domingo, 16 de marzo de 2014

domingo, 9 de marzo de 2014

MAGIA


















—Diga la palabra mágica.
—Por favor.
—Lo siento. Es «Seguridad Social».
Y tardaron tres horas más en hacerle una prueba.

sábado, 1 de marzo de 2014

NIEVE CÁLIDA























Julián contempla a la mendiga en que se ha convertido Macarena, su primer amor, y se siente «mareado, aturdido, como si acabara de despertar de una pesadilla y al abrir los ojos los monstruos siguieran allí, como el dinosaurio de Monterroso». Con esta metáfora sobre el paso del tiempo comienza La Nieve en el Almendro (El Desván de la Memoria, 2013).
            
Felisa Moreno ha firmado una novela de personajes atormentados que se resignan a su destino. Julián es un gordo cuarentón que regenta un bar en Madrid. Un hecho de su adolescencia marcará el resto de su vida: se enamora de Macarena, la madre de su mejor amigo. Años más tarde, se casa con la mujer equivocada y tiene dos hijas consentidas. Salva, camarero aprendiz de escritor, le propone una noche escribir una novela sobre esa época. A partir de ese momento, jefe y empleado se convierten en cómplices.
            
Retazos de amor y sexo, la novela dentro de la novela, sustituye el narrador omnisciente por la primera persona, superando en interés a la historia principal. Julián nos cuenta su pubertad, marcada por la pobreza, el acoso en el colegio y la indiferencia de su familia, en especial de su madre. También retrata la década de finales de los setenta en España, un tiempo gris dominado por el miedo al infierno, la reciente muerte del general Franco y el comienzo de la Transición, que culminaría en la Carta Magna de 1978.
            
Consciente del morbo que genera la adolescencia de Julián, la escritora dosifica sabiamente presente y pasado, dejando para el final el último capítulo de Retazos, que explotará en manos del lector como bomba de relojería, dando sentido a la obra.

En la segunda parte de la novela, Julián encara su presente desde la primera persona. Librará una batalla contra sí mismo para superar el peso del recuerdo y la culpa: «Me casé con ella por su físico, por su gran parecido con Macarena. A los pocos meses vi mi equivocación y que la vida a su lado sería un infierno. Sin embargo, lo acepté como un castigo justo por lo que le ocurrió a mi amigo Carlos aquella tarde de otoño».
            
La descripción de la desnudez de Macarena, de donde saca título La Nieve en el Almendro, me parece un bello homenaje al cuerpo de la mujer, un canto a la vida, a la altura de un poema de Luis Eduardo Aute. Para lograr el equilibrio, a la historia le sobran desgracias gratuitas y le falta una pizca de humor. La vida ya resulta demasiado dura para añadir más leña al fuego.
            
En cualquier caso, Felisa Moreno ha armado una novela impecable, que apela a resolver aquello que no nos deja vivir del pasado para enfrentar con dignidad el presente. A mí me ha cautivado.


Imán De Mujer by Luis Eduardo Aute on Grooveshark

sábado, 22 de febrero de 2014

ZAPATONES


















El mejor momento del día es cuando me quito la nariz frente al espejo de caballeros. A continuación me calzo las deportivas, y guardo la peluca y los zapatones en la maleta. Luego empiezo a desmaquillarme, lentamente. Hoy los niños han estado especialmente traviesos, y los padres, vaya cuajo, no se alteran. Uno de los pelones me ha dado un beso y aún me late en la mejilla.


