miércoles, 4 de noviembre de 2026

LA PLAYA DE NINGUNA PARTE


Cuando muere, Eulalia siente la levedad de un globo el día de la Primera Comunión. Observa con extrañeza su cuerpo ajado desde la perspectiva de una telaraña en el techo. Reconoce a sus parientes rodeándola en un silencio roñoso. Flota por la habitación como una mota de polvo suspendida en los débiles rayos de luz que se cuelan por la persiana. Atardece.
     Morir ha sido más fácil que una vida dedicada a pensar en el prójimo blanco, en la siguiente misa, en la confesión frecuente de los pecados, en devolver al redil a las ovejas descarriadas y, sobre todo, en las imágenes de santos, vírgenes y papas que adornan las paredes de su casa como estrellas de Hollywood.
     Como si Eulalia hubiera invocado a los cenobitas, un túnel sombrío se abre en una pared. Una atracción irresistible la lleva hacia ese lugar, pero antes le suelta una colleja a Manolo por tantas alegrías y tristezas juntos. Su marido nota ese gesto fantasmal y, en lugar de temer, se emociona.
     Cruza el túnel hasta alcanzar una luz de cegadora blancura. Ni con Ariel ha conseguido un blanco semejante. Al principio, apenas puede abrir los ojos acostumbrados a la oscuridad. Lentamente, distingue siluetas que murmuran saludos de bienvenida. Finalmente, enfoca con nitidez la cara regordeta de Teresa. Se funden en un abrazo.
     Eulalia pasa un momento cerciorándose de que realmente está junto a su hermana. La besa, la pellizca, la contempla hipnotizada.
     —Espabila —dice Teresa—. He venido a llevarte con Él.
     Cualquier pregunta puede esperar. Las hermanas se ponen en camino por un terreno uniforme y monocolor. Un sol lechoso inunda el paisaje con su luz tamizada por las nubes. Saludan a un conocido acompañado de su inseparable perro. No es el único. Hay cientos de mascotas escoltando a sus dueños. Eulalia no puede evitar un mohín de asco. Incluso le parece vislumbrar a John Silver con el capitán Flint sobre su hombro.
     El graznido de las gaviotas y el rumor del oleaje llenan los oídos de promesas. Huele a soledad salada. Eulalia nota la frescura de la arena besando sus pies descalzos.
     —Aquí es —anuncia Teresa—. Tengo que irme.
     —¿Cómo? De eso nada —protesta agarrándola del brazo con una fuerza impropia de su edad—. Quédate o, al menos, dame una pista de cómo es. Dime si imita el estilo de su Hijo.
     Teresa le acaricia el mentón y, después de un elocuente silencio, se marcha. Antes de perderse en la lejanía, se vuelve y grita una advertencia o un consejo. Eulalia lamenta no saber leer los labios.
     La playa parece no tener límite; mire donde mire nunca acaba. Cuando se cansa de andar en la más absoluta de las soledades, decide tumbarse en la arena y tomar el sol con los ojos cerrados. Pica. No teme al cáncer de piel; ya está muerta. Ese pensamiento le hace recordar otro que nunca tuvo el valor de admitir. Inspecciona bien todos los flancos. Ni rastro de vida humana. Se santigua. El vestido y el sujetador forman un batiburrillo en el suelo. Comienza a tostarse boca abajo. La eternidad al arrullo de las olas.
     Cuando se gira y deja sus pechos al aire, tiene la certeza de que tanto pensar en Dios le ha impedido atender a su propio cuerpo. Siente una paz que ninguna confesión le había proporcionado nunca.
     —Vístete —ordena con sequedad una voz masculina que la hace estremecerse de miedo.
     Se levanta de un salto y busca su ropa medio cegada por el sol. Resulta un alivio ignorar aún la identidad de la visita. El sujetador no aparece por ninguna parte.
     —¿Quieres esto? —pregunta burlonamente la voz.
     Eulalia recupera la prenda y se la abrocha sin querer mirar a su interlocutor. La cara le arde. Imagina el aviso de su hermana: no dejes de rezar porque nunca se sabe cuándo vendrá el Hijo del Hombre. Eso es precisamente lo que hace: rezar para no tener enfrente a Dios y, si lo tiene, para que sea indulgente.
     Un hombre de baja estatura, casi un enano, la contempla con ojos saltones. Viste traje y corbata. Extrae un ordenador portátil de un maletín negro como su ropa.
     —Debería darle vergüenza a su edad hacer porquerías —riñe mientras rellena un formulario digital.
     —¿Nombre?
     —Eulalia Nieves García.
     —¿Edad?
     —Sesenta y nueve.
     —¿Ocupación?
     —Ama de casa.
     Eulalia interrumpe para protestar. No entiende por qué necesitan esos datos si ya está muerta y, de paso, pregunta cuándo verá a Dios. El enano casi la fulmina con su mirada de sapo.
     —Dios no recibe desde hace varios siglos. Se refugia en viejas películas de los Monty Python.
     —Pero mi hermana…
     —No querría contárselo para no… Siempre me toca a mí el trabajo sucio mientras ciertas señoras toman el sol desnudas. Bueno, sigamos con el formulario.
     El secretario pregunta y teclea como una ametralladora al tiempo que Eulalia se refugia en la lejanía del mar. Le parece distinguir penachos de espuma en medio de la aparente calma. En el cielo, jirones de nubes tapan un instante la prepotencia del sol.
     Más tarde, el mar parece una cacerola en plena ebullición. Sopla viento de Levante. Oscuros nubarrones presagian un chaparrón inminente. Eulalia se hinca de rodillas y reza en voz alta.
     —¿Qué demonios hace? —pregunta el secretario como si hablara a una demente.
     Ella, harta de tanta burocracia inútil, no se acobarda. Sigue orando cada vez más fuerte. Su vestido se hincha por culpa del vendaval. Su cabello parece un pulpo bárbaro, cruel, irracional y atroz.
     El secretario adivina sus intenciones y trata de disuadirla en medio de la tormenta. Cuando una manaza surge del agua, se parapeta tras el maletín temblando de pies a cabeza. La zarpa se arroja sobre ellos como un pájaro sobre su presa.
     Las olas lamen la orilla con una respiración acompasada. Eulalia abre lentamente los párpados que ha cerrado por instinto. Frente a ella, un cachorro de apenas tres meses. Ladra, juguetea, se enrosca entre sus piernas, lame el delicioso aire salado. Y vuelve a empezar.
     Ella se mesa los cabellos, desesperada. Creyó que rezando lograría una audiencia con Dios, sin detenerse a pensar que Él lleva toda la historia de la humanidad escuchando a zumbados.
     Pobre ilusa.
     Dejando a un lado su repugnancia natural por los animales, coge en brazos al perro. Es suave como la brisa. Pronto alcanza a otros paseantes que también poseen mascota. Extrañamente, la inicial D figura en todas las chapas de identificación.


