jueves, 12 de agosto de 2010

ETERNO BUKOWSKI

Entro en la biblioteca con una sonrisilla, me dirijo al mostrador y pido La máquina de follar (Anagrama, 1992).
Hay una bibliotecaria estrecha y otra seria. El ying y el yang. La seria no se inmuta lo más mínimo y comienza su búsqueda en el ordenador. La estrecha escupe:
—Ese libro no lo tenemos. (Le ha faltado añadir: esta es una biblioteca decente.)
Sin dejarme amilanar por el feliz comentario, replico con ironía:
—Pues lo he mirado en internet y figura en esta biblioteca. Debe de ser una broma de mal gusto.
Al cabo de unos segundos, la seria encuentra el libro y manda a la otra.
—Vaya, pues si estaba —regresa con el rabo entre las piernas y el ejemplar.
—Un mes, ¿no? —pregunto saboreando las palabras.

lunes, 2 de agosto de 2010

ALGO EN COMÚN

Tengo unos granitos blancos en el escroto. La sexóloga ha dicho que se deben a la acumulación de grasa y no tienen cura. Maldita perra…
Veo fantasmas y me poseen constantemente entidades del más allá. Necesito que mi pareja crea más en mí.
Hace cuarenta años fui abducida por los selenitas. Me gustaría regresar para un nuevo examen anatómico.
El rey, la reina y la princesa siguieron con sus cavilaciones mientras sonreían a los fotógrafos.

miércoles, 21 de julio de 2010

SALUD PÚBICA

Hablar de sexo sigue siendo tabú en pleno siglo veintiuno. Hablar de amor es una de tantas maneras de intentar comprender un fenómeno incomprensible. Hablar de ambas cosas a la vez es 100 microrrelatos erótico-románticos, una antología en la que tengo el honor de participar.

Casi todos los escritores hemos afrontado alguna vez una historia de temática erótica, pues el deseo es algo consustancial al hombre. No es fácil elegir las palabras adecuadas sin caer en los tópicos, no es sencillo provocar orgasmos en la imaginación sin derivar en orgías.

Las historias compiladas en este libro ofrecen un estímulo medido, una descarga apropiada, una caricia insólita en el panorama literario. Son, me atrevería a decirlo, un servicio de salud púbica.

Existen dos formas de acercarse al fenómeno erótico. La primera es la sugerencia: “Lo que recuerdo de ti es cómo caía el pelo por tu espalda cuando hacíamos cosas que aún me quitan el sueño”. La segunda es el desparpajo: “Desde entonces soy multiorgásmica, soy una adicta al sexo, a su sexo, a sus caricias, a sus dieciocho centímetros que me llenan el alma y el coño”. Entre medias, un amplio catálogo: la versión erótica del cuento de Blancanieves, una Bolsa que sube debido a la inflación, una fantasía sexual que tiene que ver con flores…

Sólo hay una forma de acercarse al amor: por la vía de la sinceridad. En este sentido, el microrrelato “La primera vez en once palabras” consigue emocionar pese a la crudeza de su pincelada. Otros cuentos más idealistas hablan de reconciliaciones en medio de auténticas guerras frías.

A pesar de algunos errores de sintaxis: “Se saciaba hasta verme gritando”, si tuviera que expresar en una frase lo que siento por este libro diría: “Te odio porque si algún día me faltas me pasaré la vida intentando encontrar a alguien como tú”.


lunes, 12 de julio de 2010

CAMPEONES

Hoy me he rapado la cabeza. Tranquilos, no me he vuelto un radical. Lo hago todos los años por estas fechas. Es una forma de sanear las ideas.

Ayer sufría las entradas holandesas a nuestros jugadores y me preguntaba si aquello era fútbol o rugby. Sentía vergüenza ajena ante el arbitraje de una final del mundo. Aquello era un intento de sabotaje, un atentado terrorista en toda regla, un regreso a la oscura Edad Media.

Hoy me he levantado con el cuerpo dolorido y he asaltado el primer quiosco abierto. He rastreado los periódicos, pero todo eran eufemismos. Que si el juego de Holanda fue un pelín brusco, que si somos campeones del mundo a pesar de la obstrucción del rival, que si el zapatazo en el pecho a Xabi Alonso era un gesto de cariño…

Sinceramente, prefiero el baloncesto. El juego sucio se sanciona rápidamente con faltas personales.

