miércoles, 29 de enero de 2014

MI PRIMER ARTÍCULO SERIO















El pasado mes de diciembre, Juan Vicente Romero, del blog Las dos vidas de las palabras, me pidió un artículo. El único requisito consistía en que fuera una especie de reflexión sobre el lenguaje.

Le dije que no le prometía nada. Y ahí quedó la cosa.

Como yo no soy investigador, sino más bien alguien que se pelea con el idioma, decidí acometer la empresa con cierto desparpajo y sin demasiadas expectativas.

Juan Vicente Romero, con quien comparto vicio por las letras, año de nacimiento, y alguna que otra confidencia, se atreve a publicar ahora lo que entonces escribí. Es de recibo que le dé las gracias, y que les advierta: este es mi primer artículo serio.



sábado, 25 de enero de 2014

EL SEÑOR (3)




Nuria es mi mejor amiga y vive en el piso de enfrente. Aunque se resiste a dejar la sartén en el fuego, la convenzo diciéndole que será sólo un segundo, que es importante y no puede esperar.

Esto que me ocurre ya no es sólo un cambio de mentalidad inducido por un tipo misterioso. Se trata de algo también físico que se manifiesta de la forma más insospechada. No sé si estoy enferma, loca o fumada. No puedo esperar a que Pedro regrese de la oficina. Debo contárselo a alguien.

Llaman a la puerta.

—Gracias a Dios, pasa.

—Vaya ojeras, Tina, ¿una noche agitada?

La llevo al salón. Enciendo un cigarrillo de ese paquete que todo antiguo fumador guarda en alguna parte. Nuria me pide. Con la tensión he olvidado las normas de urbanidad.

—En realidad, no es lo que crees.

—Tú has follado, no mientas.

La historia del último trabajo ya la conoce, incluso lo raro que era el señor. Pero no sabe nada de las ideas que me rondan la cabeza últimamente. Todas hacen referencia a la maldad del hombre y a la urgencia de que las mujeres tomemos una decisión drástica.

—Suéltalo ya, me tienes en ascuas.

—Acércate, quiero decírtelo al oído. Las paredes oyen.

A continuación le enseño la mancha del sofá. Como no lo pilla, cojo un plato sucio del fregadero y lo dejo caer. Se hace pedazos.

—Tina, no gastes bromas. ¿Dónde coño estás?

domingo, 19 de enero de 2014

DOS CHARLIS MEJOR QUE UNO























Allá por el 2010, un personaje cautivó los corazones de niños y adultos. Se trataba de un chaval de unos nueve años, la edad actual de mi hijo, que tenía un secreto. Mientras nos lo revelaba, vivíamos sus peligros a través de la selva, en un castillo, en el desierto. Recordé la mítica Laberinto (Jim Henson, 1986), en la que David Bowie ponía a prueba el cariño de una jovencísima Jennifer Connelly por su hermano pequeño.
            
Al final de aquella novela, reseñada para este blog, Charli obtenía un cofre con un tesoro, pero era incapaz de abrirlo. Y nos quedábamos con las ganas de saber lo que contenía.
            
En Charli y el cofre del tesoro (Edimáter, 2013), el nuevo libro de Maribel Romero Soler, se desvela ese misterio. Además vuelve Seven, el perro que todos querríamos tener. Hay personajes que ganan en protagonismo, como Sandra, la niña con pecas que apenas se esboza en la primera aventura. Hay otros como Luis, el mejor amigo de Charli, que se apagan. Encuentros y desencuentros que marcan las primeras alegrías y tristezas del personaje.
            
He advertido en esta nueva entrega doble ración de guasa, entre la falta de malicia que suele acompañar a un niño de nueve años y la ironía que deja caer la autora: «A él nunca le dejaron tener un perro, ya que sus padres siempre pensaron que no lo podrían atender debidamente, y en lugar de uno de verdad, un viernes por la tarde le regalaron uno de peluche. ¡Qué ridículo! Con casi diez años y un chuchito de peluchito.»
            
Esta Navidad me he librado de perro por los pelos, pero ya ha empezado la cuenta atrás. No quiero regalarle a mi hija peluches con diez años. Seguramente, Charli haya tenido un poco que ver, y Maribel Romero sea una de las culpables de que en mi casa exista tanto amor por la lectura, los animales y entre nosotros.

domingo, 12 de enero de 2014

TODO























2013 ha pasado en un soplo, dejándome apenas un puñado de relatos para el nuevo libro, que aún no tiene ni siquiera título. Escritos y reescritos un montón de veces, cada vez es más difícil cazar a mi mujer para que los lea. Es natural. Padece cuentitis aguda.
            
