En la parra o en el suelo, lo importante es perderle a la vida el respeto. Feliz 2020.
lunes, 6 de enero de 2020
lunes, 23 de diciembre de 2019
FELIZ NAVIDAD
Quim Monzó define la Navidad como «ese día glorioso en el que las familias se reúnen alrededor de una mesa para recordar las razones por las que el resto del año apenas se dicen nada». Precisamente porque la incomunicación campa a sus anchas en nuestra sociedad, deberíamos buscar afinidades con quienes, aparentemente, tenemos poco en común. Al fin y al cabo, todos viajamos en el mismo tren. Es eso o entregarse a la bebida. Feliz Navidad, amig@s. Gracias, Mónica, por la extraordinaria postal.
jueves, 12 de diciembre de 2019
JAKE BLUES ATACA DE NUEVO
Mi
hijo llevaba meses intentando que le diéramos una oportunidad a una vieja
película llamada Granujas a todo ritmo
(John Landis, 1980). A raíz de la lectura de Peón blanco, dama negra (Ediciones Cívicas), decidí que no podía posponerlo
más. Con toda sinceridad, creo que nunca he visto algo tan surrealista en toda
mi vida. Jake y Elwood —los Blues Brothers— son el par de gamberros más
encantadores del cine y nos hacen reír al ritmo de una banda sonora trepidante.
Pedro de Andrés rinde homenaje
a esta comedia clásica desde las primeras líneas de Peón blanco, dama negra. De hecho, su personaje principal lleva
tatuado en los nudillos el nombre de Jake. Sin embargo, nos hallamos ante una
novela futurista ambientada en Nueva York con ecos de títulos como Blade
Runner, Matrix y la saga literaria de Rosa Montero dedicada a la detective
Bruna Husky. La simbiosis entre lo antiguo y lo moderno rompe esquemas igual
que lo hiciera el Puente Colgante de Portugalete cuando se inauguró en 1893.
Nuestro Jake Blues es un drogadicto
que mata el tiempo en el Under, un garito de mala muerte. Dawn (amanecer en
inglés) aparece así descrita: «una diosa de ébano que se abría paso como un
rompehielos entre la gente». Tras una espectacular persecución de la policía, se
refugian en La Hermandad del Templo Blanco. Su líder lo necesita para salvar el
mundo.
Como buena obra de ciencia
ficción, los avances tecnológicos salpican la trama. No hablo de coches
voladores, sino del implante neuronal o placa en la sien que sustituye a los
obsoletos móviles. Da vértigo pensar en un teléfono incorporado a nuestro
cuerpo o incluso en trascender la muerte mediante la transferencia de nuestra
conciencia a un robot. No se trata de los desvaríos de un loco. Existe un
movimiento cultural e intelectual llamado transhumanismo que tiene por objetivo
transformar la condición humana mediante el uso de tecnologías.
El lenguaje narrativo brilla
por su precisión y calidad poética. Pedro de Andrés describe un disparo como un
trueno que restalla en el callejón, habla de la esclerótica para referirse al
blanco de los ojos o hace que un policía se coloque a horcajadas sobre su
víctima en lugar de encima. Los diálogos, en cambio, reproducen un habla
popular rica en frases hechas y tacos. Los capítulos cortos en que se divide la
novela, sobre todo en la segunda y tercera parte, resultan felizmente adictivos.
La ciencia ficción sirve a
menudo para hablar de realidades incómodas que preocupan en la actualidad. Los
últimos brotes de radicalismo en España reciben una lección apabullante de
mestizaje: «… hay que ser demasiado estúpido para no entender que la mezcla
mejora las especies. El racismo es un atraso, un atavismo que obstaculiza el perfeccionamiento
de la evolución».
