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jueves, 24 de mayo de 2012

TRAS LAS HUELLAS DEL LOBO



Después de la presentación oficial de VAREANDO NUBES y su paso por la ONCE de Alicante, me parecía lógico probar suerte en una librería. Huyendo de la impersonalidad de las grandes superficies, opté por LIBROS 28, situada en el corazón de San Vicente del Raspeig, cuya dueña, Rosa, es un encanto. 

Me sentí muy a gusto desde el principio. A ello contribuyó el hecho de asistir acompañado de mi primo, David Revert López, que me dedicó una presentación emocionante e ingeniosa. Además, su inspirada lectura de “Jugar al escondite” y “El encanto” hizo que más que una velada literaria fuese una reunión de amigos que echan unas risas y charlan de literatura.

No se perdieron el acto la cuentacuentos Raquel López ni Conchi Agüero, a quien dedico un relato erótico en el libro. Cuando ya abandonábamos la tienda, Rosa le preguntó tímidamente a Conchi si ella era la mujer de la dedicatoria. Nuestras risas nos delataron.



Una semana antes, me desplazaba hasta Cartagena para presentar, en nombre de Atlantis, la novela romántica Entre bahías. Su autora, Lola Gutiérrez, me pareció una mujer tenaz y luchadora, aunque un tanto fría en el trato, como si reservara su amor para otra persona. 

Durante la presentación en el Casino de la ciudad costera, hubo numerosos gestos de cariño del público hacia la escritora, que con un par de cojones dedicó el libro a su hermana, enferma de cáncer. Aunque la realidad te regale demasiados finales tristes, en la narrativa de Lola Gutiérrez el happy end está asegurado.



















Un mes antes, firmaba en el Mercado Central de Alicante mientras el despiadado sol alicantino nos hacía la puñeta. Quizá piensen que es un chiste, pero así anunciaban mi libro por el megáfono: Veraneando nubes

No fue fácil charlar con la siempre activa Maribel Romero Soler, mi prologuista, a quien literalmente acosaban para dedicar ejemplares de sus libros o hacerse fotos con sus fans. Otros compañeros de mesa fueron Ana Pomares, Joaquín Collado o Carmina Seva. Algunos se tomaron un Kit Kat eterno. Otros sudamos la camiseta. Descubrí que Carmina Seva firmaba más ejemplares de sus poemas que cualquier mortal, y no pude evitar ofrecerme como negro para su próximo libro.


martes, 24 de abril de 2012

DEJÁNDOME VER
















El pasado mes de marzo me dejé ver más de lo que suele ser habitual en un tipo escurridizo como yo. Ya sabéis: el lobo tira al monte. Nada menos que cuatro presentaciones ocuparon mi tiempo, tres para Atlantis y una de mi último libro. 

El tren de los muertos, de Panchi Caballero, fue la primera parada de este viaje apasionante que es la literatura. La presentación tuvo lugar el 23 de marzo en el salón de actos del Museo de San Javier (Murcia). Parecía que Lady Gaga hubiera convocado una rueda de prensa. Tal era el gentío, entre público, fotógrafos y medios de comunicación. Nadie quería perderse la intervención de Panchi, que se metió al auditorio en el bolsillo sin discursos, con cuatro palabras sentidas. Por mi parte, creo que lo mejor de esta novela policíaca son sus protagonistas, unos jubilados con unas ganas de vivir a prueba de bombas. Ya era hora que un escritor rescatara del olvido a nuestros mayores.





Juicios paralelos, de Luis Pérez Puig, nos llevó al día siguiente a la localidad valenciana de Carcaixent. Esta presentación fue muy especial no sólo por el marco en el que se llevó a cabo, el misterioso Auditorio de las Dominicas, sino sobre todo por la cercanía que demostraron Luis y su familia hacia nosotros. Estas buenas vibraciones quedaron reflejadas en el acto, donde, ante más de un centenar de personas, Luis sacó a relucir esa gracia inherente que tienen los valencianos. En mi opinión, una novela perfectamente ensamblada que se lee sin aliento porque destila autenticidad por los cuatro costados.