Pábilo, 2025

miércoles, 28 de octubre de 2026

DE PROFESIÓN, OFENDIDO













El escritor valenciano Juan Ramón Barat escribe en uno de sus libros de la serie Daniel Villena: «Siempre he creído que no se necesitan motivos especiales para entrar en un cementerio y darse un buen paseo por sus callejuelas llenas de nichos. Cualquier conflicto de los hombres resulta desde esta perspectiva una verdadera estupidez».

Hoy en día, sin embargo, existe una epidemia de la piel fina. Una hipersensibilidad que impide nombrar a las cosas por su nombre. Un buenrollismo que prohíbe hablar de según qué temas —ya saben: los que realmente importan—. Había más libertad en los ochenta que ahora.

Ofenderse por cualquier tontería, como digo, se ha convertido en una profesión. Si una de tus cualidades es la sinceridad, estás jodido. Serás poco menos que un lobo estepario.

El grupo Hombres G —que, por cierto, nunca ha sido santo de mi devoción— estrenaba hace poco la canción «Gilipollas». Los componentes han denunciado presiones para cambiar la palabra por un pitido. Va a resultar que la banda liderada por David Summers son los nuevos Extremoduro. Qué mojigata se ha vuelto la sociedad española y eso que, de momento, gobierna la izquierda.

La censura en el lenguaje podría abocarnos, si no lo ha hecho ya, a una dictadura por lo bajini, a una distopía en la que solo se hablara con eufemismos. La canción «Sufre, mamón» se convertiría en «Sufre, mala persona». La novela «Las brujas» se rebautizaría como «Mujeres que experimentan con hierbas».

