La tradición consistía en comprar una caja de Miguelitos en el Círculo Central y comérsela sentados en la acera de los Ejidos. La crema deshacía septiembre. Hipnosis. Regresión. Miguel sigue con la mirada el péndulo hasta caer en trance. El terapeuta le anima a contar lo que ve. «Veo a Fernando Simón bailando manchegas», bromea el pensionista. Lo han intentado un montón de veces, pero es el sujeto menos sugestionable del mundo. El psicólogo no se rinde aún y pide que le cuente alguna anécdota. «Cuando nos casamos, ella parecía un corcel blanco y yo una rosa negra frente a la Puerta de Hierros», musita como si la tuviera delante. Hace una pausa para paladear el tiempo. Miguel tiene los ojos acuosos. Luego prosigue: «La piropeaban quienes pasaban y yo solo quería hacer el amor con ella en el hotel, pero nos quedamos dormidos en los cómodos sofás de recepción». No es el primero ni será el último que viene a su consulta porque no acepta que hayan suspendido la Feria de este año.
miércoles, 23 de septiembre de 2020
miércoles, 16 de septiembre de 2020
SIRTAKI
No me saludes con el codo,
ni choquemos los puños.
Bésame con la mirada,
dame un abrazo de paciencia,
hazme pedorretas en el alma
cuando esté triste.
Me niego a encerrar el cariño
en consignas
desnatadas.
Antes que seguir a la manada,
prefiero bailar el sirtaki.
miércoles, 26 de agosto de 2020
UNA EXTRAÑA NORMALIDAD
Requisitos
para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015) es una película española
que cuestiona el concepto de normalidad desde un punto de vista humorístico. Nos
educan —o debería decir programan— de acuerdo a unos determinados parámetros
para lograr la felicidad: tener un trabajo, un piso, una familia y vida social.
Sin embargo, nada más extraño que una persona completamente normal.
Algo
similar le ocurre a Candela Freire, la protagonista absoluta de Dime la verdad (Amazon, 2020). Su vida
familiar no encaja dentro de lo políticamente correcto. Está fuera del sistema
por un triste infortunio. Su marido desapareció en una misión humanitaria cinco
años atrás y acaba de ser declarada viuda por un abogado. No obstante, sospecha
que sigue vivo. Con esta intrigante premisa, Maribel Romero Soler regresa a la
novela para adultos que tan buenos resultados le dio en El peso de las horas, Finalista del XXXIV Premio Azorín de Novela.
Me
gustaría comentar a continuación algunas rarezas que alejan este libro de lo
convencional. En primer lugar, un número de páginas insólito en la obra de
Maribel Romero —casi cuatrocientas— donde el narrador omnisciente no resta
cercanía ni autenticidad a unos personajes que parecen tener vida propia más allá
de la página. En segundo término, la novela pertenece al género del suspense o
thriller. También podría catalogarse de obra romántica con tintes eróticos por
su descripción audaz y desinhibida de escenas sexuales como la del banco, entre
otras. Nada que envidiar a la adictiva prosa de Jordi Sierra i Fabra. Finalmente,
una grata sorpresa: la acción principal sucede en Alicante y no en la ciudad de
nacimiento de su autora. De hecho, Candela tiene un piso en la emblemática
Explanada.
El capítulo
ocho da un giro radical al planteamiento previo. Estalla el nudo y, de paso, ofrece
una clase magistral de cómo enganchar a los lectores mediante una dosificación
precisa de la información.
Una
atmósfera de cierto pesimismo impregna la novela, pero la escritora ilicitana
pone en boca de sus personajes oportunas bromas que rebajan la tensión y el
drama. El lenguaje opta por la llaneza y un uso pragmático que no deja lugar a
florituras ni a aspavientos poéticos. De todas maneras, siempre surgen bellos
pasajes: «Lo que nos hace verdaderamente humanos es nuestro afán de torcer las
líneas rectas.» También aparece la jerga propia del derecho con palabras tan
curiosas como «fedatario». Esto otorga verosimilitud a la narración.
