miércoles, 16 de diciembre de 2015
PRESENTACIÓN EN VILLAVIEJA
Parecía que no iba a llegar nunca, pero ya está aquí la presentación oficial de PELUSILLAS EN EL OMBLIGO. Nunca me ha gustado hablar en público —por algo soy escritor—, pero me encanta conversar con la gente. Contradicciones de un lobo estepario. Si estás harto de comidas de empresa, deja plantado a tu jefe y ven a disfrutar con nosotros.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
PELUSILLAS A CHIMO (2)

Hola Chimo,
Con mucha propiedad, los editores llaman cubierta a la portada de los libros. Me hace gracia el término porque la cubierta también es la banda que protege exteriormente la cámara de los neumáticos y sufre el roce con el suelo. ¿De dónde surge esta convivencia entre las ruedas y los libros? Ahora, cada vez que salgo en bicicleta me imagino que las portadas queman kilómetros.
Todo este rollo para enviarte la portada de Pelusillas en el ombligo. ¿Qué te parece el neumático? Me quedo con la pelusilla del centro, no por afán de protagonismo sino porque me recuerda a un lobo gris.
Me alegra que, aunque te haya tocado el peor curso de primaria, no pierdas el sentido del humor.
Un abrazo,
Jose
lunes, 30 de noviembre de 2015
BOOKTRAILER DE PELUSILLAS

Ya está aquí. Ya tenemos más cerca el libro de microrrelatos Pelusillas en el ombligo. Para presentarlo al mundo, hemos decidido realizar un vídeo promocional. Lo hemos titulado «Rip». Se trata del seudónimo con el que Esther Planelles y un servidor nos presentábamos al concurso semanal Cuenta 140 que dio origen al libro. En el vídeo, Rip es un personaje singular que tiene problemas con un ratón. Le ocurrirán muchas otras peripecias que no puedo desvelar. Esperamos que os guste.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
EL SOLITARIO EN OTOÑO
Tengo una teoría: los libros llegan a nuestra vida cuando deben llegar, ni antes ni después. A veces, me sorprende que la acción de una novela suceda en la estación del año en que estoy leyéndola o que diga cosas de mi vida que ni yo mismo me atrevo a admitir.
Habitación sin vistas (Amazon, 2015) parece escrita para mí, hijo único nacido cuando mi madre contaba cuarenta años. Afortunadamente, las coincidencias terminan ahí y puedo disfrutar la historia que inventa Maribel Romero sin atormentarme como su protagonista.
Ignacio, un joven de treinta y cinco años, lleva cuatro encerrado en su habitación. Solo. Sin querer ver a nadie. Su madre cuida de él, pero arrastra una culpa por un hecho luctuoso del pasado. Una psiquiatra tratará de sacarlo de esa muerte en vida.
Con este feroz argumento, arranca la que posiblemente sea la novela más oscura de Maribel Romero hasta la fecha. Contribuye a esa oscuridad el personaje de Carmela Lizón. Esta madre posesiva, beata y obsesionada por el qué dirán recuerda a la tétrica señora Danvers de la película Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940). Dice el hijo de ella: «Nunca soportó que me encariñara con nadie, fuera perro o persona. No quería a mis amigos en casa…»
Una vez planteado el nudo, Mónica Beltrán aporta luz para que la historia avance. La psiquiatra necesita averiguar la verdad a toda costa. Es el único modo de ayudar a Ignacio. Durante la lectura, he fantaseado con que está un poco enamorada de él aunque no lo haya visto nunca.
Combinando de sabia manera la primera y la tercera persona, la autora nos llevará a un final de infarto donde el ser humano revuelve las tripas. Sin embargo, Habitación sin vistas va más allá. Plantea dónde acaba el ejercicio de la paternidad. Yo creo que donde empieza la vida de nuestros hijos.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
YO FUI A JUAN XXIII
Puede sonar a broma, pero en Alicante levantas una piedra y aparece un alumno del colegio Juan XXIII. Frente a este desproporcionado número de hijos, nadie te revela su condición de «juanveintitresero» si no hay cierta confianza. Se lleva como en secreto. He oído a gente decir sobre cualquiera con un mínimo de éxito en la vida que ha sido «uno de los pocos que ha llegado lejos». Existe, en definitiva, un complejo de inferioridad.