Para quien no me conozca, soy, entre otras cosas, filólogo, profesor de academia y escritor. He publicado dos libros de relatos en ediciones Atlantis: El mirador y Vareando nubes. De mí la crítica ha dicho poco pero bueno.
            
El otro día, charlando con Maribel Romero, le dije que no tenía nada a la vista, y mentí cual bellaco. En realidad, sí he finalizado un proyecto. Se trata de un libro de microrrelatos escrito a medias con la escritora alicantina Esther Planelles. Nos ha quedado muy divertido. Aún no lo hemos movido por editoriales, pues tenemos miedo de habernos quedado cortos.
            
El año pasado me colé en diversas antologías: Libérate hasta de ti (Hipálage), La nevera (Feedbooks), Revista Salitre Cultural (Issuu) y Relatos urbanos. Aventuras en el asfalto (ECU). También, bajo el seudónimo de RIP, ganamos el concurso Cuenta 140 de El Cultural. Podéis dotorear sobre estos y otros logros en REMES (Red Mundial de Escritores en Español).
            
Eso es todo, amigos. En 2014, RIP abandona Cuenta 140. Si escribo un microrrelato más, peto. A finales de enero, me publican un artículo en el blog de lexicografía Las dos vidas de las palabras. Y, por supuesto, habrán nuevos capítulos de la micronovela «El Señor», con más de dos o tres lectores en todo el mundo. Creo.


domingo, 5 de enero de 2014

DULCES SUEÑOS























Limpiaba su fusil cuando se abrió la puerta del baño. El chaval hizo lo suyo, dijo «hasta luego, papá» y volvió a la cama.

Feliz 2014



viernes, 20 de diciembre de 2013

CHRISTMAS GORE





















El camino es la paz (muere).


Este Christmas está escrito a medias con mi hijo, y lo hemos pasado francamente bien pensándolo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

REÍR Y LLORAR























Me gusta leer con la persiana entornada, dejando pasar los rayos de luz suficientes para no forzar la vista. Caigo en la cuenta de este detalle mientras me pierdo en las páginas de Claroscuros (Universo, 2013), el primer libro de relatos de Liliana Galvanny.

Se me corta la respiración ante «Silencio se escribe con h». Con lenguaje urgente ofrece el testimonio en primera persona de una mujer maltratada. Atrapa hasta la última línea. Alternando el pasado con el presente, recuerdo el olvido de un enfermo de Alzheimer, donde me sorprende la veracidad. Estoy en el apartado A flor de piel, donde la autora afronta temas delicados con grandes dosis de sensibilidad y un broche de optimismo.

La noche va cayendo y subo la persiana para aprovechar al máximo la luz. Inicio el apartado Transición. Varias mujeres se meten en malos rollos aún a sabiendas de que les harán daño. Un escritor se enfrenta a tal bloqueo que asegura que su sobrina escribe mejores cuentos que él.

Me rodean las tinieblas. No me queda otro remedio que levantarme y conectar el flexo. Abro los ojos como platos ante «El latido del alma». Tiene tres finales diferentes, como los cuentos de Gianni Rodari. Siento claustrofobia en «El abrumador sonido del silencio». El hombre es un lobo para el hombre. Me da rabia que la protagonista de «Un laberinto hacia el miedo», una metáfora del maltrato, tome una decisión «tan irracional como lógica». No se le puede pedir más al apartado experimental del libro: Caos, confusión, enredos.

Si tengo que poner una pega diría que he llorado más que he reído, y nos hace falta ficción entre tanta realidad. Pero tampoco podemos mirar hacia otro lado como los cobardes. Con Liliana Galvanny aprenderemos que la tristeza y la alegría se intercalan, y que el dolor significa estar vivos.


jueves, 5 de diciembre de 2013

MUESTRA 2013



Siempre he dicho que el teatro te hace sentir especial como espectador, y el cine, un espectador más. Por eso, cada año, la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos me arrastra a primera fila, o mejor a segunda, que la primera es la de los críticos.
            
La XXI Muestra ha sido azotada por los rigores del frío, como debe ser en noviembre, pero eso no ha impedido al público disfrutarla. En esta ocasión, las obras elegidas se representaron en el teatro Arniches de Alicante.
            
