miércoles, 13 de mayo de 2026
UN ESCRITOR CON SENSIBILIDAD
miércoles, 18 de febrero de 2026
IDENTIDADES

«Quién no desearía poder ser otro», cantaba Enrique Bunbury en No fue bueno, pero fue lo mejor. En El peligro de estar cuerda, Rosa Montero reflexiona: «¿Quién no ha deseado alguna vez escapar del encierro de la propia vida? Y no porque esa vida no nos guste, sino porque una sola existencia, por muy grande y muy buena que sea, siempre será una especie de cárcel, una mutilación de las otras posibles realidades, de los otros individuos que pudimos ser. ¿Quién no ha deseado alguna vez ser otro? Contenerse dentro de una sola identidad resulta empobrecedor». Ignoro si José Payá Beltrán se ha inspirado en estos fragmentos para elegir el título de su nuevo libro, Vidas posibles (Aguaclara, 2025). Lo único claro es que emplea las herramientas de la literatura para adoptar otras identidades como un agente secreto en misión de espionaje.
Ha pasado la friolera de catorce años desde La segunda vida de Christopher Marlowe (Instituto de Cultura Juan Gil Albert, 2011), el libro de cuentos que sirvió para conocernos en la Feria del Libro de Alicante —cuando se celebraba en La Explanada—. Por fin, nos regala un nuevo volumen. Él mismo explica que en aquel exploraba la relación entre realidad y fantasía, y en este pretende mostrar su faceta más lírica e íntima.
Ya en aquel encuentro, el escritor me propuso a bocajarro un intercambio de papeles: yo sería el crítico literario y él, el genio que se dedica a escribir en la sombra. Anticipaba —igual que Millás— su preocupación por la identidad, de la cual hay tantos ejemplos en sus novelas.
¿Pero quién es José Payá Beltrán? Seguramente, todos los personajes de Vidas posibles y, al mismo tiempo, ninguno. Un asesino escondido tras los buenos modales; Emiliano Horma, el banquero más importante de España, que visita a su amigo Andrés Guirado; un librero que cuenta historias de clientes raros; el curtido inspector que no puede evitar romper a llorar frente al cadáver de una joven.
El libro no se limita a ser la enésima colección de uno de esos cuentistas que se ríen de la novela como género, sino que recopila la narrativa breve de un autor que abraza cualquier expresión literaria. De este modo, en él se dan la mano microrrelatos, cuentos y novelas cortas. No oculta que algunas historias fueron el germen o capítulos suprimidos de novelas, ni tampoco los numerosos premios que ha recibido a lo largo de su trayectoria.
Cabe destacar una pareja de microrrelatos que son caras de la misma moneda. Si bien «Año sabático» muestra el lado más bromista de José Payá Beltrán, «Glosa a un beso posible» me parece especialmente conmovedor. Ahí el autor se permite la licencia de incluir unos versos propios y otros de la poetisa María Paz Moreno. Los poemas recrean la historia de un no beso entre ellos cuando tenían veinte años.
Antes hablábamos del lirismo de la obra, que conjuga placer estético con hondura humana en pasajes como este: «Después de comer se echó una siesta con la ventana abierta, escuchando la corriente del río. Aunque quiso soñar, no pudo». Paradójicamente, Luis Berbegal, el protagonista de la novela corta «Perdido en el olvido», sueña con viajar hasta un pueblo abandonado a causa de una epidemia de cólera. Podría decirse que Vidas Posibles oscila entre la curiosidad juvenil y el pesimismo adulto porque**
**Nota del periódico
La reseña se interrumpe en este punto. Fue enviada por la familia a nuestro diario con el deseo de que la publicáramos al cumplirse el primer mes de la desaparición de José Antonio López Rastoll. Según su testimonio, el autor alicantino estaba escribiéndola cuando le llamaron por teléfono de la librería 80 Mundos para exigirle el pago o la devolución inmediata de catorce libros sustraídos del atril de sobremesa de varias presentaciones. Hay gente que dice haberlo visto en Sebastopol, pero la policía sospecha que esto es solo la punta del iceberg.
miércoles, 21 de mayo de 2025
EL VIAJE
Conocí en el aeropuerto a Cristina Gómez Esquius y a su madre, una pareja tan incompatible como Hitler y Charlot. Había en ella un curioso cambio de roles: la joven mandaba y su compañera desobedecía las órdenes. Me invitaron a acompañarlas en calidad de mirón. Acepté porque quería comprobar si las dos mujeres acababan de los pelos.
