miércoles, 14 de febrero de 2018

CARPE DIEM



















El alto dijo:
     —¿Nos hacemos unas pajillas?
     Aquello pilló desprevenido y bajo de moral al chico. Nadie le había propuesto algo así en la vida, y menos su mejor amigo.
     —¿De qué hablas?
     El alto señaló un bote de lubricante que alguien, con las prisas, se había dejado abierto la semana anterior.
     —Estábamos contando nuestros líos de faldas y he pensado: a la mierda, ¿para qué esperar horas, días, semanas?
     —Porque las queremos, ¿te parece poco?
     —Hemos nacido para adorarlas, para juguetear con ellas, para ensartarlas a lo Vlad Tepes… pero yo ya estoy harto de esperar. Tanto que se habla de la emancipación de la mujer con respecto al hombre, ¿para cuándo lo contrario? Te contestaré sinceramente: nunca. Y te diré por qué: no hay unidad entre nosotros.
     —¿Y qué me dices de ellas? ¿No se darán cuenta de que nos traemos algo entre manos?
     —No lo notarán. Mientras cumplamos como un reloj suizo, seremos libres de hacer lo que nos plazca en nuestros ratos libres. Por fin nos habremos emancipado de su oscuro poder de seducción.
     —No te engañes; a mí me gustan las tías.
     —En eso estamos de acuerdo, pero ahora dejémonos de filosofía y venguemos a nuestros antepasados. Imagínate a todos los hombres que nos jalearán desde el más allá: carpe diem.
     —Maricones, vocearán más bien.
     —Este es un país de envidiosos.
     Una hora después, el alto lo zarandeó brutalmente. El bajo despertó de un sueño en el que era usado por una mujer con bigote. Su congénere tenía el horror pintado en el rostro.
     —No somos amigos ni maricas. ¿Puedes explicarme qué somos? —dijo a punto de echarse a llorar.
     —¿Qué te ocurre? ¿Te entró el remordimiento?
     —Me entró la duda.
     Ella llegó agotada y aquella noche se acostó enseguida, olvidando sin el mínimo pudor a aquellos amantes guardados en el armario. Nadie los echaría de menos a la hora de dormir. Nadie soñaría con ellos.
     —¿Qué somos? —repitió como un lamento.
     —Consoladores, querido —le tranquilizó el bajo—. No te hagas pajas mentales.

Inédito de Vareando Nubes
Atlantis, 2012

4 comentarios:

  1. Incombustiblemente creativo y original, el amigo José Antonio...

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    1. Muchas gracias por esos adjetivos inmerecidos. Celebro seguir sorprendiéndote.

      Un abrazo.

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  2. Ya solo les falta saber de dónde vienen y adónde van. Reflexiones de armario ropero, ja, ja, ja.
    Un abrazo.

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    1. Ponte en su lugar: no reniegan de su vibrante tarea pero pasan muchas horas esperando. Y a falta de pan...

      Un abrazo.

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