miércoles, 17 de marzo de 2010

CRÓNICA DE LA ONCE


Me quedo con la cara de felicidad de Antonio, ese niño grande que se sienta a mi lado.

Unas veinte o treinta personas reían cuando llegué a la sala multiusos alrededor de las once de la mañana. Antonio, el encargado de la biblioteca, me invitó a pasar como a un amigo de toda la vida. Luego siguió leyendo noticias absurdas que suceden en el mundo, como si este fuera una novela de Gabriel García Márquez.

Del realismo mágico pasamos al instante que temía, como todo buen tímido que se precie. El de hablar. La gente guardó silencio, incluso sentí alguna mirada clavada en mí. Entonces, solté aquello de que era miope y que no podía ver a los que se sentaban al fondo. Antonio, siempre atento, comentó que había ido a parar al sitio adecuado. Risas.

Existen tres razones por las que quería estar en la ONCE. La primera, porque mi libro se llama El Mirador; la segunda, porque soy miope; y la tercera es evidente: soy un escritor no-vel. Este hubiera sido un comienzo genial, pero no se me ocurrió.

El primer relato que leí fue El fin. Me parece que gustó, que conectaba con el público. Luego Antonio se lanzó con Mi querido nieto. Un gran lector este hombre, hasta a mí me emocionó. Entre cuento y cuento, narramos una pequeña anécdota: cuando Antonio y yo nos conocimos, no sabíamos que éramos vecinos. Es más, vivimos enfrente el uno del otro. Ironías de la incomunicación. El tiempo se nos echaba encima y había que terminar. Opté por leer Un chico difícil, y creo que aguantaron la respiración hasta el final.

Tenías razón Alicia: un oasis de cariño en pleno desierto.
Set list completo:
El fin
Mi querido nieto
Los reyes godos
La visita
Noche de fútbol
Un chico difícil
Gracias a mi fotógrafo particular por acompañarme en esta aventura.

12 comentarios:

  1. Tuvo que estar pintiparado, mesié. ¡Enhorabuena!

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  2. Joder, Álvaro, me has hecho ir al diccionario con esa palabra: pintiparado. La verdad es que los cuentos son a la lectura en voz alta como Blancanieves a los Siete Enanitos. Me he quedado con ganas de más.

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  3. Francisco, hoy a las 6:30 de la mañana he redactado casi a ciegas un comentario precioso. Lo había escrito directamente en tu blog y cuando le he dado a publicar se me ha ido al carajo. Lo intento de nuevo, después de todo un día subida en los zapatos, pero esta vez en documento Word. Por si acaso…

    Es curioso que personas ciegas nos ayuden a ver esa sensibilidad invisible que se esconde tras ellos. En esa forma de hacer otra lectura en el día a día de sus vidas.

    Yo coincido muchas mañanas en el metro con Iñaqui,un fisioterapeuta ciego, cuando él se dirige al hospital y yo al instituto. Nos presentó una amiga enfermera común y te puedo decir que hablar con él es ampliar las miras más allá del horizonte. A título de curiosidad te comento que de él aprendí que en el andén del metro, justo unos centímetros antes de acabarse para dejar paso a las vías, hay una franja de baldosas más rugosas. El fin de las mismas es evitar que los invidentes corran el riesgo de caer al andén al notar el cambio de textura de la superficie con el bastón.

    También tuve un alumno ciego integrado en bachillerato, bastantes años atrás. Te puedo asegurar que fue un aprendizaje para sus compañeros de clase y para mí. Nunca habíamos visto tan claro tantas cosas.

    Gracias por la crónica, no exenta de tu manera especial de ver las cosas.

    Un abrazo y pásate por La nieve, estamos de celebración.

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  4. La verdad es que carecer de un sentido hace que los demás se despierten; es como vivir con las manos atadas a la espalda. Me llevé una revista en Braille de recuerdo, y creo que Antonio y yo volveremos a vernos las caras. No sé por qué, pero creo que hubo conexión entre los dos.
    Me he pasado varias veces por la nieve, pero con el problema de siempre. Nunca dejaré de ser un lobo estepario.

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  5. Excelente crónica, José Antonio, me he sentido como una más escuchando tus relatos. Y por supuesto que disfruto enormemente de esas ocurrencias tuyas (las tres razones por las que querías estar en la Once no tienen desperdicio). Eres puro ingenio.
    Un abrazo.

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  6. Me acuerdo que una señora comentó en voz alta que existían operaciones para la miopía; fue como enseñarle un crucifijo a un vampiro: inmediatamente se le echaron encima los jefazos diciéndole que se dejara de zarandajas.
    Antonio me confesó después que hay más ciegos por operaciones de vista que de nacimiento.
    Yo, por si acaso, ¡viva la miopía!

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  7. Hola compañero, ya que no pasas a jugar a la Nieve nos trasladamos de territorio.
    Hermosa crónica, más que por la forma, que también, por el fondo. Sabía por Alicia que ibas a ir a la ONCE a leer tus relatos y quería saber como te había ido.
    Veo por el sentimiento que se eleva sobre las palabras, que fue una maravillosa experiencia.

    Me alegro, enhorabuena.
    Un abrazo.

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  8. Hola Mari Carmen,

    ¡Qué más quisiera yo que pasarme por la Nieve! Estar, estoy, pero no puedo escribir nada de nada porque, como sabrás, no reconoce mi email. Espero alguna solución por parte de los encargados.
    Me alegro de verte por mi pequeño rinconcito. La mañana en la ONCE estuvo guay, encontré muy buen rollo y me sentí muy arropado.
    Un abrazo.
    Por cierto, ¿tienes algún parentesco con el guionista de cine Rafael Azcona?

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  9. Esperemos que haya arreglo. Nos podemos encontrar en distintos espacios... lo que pasa es que la Nieve es un punto de reunión, por allí tarde o temprano, pasamos todos. ¡Vamos como el patio del colegio!

    Que yo sepa no tengo nada en común con Rafael Azcona...¿O quizás si? ¿A ver si va a ser primo mío y yo sin enterarme?

    Un abrazo.

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  10. Si no se arregla en unos días, abro una nueva cuenta de correo electrónico y santas pascuas.
    Ahora que he encontrado unos locos de las letras como yo, sería una pena dejaros escapar. Es hermoso poder compartir esta afición, profesión o locura.
    Mi mujer se llama Carmen Laforet, como la escritora. Pero no escribe nada. Ya tiene bastante conmigo.
    Un abrazo.

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  11. Gracias, José Antonio por contarnos lo que paso el día de la Once.
    No pude ir.
    Lo que dice Alicia me emociona. Tengo experiencias identicas en el colegio.
    Hasta pronto y que disfutes de tu semana de vacaciones!

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  12. Hola Lucie,

    Las vacaciones ya se acabaron y he vuelto a Alicante con las energías renovadas. Un abrazo.

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