aburra, que no vaya a procesiones. Pero por favor… esas lucecitas.

miércoles, 31 de marzo de 2010

UNOS DÍAS POR AHÍ

Me marcho unos días a Albacete por Semana Santa.

Una novela que hizo las delicias de un servidor en estas fechas hace algunos años fue Los misterios de Madrid (Seix Barral, 1992). Su protagonista y prototipo del antihéroe, Lorencito Quesada, debe investigar la misteriosa desaparición del Santo Cristo de la Greña.

Felices vacaciones y no comáis demasiadas torrijas.

viernes, 26 de marzo de 2010

CELDA 211: Un mal lugar para vivir

Un hombre se abre las venas en un calabozo. Así comienza Celda 211, la última película de Daniel Monzón, basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul. Con esta metáfora de la soledad se nos revuelven las entrañas.

Paradójicamente, la gente suele calificar la cárcel como un buen lugar para vivir. Pregunte a cualquiera. Hombre, si comparamos el actual sistema penitenciario con las torturas medievales, seguro que es un lecho de rosas. Pero, ¿por qué largometrajes como el que nos ocupa u otros como Horas de Luz (2004) nos hablan de lo contrario? Quizás porque algo huele mal.

La violencia de determinados funcionarios, uno de ellos magistralmente interpretado por Antonio Resines, el desamparo médico o el escaso contacto con los familiares son algunos de los problemas que se denuncian en Celda 211.

Desgraciadamente, seguimos pensando que los barrotes separan a los buenos de los malos. La virtud de esta película es que rompe ese esquema. A través de Juan, un funcionario que entra a trabajar precisamente el día en que se declara un motín en la cárcel, nos damos cuenta de que los presos se rigen por valores como la valentía o el consenso, que tanto faltan en nuestra sociedad y en nuestros políticos.

El líder de este motín es el temido Malamadre, interpretado por un soberbio Luis Tosar. Desde el principio, siente debilidad hacia Juan, que, abandonado a su suerte por otros funcionarios, finge ser un homicida recién llegado a la cárcel. Capaz de la mayor brutalidad por conservar el liderazgo, Malamadre alberga sentimientos que se materializan en un abrazo a ese compañero que lo pierde todo.

jueves, 25 de marzo de 2010

QUÉ GRANDE ERES, CABRONA

¡Mira que ganar una novela histórica, con la grima que me dan!
Ayer por la noche seguí el PREMIO AZORÍN DE NOVELA 2010. Nuestra amiga bloguera y coautora de El pintalabios, Maribel Romero, concurría a él con la novela El peso de las horas. Esta ilicitana era una de las diez finalistas. Y se clasificó en segundo lugar, a un voto de la ganadora. Como lo oyen.
Sólo un pequeña reflexión sobre el evento, que tuvo lugar en el hotel Meliá de Alicante. ¿No es un poco cruel tener a los escritores toda la noche esperando? ¿Es que no tenemos bastante con una Eurovisión? Son como críos...
Al final ganó Begoña Aranguren con la obra El amor del rey. Seguro que nadie le ha dicho: qué grande eres, cabrona. Eso está reservado al segundo puesto. Enhorabuena, Maribel. Por cierto, ahora que sólo te espera la publicación del libro e interminables colas para que lo firmes, ¿cuándo tomamos un café?



miércoles, 17 de marzo de 2010

CRÓNICA DE LA ONCE


Me quedo con la cara de felicidad de Antonio, ese niño grande que se sienta a mi lado.

Unas veinte o treinta personas reían cuando llegué a la sala multiusos alrededor de las once de la mañana. Antonio, el encargado de la biblioteca, me invitó a pasar como a un amigo de toda la vida. Luego siguió leyendo noticias absurdas que suceden en el mundo, como si este fuera una novela de Gabriel García Márquez.

Del realismo mágico pasamos al instante que temía, como todo buen tímido que se precie. El de hablar. La gente guardó silencio, incluso sentí alguna mirada clavada en mí. Entonces, solté aquello de que era miope y que no podía ver a los que se sentaban al fondo. Antonio, siempre atento, comentó que había ido a parar al sitio adecuado. Risas.

Existen tres razones por las que quería estar en la ONCE. La primera, porque mi libro se llama El Mirador; la segunda, porque soy miope; y la tercera es evidente: soy un escritor no-vel. Este hubiera sido un comienzo genial, pero no se me ocurrió.

