
Lo más difícil fue subir a la roca. Ya no tenían edad para esos trotes. Contemplaron un instante el alba, aspirando ese olor a libertad bañada en salitre. Lo habían hablado mucho y ahora se apretaban la mano. Quien los viera de lejos creería que eran dos jóvenes a punto de cometer una heroicidad. Un pescador aseguró que saltaron al mismo tiempo, y espantaron a todos sus peces. Unos inmigrantes subsaharianos alcanzaban en ese momento la costa. En la patera se hacinaban hombres, mujeres, niños y dos viejos de raza blanca con pinta de aparecidos. «Con todo lo que han pasado, están vivos de chiripa», recalcó la voluntaria de Cruz Roja.
Me gusta cómo has contado esta fábula, en la que, en el filo de una misma roca, confluyen dos historias antagónicas. ¿O no lo son tanto? A veces parece que la vida y la muerte caminan de la mano.
ResponderEliminarUn buen regreso, Jose Antonio, enhorabuena.
Besos y abrazos
Cierto, existe una línea muy fina entre lo que muere y lo que empieza que nos convierte, de alguna forma, en moribundos en busca de un rayo de luz. Gracias por regresar conmigo.
EliminarUn abrazo.
"La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta", -una máxima básicamente pragmática-. La realidad, en cambio, se parece más al espectacular tirabuzón que te acabas de marcar.
ResponderEliminarTe echábamos de menos.
Un abrazo.
La realidad es aburrida, y he procurado utilizar sus noticias para jugar un poco. Seguramente no lo he conseguido. En cuanto te cuente dos chistes, dejarás de echarme de menos.
EliminarUn abrazo.