En Egipto hicimos tan buena piña con el grupo que volvimos a creer en el ser humano. La loca aventura del taxista griego fue para mear y no echar gota. Ámsterdam nos regaló una sorpresa tan extravagante que me pregunté si irían fumadas. Cristina estuvo a punto de petar en Escocia por culpa de unas maletas extraviadas, pero su madre se las ingenió para cambiar de ropa. Nevó en mis ojos cuando le tiramos a Papá Noel de las barbas.
Cierro el libro ¡Nunca viajes con tu madre! (Aliar ediciones, 2025) con la sensación de haberlas acompañado realmente a todos esos lugares. A medio camino entre una novela autobiográfica escrita en primera persona y una guía sentimental del turista accidentado, explora las complicadas relaciones entre madres e hijas con un envidiable sentido del humor.
Cristina Gómez Esquius ha publicado una obra alejada de la ficción histórica que acostumbra a escribir. Maneja un estilo oral y apresurado, muy correcto ortográficamente, como si quisiera fijar algunos episodios relacionados con sus padres para que no se perdieran en el olvido. Su teatralidad innata convierte las pequeñas tragedias cotidianas en auténticos sainetes.
miércoles, 13 de noviembre de 2024
EL ANIMAL QUE LLEVAS DENTRO
Podríamos caer en la tentación simplista de decir que nos encontramos ante Las edades de Lulú en versión masculina. No obstante, hallo una carga emocional mayor y un lenguaje más poético que en el clásico de Almudena Grandes. Eduardo es un adicto al sexo que se siente culpable de sus inclinaciones. El amor de Cloe, secretaria en el periódico donde trabaja, aplaca sus instintos durante una temporada. Sin embargo, el lobo de la carne solo espera la oportunidad de saltar sobre él y devorarlo.
Como en la canción «Animal» de Luis Eduardo Aute, El antropoide es una defensa del instinto que la sociedad y la cultura domestican siempre que no haga daño a nadie. Ese señor Hyde que todos llevamos dentro y cuya negación suele ser fuente de tanta infelicidad. En tiempos donde la libertad de expresión está cada vez más vigilada por la policía de lo correcto y donde la gente se rasga las vestiduras por cualquier tontería, debo decir que me ha encantado. Ojalá Fernando Parra Nogueras continúe sin reprimir su verbo desnudo. No concebiríamos a Bukowski en plan modoso.miércoles, 23 de octubre de 2024
SERIE DANIEL VILLENA
DEJA EN PAZ A LOS MUERTOS (2013)
Daniel y Alicia viajan a Londres para ayudar a una desconocida llamada Katherine Waldenfeigh. Curiosamente, la mujer lleva años muerta. Su marido vive solo en una mansión decorada con gárgolas. Es la primera vez que la vida de Alicia corre peligro desde que Daniel recibiera un disparo en el vientre durante su estancia en Gélver.
miércoles, 20 de marzo de 2024
CONTRA EL OLVIDO

Su argumento es sencillo. Una joven de veinticinco años tiene que hacerse cargo de su madre enferma mientras su hermana, que vive en Australia, se limita a seguir los acontecimientos por teléfono. Las fotografías antiguas y un diario escrito en la juventud ayudan a la anciana a rescatar la historia de las mujeres de la familia y, de paso, retrasa la inevitable pérdida de memoria. Elena Casero rinde homenaje a todas aquellas esposas y madres del siglo pasado condenadas a ser una sombra del esposo, a realizar las tareas domésticas, a cuidar de los mayores. Un simple cambio de titularidad en el banco por defunción demuestra qué poco han cambiado las cosas y cuánto queda por hacer.
La novela emociona gracias a la acertada elección de una joven narradora en primera persona. Me conmueve su vida truncada, sus sueños aparcados, su escasa sexualidad. Un manual indirecto sobre la vejez que debería ser lectura obligada en los colegios: «Nadie te avisa de que, mientras ella se muere, te has de convertir en su madre».
Como buena valenciana, Elena Casero salpica la historia con pinceladas de humor que sirven para ofrecer un relato verosímil donde las penas se barajan con las alegrías. Me parece descacharrante la escena en la que la anciana, en uno de sus inteligentes desvaríos, le presenta a Adelaida al mismísimo Franco y, además, le suelta cuatro verdades.