El primer relato que leí fue El fin. Me parece que gustó, que conectaba con el público. Luego Antonio se lanzó con Mi querido nieto. Un gran lector este hombre, hasta a mí me emocionó. Entre cuento y cuento, narramos una pequeña anécdota: cuando Antonio y yo nos conocimos, no sabíamos que éramos vecinos. Es más, vivimos enfrente el uno del otro. Ironías de la incomunicación. El tiempo se nos echaba encima y había que terminar. Opté por leer Un chico difícil, y creo que aguantaron la respiración hasta el final.

Tenías razón Alicia: un oasis de cariño en pleno desierto.
Set list completo:
El fin
Mi querido nieto
Los reyes godos
La visita
Noche de fútbol
Un chico difícil
Gracias a mi fotógrafo particular por acompañarme en esta aventura.

martes, 9 de marzo de 2010

EL MIRADOR EN LA ONCE

Paradójico, lo sé. Chistes aparte, juro que estas personas tienen una sensibilidad especial. Antonio, el responsable del taller, se dio cuenta enseguida de que soy un gamberro.

El martes, 16 de marzo de 2010 estaré a las 11,00 de la mañana en la ONCE de Alicante (Avda. Aguilera, 43). Allí intentaré que pasemos un rato agradable repasando algunos relatos de mi primer libro. Prometo seleccionar los más picantes y atrevidos.
Estáis invitados/as.

jueves, 4 de marzo de 2010

ADAGIO EN EL PRINCIPAL

25 de febrero de 2010. Asisto a un concierto de Mónica Naranjo en el Teatro Principal de Alicante. Presenta su gira Adagio, una revisión de sus temas más famosos en versión clásica.

Qué bonito es estar en el teatro y poder tocar con los ojos a un artista. Ojalá todos los conciertos fueran así. En recintos pequeños.

Se alza el telón, toma asiento la orquesta de cámara y se prueban los instrumentos. Parece unos de esos conciertos de Navidad. De pronto, hace su aparición el director de orquesta, un melenas con el cabello por la cintura. Música, maestro.

Suenan los primeros acordes de Europa y aparece la Naranjo ataviada con un vestido ceñido de color rojo. El público alicantino aplaude a rabiar, completamente entregado. Parece el final del concierto y sólo es la primera canción.

Van sucediéndose las canciones, pero Mónica no abre la boca ni para saludar, muy en su papel de diva. Eso sí, al finalizar cada tema, da las gracias con una gran sonrisa enmarcada en un rostro hierático.

Tras la canción Siempre fuiste mío, toma el micrófono y dirige al público unas palabras que saben a poco. Explica que cuando le propuso a la compañía hacer un disco clásico, pensaron que se había vuelto loca. Un niño, de la mano de su padre, le lleva un ramo de flores.

Suena Amor y lujo, la última canción. Larga ovación del público alicantino. Mónica le suelta al melenas: "¡Qué grande eres, cabrón!". Fin de la película muda.

martes, 2 de marzo de 2010

DIAMANTES EN LA BASURA

Se cumple un año de la publicación de mi primer libro de relatos, y en todo este tiempo no he podido olvidar a Rodrigo del Lago, que contribuyó a disipar las dudas que todo escritor novel tiene en sus comienzos.

Que conste que escribir sobre Narraciones Carpetovetónicas (Ediciones Ochenteras, 2008) no responde a ninguna obligación por mi parte. Si el libro fuese un rollo, lo diría sin pestañear. No es ese el caso.

Desde el principio, me atrajo el coraje de una publicación en solitario al margen de las férreas normas establecidas por las sosas editoriales y, sobre todo, ese arrebato un poco onanista de dedicárselo a sí mismo. Pese a ello, convendría evitar algunos descuidos ortográficos como el “así mismo” (pág. 137) o el “tan bien” (pág. 49).

Casi me caigo de culo al penetrar en el mundo de este autor. Menos mal que dejé a un lado todos los prejuicios. A esa particular verborrea que se gasta, muy del gusto de escritores como Eduardo Mendoza, se une esa violencia inocente de las películas de Charlot y de los tebeos de Ibáñez. Tan inocente como necesaria en una sociedad cada vez más hipócrita. Como Tío la Vara, el mítico personaje creado por José Mota, Rodrigo del Lago da mamporros a diestro y siniestro a una humanidad que discrimina al débil y al distinto. Saca auténticos diamantes de la basura. Me viene a la cabeza Rodolfo, el ser más patético que haya sido descrito jamás y que en manos de este escritor se convierte en alguien luminoso.

