Después de la presentación oficial de VAREANDO NUBES y su paso por la ONCE de Alicante, me parecía lógico probar suerte en una librería. Huyendo de la impersonalidad de las grandes superficies, opté por LIBROS 28, situada en el corazón de San Vicente del Raspeig, cuya dueña, Rosa, es un encanto.
Me sentí muy a gusto desde el principio. A ello contribuyó el hecho de asistir acompañado de mi primo, David Revert López, que me dedicó una presentación emocionante e ingeniosa. Además, su inspirada lectura de “Jugar al escondite” y “El encanto” hizo que más que una velada literaria fuese una reunión de amigos que echan unas risas y charlan de literatura.
No se perdieron el acto la cuentacuentos Raquel López ni Conchi Agüero, a quien dedico un relato erótico en el libro. Cuando ya abandonábamos la tienda, Rosa le preguntó tímidamente a Conchi si ella era la mujer de la dedicatoria. Nuestras risas nos delataron.
Una semana antes, me desplazaba hasta Cartagena para presentar, en nombre de Atlantis, la novela romántica Entre bahías. Su autora, Lola Gutiérrez, me pareció una mujer tenaz y luchadora, aunque un tanto fría en el trato, como si reservara su amor para otra persona.
Un mes antes, firmaba en el Mercado Central de Alicante mientras el despiadado sol alicantino nos hacía la puñeta. Quizá piensen que es un chiste, pero así anunciaban mi libro por el megáfono: Veraneando nubes.
No fue fácil charlar con la siempre activa Maribel Romero Soler, mi prologuista, a quien literalmente acosaban para dedicar ejemplares de sus libros o hacerse fotos con sus fans. Otros compañeros de mesa fueron Ana Pomares, Joaquín Collado o Carmina Seva. Algunos se tomaron un Kit Kat eterno. Otros sudamos la camiseta. Descubrí que Carmina Seva firmaba más ejemplares de sus poemas que cualquier mortal, y no pude evitar ofrecerme como negro para su próximo libro.









