lunes, 28 de abril de 2014

TENDER PUENTES























No debemos esperar siempre a que algo ocurra.
            
Esta frase hace referencia a una de las preocupaciones del ser humano actual: la falta de tiempo. Además, es una invitación a luchar por nuestros sueños. Pertenece a Siete puentes sobre el Sena, el debut literario de María José Aguilar, que tiene el mérito de haber ganado el V Certamen de Novela López-Torrijos organizado por editorial Ledoria.
            
Clara y Javier dirigen una revista especializada en cine y, por si esto fuera poco, son pareja. Al no dedicarse todo el tiempo que deberían, su relación atraviesa un bache. En medio de esta crisis vital, Clara recibe una llamada de su abuela desde el lecho de muerte.
            
Lala le pide a su nieta que solucione algo del pasado que dejó sin concluir. La clave para comenzar la búsqueda se encuentra en una caja escondida en el desván. En su interior, Clara hallará un poema arrancado de un libro, una postal amorosa y una fotografía antigua. Suficientes elementos para que la periodista decida viajar a París a desentrañar el pasado de su abuela y, de paso, aclare su presente.
            
Al tiempo que Clara desenreda la historia de amor que vivió su abuela en el exilio francés, se reencuentra con sentimientos que creía dormidos en la persona de Étienne, encargado de una editorial artesana de peculiares características: «No se trataba de un negocio creado para ganar dinero, sino para defender sus ideales y alzar libres sus voces, algo que no era demasiado fácil el año de la puesta en marcha de la editorial, en 1948».
            
Es raro que una novela inspire valores como no descuidar a quienes nos importan o cuidar de nuestros ancianos, auténticas bibliotecas de la memoria viva. Además, mantiene la intriga hasta el final sobre por qué Lala y Blas no pudieron ser felices juntos, un rasgo del género detectivesco.
            
El lenguaje claro y sencillo se entrega en pequeñas dosis, lo cual hace de Siete puentes sobre el Sena una novela fácil de leer. Algunas repeticiones de palabras, no obstante, se podrían haber resuelto con sinónimos.

El público sensible hallará en la obra de María José Aguilar una historia de amor que desafía al tiempo, y que anima a tender puentes para que las cosas sucedan antes que pretender que se hagan solas.

martes, 15 de abril de 2014

DE NOCHE
















—¿No le da vergüenza salir de costalero con gafas de sol? —preguntó la anciana.
El joven respondió:
—La procesión va por dentro, señora.





Feliz Semana Santa 2014. Nos leemos a la vuelta.

lunes, 7 de abril de 2014

EL SEÑOR (4)

















—No lo puedo creer —dice Nuria.
            
—Al menos no has salido corriendo.
            
Supe que algo extraño ocurría cuando vertí el café en el sofá. No sólo disfruté de la desobediencia, sino que también me hice invisible. Al principio, ignoré el extraordinario suceso porque seguía viéndome, pero al entrar al baño quedé petrificada por la ausencia de mi propia imagen.
            
Decidí no perder la calma. Al fin y al cabo, no todos los días puede una decir con toda la razón que no está para nadie.
            
Recuperé la consistencia también por casualidad, al prepararme una nueva taza de café. Me dirigía al sofá manchado cuando el cristal del televisor me ofreció, por una vez, algo interesante. Qué alivio.
            
Luego até cabos. Me acordé del señor susurrando en sueños, de su extraña desaparición. Quizá nos esperara en algún lugar. Un mosquito se posó en mi pierna con desparpajo. No lo maté.
            
Picar a Nuria resultó sencillo. Siempre fue más lanzada que yo. Susurré en su oído, y le mostré que podíamos desaparecer en un segundo realizando cualquier maldad cotidiana. Ya había efectuado otras pruebas, como cortar una corbata de Pedro. Para recuperar la masa corporal, compré una nueva por internet.
            
Cuando nos acordamos de la puñetera sartén en el fuego, ya es demasiado tarde. Cruzamos la avenida. Un olor y un humo escandalosos llenan el apartamento de Nuria. Se preocupa bastante porque su marido odia las sorpresas.
            
Me pide que me marche. En el espejo de la entrada ya no se refleja la mujer que acaba de quemar la cena.          

—Tina, esto es la caña —suelta Nuria a mi lado.

martes, 1 de abril de 2014

ALL YOU NEED IS DOG



















Le contó al médico de cabecera que, cuando llegaba el invierno, se deprimía bastante, y este le recomendó, sin mirarle a los ojos, que adoptara un perro. Meses después, otro paciente le vino con el mismo cuento. Estaba a punto de aconsejarle lo de siempre cuando vislumbró por el rabillo del ojo las patas sobre su escritorio y la lengua fuera. Apestaba a alcohol.


Incluido en la antología Otoño e invierno, publicada por Diversidad literaria.

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