Maribel
Romero se ha hecho mayor literariamente hablando. No solo por la extensión de Dime la verdad, sino, sobre todo, por la
profundidad de temas que aborda, entre los que destaca la búsqueda de lo
auténtico o el feminismo bien entendido. Me atrevería a decir, huyendo de esa
normalidad hecha para conformistas, que sus libros forman parte de mi familia
cultural. Una lectura que enseña a querernos un poco más.
jueves, 9 de julio de 2020
PERLAS DE CUARENTENA
Entre
el 16 de marzo y el 21 de junio, la pandemia del Covid-19 obligó al gobierno
español a decretar el estado de alarma. En este marco, solo estaba permitido
salir de casa en casos muy concretos. Poco a poco, las restricciones a la movilidad
fueron relajándose. Pudimos volver a hacer deporte en el exterior, quedar con
amigos o dar un sencillo paseo. Cada semana, solía poner por escrito algún
pensamiento positivo que extraer de lo que sucedía. Feliz verano, mirones.
1. El silencio: no por extraño menos
bello.
2. El sol: tomarlo en el balcón como los lagartos se ha convertido en
una auténtica delicia.
3. La falta de prisas: hemos pasado de estar
atacados de los nervios a disponer de todo el tiempo del mundo para
dedicarlo a lo que más nos gusta. En mi caso, leer y escribir.
4. La zumba: una mezcla explosiva
de diversión y deporte solo comparable a un buen petardo. Moisés, el
profesor virtual, me ha salvado la vida.
5. Calles solitarias: es un placer pasear al
perro por la carretera desierta sin temor a que te arrolle un coche, un
patinete o una señora con el carro de la compra.
6. Llamadas: escuchar la voz de amigos
se ha impuesto, por fin, a los impersonales mensajes de texto.
7. Los lametones de Wolf: cariño puro por las
mañanas.
8. Las películas con mis
hijos: enamorados
del humor surrealista de «Amanece que no es poco» y «Así en el cielo como
en la tierra», ambas del albaceteño José Luis Cuerda. Impagable la banda
sonora de esta última: «Apocalipsis / fin de la historia / juicio final /
y carne resurrecta».
9. No madrugar: alargar la noche todo lo posible y levantarse a cualquier hora no tiene precio.
miércoles, 24 de junio de 2020
EL DÍA DE LA LIBERACIÓN
Hoy no será un día cualquiera para David, que espera impaciente que las campanas de la iglesia toquen las nueve de la mañana. Ese tañido —antes odiado porque marcaba el momento de ir al colegio— ahora le sonará a bendita gloria.
Por primera vez, ha madrugado sin quejas ni protestas. Nadie ha tenido que despertarle; lo ha hecho él solo. Ha sido ver luz y saltar de la cama como un resorte. Ha desayunado un vaso de leche con galletas. Luego se ha puesto el chándal que va a juego con las zapatillas de deporte, se ha lavado los dientes y se ha peinado.
Ni siquiera ha enchufado la televisión para ver dibujos animados.
Tampoco ha matado el tiempo mirando vídeos en el móvil.
Está asomado al balcón cuando su padre se levanta.
El adulto se rasca la cabeza unos segundos hasta recordar que hoy es el día de la liberación. Sale a tomar el sol junto a su hijo. El contraste entre ambos es máximo: el hombre en pijama, sin afeitar y con aire huérfano; el niño vestido, acicalado y expectante.
—¿A qué hora te acostaste ayer, papá?
—Mejor no preguntes —contesta bostezando como un león.
—Buenos días entonces.
El hombre revuelve el pelo demasiado largo del chaval. Este le comunica que ya ha contado cincuenta personas con mascarilla, veinte con bufanda, diez con el rostro al descubierto y una con un casco de moto.
—¿En serio?
—También he visto pasar un camión del ejército. Alucinante.
—Oye —cambia de tema—, espero que recuerdes que el paseo no podrá durar más de…
—¿Veremos a mamá? —inquiere el pequeño mirando directamente a los ojos de su padre.
El hombre tarda en reaccionar. Su rostro se ensombrece aunque los rayos de sol le dan de lleno. Ella decidió, por coherencia, pasar la cuarentena en casa de sus padres.
—Hemos hablado —susurra al fin con un nudo en la garganta—. Saldrás cada día con uno.
David, que odia las discusiones interminables y los gritos secos, sabe que ha llegado el momento de pasar página. Un nuevo nacimiento espera a la civilización. Una puerta se cierra y otra se abre. Su madre sonríe bajo la mascarilla por primera vez en meses.