Me consta que la autora no es amiga de promocionar excesivamente sus libros, lo cual no significa que no haga presentaciones. Solo prefiere no dar demasiado el coñazo al lector. Esta actitud, digna de elogio en los tiempos actuales, proviene de alguien que ha corregido su obra hasta la saciedad y está segura de su valor. No hay mejor campaña publicitaria que una novela sin faltas de ortografía, ni lugares comunes, ni fallos gramaticales. Y, por si esto fuera poco, no he parado de anotar frases memorables que ojalá se me hubieran ocurrido a mí.
A veces, cuando mi madre me saca de quicio con sus involuntarios olvidos pienso en el consuelo de la literatura, en que se diría que Las dos Adelaidas ha sido escrita para nosotros. Anima a disfrutar de nuestros mayores mientras podamos. Gracias a su sacrificio, hemos logrado lo que ni siquiera ellos se atrevieron a soñar.
miércoles, 5 de julio de 2023
LA VIDA ES CAMBIO
miércoles, 25 de enero de 2023
EN LA PIEL DEL OTRO
Se trata de un libro peculiar. ¿Cuál del autor no lo es? Desde Puzle de sangre (Aguaclara, 2014), cada novela ha supuesto un reto literario de mayor envergadura, una locura que me río yo de la de don Quijote. También ha abordado el tema de la identidad desde diferentes prismas. En la propia Identidad (Grupo Terra Trivium, 2019), nos presenta una obra sin autor ni portada. Pocos escritores serían capaces de un ataque al ego de estas características. En Un crimen otoñal (Grupo Tierra Trivium, 2020), José Payá se convierte en un estudioso que elabora una edición crítica de una novela incompleta de S. S. Van Dine. Los hilos invisibles se me antoja menos experimental que las anteriores, pero igualmente apasionante. Un hombre intercambia su cédula de identificación con la de un cadáver. A partir de entonces, vivirá la vida del otro.
Decía antes que la novela me parece menos experimental, no que no lo sea. Su rareza consiste en contar la misma historia dos veces. El público puede optar por leer la versión digamos ortodoxa (Los hilos invisibles) o una menos canónica (Séver La / Al revés). La única diferencia entre ambas radica en el ordenamiento de los capítulos.
Ambientada en la Posguerra española, comienza de un modo muy cinematográfico. Incluso diría que tarantinesco. Algunos camaradas del partido comunista exiliado en Francia están cayendo como moscas, tanto a un lado como al otro de la frontera. Los altos mandos deducen que hay un traidor entre sus filas. Un prisionero torturado hasta la extenuación escupe un nombre. Casi cincuenta años después, se produce un crimen tan violento como inexplicable en la localidad de Apis. La causa y el efecto que he mencionado arriba.
¿Qué significan entonces esos hilos invisibles del título? Seguramente que el azar o la casualidad mueve el mundo. También podrían aludir a la mágica coincidencia que hace que una obra literaria aborde ese problema que tanto nos preocupa en cierto momento. El lector siente un consuelo difícil de expresar con palabras. Por algo se dice que el libro es el mejor amigo del hombre.
Todas las novelas de José Payá Beltrán están muy bien escritas. No lo digo en el sentido estricto de cuidar la palabra, sino, sobre todo, por la claridad de su prosa. De esto se desprende que la literatura no solo consiste en usar bellas metáforas, magníficos símiles y graciosas personificaciones. Hay que hacerse entender. Aun así, encontramos fragmentos inspiradísimos: «El frescor me arañó los brazos desnudos, sobre los que se dibujaban los trazos cómicos de la piel de gallina». La fina ironía tampoco falta: «Tras esa muestra de cariño fue invitado a pasar una temporada, a pan y mantel, con buenas vistas, en la prisión provincial de Cuenca». Los guiños a clásicos se insertan con naturalidad: «Se sintió ridículo, boca arriba, pataleando para deshacerse de la bicicleta que se le había enredado en las piernas, bregando con el cuerpo rabioso que pretendía matarlo». Por no hablar de la maestría en el uso de las elipsis temporales, tan necesarias para contar ni más ni menos que lo imprescindible.
El más difícil todavía para un artista consiste en proporcionar todos los datos al público para que saque sus propias conclusiones. Novelas como Otra vuelta de tuerca de Henry James o la película Dictado de Antonio Chavarrías son buen ejemplo de ello. José Payá Beltrán deja algún cabo suelto, alguna pregunta sin resolver en Los hilos invisibles. ¿Alguien se atreve a despejar la incógnita?
miércoles, 31 de marzo de 2021
EL LOCO DE LA CALLE

Hace muchos años, tuve una novia que se emocionaba contemplando las palomas. Como el principio de Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940), regreso a aquel tiempo solo en sueños. Revivo sus ojos húmedos, un poco avergonzados de dar ese espectáculo. Tristes y alegres a la vez.