Incluido en la antología El Mejor Momento, un libro editado por Letras con Arte.

viernes, 14 de febrero de 2014

ALEVOSÍA




     Va a ser una noche muy larga, cariño, mientras tú no piensas ni un solo momento en mí. Yo intentaré no pensar demasiado en ti. Voy a distraer mi cerebro de toda esa bazofia que vomitan los telediarios y que me mantiene alerta, en tensión. 
     Lo tengo todo medido.
     Para empezar, acumularé víveres en la mesa del salón: un termo con café bien cargado para conjurar al sueño, una tableta de chocolate para la frustración, las uñas para el desasosiego. No hará ni dos horas que te marchaste y sólo me quedan los muñones.
     En una noche como ésta no debe faltar un compañero fiel de los ancianos y los niños: el orinal. Evita los intermedios innecesarios. Instantes que pueden aprovechar los ojos para fijarse en tu cama vacía. La nostalgia de tu niñez me invadiría; el temor a que te roben, a que te peguen, a que te den un navajazo.
     Otro aliado es un colirio que borre de la mirada las horas y horas de frenesí danzante junto a la ventana; tú también lo necesitarás en cuanto aparques la moto, te quites el casco y entres en el portal. Es la clave si quieres superar con éxito el escáner de la abuela. Ya sabes que los domingos comemos en su casa y es el ojo de Dios. A la mínima señal de resaca, procede a ahogarnos en té de ortigas. Para colmo, nos obliga a escuchar una grabación de Monseñor Escrivá de Balaguer. 
     Tu madre siempre tuvo una capacidad increíble para el sueño. Y yo, para inventar pesadillas. Por eso, ella duerme a pierna suelta y yo no. Con un ojo en la ventana y otro en mi afición, presiono las teclas que proporcionan felicidad sin límites. Me dejo hipnotizar por un relato que no llega jamás al clímax. Sus personajes tienen gancho, su trama es absorbente, su veracidad roza lo inaudito. 
     A veces me gustaría ser un padre normal, un padre que pasa de las salidas de su hija. Quizás exagero un poco con lo del generador de emergencia. Sería una pesadilla quedarse a oscuras lleno de oscuros pensamientos. Esos amigotes tuyos adeptos al viejo conde, afiliados a un velatorio eterno, enemigos del color me torturarían hasta el amanecer. Si Bécquer levantara la cabeza, comprendería mis desvelos: los poetas que adora la gente joven se parecen a Marilyn Manson.
     Te escribo esta carta, hija, para que cuando regreses al alba de tus correrías nocturnas me dejes un ratito más. No es que no te quiera, ni mucho menos, pero tendrás que perdonarme por no echarte la bronca: es que estoy mortalmente enganchado a tu consola.


Este relato, que ahora os presento con leves cambios, apareció en la revista Tirano Banderas en 2010.

viernes, 7 de febrero de 2014

VERIFÁBULAS























Es un recién nacido y ya tiene entradas. Esta aparente paradoja no lo es tanto si nos referimos a un blog que acaba de ver la luz. Se trata de Verifábulas.

Lo ha fraguado la escritora y amiga Esther Planelles, según sus propias palabras, para dar salida a cuentos que no son para pequeños ni para mayores, sino más bien para principitos.

Unos dirán que las historias de Esther son marcianadas. Otros, que demuestran una imaginación extravagante y mágica. Los habrá, incluso, que elogien el magisterio de su poesía. Seguro que no habéis leído nada igual.



Alicia by Enrique Bunbury on Grooveshark

miércoles, 29 de enero de 2014

MI PRIMER ARTÍCULO SERIO















El pasado mes de diciembre, Juan Vicente Romero, del blog Las dos vidas de las palabras, me pidió un artículo. El único requisito consistía en que fuera una especie de reflexión sobre el lenguaje.

Le dije que no le prometía nada. Y ahí quedó la cosa.

Como yo no soy investigador, sino más bien alguien que se pelea con el idioma, decidí acometer la empresa con cierto desparpajo y sin demasiadas expectativas.

Juan Vicente Romero, con quien comparto vicio por las letras, año de nacimiento, y alguna que otra confidencia, se atreve a publicar ahora lo que entonces escribí. Es de recibo que le dé las gracias, y que les advierta: este es mi primer artículo serio.



sábado, 25 de enero de 2014

EL SEÑOR (3)




Nuria es mi mejor amiga y vive en el piso de enfrente. Aunque se resiste a dejar la sartén en el fuego, la convenzo diciéndole que será sólo un segundo, que es importante y no puede esperar.