Pues bien, yo fui a Juan XXIII.
Lo digo ahora que no soy escritor de éxito, pero escribo lo que me da la gana. Lo digo ahora que tengo el dinero justo para vivir, sin que me falte un beso de mis hijos antes de irse a la cama. Lo digo ahora que tanto se valora lo que pareces por encima de lo que eres.
Siguiendo la estela marcada por la generación del 74, el pasado 17 de octubre se celebró un encuentro de antiguos alumnos en la plaza Magallanes de Alicante. Y, como cabía esperar, muchos desaprovecharon la oportunidad de decir que fueron a Juan XXIII.
Llegué a la plaza a eso de las diez de la noche, y al principio no vi ninguna cara conocida. Enseguida se disiparon los temores. Ahí estaban algunos compañeros del grupo B con una sonrisa —que espero no se convirtiese en maldición por lo bajo al ver a la maestra Carmen—. Me encantó saludar a amigos que no habían asistido a la comida del mes de mayo, como Pedro Abellán o José Manuel Ros.
Mientras tomaba una caña, miré alrededor. Los hijos pequeños de mis compañeros de clase habían tomado la plaza. Jugaban como nosotros lo hubiéramos hecho de tener su edad. También observé a gente desconocida buscando con ojos ávidos a su promoción, creyendo recuperar así un trozo de infancia perdido para siempre.
Localicé, de pronto, a Sebas. Iba en el autobús de Jacinto y era lo que se dice un auténtico diablo. Recuerdo que, desde la cuna, mi madre ha comentado con auténtico cariño lo que la hizo sufrir aquel chaval.
Tuve que perseguir casi un cuarto de hora a Jose Miguel, apodado «el teacher». Todo el mundo lo reclamaba para hacerse una foto. Igual debería plantearse cobrar derechos de imagen.
Eché de menos a tanta gente que no sabría por dónde empezar. Prefiero quedarme con la alegría de que la muerte de Jesús Fuentes, el profesor de literatura, fue un bulo. Por lo visto, lo han matado ya varias veces. Y nosotros dedicándole cumplidos en el whatsapp como si fuera a subir nota.
He dicho ya que fui a Juan XXIII, un colegio donde pasé buenos y malos ratos. Ser el hijo de la profesora no te hace precisamente muy popular. Ya he echado la toalla a este respecto: la conocida es ella.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
ATRAPA A UN ALUMNO

La voz de la adolescente sonaba débil pero tranquila a través de la puerta del ascensor averiado. No cesaba de repetir la misma cantinela: «Nunca me ha pasado algo tan fuerte». Viendo que el técnico no aparecía, la profesora se aclaró la garganta y le dictó unos ejercicios de integrales.
Más historietas en la página de Academia Nova
viernes, 30 de octubre de 2015
HALLOBLOGWEEN 2015
LA PAZ ES ALGO MUY BONITO
Faltaba apenas una hora para la presentación. El editor llevaba en el cuerpo seis tilas, tres valium y un whisky. La asistenta de uno de los escritores le había llamado por teléfono la víspera. Según le dijo, con voz trémula, habían empezado a discutir por no sé qué de la novela que habían tardado tanto tiempo en escribir y publicar. Ella intentó mediar en la pelea, aludiendo al título de la obra —La paz es algo muy bonito—, pero los ánimos se crisparon aún más. Hizo una pausa que al editor se le antojó eterna, casi dolorosa. Una ambulancia se los había llevado. Ignoraba si vivos o muertos. Cosidos a navajazos.
En cuanto le dejaron solo con los dos cadáveres, el editor les echó una bronca monumental. Con salivazos. Luego fue a emborracharse a casa. Sin embargo, una llamada de la morgue le interrumpió. Los escritores habían regresado.
La presentación dio comienzo con bastante retraso, pues hubo que encadenar a los zombis a la silla por seguridad. Sus rostros verdosos también habían necesitado mucho maquillaje. Emitían unos sonidos quejumbrosos que ponían los pelos de punta. Babeaban de forma repugnante.
En el turno de preguntas, una periodista dijo:
—¿Habrá segunda parte de la novela?
