miércoles, 23 de noviembre de 2016

NUEVA NOVA


Si pienso en mi geografía vital, llego a la conclusión de que he viajado poco y soñado mucho. La calle de mi infancia, Ricardo Oliver Fo (a punto de perder el nombre por el tema de la Memoria Histórica), pronto fue sustituida por la de mi adolescencia, tan solo a un par de manzanas: Plus Ultra. Para quien no lo sepa, la palabra proviene del latín y significa «más allá». Dio nombre al hidroavión que realizó por primera vez un vuelo entre España y América en el año 1926. También es el lema del escudo de España. En la época convulsa de la Universidad, mis padres decidieron cambiar a la calle Monforte del Cid, no sé si porque sospechaban mis veleidades literarias o, más bien, porque mi madre quería vivir frente a una iglesia. Aquí he echado raíces: unas veces volaría el campario con dinamita, otras agradezco que me despierte para llevar a los chavales al colegio.



Hace poco, sin embargo, se ha producido una novedad en este nomadismo —léase con ironía— que ha sido mi vida. He regresado a la calle de mi adolescencia. No al mismo número, sería demasiada potra. Nací en el año 74 y, por uno de esos caprichos del azar, he trasladado mi academia al número 47 de la calle Plus Ultra.



La academia ha estado durante la friolera de diecisiete años en el tercer piso de la calle Monforte del Cid. Yo vivo entre el segundo y el tercero. No puedo negar que ha sido muy cómodo subir a trabajar. No había posibilidad de llegar tarde. Ahora bien, reconozco que necesitaba separar espacios. Por las noches, cuando todos los chavales se habían largado, la academia se convertía en el refugio del escritor. En medio de esa soledad buscada, de repente me asaltaba la angustia de que una historia con tal o cual alumno se hubiera quedado pendiente. Lo peor de todo era la certeza de que jamás resolvería el nudo con un buen desenlace. Ese enano de mi memoria se habría convertido en un hombre o una mujer. Y me podría pegar una hostia o dar un beso, quién sabe.






La nueva Academia Nova es un sueño hecho realidad. Mi mejor cuento sin duda. Sencilla, práctica y coqueta. Aún quedan detalles pendientes de resolver, por supuesto, pero a la gente le encanta. Hasta mi perra, Candy, ha encontrado un hueco para ella en su corazón. Tiene forma de patio. Allí roe las horas en compañía de un hueso imaginario. Espera que mi mujer y yo terminemos de dar clase.

4 comentarios:

  1. No hay nada que me anime más que ver que los sueños se convierten en realidad, aunque no sean ni mis sueños ni mi realidad. Os felicito a Mª Carmen y a ti, sin duda habéis trabajado mucho para lograr vuestro objetivo. Sé que os irá bien porque yo seguiré recomendando la Academia Nova a quien lo necesite.

    Un abrazo para ambos.

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    1. He sacrificado libertad y tiempo en conseguir mejores condiciones para mi trabajo. Era hora de sentar un poco la cabeza. En mis ratos libres, me puedo permitir la locura de escribir cuentos. Ni novelas ni poesía.

      Un abrazo.

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  2. Alguien dijo algo así como que el porvenir es un lugar cómodo para depositar los sueños. Dándole una vuelta a la frase, yo diría que esta academia es un sueño que te hará más cómodo el porvenir.
    Enhorabuena por el fruto del esfuerzo y la ilusión de una familia.

    Un abrazo.

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    1. Pues sí, ahora era el momento de afianzarme en mi trabajo. Por muchos años que pasen, siempre estaré dividido entre mi pasión por enseñar y mi locura de escribir.

      Un abrazo.

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