Esto que me ocurre ya no es sólo un cambio de mentalidad inducido por un tipo misterioso. Se trata de algo también físico que se manifiesta de la forma más insospechada. No sé si estoy enferma, loca o fumada. No puedo esperar a que Pedro regrese de la oficina. Debo contárselo a alguien.

Llaman a la puerta.

—Gracias a Dios, pasa.

—Vaya ojeras, Tina, ¿una noche agitada?

La llevo al salón. Enciendo un cigarrillo de ese paquete que todo antiguo fumador guarda en alguna parte. Nuria me pide. Con la tensión he olvidado las normas de urbanidad.

—En realidad, no es lo que crees.

—Tú has follado, no mientas.

La historia del último trabajo ya la conoce, incluso lo raro que era el señor. Pero no sabe nada de las ideas que me rondan la cabeza últimamente. Todas hacen referencia a la maldad del hombre y a la urgencia de que las mujeres tomemos una decisión drástica.

—Suéltalo ya, me tienes en ascuas.

—Acércate, quiero decírtelo al oído. Las paredes oyen.

A continuación le enseño la mancha del sofá. Como no lo pilla, cojo un plato sucio del fregadero y lo dejo caer. Se hace pedazos.

—Tina, no gastes bromas. ¿Dónde coño estás?

domingo, 19 de enero de 2014

DOS CHARLIS MEJOR QUE UNO























Allá por el 2010, un personaje cautivó los corazones de niños y adultos. Se trataba de un chaval de unos nueve años, la edad actual de mi hijo, que tenía un secreto. Mientras nos lo revelaba, vivíamos sus peligros a través de la selva, en un castillo, en el desierto. Recordé la mítica Laberinto (Jim Henson, 1986), en la que David Bowie ponía a prueba el cariño de una jovencísima Jennifer Connelly por su hermano pequeño.
            
Al final de aquella novela, reseñada para este blog, Charli obtenía un cofre con un tesoro, pero era incapaz de abrirlo. Y nos quedábamos con las ganas de saber lo que contenía.
            
En Charli y el cofre del tesoro (Edimáter, 2013), el nuevo libro de Maribel Romero Soler, se desvela ese misterio. Además vuelve Seven, el perro que todos querríamos tener. Hay personajes que ganan en protagonismo, como Sandra, la niña con pecas que apenas se esboza en la primera aventura. Hay otros como Luis, el mejor amigo de Charli, que se apagan. Encuentros y desencuentros que marcan las primeras alegrías y tristezas del personaje.
            
He advertido en esta nueva entrega doble ración de guasa, entre la falta de malicia que suele acompañar a un niño de nueve años y la ironía que deja caer la autora: «A él nunca le dejaron tener un perro, ya que sus padres siempre pensaron que no lo podrían atender debidamente, y en lugar de uno de verdad, un viernes por la tarde le regalaron uno de peluche. ¡Qué ridículo! Con casi diez años y un chuchito de peluchito.»
            
Esta Navidad me he librado de perro por los pelos, pero ya ha empezado la cuenta atrás. No quiero regalarle a mi hija peluches con diez años. Seguramente, Charli haya tenido un poco que ver, y Maribel Romero sea una de las culpables de que en mi casa exista tanto amor por la lectura, los animales y entre nosotros.

domingo, 12 de enero de 2014

TODO























2013 ha pasado en un soplo, dejándome apenas un puñado de relatos para el nuevo libro, que aún no tiene ni siquiera título. Escritos y reescritos un montón de veces, cada vez es más difícil cazar a mi mujer para que los lea. Es natural. Padece cuentitis aguda.
            
Para quien no me conozca, soy, entre otras cosas, filólogo, profesor de academia y escritor. He publicado dos libros de relatos en ediciones Atlantis: El mirador y Vareando nubes. De mí la crítica ha dicho poco pero bueno.
            