Mirar con lupa las propias palabras —te llames Rosalía o Pepe— se me antoja la más terrible de las soledades. Un recado a quien se haya molestado por este artículo: no lo siento.

Publicado en la sección Cartas de los Lectores del diario Información (25/10/2026).

miércoles, 14 de octubre de 2026

COSAS DE CRÍOS













Boca de Piano la llamaban cada día en los pasillos, pero su padre le dijo que no se dejara enjaular porque su sonrisa era preciosa. Una rareza. Y ella le hizo caso: dejó la docencia por el circo.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL PARAÍSO DE LOS VENCEJOS



Mi padre creía que Guardamar del Segura era el paraíso. Yo estaba convencido de que exageraba, pero ahora soy capaz de apreciar las virtudes del pueblo donde pasé tantos veranos.

En primer lugar, el silencio. Su belleza sutil me permite descansar de la ciudad y su bullicio incansable, de las llamadas intempestivas de mi madre, del infierno en la tierra que son las actuales Hogueras de San Juan.

En segundo lugar, la naturaleza. La umbría pinada evoca un misterio antiguo, pero, sobre todo, regula junto al mar mediterráneo la temperatura de otro verano apocalíptico al que nos abocan el cambio climático y la política urbanística de Alicante.

En tercer lugar, la disponibilidad de su gente. No necesitas intercambiar veintisiete mensajes de móvil. Si quieres quedar con alguien, basta con salir a la calle.

El viaje hasta el pueblo no fue en Costa Azul. Ahora la empresa de autobuses se llama Avanza, pero su avance, por lo visto, no incluye aire acondicionado durante el trayecto. Mi hija y yo llegamos al borde de la lipotimia al piso de la calle Cartagena, el mismo que el año pasado.



Esa misma noche, un sábado 20 de junio, salí a pasear por las calles desiertas del pueblo. Aparte de las clásicas heladerías, había algún garito abierto en la calle del Chollo y poco más. En otro tiempo, quizá me hubiera aburrido de aquella paz tan maravillosa.

A la mañana siguiente, bajé a la playa de la Babilonia. Dos días más tarde, me acompañó Clara. Por el camino, pudimos observar a grupos de patos procedentes del Parque Reina Sofía cruzando la carretera y adentrándose en la pinada. No debe ser fácil contener a unas aves cuyas alas tienden a volar como la imaginación. El viento de levante tampoco me impidió convertirme en pez cual chiquillo. Entretanto, mi hija salvaba abejas de morir ahogadas.

Los chalets de la Babilonia siguen soñando lo imposible: esperan una resolución del Tribunal Constitucional que podría indultarlos por su valor etnológico.




El verano no empieza realmente hasta que uno no ha cenado en el restaurante Verona de Guardamar. Clara pidió una pizza cuatro quesos mientras yo me decantaba por una Diábola. La masa, que enseguida se vuelve chiclosa en las franquicias de comida rápida, invitaba a soñar con las hojas crujientes del otoño. A riesgo de parecer unos peseteros, el postre nos lo tomamos en otro clásico de la noche guardamarenca: el puesto de crepes Gri Gri. Con la panza a punto de reventar, dimos un garbeo por la playa Centro. Allí se celebraba la Nit Màgica, un espectáculo donde la comisión festera Els Milotxes invita a danzar alrededor de una fogata como en un aquelarre. No me habría extrañado ver al diablo disfrazado de macho cabrío bajo la luna creciente.

Desde el balcón, solía observar a los vencejos bajo el cielo azul del atardecer. Su vuelo es limpio y práctico como la casa que me ha alquilado la inmobiliaria Albamar. La gente seguramente preferirá apartamentos en urbanizaciones con piscina, pero, para alguien de gustos sencillos como yo, la paz que se respira en un hogar habitado y con una pequeña biblioteca no tiene precio.


miércoles, 16 de septiembre de 2026

BALONCESTO POÉTICO













No todo consiste en encestar,
sino en asistir para agrandar la canasta.
Muévete,
que no te piten tres segundos
en la nostalgia.
Cógete
a la mano tendida
del noble rival.
Suéñate,
no pierdas antes de perder
ni ganes antes de ganar.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

