miércoles, 11 de junio de 2014

EL SEÑOR (5)

                                                                                                  Un silencio como de iglesia me recibe tras un duro día de trabajo. Qué placer no tener hijos, aunque Tina no tardará en querer tenerlos. Ni rastro de ella, así que me derrumbo en el sofá a esperarla con una cerveza en la mano.
            
Madre mía, las once de la noche. Puede que Tina no haya querido despertarme. Me dirijo al dormitorio, con cierta inquietud, pero nadie ocupa la cama deshecha.  
            
Empiezo a buscar una nota en la cocina. Cuando Tina sale así, de repente, no suele descuidar esos detalles. Sin embargo, tampoco hallo ese alivio. Me abro otra cerveza, más por controlar los nervios que por deseo de beber, aunque la garganta se me ha quedado seca. Y entonces me fijo en algo que antes no he visto. Hay pedazos de loza en el suelo.
           
No me parece propio de una mujer dejar basura tirada en el piso de su apartamento, a no ser que la haya requerido alguna emergencia. A su amiga Nuria la considera casi una hermana.
            
Reviso el móvil por si tengo algún mensaje o llamada perdida. Me acojona encontrar uno de Paco, el marido de Nuria, precisamente porque él considera eso mariconadas. Dice que le llame en cuanto pueda.
            
Con la excitación, el móvil se me resbala de las manos y, al agacharme a recogerlo, descubro una mancha enorme en el sofá. La toco y la huelo como un detective. Parece café.
            
—Lo siento, Paco, Nuria no está aquí. Pensé que habría ocurrido alguna desgracia y que Tina…
            
—Deben de andar juntas, jugando al billar en algún garito, riéndose en nuestra cara —se desahoga Paco—. ¿Sabes que la muy zorra ha quemado la cena?
            
—Hazte un huevo frito.

8 comentarios:

  1. La forma de la narración es muy buena.
    Estoy expectante; el desenlace tendrá que estar a la altura y el listón vuela por las nubes.
    ¡A ver cómo sales del berenjenal!

    Abrazotes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Paciencia, el desenlace no sobrevendrá tan rápido como en un cuento. Creo que la historia puede dar de sí mucho más.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Jose, esperemos próximas entregas. En esta nos has dejado la vía a la imaginación muy abierta. Los planes o acontecimientos que puedan vivir dos mujeres liberadas que no se pasan todo el tiempo limpiando la casa, pueden llevar a senderos insólitos, inhóspitos e insospechados y, sobre todo llevados de tu mano, muy interesantes.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Liberadas y con la posibilidad de hacerse invisibles a voluntad. Se pueden volver unas cabronas de cuidado... ¿no te parece?

      Eliminar
  3. Cuarto intento de dejar comentario y que salga publicado.

    Esta historia ha crecido de manera sorprendente, es curioso lo que puede conseguir el escritor. Algún día tendrás que publicarla completa, lo de las entregas lo llevo mal, prefiero el conjunto.

    Un abrazo.


    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que sea un problema técnico puntual. Sólo una amiga se deja tres comentarios en el tintero.

      A mí me sorprende comprobar cómo la historia exige su derecho a existir, a crear sus propios senderos. Creemos que tenemos el mando, pero nos escribe la escritura.

      Un abrazo.

      Eliminar
  4. Sigue creciendo y parece que cada vez da más de sí. No sé si sabes dónde te llevará, pero con cada capítulo aumenta la intensidad. Está bien eso de que las echen de menos en casa...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tengo ni repajolera idea de adónde me llevará esta historia. Igual no es una forma de escribir muy ortodoxa, pero cada vez me lo paso mejor.

      Un abrazo.

      Eliminar

Entradas populares

Páginas vistas en total