Los zombis empezaron a sacudirse como locos y aullaban cosas ininteligibles. El libro fue un éxito póstumo.
jueves, 15 de octubre de 2015
EL PREMIO NOBEL
El Nobel de Literatura gastó hasta el último céntimo del premio en el psiquiatra. Veía libros de sus colegas por todos los escaparates.
GANADOR del concurso Cuenta 140 de El Cultural.
jueves, 8 de octubre de 2015
EL SEÑOR (9)
—No lo entiendo.
Tina me ha pedido que le explique a Paco la situación, pero suavizando todo lo posible. Por el salón de su casa parece que haya pasado un ciclón. El desorden es palmario. Nuria solía tener la vivienda tan impecable que ha convertido a este hombre en un drogadicto de ella. En cuanto a su aspecto físico, la cosa no pinta mejor. Barba de varios días, manchurrones de comida en la camisa, olor a alcohol en el aliento.
Le he dicho —intentando sonar convincente— que las chicas han decidido tomarse unas vacaciones porque a Tina le ha tocado un pellizco en la lotería.
—No lo entiendo —ha repetido—. Uno se pasa la vida trabajando como un burro para que, al mínimo descuido, se larguen por ahí a gastarse un dinero que también es nuestro.
—Bueno…
—Quería decir tuyo, perdona.
Le pongo la mano en el hombro, tratando de infundirle los ánimos que he perdido. Tina ha fracasado en el intento de convertirme en humo, de lo cual se deduce que los tíos lo tenemos chungo para ser invisibles. Quizá me pesan demasiado las pelotas.
—Las dos han prometido —afirmo inspirado— que, a la vuelta, nos invitan a un restaurante caro.
—¿Y dónde han ido? —se interesa súbitamente.
—Marruecos.
Pide que me quede un rato y vemos la tele. No puedo negarle un poco de compañía. Al cabo de un instante, posa su cabeza en mi hombro y se abraza. El cabrón duerme como un niño.
jueves, 1 de octubre de 2015
ENTREVISTA PARA ALQUIBLA

El último fin de semana de septiembre me hicieron una entrevista para la página cultural Alquibla —palabra que significa «muro de la mezquita o punto del horizonte orientado hacia La Meca, de cara al cual los musulmanes se sitúan para rezar»—. La pilota con mano firme la alicantina y licenciada en historia Eva María Galán Sempere. Hay que reconocer que en esta bitácora no faltan, además de entrevistas, reseñas de libros ni paseos por archivos municipales y bibliotecas. Los amantes de las letras se sentirán como en casa.
viernes, 25 de septiembre de 2015
PELUSILLAS A CHIMO
Hola Chimo,
¡¡¡Las galeradas de Pelusillas en el ombligo ya son historia!!! Te explico un poco el término, por si no lo tienes muy claro. Es el cuerpo del libro antes de ir a imprenta. En resumen, lo que la gente va a leer.
Siento una gran responsabilidad cada vez que me enfrento a las pruebas de un libro. No existe la escritura perfecta, lo sé, pero la cercanía del lector da vértigo. Es como estar a punto de saltar al vacío sin red.
Entenderás mi alivio al haber acabado con el embarazoso trámite. Ahora le toca el turno a la portada, la cara del hijo.
¿Y tú? ¿Qué tal las clases?
Un abrazo,
Jose
miércoles, 16 de septiembre de 2015
DUARTE
El otoño es una estación controvertida. Los chavales de mi academia la odian miserablemente. En cambio, tengo amigos que florecen cuando llegan las primeras lluvias.
Se podría decir que el inspector de policía Daniel Duarte pertenece al segundo grupo. En otoño se jubila y está deseándolo. Le queda exactamente una semana. De ahí, el título de la novela de José Payá Beltrán: La última semana del inspector Duarte (Click ediciones, 2015).
Esos cinco días serán complicados para él y emocionantes para nosotros, los lectores, pues estarán repletos de casos. La desaparición de la adolescente Mónica Navarro es el misterio central de la novela. Engarzados como rubíes aparecen otros enigmas no menos sugerentes. Pero quizá el aspecto más novedoso del libro consiste en que, previo al desenlace de cada aventura, el escritor lanza un desafío al lector atento para se adelante al inspector Duarte.