Esto no significa que no esté contento con la victoria de “La Roja” y que no lo haya celebrado con un chapuzón en la piscina de unos amigos, tras una llamada a ese padre pletórico. Mi padre. El verdadero campeón.

Pero lo más emocionante de la jornada de ayer fue que mientras acudía a la plaza de los Luceros de Alicante en el coche de un amigo, varios desconocidos me dieron la mano. No éramos ni vascos, ni catalanes, ni valencianos. ¡Éramos españoles!

Y si a alguien le molesta, que se vaya con Holanda.

viernes, 2 de julio de 2010

GMS















Óscar introduce la dirección. El GPS dice: “Tuerza a la derecha por la calle Planelles”.
Óscar no conoce la calle Planelles y se mete por la calle Asturias.
El GPS dice: “¿Con 30 años y no te sabes las calles de tu ciudad? Pues ya va siendo hora”.
—¿Encarna?
—Sí, hijo, soy yo. Te dije que jamás te abandonaría.
—Pero… ¿cómo? Estás muerta.
—Reencarnación.

viernes, 25 de junio de 2010

EL LIBRO DEL CEMENTERIO

Desde pequeño, mi sueño fue vivir en un cementerio. Neil Gaiman lo ha hecho realidad con este libro deliciosamente melancólico.

Su protagonista es un niño llamado Nadie. Cuando sólo era un bebé, su familia fue asesinada por un matón llamado Jack. Él, inquieto como una lombriz, huyó gateando y se refugió en el cementerio. Desde entonces, los fantasmas le acogen como a uno más y le protegen del asesino. ¿Una metáfora de la vida?

La novela abarca varias edades en la vida de Nadie: desde la niñez hasta la adolescencia. Plagada de personajes inolvidables, mis favoritos son la niña bruja y el tutor del muchacho: Silas. Una especie de criatura de la noche reconvertida en padrino.

A pesar de que el asesino acecha, el chaval desea abandonar el cementerio para incorporarse al instituto, para llevar, al fin y al cabo, una vida normal. Una decisión que puede costarle el pellejo. La ilusión de mi vejez: un alumno con esas ganas...

Un ejemplo de cómo los hijos crecen y cada edad exige de los padres un apoyo diferente. La firme y etérea mano en el hombro.


martes, 15 de junio de 2010

LA TÍA OFELIA

Hay gente con la que la vida se ensaña, gente que no tiene una mala racha sino una continua sucesión de tormentas. Casi siempre esa gente se vuelve lacrimosa. Cuando alguien la encuentra, se pone a contar sus desgracias, hasta que otra de sus desgracias acaba siendo que nadie quiere encontrársela.

Esto último no le pasó nunca a la tía Ofelia, porque a la tía Ofelia la vida la cercó varias veces con su arbitrariedad y sus infortunios, pero ella jamás abrumó a nadie con la historia de sus pesares. Dicen que fueron muchos, pero ni siquiera se sabe cuántos, y menos las causas, porque ella se encargó de borrarlos cada mañana del recuerdo ajeno.

Era una mujer de brazos fuertes y expresión juguetona, tenía una risa clara y contagiosa que supo soltar siempre en el momento adecuado. En cambio, nadie la vio llorar jamás.

A veces le dolían el aire y la tierra que pisaba, el sol del amanecer, la cuenca de los ojos. Le dolían como un vértigo el recuerdo, y como la peor amenaza, el futuro. Despertaba a media noche con la certidumbre de que se partiría en dos, segura de que el dolor se la comería de golpe. Pero apenas había luz para todos, ella se levantaba, se ponía la risa, se acomodaba el brillo en las pestañas, y salía a encontrar a los demás como si los pesares la hicieran flotar.

Nadie se atrevió a compadecerla nunca. Era tan extravagante su fortaleza, que la gente empezó a buscarla para pedirle ayuda. ¿Cuál era su secreto? ¿Quién amparaba sus aflicciones? ¿De dónde sacaba el talento que la mantenía erguida frente a las peores desgracias?

Un día le contó su secreto a una mujer joven cuya pena parecía no tener remedio:

—Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos —le dijo—. Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y llevármelas conmigo al otro mundo. Quién sabe lo que habrá que enfrentar allá.

MASTRETTA, Ángeles, Mujeres de ojos grandes, Seix Barral, 1990.

martes, 8 de junio de 2010

ADIÓS

A mi mujer y a mí nos visitó el hombre de los muertos. Así, afortunadamente, lo sigue llamando mi madre.

