martes, 26 de febrero de 2013

CRÍTICO LOCO























Un amigo me dijo en una ocasión que, para él, la vida tenía banda sonora. Estoy de acuerdo.

De mi época universitaria recuerdo el tostón que suponía aguantar no ya a los escritores sino a sus críticos. Leíamos tanta crítica literaria que no me daba tiempo a saborear las obras originales. Llegué incluso a desengancharme de la lectura como diversión.

Hubo un profesor de la carrera, uno solo, que me enseñó a amar el cine y el teatro en relación con los libros. Era un oasis. Ya no recuerdo la letra, pero no he olvidado la música de su asignatura.

Con los años, la lectura de un libro de cuentos o una novela me ha evocado una determinada canción o el fragmento de una película. Y lo he utilizado en mis críticas literarias, escritas con más empeño que sabiduría. Algunas de las más leídas del 2012 han sido El anticristo, Pequeños detalles y Canalla sentimental. También brillaron El cruel adiós y Enredados.

La literatura se enriquece de otras indisciplinas artísticas. A día de hoy, les digo a mis profesores de entonces: un libro que no se escribe desde la emoción no merece la pena leerlo, y una crítica que no transmite emociones, además de conocimientos, no merece la pena escribirla.



martes, 19 de febrero de 2013

LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES

 #Dedicado a Liuva

     Rosa encendió la luz del cuarto de baño. Eran las siete de la mañana. Una voz familiar le advirtió del peligro.
     «Escapa ahora que puedes. Vete lejos. A un lugar concurrido. Él está a punto de despertarse. Y entonces ya sabes lo que va a ocurrir.»
     «¿Adónde? No hay escapatoria. Él me encontraría aunque me escondiera en los confines de la tierra.»
     «Pues vuelve a la cama. Sigue durmiendo. Tómate un frasco entero de pastillas.»
     «Lo siento, tengo que trabajar.»
     Lentamente, Rosa se fue desnudando para darse una ducha. El agua estaba un poco fría y eso la reconfortaba.
     Cuando se quitó el albornoz para vestirse, no pudo evitar que su barbilla descendiera y su vista se posara en la cicatriz.
     El pecho fantasma la saludó entonces con su habitual tono de burla:
     «Hace un día espléndido para ir a la playa, ¿no crees?»
     «Quizás el domingo.»
     «¡Venga ya! No me hagas reír. El verano pasado no te pusiste el bañador ni una sola vez.»
     «Los médicos dijeron…»
     «No dijeron un carajo. Estás curada y tú lo sabes.»
     «Era demasiado pronto.»
     «Me temo que siempre va a ser demasiado pronto para ti, querida.»
     «Bueno, bueno, no me atosigues. Necesito pensarlo.»
     «No hay nada que pensar. No te estoy pidiendo que hagas topless. Sólo un par de capuzones.»
     «Seguiremos esta conversación en otro momento. Ahora tengo que vestirme urgentemente. Se me hace tarde.»
     El pecho fantasma no la dejó vestirse en paz, sino que le regaló el oído con la segunda cinta rayada del día:
     «No soporto ese sujetador de relleno. Me tiene frito.»
     «Yo tampoco, pero es estético.»
     «¿A quién coño le importa la estética? ¿Es que nunca has visto un pase de modelos? Desfila una joven esquelética con una hoja de parra cubriéndole sus partes pudendas, y a eso lo llaman creatividad.»
     «¿No querrás que alguien note…?»
     «Dilo. Anda. No te cortes.»
     «No pienso decirlo.»
     «Yo lo diré por ti. Que alguien note que estás horriblemente mutilada.»
     «¿Y qué? ¿Algún problema?»
     «Me preocupo por ti. Eso es todo.»
     «Mira, te conozco de sobra. Yo te importo un comino. Lo que pasa es que el sujetador te impide decir lo que te da la gana. Y a los bocazas como tú eso les revienta.»
     Dicho esto, Rosa se abrochó el cierre del sujetador y el pecho fantasma se puso a rezongar como un marido despechado.
     «Así está mejor. Calladito estás más guapo.»
     A la mañana siguiente, ella no esperó a que él iniciara su infantil retahíla de quejas y reproches. En cuanto abrió la boca, le puso los puntos sobre las íes.
     «No pienso ir a la playa ni quemar el sujetador de relleno. Al menos, hasta que no llegue tu sustituto de silicona. Va siendo hora de que busques otra tonta a la que fastidiar.»
     Durante unos instantes, la callada por respuesta. Una mosca zumbona se posó encima de un grifo que goteaba sin descanso. Rosa no pudo evitar que, antes de enmudecer dos o tres días, el pecho fantasma le escupiera:
     «Puta.»