El otro día, charlando con Maribel Romero, le dije que no tenía nada a la vista, y mentí cual bellaco. En realidad, sí he finalizado un proyecto. Se trata de un libro de microrrelatos escrito a medias con la escritora alicantina Esther Planelles. Nos ha quedado muy divertido. Aún no lo hemos movido por editoriales, pues tenemos miedo de habernos quedado cortos.
            
El año pasado me colé en diversas antologías: Libérate hasta de ti (Hipálage), La nevera (Feedbooks), Revista Salitre Cultural (Issuu) y Relatos urbanos. Aventuras en el asfalto (ECU). También, bajo el seudónimo de RIP, ganamos el concurso Cuenta 140 de El Cultural. Podéis dotorear sobre estos y otros logros en REMES (Red Mundial de Escritores en Español).
            
Eso es todo, amigos. En 2014, RIP abandona Cuenta 140. Si escribo un microrrelato más, peto. A finales de enero, me publican un artículo en el blog de lexicografía Las dos vidas de las palabras. Y, por supuesto, habrán nuevos capítulos de la micronovela «El Señor», con más de dos o tres lectores en todo el mundo. Creo.


domingo, 5 de enero de 2014

DULCES SUEÑOS























Limpiaba su fusil cuando se abrió la puerta del baño. El chaval hizo lo suyo, dijo «hasta luego, papá» y volvió a la cama.

Feliz 2014



viernes, 20 de diciembre de 2013

CHRISTMAS GORE





















El camino es la paz (muere).


Este Christmas está escrito a medias con mi hijo, y lo hemos pasado francamente bien pensándolo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

REÍR Y LLORAR























Me gusta leer con la persiana entornada, dejando pasar los rayos de luz suficientes para no forzar la vista. Caigo en la cuenta de este detalle mientras me pierdo en las páginas de Claroscuros (Universo, 2013), el primer libro de relatos de Liliana Galvanny.

Se me corta la respiración ante «Silencio se escribe con h». Con lenguaje urgente ofrece el testimonio en primera persona de una mujer maltratada. Atrapa hasta la última línea. Alternando el pasado con el presente, recuerdo el olvido de un enfermo de Alzheimer, donde me sorprende la veracidad. Estoy en el apartado A flor de piel, donde la autora afronta temas delicados con grandes dosis de sensibilidad y un broche de optimismo.

La noche va cayendo y subo la persiana para aprovechar al máximo la luz. Inicio el apartado Transición. Varias mujeres se meten en malos rollos aún a sabiendas de que les harán daño. Un escritor se enfrenta a tal bloqueo que asegura que su sobrina escribe mejores cuentos que él.

Me rodean las tinieblas. No me queda otro remedio que levantarme y conectar el flexo. Abro los ojos como platos ante «El latido del alma». Tiene tres finales diferentes, como los cuentos de Gianni Rodari. Siento claustrofobia en «El abrumador sonido del silencio». El hombre es un lobo para el hombre. Me da rabia que la protagonista de «Un laberinto hacia el miedo», una metáfora del maltrato, tome una decisión «tan irracional como lógica». No se le puede pedir más al apartado experimental del libro: Caos, confusión, enredos.

Si tengo que poner una pega diría que he llorado más que he reído, y nos hace falta ficción entre tanta realidad. Pero tampoco podemos mirar hacia otro lado como los cobardes. Con Liliana Galvanny aprenderemos que la tristeza y la alegría se intercalan, y que el dolor significa estar vivos.


jueves, 5 de diciembre de 2013

MUESTRA 2013



Siempre he dicho que el teatro te hace sentir especial como espectador, y el cine, un espectador más. Por eso, cada año, la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos me arrastra a primera fila, o mejor a segunda, que la primera es la de los críticos.
            