Su pluma es capaz de convencerte de que el humo deja en el aire un poético carajo, de que un estudiante vende sus chuletas a precio de oro, de que la gente confunde a un feligrés barbudo con un peligroso talibán. Es un artista del malabarismo, del más difícil todavía. Y sale indemne de sus piruetas. Todo ello aderezado con el espíritu nostálgico que palpita en el libro. Se mitifica la España de los ochenta, cuna de las mirindas, Naranjito, Paco Martínez Soria, Espinete; marcada por alguna serie extranjera como la mítica Fama o Corrupción en Miami; devoradora de películas de la talla de Regreso al Futuro, La Guerra de las Galaxias, Grease…

A partir de hoy, guardaré este libro en la vitrina de mi corazón, ésa que dedico a los escritores míticos. Los únicos que han logrado que suelte la carcajada. Dos frases me devolverán siempre la sonrisa: “¡Tía, dime quién es tu ginecólogo para que le chupe el dedo!” y “…una insaciable putarraca desquiciada”.

HISTORIAS PARA NO DORMIR

Junio de 2009. Álvaro de la Riva publica Descuentos Increíbles en la editorial Atlantis. Seis meses después, en plenas Navidades, el libro cae en mis manos.

De entrada, me ha servido para soportar mejor estas fechas mortalmente aburridas. Y es que, empleando un símil con el genial Chicho Ibáñez Serrador, nos encontramos ante historias que no te dejan conciliar el sueño.

Quien tampoco descansa en paz es Chanquete, el entrañable personaje de la serie de televisión Verano Azul, o al menos eso cuenta Rodrigo del Lago en su novela Chanquete Resurrection (Atlantis, 2006), una de las parodias más memorables que recuerdo.

Rodrigo del Lago, Álvaro de la Riva y un servidor nacimos en la década de los setenta y, por tanto, crecimos con esta mítica serie. De ahí que me tome la libertad de bautizarnos como “Generación Chanquete”. Una hornada de literatos que carecía del despiporre de la playstation, pero que ya disfrutaba de las mieles de la caja tonta.

Y eso se palpa: no somos gente seria. Tampoco hemos tragado ningún diccionario. Más bien tragamos demasiadas series estúpidas: Kung Fu, El Coche Fantástico, Luz de Luna…

Afortunadamente, aún escribimos con un mínimo de corrección. Nuestros profesores fueron los últimos que se preocuparon de inculcarnos las reglas gramaticales y ortográficas.

Vampiros, brujas, fantasmas, seres de otra dimensión… Y dice la editorial en la contraportada que estos relatos producen diversión. ¡Lo que provocan son escalofríos! Unos deliciosos escalofríos. He aquí algunas piezas que hielan la sangre: Quirófano (el amor posee un lado tenebroso, envidiablemente metaforizado en este cuento, que no debería cruzarse alegremente), El renuente (el amor es más poderoso que la muerte e incluso la sobrevive), Naufragio (el único relato puramente humorístico del libro, aunque en mi opinión esconde una realidad aterradora. ¿Qué será del castellano de aquí a unos años? ¿Cómo serán los futuros escritores?), El chico junto a las vías (relato sobrenatural que describe a la perfección la felicidad del auténtico solitario y su incertidumbre ante el futuro: los edificios que le tapan el atardecer), Yo Maru (el relato más terrorífico que jamás haya leído, aderezado con un final francamente de cinco tenedores. Esta historia de odio entre madre e hijo recuerda al mejor Lovecraft), Némesis (un relato de venganza, muy al estilo del “Hop-Frog” de Poe, esta vez con un ermitaño como protagonista).

Después de tanto monstruo, la conclusión a la que llega Álvaro de la Riva, como cualquier mortal, es que ellas pueden llegar a ser las criaturas más crueles. Déjense engatusar por este escritor novel.

miércoles, 24 de febrero de 2010

BOCAS LLENAS DE PECES ROJOS

Este libro de Rafael González Gosálbez es un compendio acertado de relatos en torno al escritor y su oficio. Me quedo con "El lugar de las estrellas", una historia de amor entre un hombre maduro y una adolescente que acaba con un romántico asesinato. Recuerda a "Pierrot de la caverna" (El cobrador, RBA, 2009) del brasileño Rubem Fonseca, aunque este último lleva su historia al límite y un poco más allá.

jueves, 18 de febrero de 2010

CHUCK LOEB O EL PLACER DE IR SOLO

Gané una entrada doble para un concierto de jazz y, como suele suceder en estos casos, todo el mundo tenía mejores cosas que hacer. No crean que aquello me amilanó. Al contrario, tras un duro día con mis hijos, agradecí al cielo la soledad con que me recompensaba.

