miércoles, 19 de agosto de 2026

KAFKA SIGUE VIVO










La realidad parece mentira a veces. Sus bordes se llenan de grietas por donde lo insólito asoma sus patas con naturalidad antinatural.

«Pellízcame», le dije a Mari Carmen.

Habíamos pedido unas hamburguesas en un conocido restaurante de comida rápida. El primer signo de que el cajero era novato —quizá había comenzado aquel mismo día— fue que olvidó darle a mi mujer el tique y el avisador de color rojo. Ella se lo recordó. Las cocineras, atolondradas como moscas, me llamaron un instante después para recoger unas alitas que no había pedido.

Hubo un momento en que sospeché de una cámara oculta, pues los empleados seguían metiendo la pata sin pudor alguno. Mi mujer reclamó que le habían cobrado cincuenta céntimos de más porque creyeron que la comida era para casa. Se los devolvieron. A estas alturas, os imaginaréis el siguiente despiste: la cena no salió en una bandeja, sino en bolsas para llevar.

El colofón de todo aquel despropósito llegó al descubrir que las hamburguesas estaban equivocadas. En descargo del personal, diré que no revisamos el tique. ¿Quién lo repasa con pelos y señales? El cajero jura que oyó una Cheeseburguer en vez de una Cheeselovers. Quizá habría sido mejor cantarle un rap. Por si esto fuera poco, tras unas rácanas disculpas, el joven no se ofreció siquiera a repetir el pedido.

Durante el resto de la velada, me sentí Gregor Samsa convertido en insecto. ¿Creéis que soy exagerado? Igual que en el famoso juego de buscar diferencias, he contado siete errores.

Publicado en la sección Cartas de los Lectores del diario Información (06/08/2026).

miércoles, 5 de agosto de 2026

VOLVER A LA REALIDAD











¿Y ahora qué?

El Mundial 2026 ha acabado y te arrastras como el alma en pena de Fiz de Cotovelo por la fraga de Cecebre. Después de casi cuarenta días viendo fútbol, volver a la cruda realidad se antoja un esfuerzo imposible a la par que inhumano.

Al principio, lo sé, regateas a Leo Messi o a Cristiano Ronaldo hasta toparte con la mirada dura de la cajera. «¿Ya has dejado de hacer el idiota con el coco?», pregunta.

Cantas gol en medio del cine, justo después de reparar en que el extintor del pasillo es rojo.

Por poco desayunas cerveza; menos mal que, en el último instante, la familia te ha disuadido con su amenaza sutil de apuntarte a Kung Fu para que hagas la forma del borracho.

Echas de menos el buen rollo con tu hijo, a quien has llevado al lado oscuro para que vea el Mundial contigo. Durante la Final, harto de la pasividad del árbitro, el joven expresó en voz alta lo que pensaba todo un país: que no solo un jugador, sino el equipo argentino entero debería haber recibido la roja por incomparecencia y por marrullero.

Afortunadamente, nos hemos traído la Copa a casa. Ha triunfado el fútbol, la humildad, el tesón, el compañerismo y el castellano.

Empiezas a levantar cabeza. La vida te envuelve en su torbellino de claroscuros. Queda poca gente vestida con la camiseta de la selección, pero aún sonríes al recordar que Donald Trump, el caradura por excelencia, no salió en la foto. Gracias, Rodri.


Publicado en la sección Cartas de los Lectores del diario Información (27/07/2026).

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