La primera fue «Yo de mayor quiero ser Fermín Jiménez», y asistí en compañía de mi suegro, un crítico implacable. Si no le gusta lo que ve, se duerme. La firma la compañía El Pont Flotant. Es una pieza sin historia, que gira en torno a la recuperación del niño que llevamos dentro. Para ello, los actores Àlex Cantó y Jesús Muñoz buscan formas de eludir el trabajo entendido como actividad seria que sólo proporciona dinero. Reivindican la creatividad en la vida diaria. La obra se me hizo eterna, quizá porque no estoy acostumbrado a ver a dos tipos dialogando mientras juegan al ping pong.


 
Una línea más clásica siguió «Distancia siete minutos», el último montaje de Titzina Teatro. Cuenta la historia de Félix, un joven juez, que se ve obligado a abandonar su casa por una plaga de termitas. Se instalará unos días en el domicilio familiar, donde intentará acercarse a su padre. La obra está escrita, dirigida e interpretada por Diego Lorca y Pako Merino. Soy un viejo seguidor de su teatro, quizá porque aborda asuntos de los que nadie habla, pero que están ahí. Ya en su primer trabajo, Folie a deux (2002), profundizaron en la locura con humor. Esta vez tratan un tema tabú como es el suicidio, y lo hacen desde la sensibilidad, sin juicios morales ni castigos. No vi a ningún cura en la sala.
            
Os he ofrecido una pequeña muestra de lo que fue mi Muestra, una edición sin actrices. Eso me recuerda que el teatro no nos libra de las tareas domésticas, aunque ayuda a sobrellevarlas.




jueves, 28 de noviembre de 2013

EL SEÑOR (2)

















Debo de haber dormido una eternidad, pues el lado de la cama en el que se acuesta mi pareja está helado. Miro el reloj. Las cuatro de la tarde. Me siento un poco delincuente. No es que no necesitara el sueño. Después de lo que ha ocurrido lo necesitaba con toda mi alma. Pero ahora que no tengo trabajo me parece que no hago nada útil.
            
Una ducha es lo que preciso, y luego un café y un periódico. Me esfuerzo por concentrarme en esas rutinas, aunque, desde el primer instante, soy consciente de que me voy a tener que enfrentar a esto sola.
            
Cómo definirlo.
           
Una revelación que ha generado en mí una nueva conciencia. De pronto me he sentido joven y vieja al mismo tiempo. Como el señor. Él no quería desaparecer de este mundo sin contarme su secreto.
            
El agua se desliza por mi cuerpo y, pese a estar fría, noto calidez. Ni aún así me abandonan sus palabras, susurradas una noche tras otra al oído. En especial una frase, que era como el resumen de su legado: «El hombre es una plaga peor que cualquier monstruo».
            
Me pregunto qué terribles experiencias habría sufrido para abominar de sus semejantes de tal modo. Las mujeres, sin embargo, no le merecíamos una opinión tan pésima. Una parte de mí me advierte que son los desvaríos de un loco. Otra se pregunta si no tendrá razón.
            
Intento concentrarme en el periódico, pero la disociación entre mente y cuerpo llega a límites insospechados. Para el señor las mujeres somos, ni más ni menos, la salvación. El café acaba de derramarse sobre mi blusa. En vez de intentar limpiar la mancha, vierto el resto en el sofá.

martes, 19 de noviembre de 2013

VENCE CAROLINAS


















Era una desapacible noche de noviembre, de frío navajero, la primera en la que teníamos que desempolvar los abrigos.

En el Club Información me preguntaron si era participante, y me dieron un vale por un ejemplar de Relatos Urbanos. Aventuras en el asfalto (ECU, 2013). El acto estaba a punto de empezar. Mi mujer y yo llegamos puntuales cuando nuestra intención era llegar tarde.

Mientras saludaba a unas amigas, los presentadores iniciaron la gala a traición. Quién les iba a decir a ellas que ganarían dos de los principales premios.

Para amenizar la velada, se representó un pequeño sainete. En él Homero se encaraba con un adaptador moderno de la Ilíada. Eché de menos micrófonos, y no creo que fuera el único. Dos tercios de los asistentes se acordaron de Imanol Arias y el anuncio de GAES.

Luego, sin más dilación, se procedía a la entrega de premios. Tres accésit y tres ganadores. Aunque supiera de antemano que mis posibilidades eran muy limitadas, se me pusieron de corbata segundos antes de oír a los elegidos. Pobrecillos. Los premios consistían en una especie de dibujo al carboncillo enmarcado en forma de lápida con su nombre debajo.

Llamaron al resto de cuentistas al escenario. Allí nos hicieron la típica foto de grupo en la que algunos empujaron para colocarse en los primeros lugares. Al bajar, me tropecé con José Luis Ferris, de quien, lo confieso, aún no he leído nada.

