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miércoles, 3 de septiembre de 2025

PALABRA DE TONO



Mi padre sigue vivo en algunas de las palabras que empleaba deformándolas a su gusto o dándoles un sentido muy peculiar. Cuando menos lo espero, iluminan mi memoria como una lluvia de estrellas en el cielo nocturno.

Cada cual tiene una forma de hacer las cosas y todas son válidas mientras no molestes a nadie. Él llamaba «estilacho» al estilo propio de cualquier individuo.

Hablando de tareas domésticas, recuerdo que, intentando dotarlas de una aureola épica, las bautizaba con el nombre de «operaciones». De este modo, masillar una pared se convertía en poco menos que una manifestación artística.

Otro término que utilizaba con cierta frecuencia para referirse a un coche pequeño era «cochinto». Me doy cuenta emocionado de que José Antonio López Quinto, al darle la vuelta al idioma, estaba forjando neologismos sin saberlo.

Solía adoptar posturas bastante radicales. Por ejemplo, Raphael le parecía «ful», es decir, una mierda. Miguel Delibes, en cambio, se le antojaba el mejor escritor de la historia.

Tenía en común con el cantante más de lo que creía, pues siempre fue un teatrero. Si le preguntabas qué tal se encontraba de salud, respondía invariablemente «fatal». El mundo de la interpretación ha perdido a un gran dramaturgo.


miércoles, 26 de marzo de 2025

PALABRAS













Mi padre utilizaba algunas palabras que se me han grabado a fuego en la memoria afectiva. Asombra que un hombre sin estudios tuviera la capacidad de inventarse un idioma a su medida.

Cuando algo encajaba como anillo al dedo, tanto personas como objetos, no era solo un descubrimiento. Se trataba de un «hallazgo».

En lo que respecta al buen yantar, solía preguntarme después de una comilona si me había quedado «tort» (tuerto) o «cego» (ciego). Aunque nació en Almoradí, donde predomina el dialecto murciano, estos términos denotan sus raíces valencianas.

José Antonio López Quinto poseía un sentido del humor que recordaba a Tip y Coll. Así pues, le decía a mi madre que le diera la «chorrada» por el puro placer de la imprecisión léxica. Lo increíble es que ella sabía perfectamente qué quería.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

MANDERLEY


Mi Manderley es Guardamar y regreso en sueños a los aromas de la infancia. La casa de la calle San Pedro está llena de todas las personas que la habitaron y, algunas noches, como en el hotel Overlook, los fantasmas celebran un conciliábulo que molesta a sus actuales propietarios.

Mis tíos se pasean por el piso de abajo. Angelita enchufa la televisión para ver la telenovela del momento: «Cristal». Juan me ha enseñado a disparar una escopeta de balines. De repente, suena el timbre de la puerta. El primo Antoñico viene de visita: su talante alegre hace que se le quiera como a un soplo de aire fresco. Cantan las chicharras. La tarde declina con esa languidez propia del verano. Sacamos unas sillas a la calle. Por la camisa abierta, asoma la prominente barriga de mi padre.

Si los sofás del salón hablaran, contarían el amor que derroché con Sandra. Besos de nube, de reencuentro, de deseo, de despedida, de comerse a besos. Nos quisimos tanto que acabamos odiándonos.

Poco a poco, la casa se quedó vacía. Las horas pasaban con una lentitud feroz. Llevaba a mis hijos a la playa por la mañana y la abuela los secuestraba al atardecer para arrastrarlos a la iglesia.

Cuando Angelita murió, mi tía de Albatera se lució diciendo que había dejado un hueco muy grande. Siempre fue ancha de carnes y alegre de espíritu. Nunca volveremos a Guardamar, pues se ha convertido en un teatro de sombras. Hasta los desconchones de las paredes me recuerdan que la felicidad está junto a las personas que quieres.


miércoles, 29 de mayo de 2024

MEJILLONES


No dejéis volar vuestra mente calenturienta cuando os diga que mi padre adoraba los mejillones al vapor. Eran un delirio que rozaba la obsesión. Al quejarme de que todos los domingos comíamos el mismo aperitivo, compraba bígaros o almejas un par de semanas para disimular. Luego volvía a su eterna costumbre. Me pregunto qué tendrían aquellos moluscos bivalvos para gustarle tanto. Quizá fuera su sabor o que le traían algún recuerdo de infancia. He pasado de aborrecerlos a echarlos de menos.

miércoles, 13 de marzo de 2024

SANTOS



Mi padre no era muy religioso, pero, por contentar a mi madre, que es una auténtica talibana, iba a la iglesia los domingos y se confesaba una vez al año. Lo recuerdo hecho un pasmarote en la última fila del templo, al lado de la puerta por la que siempre entraba el último y salía el primero, mirando al frente sin ver, con la imaginación distraída en otra parte. Ambos sabíamos, sin comentarlo jamás entre nosotros, que no creía en toda aquella parafernalia.

miércoles, 6 de marzo de 2024

SALDOS ARIAS




Mi padre trabajaba en una humilde tienda de ropa llamada Saldos Arias. Recuerdo que era un edificio ubicado en la calle Mayor de Alicante. Nunca pasaba nada, salvo que una vez fueron a comprar chandals algunos jugadores de los Globetrotters. Ahora han rehabilitado el inmueble y es la sede del restaurante Fondillón, que pertenece al hotel de cinco estrellas Hospes Amérigo. Cuando paso por allí, me entran ganas de hacerles cosquillas a esos camareros tan estirados.

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