jueves, 21 de marzo de 2013

MENSAJE EN UNA PÁGINA
























Según Pío Baroja, la novela es un «saco donde cabe todo». Barojiano o no, lo cierto es que José Payá Beltrán ha escrito Destilando Fantasmas (Aguaclara, 2007) con ese espíritu, y cosidos a la narración leemos párrafos de hondura filosófica, estudios etimológicos (no perderse el análisis del término “onanismo”, págs. 77-79), fragmentos de la vida del autor…

Poco a poco, y sin advertirlo, el escritor nos sumerge en una trama que apenas da tregua. El universitario Luis Galvañ tropieza con unas palabras subrayadas en el libro que consulta, las cuales forman un extraño mensaje. A partir del momento en que lo comparte con sus compañeros de piso, se inicia un juego adictivo y peligroso que les llevará de un libro a otro, de una pista a otra, en pos de un secreto largamente codiciado.

Uno de esos estudiantes es el propio autor, que narra mediante la técnica del flashback aquellos años en la universidad de Columtown y que, consciente de la inutilidad de toda obra literaria, no pretende otra cosa que desahogarse: «Hay misiones y propósitos destinados irremisiblemente al fracaso. Si la literatura es uno de ellos, estoy marcado, entonces, con la aureola de los derrotados».

Retrata la novela con minuciosidad entomológica el vacío existencial de sus personajes y grita que la vida no sólo está en los libros, pese a rendirles un sentido homenaje. Más de uno recordará la difícil época estudiantil, sobre todo si eligió un país extranjero, y se identificará con las pasiones secretas, que tarde o temprano salen a flote.

No sabemos cuánto habrá de realidad o ficción en Destilando Fantasmas. Lo que parece claro es que José Payá Beltrán ha escrito un mensaje en la página de nuestro facebook o nuestro twitter. Dice, citando al agente Mulder, que «la verdad está ahí fuera».


6 comentarios:

  1. Me ha parecido un argumento muy muy original, de esos que piensas ¿por qué no se me ocurrió a mí? Realmente interesante, la tendré en cuenta.

    Un abrazo.

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    1. Eso pensé cuando la leí: a quién no se le habrá ocurrido dejar alguna vez un mensaje en un libro a un lector futuro. Con esa premisa, el autor se inventa una historia que deviene en infierno.

      Un abrazo.

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  2. Tengo yo por ahí un cuento en el que dos adoslescentes enamorados se dejaban mensajes en libros de la biblioteca. Lo recuperaré para volverlo a leer. Seguro que tendré que hacer alguna corrección para reciclarlo pues fue escrito en los primeros tiempos y, aunque no mucho, creo haber mejorado algo.

    Lo del mensaje en el libro suena como ha haberlo encontrado en una botella y tener que resolver quién lo envió y porqué.

    Un abrazo.

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    1. Efectivamente, alguien del pasado se inventa este juego para encubrir un secreto de manos golosas, y un grupo de estudiantes aburridos descifra los mensajes.
      Seguro que ese cuento, leído con la perspectiva del tiempo, puede resultar muy agradable. Al fin y al cabo, la literatura es un mensaje en una botella lanzado al escritor o escritora que algún día seremos.

      Un abrazo.

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  3. Esta novela, que conjuga perfectamente erudición e intriga, tiene un trasfondo de experiencia muy real. Os lo dice alguien que está retratada en uno de los personajes. !Saludos!

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    1. Hola María. En primer lugar, bienvenida. En segundo lugar, nos dejas intrigados con tus palabras que no hacen sino confirmar el carácter autobiográfico de la novela.
      Venga, una pista.

      Un saludo.

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