No cabe duda de que —mediante el lenguaje pulcro y exacto que le caracteriza— José Payá Beltrán ha construido un personaje profundamente humano. Así, por ejemplo, se comporta de un modo tan racional que le perdonamos que sea un violador contumaz de las leyes antitabaco. En este sentido, recuerda vagamente la debilidad de Holmes por la cocaína y se acerca más al impertérrito padre Brown de Chesterton.
El Watson de Duarte se llama Crespo, un joven policía que le da la réplica en las investigaciones. Pese a su probada inteligencia, al tipo no le gusta leer. Sin embargo, el viejo despertará su curiosidad utilizando un método que parece sacado de Harry el Sucio. De hecho, toda la novela es una cruel invitación a la lectura.
El género policiaco, quizá para rebajar la carga dramática, siempre destila alguna hebra de ironía. Por eso, en la urbanización Las Malvas se comete un asesinato. Y uno de sus presuntos brazos ejecutores se llama Consuelo.
Desconozco si José Payá Beltrán tiene previsto escribir más aventuras de Duarte. Espero que, si no le convence esta reseña, sus alumnos le persuadan.
martes, 8 de septiembre de 2015
INDEPENDENCIA
Por enésima vez, Marc tironeaba de la camiseta de su hermano mayor mientras este trataba de preparar las clases de matemáticas que impartía a domicilio. «Vale, tú ganas —dijo zanjando el asunto—, si Cataluña se independiza de España te dejo mi habitación.»
miércoles, 26 de agosto de 2015
LOBO EN BILBAO (y II)
Amanecí con una sensación casi culpable de libertad. Habíamos preferido conservar el día libre en lugar de hacer una excursión opcional por el País Vasco francés. Tras el desayuno, donde no faltó el tan temido zumo de naranja, caminamos hasta la boca de metro que nos llevaría de vuelta al Guggenheim.
El museo no defrauda a quien acude con espíritu abierto. La primera planta alberga una exposición escultórica de Richard Serra. Son gigantes esferoidales que se pueden visitar. Tuve la sensación de pasear por un intestino. La segunda planta, dedicada al polifacético Jeff Koons, me produjo sentimientos encontrados. ¿Cuál es la línea que separa al genio del loco? Por ejemplo, suena a cachondeo que la obra «Gato tendido» represente la crucifixión. En el último piso, reservado al pintor neoyorquino Basquiat, mi madre se expresó de la siguiente manera: «Mi nieta pinta mejor».
Una sorpresa esperaba en el hotel. El camarero, al saber que éramos los únicos del grupo que comíamos allí aquel día, nos dio carta blanca para elegir. Fue un banquete.
Bajamos al paseo marítimo contándonos mil cosas. Pronto se unió al grupo Pedro de Andrés. Alicia ocultaba un as en la manga: la visita a un antiguo barco pesquero. Aquel mastodonte de madera hablaba por sí solo de la dura vida en la mar. La tarde extendía su sombra, tanto que me puse la chaqueta. Me la quité en el sol. Tan imprevisible como el tiempo, apareció Aster Navas. Un auténtico gentleman.
Alicia se despidió asegurando que soy menos crápula de lo que aparento. Lo que ella ignora es que, de regreso al hotel, aún estuvimos de juerga con Luis y Sonia, la pareja joven del grupo. Echo de menos nuestras interminables charlas en el bar.
El resto del itinerario, el tiempo nos regaló días grises. Mientras escribo estas líneas, añoro los dieciocho grados de la playa de la Concha, en San Sebastián. En el Santuario de Arantzazu, parecía un auténtico vasco con chaqueta y pañuelo al cuello. Me impresionaron las torres de la iglesia, que imitan los espinos, así como la fila de catorce apóstoles de la fachada. Ni lo uno ni lo otro fue aceptado por el Vaticano durante años. Mi madre olvidó en la tienda de recuerdos una bolsa con el móvil, las gafas de sol y el abanico. Al cabo de varias semanas, recibimos un paquete certificado de Rakel Mugika Urien, la dependienta, con este inolvidable mensaje aclaratorio: «Se lo dejó en el baño».
No hay viaje que se precie donde no haya algún extravío, pero importa más lo que aprendes que lo que dejas atrás. Me gusta el carácter vasco: tan pronto testarudo como bromista. Poco efusivo pero siempre dispuesto a echar una mano. A las siete de la mañana, partimos rumbo a Alicante. Escuché toda la música que llevaba: Marlango, Los ilegales y Fuel fandango (una sugerencia de Laura Frost).