La poesía de Jorge Alonso Curiel solo se puede entender desde la emoción y la verdad. Nada de juegos de artificio. Nada de piruetas lingüísticas que solo los poetas comprenden. Nada, nunca, nadie y no son sus palabras preferidas. Para él, el arte es «El loco de la calle» que cantaba El Último de la Fila. O, como decía Pessoa, «vive en la misma calle que la vida».No hablamos de un escritor en ciernes. Acaba de publicar su tercer poemario tras Es mejor el sueño (Babel Books Inc., 2007) y Reflejos en el cristal cotidiano (Playa de Ákaba, 2016). Ni siquiera se centra exclusivamente en un género, pues la versatilidad constituye una de sus cualidades. Ha escrito novela, cuento, crítica literaria y cinematográfica, artículos periodísticos. Hasta se ha atrevido a adaptar El lazarillo de Tormes al castellano actual.
Las manos del sueño (Ediciones Vitruvio, 2020) tampoco es un título escogido al azar, sino surgido del poema «Soñé anoche». El poeta sueña con las manos de una mujer que conoció pero ha muerto. Dichas manos resumen perfectamente el libro y su poesía: representan la dificultad de entender nuestra condición humana y el desengaño que nos produce una realidad en la que no encajamos.
Destacaría tres características del poemario que sorprenderán a los lectores: la facilidad de comprensión, la cercanía humana y la sencillez del lenguaje. A estas virtudes, habría que añadirle algunas curiosidades que detallo a continuación. Los poemas se presentan sin título ni rima, emplean el verso libre y ocupan una extensión entre media y breve ―aunque los hay ciertamente brevísimos―. Jorge Alonso Curiel hace suyo un lema propio del cuento: menos es más.
Durante la lectura y relectura de los versos, he sentido latir la franqueza de Gloria Fuertes, el nihilismo de Bukowski o la bonhomía de Antonio Machado: «Aquel en el que me pidan / que puntúe del uno al diez / lo que ha sido el camino de mi vida.» Sin embargo, el autor no se conforma con imitar a sus ídolos. Logra el prodigio de una voz propia.
Los temas que aborda Las manos del sueño son universales y están de rabiosa actualidad. La mujer, el desamor, la violencia de género, las ventajas de la edad y la soledad positiva son solo algunos de ellos. Llama la atención su visión pesimista de las personas especialmente sensibles: «Que ser humano es un desvío, / un gen modificado, / algo por debajo / de lo normal. / Un ser repleto de sensibilidad / no entra en la lógica…» El oficio de escritor tampoco sale muy bien parado: «Abocados al fracaso están los escritores. / No hay salida para ellos / que no sea la desesperación. / No hay recompensas, no hay éxitos, / no hay apenas abrazos. / No hay dinero. / Se trata de una travesía demasiado amarga. (…) Ser escritor es haber hecho muy mal las / cosas en otra vida.»
Un aire de melancolía recorre los poemas de Jorge Alonso Curiel, sobre todo cuando reinventa conceptos. Del amor dice que es un «arma de destrucción masiva». Compara la amistad con «una taza vacía que permanece así cuando tienes sed». Quien no haya sufrido por ellos, que se atreva a rebatirlo. Las manos del sueño refleja bocados de realidad que no escatiman un atisbo de esperanza. Como la vida misma.
miércoles, 24 de febrero de 2021
TRIPLE SALTO MORTAL
Algo así le ocurre a José Payá Beltrán con las historias de S. S. Van Dine. Su amor por ellas contagia, inspira y sugiere que quien no se obsesiona no es humano. Seguidor acérrimo —no solo del escritor estadounidense, sino también de la novela de misterio en general—, el autor ha publicado Un crimen otoñal (Grupo Terra Trivium, 2020), otra obra inclasificable. Un triple salto mortal literario. ¿Nos encontramos, entonces, ante una edición crítica o frente a una novela?
Fijándonos en su brumosa portada, el libro es una insolente edición crítica a cargo de José Payá Beltrán que introduce Un crimen otoñal, la decimotercera novela policiaca escrita por S. S. Van Dine (alias de Willard Huntington Wright) y protagonizada por el detective Philo Vance.