Incluido en la antología Palabras contra el virus, editada por Palin.
miércoles, 17 de junio de 2020
ADIVINANZA
miércoles, 10 de junio de 2020
EL REENCUENTRO
Después de casi tres meses sin verse, las mujeres tenían mucho que comentar y los hombres poco que decir. No es que no hablaran, pero ellas llevaban el peso de la conversación frente a una mesa repleta de manjares exquisitos y vinos caros.
—Nosotros solo hemos salido a tirar la basura —dijo Juana sin poder contener el orgullo.
—¿Habéis sobrevivido con latas de calamares?
—No, Luisa, hemos pagado para que nos traigan la compra a casa.
Juan, que se frotaba las manos continuamente, restó importancia a las palabras de su mujer. Acababa de recibir un mensaje de la ecuatoriana que le limpiaba los bajos.
—También hemos dormido en habitaciones separadas —insistió Juana con el obcecamiento propio de una mujer segura de sí misma.
Luis sirvió más vino en las copas de todos, aunque ya estaba bastante achispado. Luego apuró la suya de golpe.
—Y ahora dirás que no habéis follado —ironizó.
Juan derivó la charla, muy astutamente, a la gestión política de la crisis sanitaria. Encendidos por el alcohol, los cuatro amigos lanzaron insultos a diestro y siniestro.
—Tenemos un aparatito de esos que mide la temperatura —recondujo Luisa con un gritito agudo.
—Nos presentamos voluntarios —afirmó triunfante Juana.
Juan fue al baño y, al regresar, todos se habían medido la temperatura como si fuera un juego. Faltaba él. Sudaba copiosamente, reía sin ganas, le palpitaba el tic del ojo izquierdo.
El medidor dio negativo, pero la ecuatoriana tenía una falta.
—Nosotros solo hemos salido a tirar la basura —dijo Juana sin poder contener el orgullo.
—¿Habéis sobrevivido con latas de calamares?
—No, Luisa, hemos pagado para que nos traigan la compra a casa.
Juan, que se frotaba las manos continuamente, restó importancia a las palabras de su mujer. Acababa de recibir un mensaje de la ecuatoriana que le limpiaba los bajos.
—También hemos dormido en habitaciones separadas —insistió Juana con el obcecamiento propio de una mujer segura de sí misma.
Luis sirvió más vino en las copas de todos, aunque ya estaba bastante achispado. Luego apuró la suya de golpe.
—Y ahora dirás que no habéis follado —ironizó.
Juan derivó la charla, muy astutamente, a la gestión política de la crisis sanitaria. Encendidos por el alcohol, los cuatro amigos lanzaron insultos a diestro y siniestro.
—Tenemos un aparatito de esos que mide la temperatura —recondujo Luisa con un gritito agudo.
—Nos presentamos voluntarios —afirmó triunfante Juana.
Juan fue al baño y, al regresar, todos se habían medido la temperatura como si fuera un juego. Faltaba él. Sudaba copiosamente, reía sin ganas, le palpitaba el tic del ojo izquierdo.
El medidor dio negativo, pero la ecuatoriana tenía una falta.
viernes, 29 de mayo de 2020
PÍCAROS DE CUARENTENA
Entre el 16 de marzo y el 26 de abril, el confinamiento derivado del estado de alarma dejó en nuestro país estampas grotescas, situaciones hilarantes, frases de antología. No pretendo juzgar a nadie. Yo mismo no sé qué habría hecho sin la obligación de pasear al perro alrededor de veinte minutos diarios. Todas las noticias, por irreales que parezcan, han sido tomadas de la prensa digital. No he inventado una sola palabra.
1. Centros deportivos: La Policía Nacional ha descubierto actividad deportiva encubierta en un gimnasio de Alicante. Los clientes accedían usando un código previamente acordado y, para disimular, entraban con bolsas o carritos de la compra.
2. Ancianos: Un madrileño de 77 años justificó su paseo alegando que se encontraba «cazando pokémons».
3. Mascotas: Agentes de la Policía Nacional han multado a un hombre en Logroño por saltarse el confinamiento para bajar a pasear a sus peces a la calle.
4. Deportistas: Un surfista de Guardamar alegó a los agentes de la Guardia Civil que creía que hacer deporte en el mar estaba permitido.