Desde que regresé, he ensayado con la perra. Me mira como si hubiera enloquecido. Nada me quita el acento vasco.
miércoles, 19 de agosto de 2015
LOBO EN BILBAO (I)
No soy demasiado amigo de viajes organizados, pero ¿hay algo más bonito que contradecirse? Además, mis padres ya no están para coronar el Aconcagua. Fue fácil convencerles del aire acondicionado natural que posee el País Vasco.
Salvado el primer escollo, el siguiente no se hizo esperar: salíamos a las cuatro y media de la madrugada. Mi mujer y yo ni siquiera nos acostamos, pues hasta esa hora solemos aguantar algunos fines de semana.
El autobús llegó puntual a la estación. Entretanto, un mendigo nos había sacado unas monedas con la historia de siempre. Una vez montado en el vehículo, saqué una pequeña almohada de viaje. Dormí a trompicones. A la hora, paramos veinte minutos en un bar de carretera. Luego recogimos viajeros. Tomamos café. Volvimos a recoger gente. El sueño y la vigilia se mezclaban de forma extraña. Creí ver a mi padre comer una torrija y luego un Miguelito. Probablemente soñaba.
Cambiamos de autocar en Madrid y seguimos dirección Burgos. Hacia las seis de la tarde, nos detuvimos en una estación de servicio. Faltaba poco para el hotel. Cuando salimos de allí, el cielo se oscureció. Grises nubarrones amenazaban tormenta. Mi primera imagen de Bilbao fueron sus tejados húmedos bajo ese cielo plomizo.
El hotel Naval se enclava en el municipio de Sestao junto a unos astilleros. La ventana de nuestra habitación daba a los mismos y un enorme barco en construcción sobresalía entre las naves. No tardaría en cruzarme con obreros comiendo o cenando en la cafetería del vestíbulo.
Mi mujer propuso salir a explorar antes de la cena. De paso, podríamos localizar una boca de metro. Pasado mañana teníamos el día libre y el hotel se halla a doce kilómetros de Bilbao. Dos señoras, con ganas de ayudar, nos indicaron el camino. Debíamos de oler a turistas a kilómetros.
Al día siguiente, desperté con hambre de lobo. Desayunando, pude observar a mis anchas al grupo de viajeros que el azar había reunido. Hordas de jubilados. Una pareja joven. Ningún crío.
Nuestro primer destino fue la playa de Getxo. No me entusiasmó porque soy hombre de costa. Tampoco me pasó por alto la habilidad de nuestra guía acompañante para darse a la fuga, tras una explicación muy pobre sobre el lugar. Esta tónica duró todo el viaje.
Mi mujer propuso salir a explorar antes de la cena. De paso, podríamos localizar una boca de metro. Pasado mañana teníamos el día libre y el hotel se halla a doce kilómetros de Bilbao. Dos señoras, con ganas de ayudar, nos indicaron el camino. Debíamos de oler a turistas a kilómetros.
Al día siguiente, desperté con hambre de lobo. Desayunando, pude observar a mis anchas al grupo de viajeros que el azar había reunido. Hordas de jubilados. Una pareja joven. Ningún crío.
Nuestro primer destino fue la playa de Getxo. No me entusiasmó porque soy hombre de costa. Tampoco me pasó por alto la habilidad de nuestra guía acompañante para darse a la fuga, tras una explicación muy pobre sobre el lugar. Esta tónica duró todo el viaje.
Esa misma mañana, cruzamos a Portugalete en el puente transbordador que atraviesa la ría. La publicidad de la agencia decía literalmente que lo haríamos en barca. Pese a la majestuosidad del Puente de Vizcaya, hubiera dado cualquier cosa por navegar.
Trepando por callejones empedrados, cediendo a cómodas escaleras mecánicas, imaginé que en cualquier momento tropezaría con Alicia y Mari Carmen, las amigas de La Nieve. Entonces les habría dicho que viven en una ciudad que conjuga perfectamente lo moderno y lo antiguo.