La XXI Muestra ha sido azotada por los rigores del frío, como debe ser en noviembre, pero eso no ha impedido al público disfrutarla. En esta ocasión, las obras elegidas se representaron en el teatro Arniches de Alicante.
            
La primera fue «Yo de mayor quiero ser Fermín Jiménez», y asistí en compañía de mi suegro, un crítico implacable. Si no le gusta lo que ve, se duerme. La firma la compañía El Pont Flotant. Es una pieza sin historia, que gira en torno a la recuperación del niño que llevamos dentro. Para ello, los actores Àlex Cantó y Jesús Muñoz buscan formas de eludir el trabajo entendido como actividad seria que sólo proporciona dinero. Reivindican la creatividad en la vida diaria. La obra se me hizo eterna, quizá porque no estoy acostumbrado a ver a dos tipos dialogando mientras juegan al ping pong.


 
Una línea más clásica siguió «Distancia siete minutos», el último montaje de Titzina Teatro. Cuenta la historia de Félix, un joven juez, que se ve obligado a abandonar su casa por una plaga de termitas. Se instalará unos días en el domicilio familiar, donde intentará acercarse a su padre. La obra está escrita, dirigida e interpretada por Diego Lorca y Pako Merino. Soy un viejo seguidor de su teatro, quizá porque aborda asuntos de los que nadie habla, pero que están ahí. Ya en su primer trabajo, Folie a deux (2002), profundizaron en la locura con humor. Esta vez tratan un tema tabú como es el suicidio, y lo hacen desde la sensibilidad, sin juicios morales ni castigos. No vi a ningún cura en la sala.
            
Os he ofrecido una pequeña muestra de lo que fue mi Muestra, una edición sin actrices. Eso me recuerda que el teatro no nos libra de las tareas domésticas, aunque ayuda a sobrellevarlas.




jueves, 28 de noviembre de 2013

EL SEÑOR (2)

















Debo de haber dormido una eternidad, pues el lado de la cama en el que se acuesta mi pareja está helado. Miro el reloj. Las cuatro de la tarde. Me siento un poco delincuente. No es que no necesitara el sueño. Después de lo que ha ocurrido lo necesitaba con toda mi alma. Pero ahora que no tengo trabajo me parece que no hago nada útil.
            
Una ducha es lo que preciso, y luego un café y un periódico. Me esfuerzo por concentrarme en esas rutinas, aunque, desde el primer instante, soy consciente de que me voy a tener que enfrentar a esto sola.
            
Cómo definirlo.
           
Una revelación que ha generado en mí una nueva conciencia. De pronto me he sentido joven y vieja al mismo tiempo. Como el señor. Él no quería desaparecer de este mundo sin contarme su secreto.
            
El agua se desliza por mi cuerpo y, pese a estar fría, noto calidez. Ni aún así me abandonan sus palabras, susurradas una noche tras otra al oído. En especial una frase, que era como el resumen de su legado: «El hombre es una plaga peor que cualquier monstruo».
            
Me pregunto qué terribles experiencias habría sufrido para abominar de sus semejantes de tal modo. Las mujeres, sin embargo, no le merecíamos una opinión tan pésima. Una parte de mí me advierte que son los desvaríos de un loco. Otra se pregunta si no tendrá razón.
            
Intento concentrarme en el periódico, pero la disociación entre mente y cuerpo llega a límites insospechados. Para el señor las mujeres somos, ni más ni menos, la salvación. El café acaba de derramarse sobre mi blusa. En vez de intentar limpiar la mancha, vierto el resto en el sofá.

martes, 19 de noviembre de 2013

VENCE CAROLINAS


















Era una desapacible noche de noviembre, de frío navajero, la primera en la que teníamos que desempolvar los abrigos.

En el Club Información me preguntaron si era participante, y me dieron un vale por un ejemplar de Relatos Urbanos. Aventuras en el asfalto (ECU, 2013). El acto estaba a punto de empezar. Mi mujer y yo llegamos puntuales cuando nuestra intención era llegar tarde.