El 27 de marzo presenté VAREANDO NUBES en la Once de Alicante. De todo lo que ocurrió allí me quedo con los aplausos que arrancó "Ojos de pez", el relato protagonizado por John, un adolescente ciego con un lenguaje superior a los chavales de su edad y un optimismo incombustible. También me enteré de que existen revistas porno en braille, dato que no conocía. “Cachivaches”, “La redacción” o “Cadáver revive” fueron cuentos también muy celebrados, lo cual demuestra que no existen géneros pequeños ni grandes, escritores noveles o consagrados, sólo historias que consiguen emocionar. Gracias, como siempre, a Antonio Díaz Palao.





Después de tanto ir de aquí para allá me preguntaba sin cesar: ¿Dónde estás Beckie Lou? No, no me había vuelto loco. Es la última novela de Salva Correcher, que presentamos en el Kaf Café de Valencia el 30 de marzo. Coincidí con el autor en aquellas palabras de Gabriel Miró: «La literatura te puede llegar a dar tanto que pedirle dinero resultaría obsceno». Es el sueño imposible lo que atrae.


sábado, 21 de abril de 2012

VER POR TI

¿Puede haber algo más asombroso que ver a esa pareja de abueletes cogida de la mano como si fuese el primer día de su enamoramiento? Adrià Pérez Martí demuestra en Ver por ti (Atlantis, 2012) que lo más alucinante radica en el interior de las personas. 

Partamos de la premisa de que todo está dicho en literatura. Sólo nos queda a los escritores ahondar en los sentimientos sin descuidar, por supuesto, el buen uso del lenguaje. Así, en el primer relato, de los cuatro que componen este libro, y que le da nombre, una anciana cuenta a un joven la historia de la enfermedad de su marido y de su propia ceguera. Sobrecoge la impotencia de la señora por no poder atender a su esposo. El desenlace aparentemente fantástico es, en realidad, una metáfora: quien se empeña en velar por el prójimo, acaba sobreponiéndose a sus propios problemas.

De todos los sentimientos humanos, el más intenso es el miedo. Y no existe peor miedo que la soledad ni peor angustia que el temor a lo desconocido. Soledad como la que siente el tipo que llama a horas intempestivas para pedir auxilio a quien una vez fue su amigo. ¿Serías capaz de negarle tu ayuda?

Los relatos de Adrià Pérez Martí se viven con el corazón en un puño, y cuando uno llega al final de la lectura siente alivio por haber dejado atrás todas las sombras que nos torturan, y que parecen reclamar esa luz irrepetible que habita en el corazón de cada uno.


martes, 31 de enero de 2012

DARK NIGHT

El pasado 28 de enero presenté para editorial Atlantis la novela El dios de la traición, de Alexander Dark. 

Pasar un día en Valencia siempre apetece, pues supone salir del armario levantino para embriagarse con los aires de esta ciudad cosmopolita, repleta de tiendas originales y, sobre todo, de librerías. 

La presentación estaba programada para las seis de la tarde. Alrededor de las cinco y cuarto mi mujer y yo nos dejamos caer por el bar Apoquetanit, donde había quedado con Alexander. El autor estaba arropado por su familia y colegas. Charlamos largo y tendido, pues no abrieron el local hasta las seis menos diez. Me encantaron sus uñas oscuras. 

Uno de los detalles que peor me sentaron fue que la responsable del bar no invitara al autor ni siquiera a un agua. Es una pena. El bar Apoquetanit se asemeja a una garganta que termina en una cueva rodeada de espejos, muy rollo Beatles. Allí tuvo lugar el encuentro, que se desarrolló de forma muy distendida. La autora de la ilustración de portada, Ánima Eterna, puso el toque gótico a la velada. 

Dios de la traición es una novela fantástica que trata sobre un dios arrogante que se rebela contra el orden establecido, persiguiendo el poder a toda costa y sin importarle quién pisotea a su paso. ¿Les suena? Casualidad o no, se diría que refleja la corrupción en las altas esferas de la vida pública española.


sábado, 1 de octubre de 2011

KAF CAFÉ

















Los pasados 22, 23 y 24 de septiembre presenté en Valencia tres novelas de la editorial Atlantis: El vínculo de Noah, de Francisco Puchades; El cazador de zombis, de Javier Guillén; y Asesinos invisibles, de Chelo Rodríguez. Los actos tuvieron lugar en el emblemático Kaf Café, un rincón bohemio que atesora en sus estanterías cientos de libros antiguos, recordándonos que la literatura y la gloria pocas veces fueron de la mano.