UN ABRAZO EN AZORÍN























En los últimos tiempos, la biblioteca Azorín de Alicante ha empezado a usar las redes sociales para difundir la lectura. Además de un catálogo en constante renovación, podemos participar en clubs de lectura, presentaciones literarias, cuentacuentos y un largo etcétera de actividades. Una iniciativa estupenda que merece la pena apoyar. Por eso, me hace muy feliz que hayan adquirido un ejemplar de Un abrazo lo puede todo (Pábilo, 2025). Para que hagáis memoria, es un libro de relatos que te envuelve desde la primera página. Después de una promoción que me llevó por varias librerías de la provincia de Alicante, entre las cuales no faltó 80 Mundos, ahora también lo podéis leer cómodamente en nuestra querida biblioteca.

miércoles, 19 de agosto de 2026

KAFKA SIGUE VIVO










La realidad parece mentira a veces. Sus bordes se llenan de grietas por donde lo insólito asoma sus patas con naturalidad antinatural.

«Pellízcame», le dije a Mari Carmen.

Habíamos pedido unas hamburguesas en un conocido restaurante de comida rápida. El primer signo de que el cajero era novato —quizá había comenzado aquel mismo día— fue que olvidó darle a mi mujer el tique y el avisador de color rojo. Ella se lo recordó. Las cocineras, atolondradas como moscas, me llamaron un instante después para recoger unas alitas que no había pedido.

Hubo un momento en que sospeché de una cámara oculta, pues los empleados seguían metiendo la pata sin pudor alguno. Mi mujer reclamó que le habían cobrado cincuenta céntimos de más porque creyeron que la comida era para casa. Se los devolvieron. A estas alturas, os imaginaréis el siguiente despiste: la cena no salió en una bandeja, sino en bolsas para llevar.

El colofón de todo aquel despropósito llegó al descubrir que las hamburguesas estaban equivocadas. En descargo del personal, diré que no revisamos el tique. ¿Quién lo repasa con pelos y señales? El cajero jura que oyó una Cheeseburguer en vez de una Cheeselovers. Quizá habría sido mejor cantarle un rap. Por si esto fuera poco, tras unas rácanas disculpas, el joven no se ofreció siquiera a repetir el pedido.

Durante el resto de la velada, me sentí Gregor Samsa convertido en insecto. ¿Creéis que soy exagerado? Igual que en el famoso juego de buscar diferencias, he contado siete errores.

Publicado en la sección Cartas de los Lectores del diario Información (06/08/2026).

miércoles, 5 de agosto de 2026

VOLVER A LA REALIDAD











¿Y ahora qué?

El Mundial 2026 ha acabado y te arrastras como el alma en pena de Fiz de Cotovelo por la fraga de Cecebre. Después de casi cuarenta días viendo fútbol, volver a la cruda realidad se antoja un esfuerzo imposible a la par que inhumano.

Al principio, lo sé, regateas a Leo Messi o a Cristiano Ronaldo hasta toparte con la mirada dura de la cajera. «¿Ya has dejado de hacer el idiota con el coco?», pregunta.

Cantas gol en medio del cine, justo después de reparar en que el extintor del pasillo es rojo.

Por poco desayunas cerveza; menos mal que, en el último instante, la familia te ha disuadido con su amenaza sutil de apuntarte a Kung Fu para que hagas la forma del borracho.

Echas de menos el buen rollo con tu hijo, a quien has llevado al lado oscuro para que vea el Mundial contigo. Durante la Final, harto de la pasividad del árbitro, el joven expresó en voz alta lo que pensaba todo un país: que no solo un jugador, sino el equipo argentino entero debería haber recibido la roja por incomparecencia y por marrullero.

Afortunadamente, nos hemos traído la Copa a casa. Ha triunfado el fútbol, la humildad, el tesón, el compañerismo y el castellano.

Empiezas a levantar cabeza. La vida te envuelve en su torbellino de claroscuros. Queda poca gente vestida con la camiseta de la selección, pero aún sonríes al recordar que Donald Trump, el caradura por excelencia, no salió en la foto. Gracias, Rodri.