Atlantis, 2012

martes, 12 de febrero de 2013

ADICCIONES


Mi mujer está enganchada al programa americano Mi extraña adicción (canal Xplora). En él se desgranan testimonios de personas que se comen las cosas más impensables, desde papel de váter, como lo oyen, a detergente o las cenizas de un ser querido.

Entre mis múltiples adicciones, escribir la peor de ellas, hay una que me da especial reparo admitir: estoy enganchado a las ofertas. El otro día fui al cine por cuatro euros. Era lunes y hacía frío, pero me dio igual. Conocí a otros chiflados como yo, bolsas de comida en mano, y eso lejos de consolarme me ofreció la imagen exacta de la realidad en que vivimos.

Me decanté por la comedia romántica El lado bueno de las cosas (David Russell, 2012). Un tipo sale de un sanatorio mental, donde ha sido recluido por arremeter salvajemente contra el amante de su mujer. Lo más increíble, o no tanto, es que se aferra a la posibilidad remota de volver con ella.

Uno puede optar por quedarse en casa, lamentando no tener dinero para comprarse un viaje a Cancún, o bien dejarse arrastrar por esta extraña adicción a las ofertas. La inmoralidad es para pensársela, aunque hay que echarle sangre fría, y los españoles tenemos la sangre hirviendo.



jueves, 24 de enero de 2013

HISTORIAS DE LA PUTA CRISIS























El fin del mundo no fue en diciembre de 2012. Seguimos aquí, leyendo historias para superar la cuesta de enero, que se presenta especialmente resbaladiza.

Esther Requena es una maestra en el arte de levantar el ánimo, lo cual tiene mérito cuando se trata un tema del que todos andamos un poco hasta los urdangarines (el chiste es del humorista alicantino Rubén Padilla).

Lo primero que llama la atención en Historias de la puta crisis (Atlantis & Netwriters, 2012) es que se trata de relatos engarzados, al estilo de Las mil y una noches, por la misma temática y los mismos personajes. Entre ellos, destaca Charo (cuarentona en paro indefinido), Bea (argentina que domina el arte de la labia), Laura (que se enamora siempre de hombres casados), Simón el Muermo (coladito por Charo desde la adolescencia) y Carmen (pintora enferma de cáncer). El último cuento del libro unifica y da sentido al resto.

El segundo detalle que me parece interesante destacar es el lenguaje empleado por la autora, deliberadamente conversacional y con un punto de emoción, el más idóneo para hablar de una crisis que afecta a amigos, familiares, vecinos. Incluso a nosotros mismos. Porque Charo, «alter ego» de Esther Requena, narra en primera persona sus bretes para sobrevivir, que nos divierten como una película de Charlot. Esa es la magia de la literatura.

La crisis, además, nos vuelve un poco pícaros: aprovechamos la complicidad que surge con un cobrador de la luz, compartimos piso con una amiga para ahorrar dinero, ligamos pidiendo «las tres últimas nóminas, la declaración de la renta y un recibo de luz».

Espero que cuando acaben las ofertas y las sonrisas hipócritas, algunos hayamos aprendido la lección. Entonces saldremos a la calle a charlar con gente como Esther Requena o Enrique Gracia (no olvidemos sus geniales ilustraciones), cultivando en lo posible ese lema de La Bola de Cristal: «Solo no puedes, con amigos sí».

martes, 15 de enero de 2013

A RAS DE SUELO


















2012 ha sido el año de la publicación de Vareando nubes, mi segundo libro de relatos, cuyo prólogo firmaba la escritora Maribel Romero.