Durante el vino de honor, pude charlar distendidamente con Carmen Juan Romero y Chelo Gisbert Santamaría, ambas vecinas del barrio de Carolinas. Nuestro barrio. Y ambas premiadas por sus estupendos relatos. Chelo es reincidente, pues gana el primer premio tras quedar subcampeona en otra edición. Estaban contentas. Sostenían la lápida como fieras agarradas a un trozo de carne.

Poco me queda que añadir. Sólo expresar mi satisfacción por haber colado en la antología un relato tan gamberro como La metamorfosis.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

CAFÉ CON LETRAS






















El pasado verano leí una novela juvenil que me gustó, y contacté con el autor por correo. Como vive en Alicante, le invité a un café con letras. En septiembre me dijo que estaba muy ocupado y quedamos para el mes siguiente. Nos vimos por fin una mañana de octubre. 

Estuvimos un par de horas charlando de los más variados temas, y le noté orgulloso de sus premios y novelas. Yo le conté mis proyectos, y probablemente aún se debe de estar partiendo el culo. Me dijo que no hay editoriales de cuentos en España, aparte de Páginas de Espuma. Cierto que es la única que sólo publica cuento, pero en muchas editoriales existen colecciones dedicadas a los libros de relatos. Coincidimos en que la parte que menos nos gusta de escribir es hablar en público. También me sugirió que preguntara primero por correo electrónico antes de enviar manuscritos a editores que no aceptan originales.

Hay un detalle que me parece curioso. Veréis, yo le regalé un ejemplar de 
Vareando Nubes. Me dijo que le diera tiempo, que andaba bastante liado. Se lo leyó en menos de una semana. 

Algo me decía que la crítica iba a ser agridulce, aunque yo escribiera como los ángeles. De hecho, el colega ha valorado positivamente mi escritura (dice que engancho al lector con dos o tres frases) pero no le han gustado mis historias. Por cortas, por subdesarrolladas, por pequeñajas. Eso es como si le digo a un novelista: oiga, narra usted demasiado. Quizá sea impresión mía, pero no hay libros grandes o pequeños, sólo buenos o malos lectores.

A propósito del cuento «Ojos de pez», más de un lector me ha preguntado qué demonios hace un ciego con revistas porno. Hay infinitas posibilidades, pero creo que ninguna invalida el relato. Podrían ser revistas en braille (confirmado por los invidentes). Podría no ser ciego de nacimiento. Podría haberlas comprado al saber que los amigos venían de visita. ¿Qué os parece?



jueves, 7 de noviembre de 2013

NOVIO


















—Mira, papi, ese es mi novio —señala desde el parapeto de mis brazos.
—Pero… lleva un pendiente en la oreja —objeto yo—. Los niños no llevan pendientes.
—Algunos sí —zanja ella—. Me lo dijiste tú.

jueves, 31 de octubre de 2013

EL SEÑOR




















Comenzaba a trabajar al día siguiente y tuve un mal presagio.
            
Me abrió la puerta un mayordomo, me dio instrucciones precisas y se marchó dejándome a solas con el señor.
            
Mis deberes consistían en entregar puntualmente las bandejas del desayuno, la comida y la cena. En ese acto tan simple yo jamás vería al señor. Dejaría los alimentos en la puerta de su dormitorio y me marcharía. Las instrucciones habían sido muy claras en ese punto. El señor vivía enclaustrado y no deseaba que lo molestasen bajo ningún concepto. Se lo podía permitir. Era rico.
            
Durante la noche, soñaba que él se acercaba a mi lecho. Solía mirarme fijamente largas horas y me susurraba al oído en un idioma extranjero. Por la mañana cesaba la confidencia.
            
Ayer la puerta del señor, cerrada siempre como tapa de ataúd, estaba entreabierta. La cama, vacía. Ante la súbita desaparición de quien me susurraba en sueños, el mayordomo me despidió sin contemplaciones. De observarme se habría percatado de que sonreía.

Me siento menos ligera, más pesada. Como si los funerales del amo hubieran sido míos y, en lugar de envejecer, estuviera rejuveneciendo.

lunes, 28 de octubre de 2013

LOS MÓVILES PERDIDOS


Lo peor no era el amasijo de hierros ni la gente pidiendo socorro desesperada. Lo peor eran los móviles sonando en el techo del vagón siniestrado. El policía se agachó y cogió uno. Apretó el botón verde y una voz le hizo tres mil preguntas en un segundo. Trató de contener las lágrimas pero no pudo. Pensó en su familia. Estuvo a punto de colgar, pero en el último instante tragó saliva y dijo:
—Lo siento, señora, no soy Álex ni sé dónde está… Le prometo que haremos todo lo posible. Ahora tengo que dejarla.
—Lo comprendo —escuchó al otro lado de la línea—. Sólo le pido un favor.
—Señora... hay mucha gente aquí que…
—Por lo que más quiera, siga contestando móviles.