Cualquiera que haya leído una edición crítica —no hace falta haber estudiado Filología Hispánica— sabe que es un estudio necesario para entender el sentido de la obra al tiempo que una lectura aburridísima. Un auténtico peñazo. Un verdadero tostón. ¿Por qué? Quizá porque la erudición por la erudición agota. Consciente de ello, el autor ha salpicado la suya de curiosidades. Para empezar, incluye cotilleos. Uno de los más jugosos rememora la desesperada carta que escribe a la editorial española que ha publicado la última novela de Van Dine que le queda por leer. No tiene desperdicio. Más adelante, con su habitual sentido del humor, se burla de las notas a pie de página o las reglas para escribir novelas policiacas. Incluso se ríe de sí mismo en un fragmento glorioso: «Hay quien elige el fútbol o los sellos: yo elegí los enigmas de Van Dine y el lenguaje pomposo y redundante de Philo Vance. Admitámoslo: existen vicios peores y, desde luego, más secretos y más vergonzantes.» Finalmente, repasa las mejores novelas de misterio de la primera mitad del siglo XX y sus correspondientes adaptaciones cinematográficas. Los libros de Van Dine son ejemplos paradigmáticos de la llamada novela-problema, un subgénero policiaco despojado de todo lo literario para conformar una especie de crucigrama o jeroglífico.
A poco que uno investigue, averiguará que Van Dine escribió solo doce novelas con el detective Philo Vance como protagonista. ¿Por qué se silenció la decimotercera entrega? ¿Cómo consiguió José Payá Beltrán un ejemplar de la obra? ¿Qué sentido tiene publicar un libro del que apenas se conservan treinta páginas?
Quizá la clave para resolver el enigma sea la identidad literaria, un tema que el escritor biarense ha abordado en una trilogía de novelas: Puzzle de sangre (Aguaclara, 2014), Identidad (Grupo Tierra Trivium, 2019) y la que nos ocupa. En la primera, la identidad se diluye por ser una novela escrita a medias con Mario Martínez Gomis. En la segunda, la identidad se esconde en el anonimato. De hecho, la portada carece de autor, así como de datos biográficos o sinopsis. Por no tener, no tiene ni fotografía. En la tercera, la identidad desaparece.
Solo existe, querido lector, una certeza a estas alturas. Nada es lo que parece en Un crimen otoñal. Como los buenos magos, José Payá Beltrán desvelará sus trucos al acabar la función. El espectador envidioso mascullará que a cualquiera se le habría ocurrido, pero quienes no hayan perdido del todo la curiosidad infantil quedarán sencillamente boquiabiertos. Absolutamente estupefactos. Se lo garantizo.miércoles, 27 de enero de 2021
DUARTE EN LA MEMORIA
En la tercera parte de una saga que José Payá Beltrán inició con La última semana del inspector Duarte en 2015, el protagonista lleva muerto una década. Un periodista —que guasonamente se llama Pepe— está haciendo un reportaje sobre el primer caso en el que Daniel Duarte se vio envuelto. A partir de entrevistas a personajes variopintos, el lector viaja hasta el convulso 23 de febrero de 1981, cuando el hallazgo de un cadáver en Apis, mientras España contenía el aliento, obliga a desplazarse hasta la localidad a un detective aún novato.
Estamos ante una novela corta de ambiente rural que se desarrolla en el imaginario Apis (guarda cierto parecido linguístico con Apiés, un barrio de 83 habitantes situado a 10 kilómetros de Huesca). Evoca Biar, el pueblo natal del autor. Ambas comparten un majestuoso castillo y la foto de cubierta es una vista de dicha localidad.
Un doble contexto histórico rodea a este thriller policiaco: por un lado, el intento fallido de golpe de Estado del 23F, cuando el teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero Molina irrumpió pegando tiros en el Congreso de los Diputados. Por otro lado, las heridas sin cicatrizar de la Guerra Civil en la década de los 80. Se personifican en el odio y el rencor que siente Carlos el Comadrón (facha) por Ángel el Raposo (rojo). Este resentimiento lleva a Carlos a cometer un acto de venganza. Curiosamente, Ángel estuvo un año preso en la cárcel de Alicante. Un paralelismo significativo con la figura del poeta Miguel Hernández.
La memoria es la gran protagonista del libro. El escritor no solo reconstruye un caso del desaparecido inspector a través de los recuerdos de su gente. También denuncia que quienes olvidan la historia están condenados a repetirla. No nos pase como a Jacinto el Jueves, que no recuerda el discurso del Rey ni las noticias. Solo las películas de risa que echaron en televisión para amenizar la espera: La princesa y el pirata (1944) con Bob Hope y El asombro de Brooklyn (1946) con Danny Kaye.