No me entusiasma el transhumanismo. Sin embargo, he sentido mía la angustia existencial de Jake, la tensión sexual con Dawn y la libertad del mundo onírico. Peón blanco, dama negra consolida a Pedro de Andrés como un narrador independiente que sabe introducir un mensaje de esperanza en los sueños de sus lectores.
viernes, 29 de noviembre de 2019
SILENCIOSA COMPAÑÍA
jueves, 14 de noviembre de 2019
EN EL TEATRO WAGNER
El Club de Lectura Té con Tagore me
invitó en octubre a leer El reino de los suelos, finalista del V Concurso de Microrrelatos para residentes en la
Comunidad Valenciana.
El acto tuvo lugar en el vestíbulo del teatro Wagner de Aspe. Me desplacé en autobús, animado por asistir a una velada literaria y por conocer la localidad alicantina. El recibidor del teatro estaba presidido por un busto de Alfredo Kraus. Completaban el mismo una mesa de conferencias y medio centenar de butacas rojas. Tomé asiento en una de ellas cuando apenas faltaban diez minutos.
Se acercó a saludarme Nieves García,
escritora y representante del Club de Lectura. Luego siguió derrochando
simpatía entre los presentes. Al rato, dio comienzo la ceremonia. Nombraron a
los finalistas y quien quiso salió a leer su microrrelato. El aire se llenó de
palabras. Cuando me tocó, no perdí la oportunidad de dedicárselo a mi hijo.
La lectura de los tres premiados fue
el colofón del acto, cuyo epílogo consistió en la típica foto de familia.
Después pasamos a tomar un tentempié a la entrada del teatro. Tuve la suerte de
charlar distendidamente con otros escritores sobre lo humano y lo divino.
Incluso recibí alguna felicitación por mi historia. Larga vida al género breve.
jueves, 7 de noviembre de 2019
EL REINO DE LOS SUELOS
Primero fue: «Niño, no cojas cosas del suelo». Guardaba en los bolsillos restos de naufragios como un Cousteau de ciudad, pipas para comérselas luego y alguna materia pringosa en descomposición. Luego empezó a profesionalizarse: tatuajes, pegatinas, juguetes, un billete premiado con cinco euros. Eran las típicas bagatelas que no hacen daño a nadie y cambié de estrategia: «Niño, pide permiso». Cuando encontró a su padre, desaparecido desde que fue a comprar tabaco una Nochebuena, no me quedó más remedio que aceptarlo. El chico poseía un don. Ahora que él ha vuelto a largarse, le digo: «Hijo, coge lo que valga la pena».
Finalista en el V Concurso Autonómico de Microrrelatos Té con Tagore.
jueves, 24 de octubre de 2019
ANIVERSARIO DE LETRAS

El otro día cierto político español era tildado de «zascandil» por un locutor de radio. Me recordó, inevitablemente, a mi profesora de historia en el colegio. Durante una reunión en su casa alrededor de un café, dijo que yo, de niño, era un auténtico «gaznápiro». Imaginen qué vergüenza para un escritor ignorar el significado de aquella palabra frente a su maestra. Encima con mi familia delante. Luego supe que me estaba llamando despistado. Y sonreí por la sutilidad y elegancia del insulto. Con esta anécdota inconveniente, celebro diez años en el mundo de la literatura. Todo mi cariño para Amelia Abad.
jueves, 17 de octubre de 2019
TRECE ROSAS EN MURCIA
La Feria del Libro de Murcia era un tren
a vapor que por su chimenea expulsaba el humo de los sueños. Eso pensé mientras
me dirigía a la caseta de editorial Tres Columnas. Estaba nervioso pero
tranquilo. Los nervios naturales de cualquier encuentro con el público; la
tranquilidad de que no hace falta demostrar nada a nadie.
Cuando
llegué al puesto, agradecí la protección de una sombra benefactora. No en vano
aquel día se alcanzaron temperaturas superiores a treinta grados. Saludé al
editor y a algunos compañeros de letras. Una televisión local entrevistaba a una
joven poeta de la casa.
