El guarda enfocó con su linterna al visitante rezagado. «El museo cierra en diez minutos», dijo temeroso de haber visto un humano.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Entradas populares
-
Llevo dos horas aquí de pie, con la sonrisa congelada, esperando que algún paseante me mire. Todos pasan de largo. Cuando recibo la visita t...
-
Mi padre utilizaba algunas palabras que se me han grabado a fuego en la memoria afectiva. Además, les daba un sentido muy peculiar. Cuando a...
-
«Año Nuevo, vida nueva», se dijo Maribel cuando mordió la yugular del senderista que examinaba su fingida torcedura de tobillo a la romántic...
Vistas de página en total
286861
Paradójico.
ResponderEliminarQueda demostrado que las linternas siempre iluminan lo imposible con sus haces de luz. ¡Cuántas veces no habremos jugado de niños con su magia!
Un abrazo.
Imposible es una palabra que no existe en el vocabulario de un escritor.
EliminarUn abrazo.