5. Enamorados: La Policía multó a una pareja a la que pilló en plena pedida de mano en una cala de La Coruña.
6. Familias pijas: Un matrimonio con tres hijos menores y la asistenta han sido sorprendidos en una playa clausurada de Jávea por riesgo de desprendimientos. Se enfrentan a una doble sanción.
7. Nuevos Mesías: La Policía Local de Alicante interviene ante las denuncias a un vecino que lanzaba este mensaje por un altavoz: «Os vais a morir todos».
8. Viciosillos: Los Mossos han detenido a ocho personas que participaban en una orgía, operación en la que se ha incautado gran cantidad de droga.
9. Abuelas enrolladas: Una anciana de Navarra dijo que iba de paseo por la siguiente razón: «Estoy aquí guardándole el speed a mi nieta». Tras serle intervenida la sustancia estupefaciente, la denunciada enseñó sus partes íntimas a los agentes.
viernes, 22 de mayo de 2020
GERMOFOBIA
viernes, 15 de mayo de 2020
LA HUELLA
viernes, 8 de mayo de 2020
UN SOLO LATIDO
Hace
dos meses de este sindiós en el que está metida la humanidad entera por culpa
de un insignificante virus. La lectura es clara: somos tan frágiles como
nuestros sueños de inmortalidad.
Esta fragilidad ha sacado lo mejor y
lo peor del ser humano, lejos del buenismo con que los medios de comunicación
nos bombardean. Sus programas viven de la lágrima fácil o del optimismo
masoquista que genera buenas audiencias.
Lo peor de la naturaleza humana
aflora en carteles cobardes de corte antisemita que algún vecino anónimo ha
dirigido a un sanitario o a una cajera de supermercado. Ni Álex de la Iglesia
hubiera imaginado un comportamiento tan mezquino en una comunidad. Tampoco
parecen enterarse los nacionalistas de que sus sueños lúbricos de autodeterminación
han quedado relegados al psicoanálisis, aunque ellos se empeñen en hacer el
ridículo más espantoso con polémicas como la de las 1714 mascarillas.
Afortunadamente, por primera vez en
mucho tiempo, España rema en la misma dirección, se respira un solo latido,
vamos todos a una. Hablo de gente que fabrica mascarillas gratis, que no sale
de casa, que regala una llamada de teléfono, que desea feliz semana detrás de
un mostrador, que desinfecta las calles, que salva vidas, que vela por nuestra
seguridad o que ayuda a un anciano a buscar las llaves en un contenedor de basura.
Tenemos espíritu de equipo.
Los españoles hemos aplazado nuestras costumbres, nuestras festividades e incluso nuestros afectos porque era necesario. No ha sido asignatura fácil. Los políticos deberían aprender del pueblo que, en tiempos difíciles, hasta los autónomos trabajamos por el bien común.
miércoles, 29 de abril de 2020
CUARENTONA
miércoles, 22 de abril de 2020
SUSPENSE
Aquella mañana me levanté con una
alegría inusitada. Mi padre, que llevaba dos semanas ingresado en el hospital
de Alicante por una neumonía corriente, estaba a punto de recibir el alta.
Disponía de tiempo libre para ir a la piscina.
Preparé
la mochila y puse rumbo al Centro Deportivo Municipal Gran Vía. No imaginaba
entonces que aquel paseo iba a ser el último durante una larga temporada. Elegí,
como siempre, un parque de tierra que divide en dos la Avenida Juan Sanchis
Candela. Los árboles derramaban su sombra al ritmo del piar de algún pájaro. El
sol jugaba al escondite entre nubes perezosas. Con tres cuartas partes del
trecho recorrido, recibí un brevísimo mensaje de mi mujer desde el hospital: «Problemas».
El corazón me dio un vuelco. Al vecino de habitación de mi padre le estaban
haciendo el test del Coronavirus. Si salía negativo, el médico nos daba el
alta. Si salía positivo, veinte días más en cuarentena. Menudo suspense.
Reconozco
que pensé en suspender la natación por razones de seguridad, pero pudo más la
promesa del ejercicio físico. En el vestuario, se respiraba un ambiente de
calma chicha. Caras de preocupación, charlas a gritos, miradas perdidas. Hice
mis largos dándole vueltas a la cabeza. Iba tan despistado que, al cambiar de
calle, un nadador saltó sobre mí. Menos mal que el agua amortiguó el golpe.
