Si no accedo al ritual de los dientes, mi hija se tapa los oídos porque dice que oye a las bacterias picar las muelas.
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Pues si ella lo dice es verdad, los niños nunca mienten, (me imagino a esas puñeteras bacterias picando muelas...).
ResponderEliminarBonita sección la dedicada a los peques.
Un abrazo.
Todo el tiempo lo que les dediques a esos peques-aunque sea para despertar a tu inspiración- será la mejor inversión que puedas hacer y el mejor patrimonio que les puedas dejar.
ResponderEliminarUn abrazo.
No lo dice, Maribel, pero podría decirlo. Es lo bonito de la literatura. Supongo que me marcaron esos dibujos de "Érase una vez la vida".
ResponderEliminarUn abrazo.
Me encanta que utilices la palabra patrimonio, hoy en día tan de moda, pues no creo en herencias materiales. Me lo estoy gastando todo yo.
ResponderEliminarUn abrazo.
¡Vaya imaginación la tuya, José Antonio!
ResponderEliminarPreciosa niña la de la foto.
Besos!
Blanca
No me extraña, Jose, me encantaba la serie. Yo era fan de los glóbulos rojos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias Blanca. Demasiado maquillada para ser tan pequeña, ¿no?
ResponderEliminarAhora que me acuerdo, Maribel, la serie se llamaba en realidad "Érase una vez el cuerpo humano".
ResponderEliminarYo la odio. ¿Sorprendida? Pregúntale a mi hijo.
Ah, es verdad, "Érase una vez la vida" es otra serie. Uf, qué lío, pero bueno, tú me entiendes.
ResponderEliminarNo, no me sorprendes, eres una persona tan singular (y es un piropo) que no me sorprende nada de ti, pero si tengo ocasión le preguntaré a tu hijo.
Un abrazo y feliz fin de semana.
Jose, ya se de quién has heredado la imaginación...De tu hija, es genial. Continua trayéndonos microrelatos de los peques como éste, porfi, porfi...Ahora que pienso, ¿me he lavado los dientes esta noche?
ResponderEliminarBesos y un fuerte abrazo.
Pues sí, Maribel, un poco rarito sí que soy, para qué nos vamos a engañar a estas alturas.
ResponderEliminarFeliz finde.
Las pocas ideas originales que quedan en el mundo se encuentran en sus cabecitas; mis hijos me dictan el camino a seguir.
ResponderEliminarUn abrazo.
Excepto, Mari Carmen, cuando me enfundo en mi traje de padre. Entonces soy el amo.
ResponderEliminarJajajajaja... Bueno, José. "Esas pequeñas cosas" que se con tanta frecuencia en la infancia y apenas quedan restos cuando ya adultos.
ResponderEliminar"Infancia" y "dientes" han hecho que recordara cuánto me gustaba de pequeño acercarme a un amigo y decirle: "Menganito, imagina que rascas un tobogán de hierro con los dientes".
La puta madre. Ese detalle quizá explique ciertas cosas del presente, jajajaja...
Un saludo, Primo.
Si es que los dientes dan para mucho, incluso para inventarse microrrelatos como éste.
ResponderEliminarNos leemos, primo.