La diferencia principal con respecto al anterior trabajo es que no me pilló de nuevas el hecho de tener que hablar en público. Aún así, mis previsiones se desbordaron. Presenté el libro en el Café Garbí de Alicante. Regresé a la ONCE para leer un cuento pajillero que desató la polémica. Firmé algunos ejemplares en el Mercado Central de Alicante y en la LXXI Feria del Libro de Madrid, donde Mari Carmen Azkona me contuvo para no estrangular al librero. Y por si esto fuera poco, di charlas en una librería de San Vicente y una biblioteca de Murcia, acompañado en ambas ocasiones por escritores y amigos de los que nunca más volví a saber.

Bueno, miento, con David Revert me he tomado alguna cerveza desde aquella tarde en Libros 28. Aún me sonrío cuando recuerdo la admirable teatralidad con que leyó el cuento «Jugar al escondite». Hasta a mí, que lo había releído tantas veces, me hizo gracia.

Mi hijo canta aquello de primero cagón, segundo campeón… En 2012, al quedar finalista de algún premio o sencillamente donar un relato, me colé en las siguientes antologías: Cachitos de amor (Acen), Conseguir los sueños (Hipálage), A este lado del espejo (QVE) y Microcrímenes (Falsaria).

En 2013 espero dedicar mis noches a cocinar, a fuego lento, el libro que cierre la trilogía que comenzó allá por 2009 El Mirador. También continuaré recopilando los microrrelatos que conformarán una obra al alimón con la escritora alicantina Esther Planelles.

Ahora me viene a la memoria que en Vareando nubes no ha habido sólo sonrisas. No dejo de preguntarme si la maldita ficción de un cuento puede convertirse en realidad, alcanzando a amigas bibliotecarias. Tampoco dejo de pensar en que se me escapó algo de mala leche. También mucho cariño. Cuando las nubes están a ras de suelo, la ficción se parece peligrosamente a la realidad.



jueves, 3 de enero de 2013

ILUSIONES


















Al final del espectáculo, la titiritera nos lanzó pulgas. Los padres nos reíamos cómplices en el engaño. ¿Qué te ocurre, Clara? A la pobre no le había caído ninguna. Desde que ha empezado a picarle la cabeza, no cesa de repetir: «Papá, me cayeron todas».




¡Feliz 2013!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

LUNES




El calor juega en el parque —dijo Clara refiriéndose a aquel octubre de sol y moscas. O tal vez a que era lunes, estaba enferma y en el parque no había un solo niño con el que jugar.





Feliz Navidad y hasta la vista.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

SI TÚ ME DICES VEN























Quien no se haya enamorado alguna vez de la profesora de naturales o de la compañera de instituto, que tire la primera piedra. Sin embargo, pocas veces ese primer amor resiste el paso del tiempo. Si lo hace, quizá esté condenado a convertirse en el amor disfrazado de amistad que tan bien retrata Manuela Maciá en Eternamente Helena (Juan Gil-Albert, 2009).

Dice el escritor Germán Sánchez Espeso que «lo terrible de los deseos de la infancia es que casi siempre se cumplen». En la novela que nos ocupa, el joven Cirilo se enamora de Helena como un besugo. Cuando ella se fija en Ricardo, el único amigo de Cirilo, este se conforma con fingir una amistad que lo deja «solo, completamente solo ante aquel amor viejo y nunca gastado».

Además de su obcecado silencio amoroso, Cirilo calla a todo el mundo su vocación literaria. Al principio, cede al deber de convertirse en un abogado de provecho. No tardará en alumbrar en secreto su primer libro de poemas, que envía a la editorial de Octavio Escudero bajo el seudónimo de Daniel. 

Ojalá existieran más editores como Octavio, que la autora define como un «enamorado de la poesía». La literatura dejaría de ser un negocio de churros para hacer justicia a tanto genio en la clandestinidad.