Mi mujer y yo llegamos a Valencia con el tiempo justo para la presentación de El vínculo de Noah. Charlé unos minutos con Francisco Puchades, que me confesó que por deferencia a la editorial madrileña había preparado su discurso en castellano. No podía saber que soy alicantino y que, por consiguiente, entiendo perfectamente el valenciano.

Sebastián, el dueño del Kaf Café, se acercó a saludarme. Su acento uruguayo es terrible, pero su mujer prepara unos bocadillos deliciosos. En todo momento nos hicieron sentir como si estuviéramos en casa.















También nos visitaron los compañeros de radio Godella. En principio, sólo iban a cubrir El vínculo de Noah, pero les comenté que las siguientes novelas también eran de género fantástico, de modo que acabaron grabando un monográfico para su programa de misterio La hora de Kayako (98.0 FM). Podéis escucharlo si pincháis el enlace.

Si El vínculo de Noah es una novela de vampiros y demonios que tiene su principal hallazgo en la posesión diabólica de la protagonista, El cazador de zombis es una parodia descacharrante de las novelas de muertos vivientes. Platiqué un rato con su autor, Javier Guillén, antes de que vinieran a llevárselo… sus familiares. Me lo devolvieron ocurrente, casi en estado de gracia. Parecía Eva Hache en El club de la comedia. Se metió al público en el bolsillo.

















Gracias a Javier Guillén, afronté la última presentación algo más relajado. La autora de Asesinos invisibles, Chelo Rodríguez, coincidió conmigo en que los escritores no solemos ser buenos comunicadores. Sin embargo, sus palabras tocaron la fibra de más de uno. Incluso desafió al público diciendo: «Quien no sienta algo al leer Asesinos invisibles es que tiene un problema».

Han sido días muy intensos, tanto que la vuelta a la rutina se me ha antojado insoportable. Me queda la satisfacción del trabajo bien hecho, el haber conocido a gente como Luis, de radio Godella, con quien compartí las horas muertas (nunca mejor dicho). Me quedan los ratos que pasé leyendo, aprendiendo, disfrutando. Espero que Noah jamás se libere del demonio de la literatura.

miércoles, 6 de julio de 2011

TRÁGICO CONEJO



El pasado 30 de junio presenté en el Ateneo Científico y Literario de Alicante la novela Trágico conejo (Atlantis, 2011), del jovencísimo Lex B.

Durante la charla previa que mantuve con el escritor en una cafetería próxima al Ateneo, pudimos compartir impresiones sobre la novela y sobre la literatura en general. Allí me dijo algo en lo que estoy plenamente de acuerdo: no hay que dejar nunca de aprender. Y en este oficio, menos.

Media hora antes de la presentación, decidimos dejarnos caer por el Ateneo para la primera toma de contacto. Allí aguardaban al autor su familia y amigos. Lo dejé solo.

Lex y yo coincidimos de nuevo en la mesa de conferencias, donde nos recibió un tímido aperitivo consistente en un par de botellines de agua y unos vasos de plástico. El público nos miraba fijamente como si alguien lo hubiera sometido a un ritual vudú. El aire acondicionado brillaba por su ausencia.

Hice una breve introducción: «Dylan Graves ha viajado a Sunday Flowers a dejar un bonito cadáver, pero “el jodido del León de Narnia” decapita a una bailarina sobre el escenario del Magnolia, un local de jazz. Es el comienzo de una pesadilla que le persigue sin descanso». Lex, con una envidiable facilidad de palabra, desgranó uno por uno los pormenores de su novela. Por si hubiera alguna duda, aclaró que el personaje crápula de Dylan no es autobiográfico, pero matizó que le gustaría poseer alguna de sus virtudes. Entre ellas, la valentía.

Tras la firma de libros, llegó la hora de la despedida. Lex B es un escritor con una larga carrera por delante. Debe pulir bastante su estilo, pero sin perder un gramo de autenticidad. Si de algo me siento orgulloso es de haber obtenido el agradecimiento de su tribu dos veces. Hasta siempre, Dylan.


miércoles, 15 de junio de 2011

SABER VIVIR

Odio especialmente el conocido programa de televisión Saber Vivir, porque nos da las pautas para llevar un vida sana, pero no se ocupa en absoluto de lo que nos hace felices.

Nos satisface comernos una hamburguesa, porque es dañino para nuestra salud. Nos colma preocuparnos por los demás, porque lo normal es que todo el mundo vaya a su rollo. Nos sacia, en definitiva, saltarnos las normas y dejarnos llevar por la imaginación.