Mientras saludaba a unas amigas, los presentadores iniciaron la gala a traición. Quién les iba a decir a ellas que ganarían dos de los principales premios.

Para amenizar la velada, se representó un pequeño sainete. En él Homero se encaraba con un adaptador moderno de la Ilíada. Eché de menos micrófonos, y no creo que fuera el único. Dos tercios de los asistentes se acordaron de Imanol Arias y el anuncio de GAES.

Luego, sin más dilación, se procedía a la entrega de premios. Tres accésit y tres ganadores. Aunque supiera de antemano que mis posibilidades eran muy limitadas, se me pusieron de corbata segundos antes de oír a los elegidos. Pobrecillos. Los premios consistían en una especie de dibujo al carboncillo enmarcado en forma de lápida con su nombre debajo.

Llamaron al resto de cuentistas al escenario. Allí nos hicieron la típica foto de grupo en la que algunos empujaron para colocarse en los primeros lugares. Al bajar, me tropecé con José Luis Ferris, de quien, lo confieso, aún no he leído nada.

Durante el vino de honor, pude charlar distendidamente con Carmen Juan Romero y Chelo Gisbert Santamaría, ambas vecinas del barrio de Carolinas. Nuestro barrio. Y ambas premiadas por sus estupendos relatos. Chelo es reincidente, pues gana el primer premio tras quedar subcampeona en otra edición. Estaban contentas. Sostenían la lápida como fieras agarradas a un trozo de carne.

Poco me queda que añadir. Sólo expresar mi satisfacción por haber colado en la antología un relato tan gamberro como La metamorfosis.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

CAFÉ CON LETRAS






















El pasado verano leí una novela juvenil que me gustó, y contacté con el autor por correo. Como vive en Alicante, le invité a un café con letras. En septiembre me dijo que estaba muy ocupado y quedamos para el mes siguiente. Nos vimos por fin una mañana de octubre. 

Estuvimos un par de horas charlando de los más variados temas, y le noté orgulloso de sus premios y novelas. Yo le conté mis proyectos, y probablemente aún se debe de estar partiendo el culo. Me dijo que no hay editoriales de cuentos en España, aparte de Páginas de Espuma. Cierto que es la única que sólo publica cuento, pero en muchas editoriales existen colecciones dedicadas a los libros de relatos. Coincidimos en que la parte que menos nos gusta de escribir es hablar en público. También me sugirió que preguntara primero por correo electrónico antes de enviar manuscritos a editores que no aceptan originales.

Hay un detalle que me parece curioso. Veréis, yo le regalé un ejemplar de 
Vareando Nubes. Me dijo que le diera tiempo, que andaba bastante liado. Se lo leyó en menos de una semana. 

Algo me decía que la crítica iba a ser agridulce, aunque yo escribiera como los ángeles. De hecho, el colega ha valorado positivamente mi escritura (dice que engancho al lector con dos o tres frases) pero no le han gustado mis historias. Por cortas, por subdesarrolladas, por pequeñajas. Eso es como si le digo a un novelista: oiga, narra usted demasiado. Quizá sea impresión mía, pero no hay libros grandes o pequeños, sólo buenos o malos lectores.

A propósito del cuento «Ojos de pez», más de un lector me ha preguntado qué demonios hace un ciego con revistas porno. Hay infinitas posibilidades, pero creo que ninguna invalida el relato. Podrían ser revistas en braille (confirmado por los invidentes). Podría no ser ciego de nacimiento. Podría haberlas comprado al saber que los amigos venían de visita. ¿Qué os parece?



jueves, 7 de noviembre de 2013

NOVIO


















—Mira, papi, ese es mi novio —señala desde el parapeto de mis brazos.
—Pero… lleva un pendiente en la oreja —objeto yo—. Los niños no llevan pendientes.
—Algunos sí —zanja ella—. Me lo dijiste tú.

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