Me he sentido hechizado por el lenguaje que Manuela Maciá despliega en esta novela, ansioso por conocer el final y, al mismo tiempo, retrasándolo al máximo. Uno llega a simpatizar con el personaje de Cirilo, que representa al soñador que habita en nosotros, y acaba odiando al personaje de Helena por estar o por querer estar tan ciega. Ni las vírgenes merecen tanta devoción.


jueves, 6 de diciembre de 2012

RAS



















«España es una e indivisible…» ¡Ras! El president se limpió el culo con su parte favorita de la Carta Magna.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MUESTRA 2012












A estas alturas, supongo que conoceréis la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos. Sabréis, por tanto, que se celebra cada mes de noviembre en diversas salas y teatros de Alicante.

La XX Muestra ha sido la más calurosa que recuerdo, y en cuanto a afluencia de público he visto mucho clon de Berto Romero; deben de regalar por ahí gafas negras de pasta. Por fortuna, dos de tres obras a las que asistí estaban protagonizadas por gente muy joven, señal de que el teatro es un enfermo que goza de buena salud.

El Arniches abrió la Muestra con “Colgados”, una obra sobre la incomunicación en la era de la comunicación y las nuevas tecnologías. Me quedo con la escena en la que una mujer habla con su marido a través de una cámara de seguridad, ilusionada con ese día en que coincidan sus turnos laborales.

Las Cigarreras ofreció “El chico de la última fila”, donde un profe de literatura descubre una redacción genial entre la bazofia que escriben sus alumnos. El dilema surge cuando el prometedor estudiante empieza a narrar, sin ningún tipo de pudor, los trapos sucios de un compañero de clase y su familia. ¿Es ético escribir sobre la vida privada de los demás? ¿Dónde está el límite? Magníficas interpretaciones de todo el elenco actoral, especialmente de Samuel Viyuela (hijo de Pepe Viyuela) como el chico.

El aula CAM fue escenario de “En la otra habitación”, que aborda el conflicto entre una madre que se resiste al paso del tiempo y una adolescente con graves problemas de autoestima. La bomba estalla cuando se desvela que están enamoradas del mismo joven.



miércoles, 21 de noviembre de 2012

NOCHE TOLEDANA















    
Decapitado en su propia habitación entre las tres y las cinco de la madrugada. Podría ser un ajuste de cuentas.
Un vecino acusa a la víctima de que le importaban un pito los oídos de sus feligreses, pero de ahí al asesinato… Hago ademán de no entender sus agrias palabras y señala hacia las alturas.
El frutero lo califica de pederasta musical porque abusaba de ellas. Lo mismo le servían para llamar al ángelus que para celebrar que los alumnos de bachillerato se iban de campamento. La pescadera ha estado a punto de denunciar en varias ocasiones porque el único día de la semana que no madrugaba apenas podía pegar ojo.
Nunca he comprendido esos resquicios fascistas en un estado aconfesional. Se me ocurre de pronto que el vecindario… pero rechazo esa idea por descabellada.
Las campanas a muerto anuncian la vida futura.


Finalista que se incluye en la antología Microcrímenes, editada por Falsaria.


martes, 13 de noviembre de 2012

EL CARNAVAL DE LAS ALMAS



Para los amantes del cine de fantasmas, Carnival of souls (Herk Harvey, 1962) es una joya indiscutible. En primer lugar, por su inquietante protagonista, Mary (Candance Hilligoss), una muchacha que, tras sufrir un accidente, decide cambiar de aires y se muda a otra localidad. Allí conocerá a unos personajes tanto o más extraños que ella: la casera de la pensión, el vecino baboso… 

Mary es una joven de carácter insociable y arisco, despreocupada por establecer vínculos con sus semejantes. Esto agrava el pánico que sufre ante las visitas de un hombre de negro cuyo descaro y sonrisa burlona hielan la sangre. Al mismo tiempo, se siente irremediablemente atraída por un antiguo balneario abandonado.

No esperéis un ritmo trepidante o sobresaltos por doquier. Estamos ante una película hipnótica, a ratos de una lentitud exasperante, cuya mejor baza es el clima de insano desasosiego.