Sea en la vida real o a través de la escritura, Daniel de Vicente nos emplaza en Escribir para Vivir (Atlantis, 2011) a suplir las carencias de la realidad con grandes dosis de imaginación. En este sentido, sus relatos están más vivos que la propia vida, que parece un pálido reflejo a su lado.

Cuando me enfrento a un autor consagrado, suele ocurrir que me gusta lo que cuenta, pero no cómo lo cuenta. Parece que se ha tragado un diccionario. Sin marear la perdiz con juegos de palabras rocambolescos, Daniel de Vicente nos atrapa con sus relatos cargados de vida, donde se alían sencillez y naturalidad para llegar directamente al corazón.

He devorado literalmente cada una de las quince historias, deseando acabar una para empezar a leer la siguiente. Escritas por el autor en torno a los dieciséis o diecisiete años, no son las pajas mentales de un adolescente purulento, sino más bien los cimientos que conforman su personalidad. En ellas está presente el alma de un incorregible fisgón, de un periodista nato, pero también el humor y la ternura. Ejemplo de ello es el relato «Morir para nacer», una hoja de ruta para navegar sin fatalismos por la existencia: «… los genios son aquellos que saben adaptarse a la vida que les ha tocado vivir y son felices con lo que son y lo que tienen».

No todos los jóvenes se debaten entre el botellón y los porros. Algunos escriben, y lo hacen desde la convicción de que la vida, cuando se escribe, se vive dos veces.

miércoles, 13 de abril de 2011

ENTRE MACONDO Y SIN CITY

Quizás la vida es un cúmulo de coincidencias. Escribo estas líneas en el mes de marzo, fecha en la que presenté mi primer libro de cuentos, para presentar Fantasmas de Kesington (Neverland, 2011), la nueva novela de J. D. Álvarez, mi editor en aquella aventura.
Mi primera impresión al leer la novela es que me hallo entre la mejor tradición literaria y una modernidad que conecta con los jóvenes lectores. Entre Macondo y la estética de Sin City, película dirigida por Robert Rodríguez en 2005 a partir de un cómic de Frank Miller.
Como en un juego de muñecas rusas, J. D. Álvarez se inspira en el infeliz Peter Llewelyn Davies, uno de los niños que inspiraron al escritor J. M. Barrie el mítico personaje de Peter Pan, tan famoso que hasta el «Rey del Pop» fantaseaba que era el duendecillo verde.
En 1960, harto del acoso popular, Peter Llewelyn Davies se arrojó al metro de Londres. La prensa, con macabra ironía, dijo que Peter Pan se había suicidado. El personaje de la novela, en cambio, de un corte de mangas finge su muerte y se retira a una tranquila aldea escocesa, El Pajarillo Blanco.
No tardará en verse envuelto en una serie de fenómenos inexplicables que asolan la aldea y sus alrededores. El ataque de los cuervos, por ejemplo, combina la malignidad de Hitchcock y el encanto del realismo mágico. Este género literario, cuyo máximo exponente es Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, consiste en mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano. De hecho, en El Pajarillo Blanco nadie se pregunta por el comportamiento homicida de las aves y, tras enterrar a los fallecidos, el pueblo vuelve a la normalidad.
El realismo mágico se convierte en un realismo tosco y duro, propio de las películas de gánsters, en otra de las escenas claves de la novela, aquella en la que el Jefe de Policía arranca un ojo a Marcus Crow, el herrero. Si hasta ahora J. D. Álvarez prefería las imágenes poéticas, a partir de este momento opta por un lenguaje más visual procedente del mundo del cómic, rozando la chulería vengativa propia de los matones de Sin City: «Cazaré a esos puñeteros caimanes, si es que verdaderamente existen, y demostraré mi inocencia. Pero luego liquidaré tanto a Dunbar como al Jefe de Policía. Los aplastaré y después me comeré su carne y roeré sus huesos».
Sensibilidad y carnaza, amor y un cierto aire de melancolía conviven en esta novela dantesca, ilustrada, por cierto, con un gusto exquisito.
Si un sudor frío le recorre la sien, si tras la lectura el agobio no le deja conciliar el sueño, si el desconcierto se hace dueño de usted, no dude, lector, que la pesadilla no ha hecho más que comenzar.



FELIZ SEMANA SANTA A TODOS/AS.
DULCES PESADILLAS.

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