Como
siempre, cogí un ejemplar de Trece rosas negras para mostrárselo a la gente. Entonces me abordó una mujer de la
organización para decirme que, según las normas de la Feria, estaba prohibido
ofrecer libros a los transeúntes. Desde la educación y el respeto, no entiendo
cómo podría ofender a alguien por hablarle de mi libro. Quienes carecemos de la
publicidad millonaria de una estrella de fútbol, debemos recurrir al ingenio y
a la labia para darnos a conocer. Como profesional que soy, reaccioné con una
sonrisa. La charla de Sarah Jamet Martínez, mi compañera de firma, ayudó a
relativizar las cosas. Descubrí a una persona especial que tiene una historia
de superación a sus espaldas.
Monté en el autobús de Alicante
pensando en todo lo que había sucedido aquel sábado. Gracias al mapa digital,
encontré la Feria solo en una ciudad desconocida. También recibí el cariño espontáneo
de quienes quisieron un libro de cuentos firmado por su autor. Hubo quien me
preguntó por qué el título de Trece rosas
negras si no alude a las jóvenes fusiladas por la dictadura franquista tras
la Guerra Civil ni tiene trece cuentos. Tendrás que leerlo para averiguarlo.
miércoles, 2 de octubre de 2019
FIRMA EN LA FERIA DE MURCIA
Hace un año que Trece rosas negras está en la calle. Lo más curioso que me ha ocurrido en este tiempo es que, un buen día, cierta persona me anunció que estaba componiendo una canción inspirada en uno de los relatos: «Hotel Sur». Mi amigo no canta profesionalmente ni tengo noticias de que la haya acabado, pero el hecho de haber inspirado un sentimiento en alguien me parece un logro valioso. Solo espero de todo corazón que no sea un rap. Nos vemos en la Feria de Murcia si quieres.
miércoles, 25 de septiembre de 2019
LOBO EN LA ASTE NAGUSIA
La lluvia nos ha acompañado desde
que volvimos de Bilbao como un hada protectora contra el calor lobotomizador del
verano. Por eso, regreso sin parar al refresco de esos cuatro días que viajamos
al Norte. La primera ropa de abrigo en la maleta, el primer cielo oscuro, la
primera vez que recibía un premio literario. El autobús del aeropuerto superó
una zona de paneles acústicos que mostró de repente la Ría y el Guggenheim.
Habría detenido aquel instante para siempre.
Atardecía
cuando ocupamos nuestra habitación en el hotel Abando, que se comunicaba
mediante puerta corrediza con la de mis hijos. Lujosa pero práctica. Espaciosa
a la par que cómoda. Había un sillón junto a la ventana que se convirtió en mi
rincón de lectura favorito. Un hervidor de agua eléctrico completó mi
felicidad.
Salimos
a cenar algo por ahí mientras la noche refrescaba a pasos agigantados. La
chaqueta de manga larga. El pañuelo al cuello. Alfonso nos condujo a una pizzería
siguiendo las indicaciones de su móvil. De vuelta al hotel, Clara titilaba como
una estrella en el cielo. Mi mujer, menos friolera, le prestó su rebeca.
A
la mañana siguiente, salimos en estampida por Bilbao. Ya habíamos catado la
ciudad cuatro años antes en un viaje organizado. Mis padres nos acompañaban
entonces. Ahora saboreaba la libertad de recorrer sin prisa los alrededores del
Guggenheim, de vagar por el dédalo de callejuelas del Casco Antiguo, de beber
de las fuentes que tanto escasean en Alicante. Un amigo me mandó un mensaje
para quedar, pero le dije que andaba por el Norte para recoger un premio.
Repasé mentalmente lo que diría por enésima vez. No me convenció en absoluto.