Publicado en la sección Cartas de los Lectores del diario Información (27/07/2026).

miércoles, 8 de julio de 2026

CHISTEMÁTICO



Cuento chistes malísimos ante la estupefacción de amigos y familia. No lo puedo evitar. Por eso, entenderé perfectamente que no os hagan ninguna gracia. También aprovecho para desearos FELIZ VERANO.


-Un antiguo novio con quien no te hablas… Exabrupto.

-Un mono que bebe zumo… Orangutang.

-Aguantar en cubano… Soportal.

-La gran afición de los condenados… Canturreo.

-Adoradores del uno… La UNESCO.

-Director de cine que se hurgaba la nariz… George Cukor.

-Hay famosos que matarían por recuperarlo… El anonimato.

-Dícese de quien vive en las afueras… Excéntrico.

-¿Qué cualidad posee la madre de Clara? Preclara.

-Un color acomplejado… El azulejo.

-La ciudad de los ladrones… Quito.

-¿Dónde va de putas Sherlock Holmes? A un lupanar.

-Si no puedes quitarte una canción de la cabeza, ¿qué tienes? Una obcecanción.

-El culo más grande de la historia… Cristóbal Culón.



Y uno de regalo…


-¿Cuál es el verdadero origen de los vampiros? La cultura inca.

domingo, 28 de junio de 2026

RESEÑA DE UN ABRAZO






















No soy escritor al que le lluevan las reseñas. Por eso, me hace ilusión cuando alguien se toma la molestia de leerse alguno de mis libros y escribir acerca de él. Motiva especialmente cuando ese alguien es una escritora especializada en relatos con una trayectoria bastante amplia. Se trata de Manuela Fernández (del blog Dama de agua). Por si esto fuera poco, la reseña viene acompañada de una entrevista. Espero que os guste.

miércoles, 17 de junio de 2026

PRESENTACIÓN
















Con la sala llena a rabiar, el microrrelatista de Albacete dijo «ea» y dio paso al turno de preguntas.


Felices Hogueras de San Juan, mirones.

miércoles, 10 de junio de 2026

28 DÍAS DESPUÉS











El 18 de julio de 2003 se estrenó en España 28 Días Después (Danny Boyle), un hito del género de terror. Vi la película en los CineBox de Vistahermosa, que lograron permanecer en activo apenas seis años: de 2002 a 2008. Recuerdo —loca juventud— que aquel verano iba a la playa del Postiguet por la tarde y, después de una ducha, me escapaba a este cine situado en las afueras de la ciudad.

En total, cuatro paseos andando.

Durante sus casi dos horas, sentí esa angustia controlada que persigue cualquier aficionado al género. El comienzo —donde Jim (Cilliam Murphy) despierta de un coma en el hospital y, acto seguido, recorre las calles de un Londres fantasma— es sencillamente sublime. Según Robert Kirkman, creador de The Walking Dead, fue una casualidad que su famoso cómic empezase exactamente igual.

La suspensión de la incredulidad, un pacto tácito entre el creador y el espectador por el cual este último acepta temporalmente las reglas del mundo ficticio, cesó cuando Jim, que apenas ha disparado a un niño infectado en una gasolinera, se convierte en una máquina de matar militares y, de paso, rescata a las chicas de sus garras.

Maravillosa la música, que subraya los momentos donde la adrenalina sube. Selena, motivo por el que Jim saca al Rambo que lleva dentro, hace que aceptemos barco como animal de compañía. Para dar suspense, el joven recibe un tiro del Mayor Henry West y el público lo salva de la mala baba de los guionistas (se barajaron dos finales).

Al fin y al cabo, adoramos los happy end aunque no tengan ni pies ni cabeza.

miércoles, 27 de mayo de 2026

LOS COMENTARIOS DE SANTI

El músico Santi Henarejos es un club de lectura en sí mismo. Se ha tomado la molestia de opinar sobre la mayoría de los cuentos que componen Un abrazo lo puede todo (Pábilo, 2025). Mientras lo leía, ha confeccionado un ramo de mensajes en tiempo real. No puedo imaginar una reseña mejor que la que nos dicta el corazón como un taquígrafo visceral. Os dejo con sus palabras.


EL INCREÍBLE BRUCE / EL HIJO IRREGULAR

Eres un gran escritor, pero también un cachondo irónico e irreverente. Lo primero era de mi conocimiento; lo segundo, una grata sorpresa.