Alrededor de las tres de la tarde,
llamaron del hospital. Reconocí la voz amable de una enfermera que nos había
atendido. Me informó del resultado de la prueba. Di las gracias y suspiré. Un
par de días más tarde, Pedro Sánchez decretaba el estado de alarma en todo el
país. Mi padre gruñe en casa sin valorar que se ha salvado por los pelos.
miércoles, 8 de abril de 2020
EL PERRO
En la comunidad de vecinos de la urbanización Las Pelusas solo había un perro, el de Carla la transexual. Cuarenta vecinos y un solo perro. El presidente, provisto de mascarilla, trasladó a la propietaria la voluntad de algunos inquilinos de pasear al animal para hacer más tolerable el confinamiento. Carla, en bata de franela, sonrió maliciosamente. Aquel hombre jamás la había saludado y una vez se puso tan nervioso que nunca volvió a compartir ascensor. En las reuniones, le parecía chistoso llamarla Carlos Martínez, aunque hacía años que había actualizado su carnet. El perro ladró dentro como si entendiera. El presidente sudaba copiosamente mientras se retorcía las manos. Creyó oportuno añadir —recalcando el pronombre personal femenino— que pagarían el alquiler que ella fijara. «¿Para qué están las vecinas?», dijo tendiéndole la correa.
miércoles, 1 de abril de 2020
LA VIDA SIGUE IGUAL

En sueños,
pedía a mi novia de la
adolescencia
que fuéramos amigos. Ella me despedía
con cajas destempladas.
Insistía: son tiempos
en que cada gesto
cuenta, podría ser
el último. Con piedad
cristiana, contestaba: ni
aunque fueras un zombi
te remataría.
Es la primera vez
que me despierto
con esperanza.
miércoles, 25 de marzo de 2020
PRISIONEROS

El equipo de profesores de Academia Nova suele quedar los viernes en la cafetería Nova Pinoso para hacer terapia de grupo. Es más barato y divertido que un psicoanalista. Recuerdo que aquel viernes trece hubo un emocionante acuerdo tácito: no mencionar el Coronavirus. Ha pasado ya una semana desde entonces.
Durante estos días de aislamiento,
he echado de menos a la gente como cualquier persona. Esta enfermedad, tan
silenciosa como las calles de nuestras ciudades, ataca la esencia de lo que
somos: seres sociales. Los abrazos, los besos, las caricias, las bromas y las
charlas forman parte de nuestro ADN. Lo habíamos olvidado con tanta red social
y tanto mensaje de móvil.
Sin embargo, el encierro ha puesto
sobre la mesa una vieja carencia de nuestra sociedad: la gente no sabe estar
sola. No hablo de los merecidos aplausos que cada tarde, a las ocho, dedicamos
a nuestros sanitarios. Me refiero a las series, películas, libros, conciertos y
demás pamplinas con las cuales nos agobian indecentemente. Incluso algunos
escritores se están dando un baño de ego leyéndonos sus obras en vídeo. Yo y
solo yo soy dueño de mi tiempo. El lobo estepario que vive en mí no aguanta
esta epidemia de estupidez.
La crisis económica nos enseñó a vivir de otra manera. Yo cambié las compras compulsivas por un voluntariado que, a día de hoy, me sigue dando grandes satisfacciones. Espero que este virus nos contagie ganas de pasar tiempo con nuestros semejantes, pero, sobre todo, más autonomía sin caer en actitudes misántropas.
miércoles, 18 de marzo de 2020
PSICOSIS
En el ascensor del hospital, un adolescente lleva mascarilla. Durante el cortísimo trayecto, no oculta su fastidio porque preferiría ir solo. Y eso que tiene la precaución de cogerlo en horas de escasa afluencia. «Tampoco hay que exagerar», comenta un hombre. El adolescente sonríe bajo la tela verde. Las puertas metálicas se abren. Antes de desaparecer por un pasillo, repite en tono agorero: «Hacedme caso, subid solos». Llevo varios días vigilando esa cabina al caer la noche. Si coincido con él a solas, le robo la mascarilla.
miércoles, 4 de marzo de 2020
LAS PERSONAS TÓXICAS
Mientras esperaban a la profesora, algunos linces analizaron sintácticamente la nota de suicidio de la pizarra.
FINALISTA en el concurso Cuenta 140 de El Cultural.
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