Poco antes de llegar al Palacio de Congresos de Alicante, ya había decidido mi estrategia: preguntar a las parejas que iban llegando si tenían entrada. Parecía un revendedor. Eso debió de pensar la señora que acompañaba a un veinteañero, o que era acompañada por él. Lo digo porque me sometió a un interrogatorio en tercer grado. Cuando le aclaré que era víctima de una invitación doble, pero sin doblez, se tranquilizó y agarró la entrada.

El auditorio era cuco. Me senté donde me dio la gana, no sin observar con preocupación que entre las calvas y las canas de los allí presentes, se encontraba una niña de unos ocho años.

¿A que no adivinan quién se sentó a mi lado? La mujer a la que había regalado una entrada. Quizás por educación, quizás por gratitud, se estrelló prácticamente contra mí. El chico parecía molesto.

De pronto, entró una tromba de gente y, aprovechado la ausencia de mi protectora, me atreví a bromear con el veinteañero. Dije que, seguramente, eran fans de Chuck Loeb. A lo que contestó sin cortarse un pelo: “Tío, cómo vienes solo”.

No respondí. Sólo me alejé un par de asientos, como reafirmándome. Puede que el joven estuviera rabioso, no por haber tenido que aflojar la pasta, sino por no haber dicho a tiempo que no. Igual era fan de Metallica y la vieja, con malas artes, lo había convencido para que la acompañara. Nunca lo sabré.

El jazz no es lo mío: a la tercera canción desconecté. Sin embargo, Chuck me pareció un tipo entrañable y un virtuoso de la guitarra. Al acabar el concierto, busqué angustiado a la niña. Dormía plácidamente. La que se había ahorcado era la madre.

domingo, 14 de febrero de 2010

LA CARRETERA

He visto llorar con esta película a tíos más grandes que un armario ropero y bostezar a otros como marmotas.

Yo no lloré porque me había leído el libro de Cormac McCarthy, que si no me cargo una caja de clínex. Aquí viene la primera pega: traslación literal de la palabra impresa a las imágenes que vemos en pantalla.
Y claro, me emociono. ¿Cómo no me voy a emocionar si tengo hijos? Pero no me dejo arrastrar. Y eso es como irse de putas cuando estás enamorado.

Me enamoré de aquella novela de apenas ciento cincuenta páginas. Su parquedad en descripciones, sus silencios más elocuentes que cualquier palabra. Su intensidad, su terror me cautivaron. ¡Su terror! Precisamente lo que le falta a la cinta de John Hillcoat. Quizás demasiados flashbacks para recordar un pasado que no volverá, una madre que da la espalda a su familia. La interpretación de Viggo Mortensen soberbia, la atmósfera gris ceniza escalofriante; pero no te cagas por las bragas (perdón por ser tan explícito). Sólo hay un momento: cuando descubren la despensa de hamburguesas humanas de los caníbales.

Me queda el consuelo de eso tan manido de que donde se ponga una madre... Pues bien, un padre también haría cualquier cosa por su hijo. Como ver los dibujos animados de ahora. Eso sí es apocalíptico.

viernes, 12 de febrero de 2010

HOMENAJE A LAS PALABRAS

A todos los que nos dedicamos a escribir, creo que este tema poco conocido de la Orquesta Mondragón (Tómatelo con calma, 2000) nos viene como anillo al dedo.





PALABRAS
Misterio del valor de las palabras
Palabras infinitas como estrellas
Palabrotas bellas
Que pegan hostias
Palabrejas rotas

Palabras siempre nuevas pero eternas
Palabras laberinto y crucigrama
Palabras en pijama
Montones de palabras en pelotas

Escríbeme, escríbeme una carta
Que me parta el corazón
O, llámame, llámame entre sueños
Que los sueños sueños son

Palabras malgastadas por el uso
Palabras en poder del enemigo
Yo sólo digo
Que no me sacaréis ni una palabra

Palabras con sonido sin sentido
Palabras de matar hechas añicos
Palas y picos
Buscando entre la tierra las palabras...

Letra: P. Varona

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