El blanco y negro favorece esa atmósfera irreal, de pesadilla, donde Mary tendrá que encontrarse a sí misma. En el balneario buscará respuestas a sus preguntas. 

La historia del cine recuerda Carnival of souls como la película que inspiró La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968).


Más información y un vídeo espeluznante en el foro Mundo enigma.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL VIDEOCLUB



   
     Fui a dejar la película.
     Como tantas otras veces, la abandoné encima del mostrador y, sin esperar su revisión mecánica por parte del desconfiado dependiente, di media vuelta hacia la salida.
     Pero entonces algo me atrapó, sumiéndome en la más absoluta de las perplejidades.
     —¿Qué tal?
     —¿Qué tal qué? —contesté francamente despistado.
     —Pues la película, ¿qué va a ser?
     Le miré de arriba abajo, como se mira la primera cucaracha del verano, e instintivamente traté de huir. Mientras escudriñaba una salida bañado en un sudor frío, tartamudeaba al hablar.
     —Sí... claro... bien.
     —¿Le ha gustado?
     —Muchísimo.
     —¿Y los actores? ¿Qué tal estaban?
     Las piernas amenazaron con dejar de sostenerme. Comprendí de repente la cruda realidad: aquel tipo se había vuelto loco o era novato en el videoclub. Ni siquiera había revisado la película. Y encima iba de tío enrollado. Lo peor en estos casos.
     —Verá, es mi primer día y quiero empezar con buen pie —dijo confirmando mis peores temores.
     «Pues te has lucido, chaval», pensé.
     —Me encanta hablar con la gente y tengo muchas ideas para mejorar el videoclub. Una de ellas es conocer la opinión de los clientes sobre las películas.
     —¡¿Para qué?! —exclamé horrorizado.
     —Para ser útil. Por ejemplo, si un cliente pregunta: «¿Qué tal la última de Van Damme?», yo le cuento qué dicen los que la han visto. Me revienta estar aquí todo el día sin hacer nada.
     «Se te paga por no hacer nada, idiota», pensé. En cambio dije:
     —¿Y tu jefe qué opina de todo esto?
     —No se lo he comentado, pero seguro que le parece genial que simpatice con el público, ¿no cree?
     «No te preocupes, ya le se lo diré yo y te pondrá de patitas en la calle», pensé.
     —Y volviendo a la película, amigo, ¿usted la recomendaría?
     Había recuperado la compostura y decidí afrontar la pregunta con serenidad. Al fin y al cabo, vivimos en un país adulto. El problema es que metí la pata.
     —Encarecidamente.
     —¿Y qué significa esa palabra?
     «¿Qué les enseñarán a los chavales en el colegio?», pensé.
     —Verás, quiero decir que...
     —Espere, creo que tengo un diccionario por algún lugar...
     Traté de disuadirlo, pero no me escuchaba. Y se puso a registrar los bajos del mostrador, dejándome allí solo con mi película.
     Entretanto, se había formado una pequeña cola y yo comencé a sudar tinta de nuevo.
     —Oiga, ¿dónde está el dependiente? —me preguntó una mujer con cara de pocos amigos.
     —En algunos sitios se trabaja —se quejó un señor con bigote.
     —Tengo a los críos solos —protestó una chica joven.
     Estoy acostumbrado a que me ignoren, a no ser el centro de todas las miradas. Decidí cambiar a otro videoclub más discreto en cuanto me fuera posible.
     —Oiga, ¿qué película es ésta, joven? ¿Es buena? —una anciana con un paraguas se atrevió a palparla.
     Yo no sabía qué decir ni qué hacer. Sólo quería que me tragara la tierra. Aquello era un castigo divino o algo así. Juré que nunca más alquilaría aquel tipo de cine.
     —Deja, chaval, ya la dejo yo en su sitio.
     Agarré la película y con la frente muy alta la llevé a su apartada estantería.
     Gracias a Dios, nadie pudo ver que era una de esas... películas... ya saben... de pensar un poco.


