miércoles, 17 de febrero de 2016

PELUSILLAS EN WASLALA



Siempre he sospechado que la gente sin vicios, en el fondo, no es humana. Pues bien, yo soy adicto al té. Este pequeño placer viene asociado a otro que tiene más años, el de la lectura. No puedo leer sin una taza de té en las manos.

Por eso, cuando surgió la idea de presentar PELUSILLAS EN EL OMBLIGO en una tetería me pareció lo más natural del mundo. No una cualquiera. Waslala, cuyo nombre evoca la ensoñación misma. Allí suelo ir solo o con amigos mientras suena de fondo una música nunca demasiado alta. Allí he discutido con mi mujer muchas veces si un relato valía la pena o no. Allí, incluso, he tomado mojitos hasta no saber cómo me llamaba.

Bajé una tarde de viernes a entrevistarme con sus actuales dueños y, desde el principio, hubo una química especial. Iván y Nuria están realmente interesados en la cultura, no la utilizan para cobrar un plus. Además, son abiertos y simpáticos. Te dejas encandilar por sus ganas.




Fijamos una fecha. Luego me puse en contacto con mi compañera de libro y con la editorial, que se encargó del cartel publicitario.

La víspera de la presentación, recibí un mensaje de Esther diciendo que tenía la gripe. Muchos alumnos también se pusieron enfermos esa semana, de modo que no me puedo quejar.

La noche del jueves, camino de Waslala, iba sudando como si estuviera en la selva Amazónica. Una lluvia delgada empezó a caer. Sólo faltaba la nube de mosquitos para completar el ambiente tropical. Por eso, sentí un alivio inmenso cuando me quité el chaquetón dentro de la tetería. Eché un vistazo. Había venido a verme el número de personas perfecto para que aquel rincón no perdiera el encanto.




Eva, profesora de un curso de escritura creativa en Waslala, tuvo el detalle de decir unas palabras previas. Aproveché para hidratarme. Hay escritores que aseguran que hablar en público es una tortura. A mí no me entusiasma, pero considero fundamental dar a conocer tu trabajo. Forma parte, se quiera o no, del oficio.

Mientras hablaba, se creó un ambiente agradable. Debía girar la cabeza una y otra vez para no descuidar a la derecha ni a la izquierda del auditorio. Se me antojó que era un político intentando formar gobierno.

Como Esther andaba con voz de aparecida, le dediqué el primer microrrelato. Luego se arrancaron a leer algunos de los presentes. Calaron hondo los textos más chistosos con fondo trágico. Los españoles nos reímos hasta de nuestra sombra.

Dicen que transmito pasión y humildad. No sé si será cierto, pero desde que dejé de considerarme un genio he empezado a pasármelo en grande.



6 comentarios:

  1. Qué bien José Antonio, tal y como lo describes parece que disfrutaste de lo lindo! Seguro que todos los presentes también. Me alegro mucho!
    Un beso

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    1. Escribir es un oficio hermoso pero solitario. Por eso, es un lujo poder hablar de lo que escribes sin que te tiren tomates.

      Un abrazo.

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  2. Una velada estupenda que, por desgracia y con mucho dolor y fiebre, me perdí.
    Gracias a Waslala por el recibimiento y gracias a los asistentes.

    Un abrazo.

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    1. Bueno, espero que haya otra ocasión para que defiendas las pelusillas en vivo. Y me alegra que hayas solucionado los problemas técnicos.

      Un abrazo.

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  3. Jose, pues según muestras el lugar y el ambiente acompañaron a que esas ingeniosas pelusillas legasen a todo el público acompañante. Enhorabuena.
    Un abrazo.

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    1. Se me cayeron unas cuantas pelusillas por allí, y creo que alguna removió algo allá dentro.

      Un abrazo.

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