Por
la tarde, fuimos en metro a Portugalete. Nos esperaba Mari Carmen Azkona
vestida con un traje popular vasco. Despistado como soy, ni se me ocurrió
preguntarle por su indumentaria. Un mercado medieval había invadido las
callejas empedradas de la villa, devolviéndola a un tiempo pretérito. El viento
olía intensamente a mar. No tardó en unirse al paseo Alicia Uriarte con su
marido, gran fotógrafo por cierto. No tardé en anudarme el pañuelo al cuello
para proteger la garganta. No tardaron en comentar «El día infinito», el cuento
gracias al cual estaba allí con ellas. Afortunadamente, las críticas fueron
constructivas e incluso Alicia se tomó bien que la hubiera convertido en
personaje. El tiempo se fue volando como un jugador de cucaña.
Derrotados
por el cansancio, aún tuvimos energía aquella noche para estrenar la Semana
Grande de Bilbao. Los niños se quedaron en el hotel mientras nos mezclábamos
con un hormiguero de gente. Algunos jóvenes llevaban el vaso vacío de plástico
al estilo John Wayne. Otros conjuraban el peligro de caer a la Ría trepados a
la barandilla. Sin ganas de alcohol, me tomé una infusión de menta en el Abando.
El
domingo amaneció ligeramente plomizo y la temperatura abrazó un otoño
anticipado. Sin hacer caso de un cielo cada vez más turbio, comimos en el
ombligo de Bilbao: la Plaza Nueva. Era tal el gentío que el camarero olvidó
cobrar los pintxos. Cuando mi mujer se percató, la lluvia y un viento gélido
nos encogían bajo los paraguas. Apretamos el paso hasta el hotel.
El
lunes seguía nublado. Con las maletas en recepción, estiramos un rato las
piernas hasta la hora de la entrega de premios. Mi mujer fue engullida por
Lush, una tienda de cosmética natural. Clara permaneció conmigo infundiéndome
el valor que necesitaba. Tras el paseo, nos recibieron los txistus de Mikel y
Patrik Bilbao a la entrada del Abando. La ceremonia contó, entre otras personalidades,
con el Alkate Juan Mari Aburto y la Concejala Itziar Urtasun. Esta última me
entregó el trofeo en forma de losa bilbaína concedido por la Asociación Plaza
Nueva Idazleak. Como no pude leer los tres folios que tenía preparados —es
broma—, aprovecho para dedicárselo a mi familia. Mi auténtico premio.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
EL BALONCESTO ESPAÑOL HACE HISTORIA
Cuando España ganó el Mundial de
Baloncesto de Japón en 2006, mi hijo apenas contaba dos años. Pasaba unas
vacaciones en Peñíscola con mi familia y disfruté el encuentro en una pantalla
gigante que habían habilitado en el vestíbulo del hotel. Han transcurrido trece
años de aquella gesta que hoy se repite en China para convertirnos en
Bicampeones del Mundo.
Los
actores han cambiado. El entrenador ya no es Pepu Hernández sino Sergio
Scariolo. Solo quedan en plantilla Marc Gasol y Rudy Fernández. Sin embargo, la
diferencia fundamental es otra. Aquel grupo de 2006 jugaba un baloncesto de
dioses. Sus cómodas victorias de treinta puntos no eran de este planeta. El
grupo de 2019, en cambio, ha logrado triunfos más ajustados y, en ese vía
crucis deportivo, se han convertido en humanos. De ese sufrimiento, ha surgido
una lección de vida: jamás rendirse, nunca tirar la toalla.
Pocos
apostaban por España. De hecho, ni siquiera partía como favorita en las quinielas.
Durante la primera fase de grupos, la selección dio muestras de una fragilidad
alarmante. Parecía aún en gira de preparación. Algún periodista llegó a
escribir que acabaría siendo la gran decepción del Mundial. El partido ante
Italia fue el gran revulsivo que Ricky, Marc, Llull, Claver y Rudy necesitaban
para carburar al máximo. Luego vinieron los Serbios, una auténtica apisonadora
que acabó probando un poco de su propia medicina. Vencimos a Polonia y llegamos
a la semifinal con Australia. Esta fue la verdadera final del torneo.