A CAMBIO DE NADA

Ese abrazo de oso que acaricia el corazón.

LA SECTA ROJA

Tan breve como infinito y descriptivo de la humanidad. Todavía no quiero acabar el libro porque, con cada cuento, lleno un vacío de mi vida.

COMPAÑEROS DE PISO

Para mí, y tengo todo el derecho como lector, es un cuento de amor. «Sus volutas de humo parecían pensamientos.»

LA CASA

Me ha hecho sentir esa caricia que quieres siempre de alguien de verdad.

LAS ROSAS DEL BOLARDO

Va a perdurar en mi memoria. Tiene el final que tiene y punto, pero me deja dos caminos contrapuestos en la mente.

AL CAER LA TARDE

Desde el big bang de saber que «iba maquillada de catrina», he viajado al resto del cuento.

NO SE PUEDE TENER TODO

Tus recursos literarios me han hecho ver mientras leía.

TRAS LA CELOSÍA

Me ha dejado con el pensamiento de cuán imperfecto es Dios y qué perfecta es Laia. Gracias.

UNA BUENA PRESENTACIÓN

El final es buenísimo, un regalo.


miércoles, 13 de mayo de 2026

UN ESCRITOR CON SENSIBILIDAD






















En la Feria del Libro de Elche, se acercó una desconocida y me dijo: «Te compro un libro si eres de izquierdas». Como siempre he odiado las obligaciones, decidí no responder. ¿Qué demonios le importa a quién voto? Si soy del Barça o el Madrid, heterosexual o gay, creyente o ateo solo me incumbe a mí. No ignoro que hay escritores como Rafael Alberti que están indisolublemente unidos a sus ideas políticas, en este caso al Comunismo. Sin embargo, yo soy autónomo en el amplio sentido de la palabra. El único gobierno que me representa es el de las letras.

Esta anécdota refleja la herida de las dos Españas, una fractura que llegó a su máximo enfrentamiento en la Guerra Civil (1936-1939). La novela Pan, fútbol y silencio de Roberto Hurtado (Cuadranta, 2025) retrata la posguerra desde el bando de los perdedores (o, mejor dicho, olvidados). Nadie está a salvo de sospecha en plena represión franquista. Casi se siente el miedo físicamente, casi se oye la voz pudriéndose en las gargantas. Hermanos contra hermanos. Por no hablar de cartillas de racionamiento, pan de mijo y otras miserias que mi madre relataba cuando tenía memoria.

En este marco, el fútbol sirve como válvula de escape. También de excusa para hablar de lo que realmente importa: la dignidad, la culpa o la memoria. Además, el autor establece paralelismos con la vida a través del argot futbolístico. Hacia 1935, un quinceañero llamado Julio Alcolea empieza a jugar en el Elche. Mariano Efesé, una especie de señor Miyagi valenciano, le echa el ojo y decide convertirlo en estrella. Sin embargo, la guerra deja todo en suspenso. Quince años después, Julio vuelve del exilio en busca de su entrenador.

La lectura del libro me ha proporcionado un intenso placer estético y, al mismo tiempo, emociones contenidas. Roberto Hurtado ha alcanzado una madurez literaria que se atisbaba en anteriores trabajos y, en mi humilde opinión, ha cuajado su obra más redonda. La concatenación, una figura retórica muy usada en poesía, logra que te enganches y no puedas dejar de leer. En cuanto a sentimientos, escasean las muestras de cariño en un ejercicio de verosimilitud con la España de los años 50. El autor se revela entonces un maestro en el lenguaje de los silencios, las miradas y los gestos, que comunican a veces más que las propias palabras.

