martes, 21 de junio de 2022

LA RENOVACIÓN DEL FUEGO




Un gentío esperaba a las doce de la noche para ver su Hoguera arder entre espirales de humo negro. Curiosa costumbre que Juanjo comparaba con los castillos de arena que —casi simultáneamente— creaba y destruía en su infancia. El joven había cogido un buen sitio junto a la valla metálica que rodeaba el monumento. Dentro del perímetro acotado por los bomberos, la Belleza y las Damas de Honor lloraban sonrisas. En aquel momento, alguien le rozó el hombro. Nico llevaba un rato detrás, pero no sabía exactamente si era él. La nostalgia de los años sin verse duró apenas unos minutos. Enseguida apagaron las luces. Hubo un grito de emoción entre el público. Entonces el viejo amigo, con aliento a cubata, susurró al oído de Juanjo: «No he olvidado los cien euros que me debes». Este se removió inquieto como un pez atrapado en el cubo y le dirigió una mirada suplicante. El otro dijo que le daría de tiempo hasta la siguiente Pandemia. La traca, el incendio, la orquesta tocando «Les Fogueres de San Chuan». Nadie pareció advertir que los antiguos colegas se abrazaban sin mascarilla y contraviniendo la distancia de seguridad.

4 comentarios:

  1. Aunque dicen que otra pandemia nos atacará pronto, me temo que los 100€ los ha perdido como yo me llamo Emilio.

    Saludos

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    1. Es posible, entonces, que durante el abrazo le clave cuchillos en la espalda al moroso.

      Saludos.

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  2. Hombre... por cien euros tampoco hay que ponerse así...
    Me ha hecho reír.

    Saludos.

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    1. Ahí está la jugada. No es mucho dinero y se puede perdonar. Pero el año que viene, si reincide, igual acaba ardiendo con la Hoguera.

      Un abrazo.

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