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miércoles, 10 de junio de 2015

CIRCO
























En pleno año electoral, donde hasta las piedras hablan de política, huir de la realidad mediante la lectura apetece un montón. Sin embargo, leer a José Ángel Ordiz no te ofrecerá ese chute que tanto anhelas de fantasía. No es Laura Gallego, vaya. Por el contrario, llegarás a la nada agradable conclusión de que el ser humano es corrupto por naturaleza y tiende al mal. Quizá ya lo sospechabas después de oír las noticias.

En su última novela, Circo (Liber Factory, 2015), tendrás más de un ejemplo para mirar a tus semejantes con una nueva dosis de recelo. Puede que detrás de esa ancianita simpática que cruza la calle se esconda una asesina implacable. Tal vez ese circo que llega a tu ciudad y se asienta en cualquier descampado no resulta tan amable ni tan bonito como parece. Ordiz nos revela su trastienda, las sombras que se ocultan tras la luz de los focos y el maquillaje de los payasos.

Caramuerto, uno de los miembros, encuentra colgado en su caravana al enano Marcial. Este antiguo payaso ganó un buen pellizco en la lotería, pero la morriña por la vida circense le hizo regresar junto a sus compañeros. Desde entonces, financia el circo al tiempo que no disimula su adicción a las drogas ni su atracción por las niñas. Cualquiera puede haber asesinado a un personaje tan abyecto como atractivo. Pero nadie habla, porque todos ocultan algo de lo que avergonzarse. Gustavo Vidal, el director, que la sobrina le «incendiaba el sexo». Hugo, el lanzador de puñales, el vicio del juego. Serena, su mujer, la falta de valor para abandonarle.

El estilo de Ordiz —puro nervio de oraciones breves, concisas, de diálogos lacónicos— es seco, abrupto como el escenario donde se desarrolla la novela: «… la población costera lamida y roída por el Cantábrico». La obra sigue el orden lógico de una función: presentación, actuaciones y despedida. El autor no usa capítulos sino asteriscos para separar los fragmentos, algunos de apenas media página.

Habría que estar loco para no admirar en Circo que nada sobra, nada falta. Que menos es más. Que es literatura sin concesiones, sin pelos en la lengua, sin tapujos. La recorre de cabo a rabo un pesimismo hacia el género humano que esconde un gran amor por la humanidad: «Tantos que beben para olvidar y tú lo recuerdas todo cuando bebes».

jueves, 22 de abril de 2010

MARINERO EN TIERRA























Las luces del puerto (Hera ediciones, 2010) es uno de esos títulos brillantes que todos quisiéramos para un libro nuestro.

Leí esta novela coral en la localidad pesquera de Santa Pola, entre el 19 y el 21 de marzo. Los barcos anclados en el puerto y su penetrante olor a mar me recordaron que la soledad es sólo un accidente geográfico.

Porque leer a José Ángel Ordiz es leer un pedazo de vida y saborear una página suya es como beber un licor fuerte que te calienta el alma.

A este marinero amante de la tierra le delatan sus personajes, que podríamos decir se ajustan a su visión del mundo. Domingo Ramos representa el hedonismo frente a la beatería: «Morir de placer, que la vida se te escape por el pito y no por la boca». Ciro y Tobesco son la prueba de que la amistad exige menos que el amor y, por tanto, es más llevadera. Charo, plantada por Ciro en el altar, es el mejor ejemplo de que la venganza se sirve en plato frío: «—Lo maté —volvió la esposa a saborear cada palabra de la confesión».

Todas estas historias desembocan en una central: la relación entre Cris y Martín. Charo no ve con buenos ojos a este muchacho. Le parece mejor partido un tipo con posibles llamado Berto. Concierta una cita entre ambos. Berto es rechazado y viola a Cris, dejándola embarazada. A pesar de la violación, Martín y Cris capean el temporal con golpes de humor que dan el contrapunto perfecto: «Media teta tuya es mucho más que media teta». El asesinato de Berto en extrañas circunstancias aporta intriga al desenlace.

Si bien el estilo de Ordiz está alejado de florituras, personalmente me despistan un poco las largas acotaciones. Esto no desmerece en absoluto el resultado. Una novela terrenal que, lejos de ser cómica, transmite una actitud desenfadada ante la vida: «Si no te burlas de la vida y de la muerte, ellas se burlan de ti».


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