Como la noche de nuestra llegada había hecho algo de frío, el tiempo libre lo dedicamos a comprar unos pañuelos para el cuello. Mi mujer me regaló una taza para tomar el té. Colecciono una de cada viaje.
Pasé la tarde deseando huir por las calles de Bilbao mientras una excelente guía local desgranaba su historia. La joven iba de negro, como si quisiera aprovechar los rayos de sol al máximo. Dos obras dejan boquiabierto al viajero en el exterior del Guggenheim. Me refiero al Puppy, un perro gigante de flores, y a la araña, también enorme. Esta última representa las dos caras del amor materno, que protege y ahoga a la vez. Sentí una identificación difícil de comprender para quien no sea hijo único.
Acabamos nuestro recorrido frente a una imagen en miniatura de la Virgen de Begoña, conocida en Bilbao como la Amatxu. Curiosamente, no adorna la pared de ninguna iglesia, sino el exterior de un restaurante. Para colmo, la madre de Dios lleva en la mano un vaso de chiquito. No en vano es la patrona de los chiquiteros.
Aquello era una invitación bastante obvia a tomar un pincho en cualquier bar. Así lo hicimos.
miércoles, 12 de agosto de 2015
MADAME RUTH

Llevamos más de dos horas encerrados en un ascensor, sin saber qué ocurre fuera, por qué nadie responde.
Al principio, mantuvimos una prudente distancia. Ahora no solo nos tuteamos, sino que hemos escuchado con atención la historia del otro. Ella, la mujer de ojos verdes, ha admitido el calvario de infidelidades que soportó durante más de diez años. Yo, mis flirteos con la botella para superar las calabazas de una compañera de trabajo. «He llegado a pedir ayuda a una bruja para que realice un filtro de amor», comento avergonzado. «Yo también he acudido a Madame Ruth para que le salgan almorranas», bromea ella. La risa da paso al asombro. Le pido que repita ese nombre. Madame Ruth. Resulta una curiosa coincidencia ser clientes de la misma mujer, pero no le concedo mayor importancia.
Después de cuatro horas, tengo la boca seca como el esparto y los puños doloridos de tantos golpes. Nada. El mundo parece haberse olvidado de nuestra existencia. «Creo que ya sé de qué va este rollo. La bruja. Dame un beso en los labios», urge ella. Unos ojos así de irresistibles, una boca tan insinuante… El operario dice ¡ah! y nosotros, ¡oh!
miércoles, 5 de agosto de 2015
VUELTA
He estado el último mes alejado de la vida virtual, alejado incluso de mí mismo, perdido en esa nube inigualable que constituye el paraíso de los solitarios.
Imagino que ustedes esperan al otro lado alguna noticia o un nuevo cuento. Da igual que sean hombres, mujeres, niños o caballos. Intentaré, ante todo, que no se aburran.
En lo que llevamos de año, los microrrelatos «Estrella» y «Madame Ruth» han sido escogidos para las antologías El placer manda (Letras con Arte) y Ojos verdes. Ambos son textos picantes. ¿Me estaré volviendo un viejo verde? Además, el portal Alicante opinión se ha hecho eco del artículo «Juan XXIII Resurrection», publicándolo en su página. Más de cuatrocientas visitas en este blog lo avalan.
Este otoño, cuando el infierno refresque, editorial Lastura publicará Pelusillas en el ombligo. Más vale que se vayan preparando para cuentos en miniatura, para tapear a lo grande, para un libro a dos voces que cuando termina vuelve a empezar.
miércoles, 1 de julio de 2015
RELAX
Nadie parece librarse del relax en verano, concebido como un no parar de hacer cosas para evitar la sensación de perder el tiempo.
En mi opinión, el auténtico descanso consiste en aburrirse como una ostra, en no hacer nada de particular. Que me dejen encontrarme conmigo mismo, entablar un diálogo con, en palabras de Eloy Tizón, «ese alguien interior con el que tenemos nuestras más lúcidas conversaciones solitarias —le damos la razón, se la quitamos— y moriremos sin verlo».
Este blog hace un paréntesis estival. Entretanto, un servidor viajará unos días a Bilbao para cumplir con el ritual de las vacaciones y probar alguna tapa que otra. Espero que Mari Carmen Azcona y Alicia Uriarte me guíen. Hasta la vista, mirones.
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