Este cuento, que nació solitario, se ha convertido en solidario al participar en la antología A este lado del espejo.

miércoles, 31 de octubre de 2012

EL ÚLTIMO HOMBRE























   
     Me llamo Manolo y soy el último hombre sobre la tierra.
     Bueno, dicho así suena bastante apocalíptico. Parece que haya caído una bomba atómica y sólo quede yo. Nada más lejos de la realidad. Hasta ahora, que sepa, no ha muerto nadie. Sin embargo, soy el último hombre sobre la tierra.
     Ocurrió de la noche a la mañana. Un día me levanté y todo había cambiado. La gente era distinta. Más sensiblera. Más blandengue. Los chicos del barrio no se peleaban, hacían ganchillo. Mi mejor amigo no eructaba ni bebía cerveza en el bar, sino que recogía donativos para salvar a la jirafa parda. Mi novia no estaba torturando a los alumnos en clase, sino repartiendo besos a todas las jovencitas con las que se cruzaba.
     Tanto tiempo solo, me ha permitido elaborar mi propia teoría sobre cómo sucedieron los hechos. Una especie de virus, producto sin duda de la experimentación bacteriológica con fines militares, se filtró a la atmósfera por accidente y ha convertido a todo el mundo en los seres que más odio sobre la faz de la tierra. A mí, gracias a Dios, no me ha afectado. Quizá porque soy miembro de la Benemérita.
     Desde entonces, cuando el sol se oculta, asedian mi casa. Casi nunca intentan entrar, pero no dejan de gritarme provocaciones.
     —¡Baja, maricón, únete a la fiesta!
     —¡Vamos, Manolo, lo estás deseando!
     Las primeras noches son un infierno. No me deja dormir ese acoso, pero sobre todo la burla que lo acompaña. Intento ignorar mi desesperada situación subiendo la música a todo volumen, pero es en vano.
     Desde hace algún tiempo, me pregunto si seré capaz de vivir en castidad eternamente. Quizá no me expreso bien: a mí me van las faldas. Sin embargo, uno no es de piedra. De vez en cuando me he sorprendido fantaseando o espiando a esos homosexuales. Montan sus orgías frente a mi ventana. Parece que se lo pasan de miedo.
     —¡Baja, maricón, no vamos a comerte!
     —¡Echa un polvo, cariño!
     Los homosexuales suelen pasar el día durmiendo, de modo que aprovecho esas horas para almacenar provisiones. Ni la radio ni la televisión emiten. Sólo me quedan mis pensamientos, mis lecturas y mis discos. Alguna vez he pensado en fugarme, pero algo me retiene. Mi novia y mi mejor amigo siguen ahí fuera. Algunas veces los he visto. Son los que me llaman incansablemente.
     —¡Baja, maricón, no seas tímido!
     —¡Aunque no lo creas, cariño, somos felices!
     He tomado una decisión: secuestraré a mi novia y nos largaremos lo más lejos que podamos. Registro las viviendas una por una, pero no consigo averiguar su paradero. La noche se echa encima. Soy buen deportista, así que imprimo a mi carrera la máxima velocidad posible. Me están esperando a la puerta de casa.
     Rodeado, sin salida, comprendo que un vehículo tal vez me habría salvado de mezclarme con esa chusma. Quizá, en el fondo de mi alma, sólo deseaba hacerlo. Además, no sé conducir.
     —¡Sube, gilipollas!
     El coche deja atrás lo que una vez fue mi hogar y se adentra en el desierto. Fuma un puro, escupe, eructa. No puedo creer la suerte que he tenido. El viejo que me ha rescatado asegura que, en la prisión, todos son machos.


Este relato participó en el Halloblogween 2012, una terrorífica propuesta de Teresa Cameselle.

miércoles, 24 de octubre de 2012

MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS




Hay muchas cosas en este mundo que no entendemos, pero eso no quiere decir que no existan. Sobre realidades incómodas habla Maribel Romero Soler en Más allá de las estrellas (Edimáter, 2012), su última novela destinada a público juvenil. 