De crío, el hombre de los muertos venía a cobrar el seguro justo a la hora de comer. Curiosa coincidencia. Aquello destrozó para siempre mis nervios. Nunca me recuperé de aquella intromisión. Aún hoy me pregunta mi madre por qué soy anoréxico.

El tipo que nos visitó a mi mujer y a mí, ya digo, nada del otro mundo. Un poco nervioso, eso sí. El móvil cortaba su discurso continuamente, su disertación sobre las modalidades funerarias.

Primero nos dio a elegir entre nicho o incineración. Una pregunta difícil de contestar para cualquier recién nacido. Luego nos puso en la disyuntiva del seguro que sube con la edad o se mantiene. Una putada, pero la humanidad debe cubrirse las espaldas. Finalmente, el cuestionario agorero sobre enfermedades, minusvalías, juicio final…

El tipo adquirió una palidez alarmante —creí que se moría—, al expulsar un aire aprisionado de la tarde anterior. Tal fue el bárbaro trueno que nos preguntamos qué jalaba aquel maromo. No hubo risas ni comentarios. ¿Para qué alargar la agonía del adiós? La muerte es tan natural como un pedo.

martes, 1 de junio de 2010

EL MOSQUITO















Hubo una vez un mosquito que se posó en la cola de un confesionario. Nunca lo había hecho. Necesitaba desahogarse de una vida de lujuria y desenfreno, de una vida de vampirismo.
Cuando le llegó su turno al insecto, el cura saludó en el modo habitual:
—Ave María Purísima.
—Sin pecado concebida.
—Cuéntame lo que quieras, hijo. Ya sabes de la compasión infinita del Señor por todas sus criaturas.
—Padre —dijo el mosquito con voz afligida—, confieso que he picado…



Mención especial en el II Concurso de Microrrelato Bibliotecas de San Javier.

Mi Amigo Satan by Joaquín Sabina on Grooveshark

lunes, 24 de mayo de 2010

HABITACIÓN EN ROMA

Machotes del mundo: si vais al cine buscando el morbo de ver a dos tías enrollarse, os desaconsejo esta película. Sus imágenes me han puesto tan cachondo como un episodio de Los Pitufos. No es que las chicas no sean monas. Es más, se puede decir que están buenas. Lo que ocurre es que casi dos horas contemplando su desnudez es equiparable a un documental de la dos. Falta Rodríguez de la Fuente narrando sus orgasmos, que tampoco son nada del otro mundo.

Habitación en Roma entretiene, que ya es mucho para una trama que se desarrolla en un único escenario. Dos mujeres, una lesbiana y la otra a punto de contraer matrimonio con el hombre de su vida, se dejan seducir por una pasión que las arrastra al goce y a la confidencia.

No sé cómo caerá esta película en el ambiente gay. Espero que mal. Se pinta el lesbianismo casi como una desviación provocada por los malos rollos que las protagonistas han tenido con hombres. La rusa con su padre, porque toca a su hermana gemela en vez de a ella (sin comentarios); la española con un árabe que sólo quiere dejarla preñada.
Sin duda, el peor defecto de la película es la falta de verosimilitud. ¿Cómo una mujer satisfecha con su sexualidad, enamorada de su pareja y que detesta a las lesbianas se desnuda alegremente y cae sin apenas remordimientos en los brazos de otra mujer? Vamos, que parece tortillera de toda la vida.
Lo que me cautivó fue la música y la soberbia interpretación de Elena Anaya ante la inminente separación de la pareja. Todo ello unido a sus logros estéticos, como el rollo de Döner Kebab en la bañera o la flecha de Cupido.

lunes, 17 de mayo de 2010

ROMANTICISMO




















Presumía de ser el mejor amante del mundo. Y puede que fuera cierto. Juzguen ustedes.
Se tiró mordisqueándome un pezón más de media hora.
Cuando, al borde de la desesperación, le dije: “¿Follamos o qué?”, él, inopinadamente, rompió a llorar y me reprochó mi falta de romanticismo.
Pareció calmarse un poco cuando le acaricié el pelo, la nuca, la espalda... Pero se me fue la mano y le toqué el culo. Entonces se vistió a toda prisa diciendo: “Ya no me quieres. Sólo te interesa mi cuerpo”. Y se largó dando un portazo.