Hay un personaje en Pan, fútbol y silencio que resume el mensaje principal que late en la novela. Se trata de don Álvaro, un médico que atiende sin hacer preguntas. Basado en dos figuras históricas, representa la rectitud moral y la compasión. Recordar duele y sana porque la herida sigue y seguirá abierta, pero «lo que hace un hombre con otro hombre, cuando nadie mira, vale más que cualquier bandera».

martes, 5 de mayo de 2026

FERIA DEL LIBRO DE ALICANTE












Aún tenemos abrazos por dar y recibir. Os esperamos en la FERIA DEL LIBRO DE ALICANTE.
¿Cuándo? El miércoles, 6 de mayo.
¿A qué hora? Desde las 6 de la tarde.
¿Dónde? En Plaza Séneca (caseta de librería Santos Ochoa).

miércoles, 29 de abril de 2026

CONTRASTES






















La Semana Santa es época de contrastes. Los cristianos no comen carne el Viernes Santo como forma de duelo por la muerte de Jesús, pero algunos se ponen morados a dulces típicos de estas fechas. Las torrijas, por ejemplo. La cosa no acaba ahí. En Santa Pola, donde he pasado unos días de vacaciones, se mezclaban las manolas —mantilla negra, peineta, vestido sobrio, zapatos de tacón— con un Mercado Medieval situado en la Plaza de la Glorieta (alrededor del Castillo). La celebración de la vida y la muerte, el recogimiento y el jolgorio, la devoción y el consumismo.

Llegué el jueves al piso de mis suegros, un ático sin ascensor, buscando la soledad. Poner en marcha una casa es parecido a escribir un libro. Capítulo uno: luz y agua. Capítulo dos: ir al supermercado (están pensados para parejas, de modo que compré unas naranjas estupendas en la tienda de un hindú). Capítulo tres: deshacer la maleta. Capítulo cuatro: revisar los aparatos eléctricos y la cocina de gas. Capítulo cinco: barrer y fregar el suelo (tarea que en Alicante no realizo con la misma alegría). Capítulo seis: hacer la cama con siete mantas, pues soy friolero. Capítulo siete: descansar.






















Al día siguiente, subí al Mirador del Faro. Invertí alrededor de tres horas en cubrir unos diez kilómetros. La naturaleza agreste (donde predominan arbustos poco vistosos como el lentisco o la coscoja) me permitía estar a solas con mis pensamientos. Ya no era profesor, ni escritor, ni marido, ni padre, ni amigo. Solo un hombre tratando de detener un instante porque la vida pasa demasiado rápido.

No tardé en notar los efectos del aislamiento. Extrañaba el ruido de la vida social, el aullido de la manada. Me refugié en las tareas domésticas para conjurar la melancolía y, al mismo tiempo, experimenté cierta vergüenza de sentirme así habiendo tantos ancianos solos en el mundo. Mientras pensaba en ello, el paseo nocturno del vecino por la terraza común me sobresaltó. Debía ser su costumbre. Nada tranquilizadora, por cierto.














Luego supe que era vigilante jubilado. Entonces comprendí que las profesiones dejan una huella profunda en cada uno de nosotros y se convierten en una segunda piel imposible de disimular.

El domingo desperté más tarde de lo habitual. Sin embargo, acudí puntual al baño del Carrefour a hacer aguas mayores porque el inodoro de mis suegros tiene la taza partida, enrobinada y desconchada. Los viajes nos deparan siempre alguna sorpresa. Antes de abandonar el supermercado, miré de reojo a las cajeras por si me decían algo. 

Solía comer sin televisión, saboreando un silencio apenas roto por el graznido de alguna gaviota. Mi vista se perdía en los tejados, en el cielo azul que se derramaba a través de la ventana. Y no hacía falta más.

miércoles, 22 de abril de 2026

UN ABRAZO EN CASA DEL LIBRO













El mundo está lleno de mensajes subliminales que incitan a la lectura.
LEA: espuma de afeitar para mandones.
Luis Leante: autor de novelas estupendas como Huye sin mirar atrás (Edebé, 2016).
Bruce Lee: entre llaves de yudo, recitaba poemas de Gloria Fuertes.

Para celebrar el Día del Libro 2026, os espero en CASA DEL LIBRO DE ALICANTE.
¿Cuándo? Este sábado, 25 de abril.
¿A qué hora? De 5 a 8 de la tarde.
¿Dónde? En la calle Poeta Vila y Blanco, 8.

miércoles, 15 de abril de 2026

FERIA DEL LIBRO DE ELCHE


Aún tenemos abrazos por dar y recibir. Os esperamos en la FERIA DEL LIBRO DE ELCHE.
¿Cuándo? Este viernes, 17 de abril.
¿A qué hora? De 17 a 19 horas.
¿Dónde? En el Paseo de la Estación (caseta de librería La Manzanera).

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