El fenómeno OVNI representa, sin lugar a dudas, una de esas incógnitas que cualquier gobierno prefiere archivar en un cajón. Otra la constituyen los casos sin resolver de personas desaparecidas. Asociar ambos misterios es el desafío de esta novela de ciencia ficción.

Ana y Miguel forman una pareja que casi ha perdido la esperanza de encontrar a su hija Claudia, desaparecida quince años atrás. El inspector Gálvez, encargado del caso, se ha dado por vencido. Un buen día, Ana recibe una llamada de alguien que dice haber visto a su hija. Escéptica, se lo cuenta a su marido. Este acude a comisaría a ponerlo en conocimiento del inspector, pero en su lugar encuentra a Ramón Páez, un joven policía de mentalidad abierta que tiene su propia teoría sobre los hechos.

Ramón sostiene que Claudia es una chica especial dotada de un sexto sentido que le permite comunicarse con extraterrestres, y que estos son los culpables de su prolongada ausencia. Aunque algo cotillas, los alienígenas de la escritora ilicitana se revelan bastante pacíficos y terriblemente tímidos: apenas tienen una frase en toda la novela.

Una de las grandes virtudes del estilo de Maribel Romero es que no peca de ser excesivamente literaria, de ahí su tirón entre el público de todas las edades. De esta cualidad se derivan dos banderas que todo escritor debería enarbolar: la concisión y la sencillez expresiva. Es frecuente leer hoy en día historias de cuatrocientas páginas que podrían haberse contado en menos de la mitad. 


Al alabarle a Maribel Romero lo bien documentada que me había parecido la novela, me comentó que se había servido fundamentalmente de internet. Se me olvidó añadir que Más allá de las estrellas posee el final más conmovedor que he leído en los últimos años, porque como su autora afirma: «El cariño es un lenguaje universal que todo el mundo entiende».


viernes, 19 de octubre de 2012

VIVA LA MIOPÍA






















A finales de octubre cumplo años, pero en esta ocasión me importa un poco menos, ya que el blog EL LIBRO DISTRAÍDO me cita entre los jóvenes autores alicantinos que han publicado en 2012. Será que no se han puesto las lentes para ver que ya pinto canas, será que en esto de la literatura los octogenarios son aún niños de teta. En cualquier caso, que vivan los jóvenes de treinta y muchos, y la miopía.

lunes, 8 de octubre de 2012

TOLEDO

Hasta hace poco hubiera jurado que Castilla la Mancha era tan llana como una tabla de planchar. Mi primera impresión cuando bajo del autobús es que la ciudad de Toledo, egoísta, se ha quedado con toda la montaña para ella sola.

Oscurece y refresca. El taxista, animado ante la perspectiva de una carrera en domingo, nos pregunta de dónde venimos. Yo le pregunto, a su vez, si el hotel queda lejos. Demasiado tarde descubrimos que a tiro de piedra y que nos ha soplado un ojo de la cara.

Entramos en el hotel jurando en arameo, y el recepcionista, que ya se huele el percal, no puede evitar una sonrisa. En parte buena gente, en parte solidario a la hora de sablear al turista nos sugiere un restaurante para cenar. Se le conoce por el Bu y se ubica en un miradero. Es el momento de relajarse ante una cerveza, de dejar atrás trabajo, hijos y responsabilidades.

Amanece y aún refresca, aunque la noche ha sido más bien calurosa. Mi mujer advierte que la ducha pierde agua y, al informar del problema, nos cambian de habitación. La nueva está al final del pasillo y a mí se me antoja más tétrica. Posee un ventanuco a ras de suelo por donde circulan piernas bien torneadas o pantorrillas pilosas. 

Toledo, a la luz del día, carece del embrujo con el que sus callejuelas empedradas y sus farolas de oro acogen al noctámbulo, mientras el eco de las pisadas sugiere un silencio sepulcral. De vez en cuando te giras por si te sigue alguien: es la cercanía de tu propia sombra.