Finalista del I Certamen de Microrrelato Erótico-Romántico Artgerust.

domingo, 16 de mayo de 2010

FINALISTA DE UN CONCURSO DE MICROS ERÓTICOS

Alicia me animó a presentarme a este certamen. Acabo de saber que soy uno de los 100 finalistas, lo cual significa que Romanticismo, el micro con el que concursaba, será publicado en una antología.

Es para celebrarlo y lo haré. Se presentaron más de 1000 microrrelatos, algunos de gente que conozco y admiro. Estoy seguro de que el libro va a ser orgásmico y de que mucha gente se ahorrará unos euros en psicoanalistas.

Esto demuestra que hay que escuchar las provocaciones de los amigos. Sobre todo, las de aquellos que te conocen.

martes, 11 de mayo de 2010

RESTAURANTES ASESINOS

Celebrábamos el segundo cumpleaños de mi hija. Mis padres, mi mujer y yo nos comíamos las uñas de excitación ante lo que suponíamos un restaurante especial. Lo que ignorábamos era que tanto el cocinero como las camareras eran gente sádica.

Al principio todo fue bien. Entradas de embutidos ibéricos, calamares y cosas por el estilo. Mis padres comían pan y mi hijo directamente no comía, asqueado ante la visión de aquellas tapas mediocres. Los niños de cinco años son unos visionarios.

El acabose llegó con los llamados “Huevos del Capitán”. Con todos mis respetos, había que tener estómago para comerse aquellas dos sartenes de huevos fritos con patatas. Y aquello era sólo el aperitivo. Más tarde, llegó un abominable revuelto de morcilla, una ensalada de atún ahogado en aceite…

Lo más divertido era el mohín de desprecio de la camarera porque no repelábamos los platos. ¡Que no somos muertos de hambre, señora!

Realizamos unas flexiones mientras llegaba el siguiente manjar y doy fe de que me vi obligado a llamar a la calma y la serenidad para que mi familia no huyera despavorida ante semejante exageración. Cuando trajeron el plato fuerte, los que tuvieron que sujetarme fueron ellos. ¿Lo adivinan? Más patatas fritas con carne de ternera.

El postre pudo habernos costado el hospital de no ser porque en ese entrañable sitio no admiten a los borrachos. Y es que tras varias botellas de vino y los correspondientes chupitos éramos pura desconexión. A mi madre, para que pagara el festín romano, tuvimos que hacerle el boca a boca.

Querido suegro: no hay huevos fritos con patatas como los tuyos. Ay, qué dolor de tripa.

domingo, 2 de mayo de 2010

PABLO CARBONELL Y SU MADRE























Cuando Pablo Carbonell escribió “Mamá” era el líder de un provocador grupo llamado Toreros Muertos. Siempre me he preguntado qué haría aquella madre al escuchar esa letra edípica, si desheredaría a Pablo, si lo llamaría por teléfono para echarle la bronca, si se encerraría en casa con el sombrío presentimiento de que había parido a un anormal.

Lo único que tengo claro es que el chico se quedó a gusto. Lo que se dice la mar de relajado.

Años después, se dejaría de pajas mentales y trataría de redimirse con una canción, esta vez sí, propia de una madre. Se llamó “La madre”, cómo no, y la incluyó en el disco en vivo Rock and Roll alimaña (18 chulos records, 2004).

Sin embargo, para mi gusto, no logró captar en esta última canción como en “Dejadme llorar” el difícil mundo de las relaciones entre madres e hijos. Ahora, eso sí, consiguió que su madre le dirigiera la palabra por primera vez en años para expresarle toda emocionada: "Cabrón".



jueves, 29 de abril de 2010

MI PRIMER CONCURSO

El pasado mes de marzo me presenté a mi primer concurso literario serio.

Enciendo el ordenador y consulto en internet el estado del envío. ¡La madre que los parió! ¿En estado de devolución?

Me tomo dos tilas y molesto a una operadora de correos. Dice que nadie ha recogido mi carta en la oficina correspondiente.

-¿Cómo es posible? –pregunto angustiado–. Es que verá, es para un concurso literario y se acaba el plazo de presentación.

Telefoneo a los responsables del concurso y una chica misericordiosa me aclara que ha habido problemas con el apartado de correos. Se ofrece a darme una nueva dirección. La apunto con mano trémula.

-El problema es que no sé cuándo va a tener correos la deferencia de devolverme el cuento –le confieso.