El humor de la novela se basa, principalmente, en los divertidos contrastes entre el campo y la ciudad. Varios entrevistados, por ejemplo, se extrañan de que el periodista pida Bitter Kas, una bebida casi desconocida en el campo. Los apodos también son fuente de hilaridad: Sebastián el Pinchamierdas, Paco el Rata, Pepe el Botifarra, Manolo el Polvos, Pepito Casca, Vicente el Rojo… Otros elementos rurales que provocan una sonrisa son el vicio de los ancianos de andarse por las ramas, la machacona hospitalidad o el lenguaje popular.
miércoles, 26 de agosto de 2020
UNA EXTRAÑA NORMALIDAD
jueves, 12 de diciembre de 2019
JAKE BLUES ATACA DE NUEVO
No me entusiasma el transhumanismo. Sin embargo, he sentido mía la angustia existencial de Jake, la tensión sexual con Dawn y la libertad del mundo onírico. Peón blanco, dama negra consolida a Pedro de Andrés como un narrador independiente que sabe introducir un mensaje de esperanza en los sueños de sus lectores.
miércoles, 10 de abril de 2019
NADIE CONOCE A NADIE
¿Pero qué es Identidad ? ¿Una novela? ¿Un libro de relatos? ¿Una obra filosófica? ¿Un manual de crítica literaria? Ninguna de esas cosas y todas a la vez. Un editor —a través de un falso prólogo— recibe el manuscrito más extraño de su vida. Se titula «Identidad», no viene firmado y adjunta una dirección. Después de consultar a su equipo de lectores profesionales, decide publicar el libro. Pero antes tendrá que encontrar al misterioso autor.
Lo que comienza como una novela, oculta en su interior —a la manera de las muñecas rusas o las capas de una cebolla— un libro de relatos que gira alrededor del tema de la identidad. Las cinco partes del libro se dividen, a su vez, en tres secciones bien diferenciadas: crítica literaria que espolea la creatividad, cuento a modo de ejemplo como en El conde Lucanor (Don Juan Manuel, 1335) y, finalmente, comentario del relato. Un mecanismo de relojería no tan perfecto como parece, pues Payá rompe las expectativas del lector con continuas sorpresas: notas a pie de página en las que —al estilo de El Follonero (personaje que popularizó Jordi Évole en el programa de televisión Buenafuente)— critica su propio libro, referencias al cine, cuentos dentro de cuentos… Si están pensando que solo falta un chiste, abran la página dedicada habitualmente a las citas.
Esta original propuesta —cuya portada le habría gustado a Payá que fuera aún más radical y rompedora— no debe asustar al sufrido lector que busca libros fáciles de digerir. Tiene la virtud de poder leerse como un libro de relatos estándar. Sin embargo, recomiendo una lectura completa para saborear al máximo un divertimento inteligente, singular y atrevido.
Sin ánimo de convertir estas líneas en una guía de lectura, ofrezco modestamente la lista de cuentos oficiales que componen el volumen y el tema que tratan. LA CARRETERA aborda la identidad cambiante (somos el fruto de nuestra experiencia). LA SEGUNDA VIDA DE CHRISTOPHER MARLOWE, la identidad social (somos el trabajo que desempeñamos). MR. SMITH, la identidad como meta (somos aquello que deseamos alcanzar). LA HUMEDAD DEL FUEGO, la identidad narrativa (somos lo que narramos a los demás). LAS APARIENCIAS, la identidad personal (nadie es totalmente normal ni tampoco anómalo).
No acaban las sorpresas. Payá se plagia a sí mismo. Los dos primeros cuentos ya fueron publicados en su libro La segunda vida de Christopher Marlowe y otros relatos (Juan Gil-Albert, 2011). El tercero recupera a Luis Galvañ, entre otros personajes que ya aparecieron en su novela Destilando fantasmas (Aguaclara, 2007). Sin desmerecer ninguna, quizá «Mr. Smith» sea mi pieza favorita. Su mensaje equivale a estos versos del cantante Manolo García: «Como el lindo gatito fracasamos invariablemente / para diversión del personal / que nos mira de reojo. / Y como el Coyote, nunca llegamos a la hora, / ni al lugar, ni en el momento preciso.»
jueves, 28 de febrero de 2019
TÓCALA OTRA VEZ, SAM
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