Desayunamos algo ligero y ganamos la calle, topándonos de bruces con una nube de mosquitos que parece darnos la bienvenida. El río Tajo rasga la ciudad en dos allá abajo. Nuestro hotel se yergue en la falda del peñón, y a pocos pasos unas escaleras mecánicas ascienden al casco antiguo, que corona la cima. Usaremos tantas veces dichas escaleras que nos sentiremos un poco Michael Landon en Autopista hacia el Cielo.

El casco antiguo toledano tiene su punto de partida en la plaza Zocodover, de la cual nacen tentáculos repletos de tiendas consagradas al turista. Da lo mismo que te escondas. Tarde o temprano te engullirán. Un trenecito infantil da paseos a quienes prefieren no andar, pero es mejor ir a la aventura. El primer destino obligatorio es la catedral. Escogemos una oferta que incluye visita guiada a la misma, una iglesia, una sinagoga y un monasterio.

El guía narra la historia de la catedral con una fina ironía que se agradece. Me impresiona la profunda tristeza de las pinturas del Greco, un artista incomprendido en su época. En la sinagoga de Santa María la Blanca una monja muerde una manzana mientras espera que alguien le compre un souvenir. Curiosa imagen que demuestra que en Toledo conviven tres culturas: la judía, la cristiana y la musulmana.

Hablando de comer, nos ha salido al paso un restaurante árabe llamado La Casa de Damasco, habilitado en una antigua cueva. Perdemos la cabeza ante la perspectiva de un té moruno.























Por la tarde visitamos algún museo, que los hay a patadas, esperando con ansiedad de vampiros la caída del sol. Hemos reservado una ruta nocturna por el Toledo misterioso.

Con pulsera acreditativa de la excursión, que hay mucho fantasma, nos ponemos en camino. Tras salvar algunas cuestas, el guía se detiene bajo el techo de un cobertizo. Relata la truculenta forma de averiguar si una mujer era bruja en la Edad Media, que consistía en lanzarla al río. Más adelante paramos en el número 17 de la calle del Duende, que nadie quiere habitar pese al alquiler ridículo. Allí vivían dos solteras que pasaron a mejor vida y dejaron la casa a su ama de llaves. Todo fue bien hasta que la señora sorprendió a las antiguas dueñas durante un paseo espectral.


A estas alturas de la ruta, me acuerdo de mi amigo José Luis Ruiz Dangla, cuya silla de ruedas haría furor por los tortuosos callejones de Toledo. De vuelta a la realidad, descendemos a otra cueva, situada esta vez en una propiedad particular. El guía porta una linterna enorme para evitar cualquier apagón. Nos cuenta que aquel era refugio de intelectuales que gustaban del vino y la juerga. También deambulan por sus corredores una mujer de blanco y dos infantes, con quienes jugaban los hijos del anterior propietario. La dueña de la casa prefiere esperar arriba. 

Como epílogo, el cabroncete del guía se ofrece a informar a quien le interese si su hotel alberga un fantasma. El nuestro no tiene premio, pero entre las luces que se encienden automáticamente, el pasillo en penumbra y el piloto rojo de la televisión paso una auténtica noche toledana.

















La claridad de la mañana disipa las sombras, aunque no las de la concejal socialista de Los Yébenes, cuyo calentón grabado en vídeo algún envidioso ha colgado en la red. Para huir de la erótica del poder, decido practicar algo de senderismo por la orilla del Tajo. Encuentro una balconada artificial al seguir a un grupo de adolescentes risueños. Discurre a varios metros sobre el río, donde pescan jóvenes anclados como juncos o entre peligrosos peñascos. Al final me aguarda una especie de estanque que habitan cientos de patos. Si lo viera un chino…

Quedan las últimas compras, de las que me desentiendo, aprovechando para gozar de un paseo sin rumbo ni dirección. Aún andaría extraviado por el casco antiguo de Toledo si una figura meditabunda con un libro bajo el brazo no me hubiera preguntado la hora. Esta vez alcanzamos la estación de autobuses a pie, y literalmente nos desplomamos sobre los asientos.


Entradas populares

Vistas de página en total