Incluido en el ebook colectivo La nevera.

miércoles, 16 de octubre de 2013

AMIGOS



«Siempre he sospechado que la amistad está sobrevalorada. Como los estudios universitarios, la muerte o las pollas largas.»

Este es el potente arranque de la novela Cuatro amigos (Anagrama, 1999) de David Trueba.

Como su título indica, cuatro amigos a las puertas de la treintena deciden terminar el verano a bordo de una furgoneta con un destino incierto. Su intención es quemar los últimos cartuchos de la adolescencia antes de ingresar en la madurez.

Uno de ellos, Raúl, ha entrado en la edad adulta antes de tiempo. Tiene una mujer posesiva y dos gemelos recién nacidos. Su viaje estará vigilado por un teléfono móvil.

Le acompañan Blas, un gordo que supera los cien kilos y que domina el arte de los preliminares con las chicas. Más suerte tiene Claudio, cuyo sueño en la vida es follarse a una novia con vestido y todo. Y no olvidemos a Solo, traumatizado por unos padres que son críticos de profesión (cualquiera no lo estaría).

Solo acaba de recibir una tarjeta de boda de su exnovia Bárbara y, sin ellos saberlo, su viaje de amigos sin mujeres culminará en un banquete orgiástico con declaración de amor incluida.

David Trueba ha sido un descubrimiento como escritor. No lo conocía más allá del cine. Su estilo es ingenioso y ácido, como si escribiera en estado de alucinada lucidez, aunque en ocasiones esto pesa en el ánimo del lector, que lo encuentra algo pedante.

Domina, eso sí, el género de la tragedia envuelta en el papel de caramelo de la comicidad. Si tuvieron amigos como los de esta novela, quizá sientan una punzada de nostalgia, y si no los tuvieron no lloren. La cruel realidad es que tiran más dos tetas que dos carretas.


domingo, 6 de octubre de 2013

VAPEANDO ESPERO























¿Se imaginan a Humphrey Bogart fumando en cigarro electrónico? ¿O a Sara Montiel cambiando la letra de su canción más famosa?

Fumar cigarrillos, eso que hasta hace pocos años era señal de distinción, de clase, se está convirtiendo en poco menos que un anacronismo. Ahora lo que se lleva es vapear. El cigarro electrónico permite echar humo por la boca sin molestar al vecino, sin helarse en invierno, sin tragarse toda la porquería que lleva el tabaco y, sobre todo, sin dejar atrás ese glamour de las estrellas.

No soy fumador, pero siempre me ha gustado echar humo por la boca. Ahora puedo hacer mi sueño realidad gracias al cigarro electrónico, es decir, puedo regular mi dosis de nicotina o fumar sin nicotina. Y encima con diversos sabores. No soy un caso único ni un bicho raro. Un 3% de la población se ha enganchado a vapear sin nicotina.

Como soy poco más que un fumador imaginario, no noto el ahorro en el bolsillo, pero mi mujer sí. Ella ha sido la primera en caer gustosamente en las redes del invento. Y está encantada. Las próximas en caer serán las tabacaleras.

Igual mi padre, que se dejó el tabaco por el bien de su familia hace veinte años, vuelve a fumar. Recuerdo que las paredes de la salita estaban negras y que mi madre se lo echaba siempre en cara.

Mis hijos también nos han pedido una calada de cigarro electrónico. Se la daremos, conscientes que, de mayores, buscarán experiencias más alucinógenas.

martes, 24 de septiembre de 2013

LA TORMENTA























La lluvia comenzó a calar y los jugadores corrieron a refugiarse. Nunca supieron que los rayos y los árboles se aman en secreto.


Desde hace bastante tiempo, la escritora Esther Planelles y un servidor nos presentamos semanalmente al concurso de microrrelatos Cuenta 140, organizado por El Cultural y conducido por Juan Aparicio Belmonte. Siempre bajo el seudónimo de RIP, esta semana hemos resultado ganadores.

domingo, 1 de septiembre de 2013

LA HUIDA


















Pronto correré monte arriba y no me veréis la hirsuta pelambrera en un mes. Me cojo vacaciones de humano. Antes de transformarme, una noticia de última hora: mi artículo Lobo en Roma aparece en el monográfico La huida de la revista alicantina Salitre Cultural. Muchas gracias a sus responsables por tal irresponsabilidad.


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