-No sufras, cuando lo tengas me lo envías.

¿Que no sufra? Decido rehacer todo el papeleo y llevarle el relato aquella misma tarde. “Esto me da para otro cuento”, pienso mientras me dirijo andando al centro de Alicante.

Cuando se lo doy, comenta: "Mucha gente lo entrega en mano".

jueves, 22 de abril de 2010

MARINERO EN TIERRA























Las luces del puerto (Hera ediciones, 2010) es uno de esos títulos brillantes que todos quisiéramos para un libro nuestro.

Leí esta novela coral en la localidad pesquera de Santa Pola, entre el 19 y el 21 de marzo. Los barcos anclados en el puerto y su penetrante olor a mar me recordaron que la soledad es sólo un accidente geográfico.

Porque leer a José Ángel Ordiz es leer un pedazo de vida y saborear una página suya es como beber un licor fuerte que te calienta el alma.

A este marinero amante de la tierra le delatan sus personajes, que podríamos decir se ajustan a su visión del mundo. Domingo Ramos representa el hedonismo frente a la beatería: «Morir de placer, que la vida se te escape por el pito y no por la boca». Ciro y Tobesco son la prueba de que la amistad exige menos que el amor y, por tanto, es más llevadera. Charo, plantada por Ciro en el altar, es el mejor ejemplo de que la venganza se sirve en plato frío: «—Lo maté —volvió la esposa a saborear cada palabra de la confesión».

Todas estas historias desembocan en una central: la relación entre Cris y Martín. Charo no ve con buenos ojos a este muchacho. Le parece mejor partido un tipo con posibles llamado Berto. Concierta una cita entre ambos. Berto es rechazado y viola a Cris, dejándola embarazada. A pesar de la violación, Martín y Cris capean el temporal con golpes de humor que dan el contrapunto perfecto: «Media teta tuya es mucho más que media teta». El asesinato de Berto en extrañas circunstancias aporta intriga al desenlace.

Si bien el estilo de Ordiz está alejado de florituras, personalmente me despistan un poco las largas acotaciones. Esto no desmerece en absoluto el resultado. Una novela terrenal que, lejos de ser cómica, transmite una actitud desenfadada ante la vida: «Si no te burlas de la vida y de la muerte, ellas se burlan de ti».


sábado, 17 de abril de 2010

FANTASMAS

En no recuerdo qué programa de televisión dedicado a la literatura, aunque sería para recordarlo, entrevistan a un escritor americano: James Elroy.

Se encuentra de promoción por España. Acaba de publicar un ladrillo de 944 páginas.

A la pregunta de si le gustan los libros grandes, responde nuestro amigo Elroy que le encanta lo grande. De hecho, afirma: “Tengo una polla de 18 centímetros”.

A la pregunta de qué escritores lee, afirma que en casa sólo tiene los libros que él ha escrito. ¿Teme acaso encontrar a alguien que escriba mejor? ¿Quizás una mujer?

No voy a leer a Elroy por tres razones: no me gustan los ladrillos, no me gustan las pollas, y, sobre todo, no me gustan los escritores que no leen.

jueves, 8 de abril de 2010

ESAS LUCECITAS

Hace muchos años que la única Procesión a la que asisto en Semana Santa es la del Silencio. No sé si la conoceréis, pero supongo que debe ser parecida en diferentes puntos de la geografía española. Un tambor la encabeza tocando a muerto. Le siguen encapuchados de riguroso negro o combinando negro y morado. Algunos arrastran cadenas como si hubieran escapado de cierta novela de Dickens. Las calles, oscuras como boca de lobo, retroceden en el tiempo a la época de los candelabros. Sólo la luna llena alumbra la escena. Verdaderamente sobrecogedor y fantasmagórico.

Esta vez algo había cambiado. En la mayoría de las calles las farolas continuaban encendidas. La gente, sin duda desinhibida por la luz, charlaba animadamente, incluso a gritos. Y lo más penoso: al paso del Cristo la luz intermitente de un semáforo, primero roja, luego verde, taladraba el encanto nocturno de la escena. ¿Alguien me puede explicar de qué coño sirve un semáforo en una calle donde no circula coche alguno?

Hace muchos años que abandoné la liturgia católica; quien se aburra, que no vaya a procesiones. Pero por favor… esas lucecitas.

Entradas populares

Vistas de página en total