Necesitamos dos prórrogas titánicas para doblegar a un equipo que siempre fue
por delante en el marcador.
Argentina cayó con honor ante una España superlativa en la final del 15 de septiembre de 2019. La clave, el esfuerzo colectivo. Ahora que nadie duda de nuestra hazaña, Marc Gasol se permite un tirón de orejas: «Si algún día perdemos, a ver si también apoyáis».
jueves, 12 de septiembre de 2019
DEL REVÉS
Al otro lado del espejo, la Feria se veía de un modo muy distinto. La gente no quedaba en el Pincho, frente a la Puerta de Hierros. Se encaramaba al mástil blanco como uno de los hermanos Pinzones oteando el horizonte en busca de su cita. La noria giraba a una velocidad tan vertiginosa que los estómagos echaban hasta la última papilla, menos el de la adolescente. Las berenjenas de Almagro olían a Galán de noche. Don Quijote y Sancho habían abandonado la Diputación; paseaban mecidos por una peculiar plática: el Caballero de la Triste Figura le reprochaba amablemente a su escudero que no eran gigantes, sino atracciones. Alicia llevaba un rato sin decidirse a traspasar la bruñida superficie cuando recibió un mensaje en un espejo mucho más brillante, rectangular y solitario. La niña y la mujer mantuvieron un tira y afloja interminable. Pasó de estar enganchada al móvil. Salió a la calle y se dijo que la vida también puede ser maravillosa.
miércoles, 28 de agosto de 2019
EL DÍA INFINITO
En el hotel Abando de Bilbao —donde un mes antes Mari Carmen Azkona recibía el Gargantúa—, recogí el pasado 19 de agosto el premio Plaza Nueva Idazleak por el relato «El día infinito». Debido a que tiene cierta extensión, podéis leerlo con más comodidad en la antología Inventa Bilbao (Rubric, 2019).
En
su lugar, hablaré brevemente de su génesis. El único requisito del concurso era
que el cuento se desarrollara en Bilbao. Decidí que la acción transcurriera en
el desaparecido Parque de Atracciones de Artxanda, para lo cual me empapé de
toda la información disponible en internet. Nunca me había documentado para
escribir una historia y me ha parecido una experiencia fascinante.
El cine y
la música dejan su huella indeleble en «El día infinito». Hay un homenaje no
explícito a una antigua película de terror llamada El Carnaval de las almas (Herk Harvey, 1962). Explícito es el
homenaje a la música de la Movida, a esa libertad creativa que se echa de menos
en estos tiempos tan políticamente correctos.
Como
siempre, mi mujer fue mi lectora cero y la única persona con quien compartí el
relato. Poco inclinada a las alabanzas innecesarias o a hacer leña del árbol
caído, creo recordar que lo despachó en dos palabras: «Está correcto».
martes, 13 de agosto de 2019
ASPIRANTE AL SETENIL
Conocido como el «Óscar del cuento», el Premio Setenil —convocado por el ayuntamiento de Molina del Segura (Murcia)— se concede al mejor libro de relatos publicado en España. La editorial Tres Columnas ha presentado Trece rosas negras al codiciado galardón. El año pasado ganó Mundo extraño de José Ovejero (Páginas de Espuma).
martes, 2 de julio de 2019
CERRADO POR VACACIONES
Ha llegado julio y nadie podrá decir que en Academia Nova no hemos trabajado hasta el último día. Que luego la gente escupe que los profesores tenemos muchas vacaciones. Para muestra un botón: el 20 de junio, en plenas Hogueras de Alicante, nos llamó una madre desesperada por que su hija recuperara matemáticas. Al día siguiente, hablé con la adolescente porque la madre no dominaba el castellano. Admitió que tenía siete libros. «¿Siete libros de matemáticas?», pregunté estupefacto. Aclaró: «No, siete suspensos». Y aún añadió que cuándo empezaba. La animé a empezar el curso que viene desde el principio. Con esta anécdota, no aspiro a convencer a nadie de que nos merecemos hasta el último segundo de vacaciones. Eso es asunto evidente que cae por su propio peso. Solo espero alguna muestra de cariño, como esta planta de Cele que nos llega al corazón. Feliz verano.
miércoles, 19 de junio de 2019
EN CASA DE ORDIZ
El escritor José Ángel Ordiz me dedica una entrada en su blog «Entre dos mundos». Rememora un viejo episodio con una editorial de cuyo nombre no quiero acordarme. También rescata Una idea original, cuento perteneciente a mi primer libro, El Mirador, que cumple diez años. Ya no se me ocurren ideas tan bandarras ni escribo con tanto desparpajo, pero sigo intentando llegar al corazón del lector.
miércoles, 12 de junio de 2019
CITA A CIEGAS
En
las pasadas Elecciones Municipales del 26 de mayo, fui elegido primer vocal de
Mesa. Ya había sido presidente en las Elecciones del 25 de mayo de 2003, es
decir, dieciséis años atrás. Por tanto, llevaba la ventaja de saber a lo que
iba. Decidí intentar pasar el trago con la actitud más positiva posible y, para
ello, comencé a empollarme el manual.
El despertador fue la noticia más
triste del domingo. Cuando llegué, un corro de gente dormitaba a la puerta del Colegio
Electoral. Mi breve saludo no obtuvo réplica.
No tardé en conocer a mis compañeros
de cautiverio. Para preservar su identidad, los llamaré Pablo y Josefa. El
presidente es un veterano de carácter bromista y trabajador. La segunda vocal
apenas tiene veinte años y hay que sacarle las palabras con sacacorchos. Pronto
quedan asignados los papeles de la comedia que vamos a representar.
A las ocho y siete minutos de la
mañana comienza la votación. Como un engranaje perfectamente engrasado, tres completos
desconocidos trabajan en equipo. La jornada se desarrolla sin incidentes, salvo
un apoderado cuyo afán controlador le lleva a meter las narices donde no le
llaman. La policía avisa al caballero sin lograr que deponga su actitud. Pablo
lo bautiza con el merecido apodo de MacGyver. El resto de apoderados se limita
a presentarse a las Mesas y ofrecer su ayuda.
Los electores dejan alguna anécdota
digna del surrealismo. Hay uno que, tras depositar su voto en la urna, nos pide
cincuenta euros. Valiente cantamañanas. No falta un nieto que pregunta si el
nombre de su abuela recientemente fallecida se encuentra en el censo. Una
hermosa forma de decir te quiero. Por último, una señora me presenta un carnet de
autobuses para votar. La miro de arriba abajo y sonrío.
Tantas horas de convivencia dejan
estampas humanas mejores que una serie de televisión: la policía contando
chascarrillos, un apoderado repartiendo SMINT entre los miembros de las Mesas,
el cariño de mi familia…
Una vez cerrado el Colegio, vivimos una carrera contrarreloj para terminar el papeleo lo antes posible. Viendo a todos esos desconocidos colaborar estrechamente —sin siglas, sin partidos, sin ideologías—, siento que la mejor soledad se disfruta en compañía. Nos echaremos de menos, pero que pasen dieciséis años más.
miércoles, 5 de junio de 2019
CANDIDATO AL LIBRO MURCIANO DEL AÑO

El libro de relatos Trece rosas negras sigue dando que hablar. La editorial me comunicaba hace poco que un jurado externo lo había seleccionado, entre otras obras, como candidato al premio Libro Murciano del año 2018 que organiza la fundación Amigos de la Lectura. El fallo tendrá lugar en el mes de septiembre. Hasta entonces, felicidades a Tres Columnas por el reconocimiento a su labor y suerte al resto de compañeros.
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