domingo, 3 de abril de 2016

LA PALMA




















En el día de la palma, el gitano se quedó pensativo: «Qué desaboríos son estos payos para aplaudir».


jueves, 17 de marzo de 2016

DOS ESCRITORES Y UN DESATINO


















Clara, mi hija de siete años, me ha sugerido que la segunda parte de PELUSILLAS EN EL OMBLIGO podría titularla LEGAÑAS EN LOS OJOS. No es mala idea, y ya puestos cerremos la trilogía con MOCOS EN LA NARIZ.
            
Hay escritores, como Hipólito G. Navarro, que son capaces de inventar un relato formado solo por títulos. Siguiendo su mal ejemplo, se me ha ocurrido un nombre para la modesta gira de presentación de PELUSILLAS EN EL OMBLIGO: «Dos escritores y un desatino». Creo que los amantes del Séptimo Arte apreciarán el guiño a aquella vieja película protagonizada por Paul Newman y Robert Redford.
            
Muchos pensarán que esto no es serio. Puede incluso que las asociaciones culturales o los programas de televisión, incapaces de entender que la literatura también tiene su guasa, decidan llamar a otros. Acudirán, como siempre, a escritores con una larga lista de premios. Militares condecorados de las letras.
            
La gira «Dos escritores y un desatino» se toma un descanso para reponer fuerzas, pero después de Semana Santa aún queda la Feria del Libro de Alicante y alguna presentación más.
            
Las librerías donde podéis comprar la obra, de momento, son casi las mismas que las de Laura Gallego. En Alicante: Pynchon & Co, Ali i Truc, 80 Mundos, Libros 28 y La Casa del Libro. En el resto de España: Enclave de Libros, Taiga y Hojablanca. Hasta pronto, amigos.


martes, 8 de marzo de 2016

DÍA DE LA MADRE



El anuncio de periódico lo presentaba como un regalo original para el día de la madre. Sin embargo, yo sabía que «Clítoris, la conquista del placer» no era el libro apropiado para alguien de su edad. Me recorrió un escalofrío cuando pensé en las consecuencias de esa biblia reveladora, aunque razoné que probablemente terminaría en el cubo de la basura. Al menos, sería divertido ver su cara de disgusto. El médico le recomendó reposo. La crisis nerviosa que había sufrido la pobre mujer martilleaba en mi conciencia. El año que viene, decidí, un libro de cocina. De ese modo, cuando lo regale sin desenvolver a alguna de sus amigas no le dará las gracias por enseñarla a alcanzar un orgasmo.

Incluido en la antología V Certamen de Microrrelatos Libres Memorial Isabel Muñoz.

sábado, 27 de febrero de 2016

EL SEÑOR (10)















Por supuesto, no estamos de viaje en Marruecos. Hemos alquilado un piso en otra ciudad mientras aclaramos las ideas. Pedro no me agobia con demasiadas llamadas, pero sé que lo está pasando mal. Por un lado, vela por un Paco cada vez más inquieto y desorientado. Por otro, acude al trabajo con toda la normalidad que las circunstancias permiten.

Nuria, en cambio, ha pasado de ser la típica ama de casa que pide permiso para echar un polvo a convertirse en una devoradora de hombres sin complejos. Utiliza la invisibilidad para salir de casa de sus amantes en los momentos más inoportunos. Nunca la han pillado hasta ahora.

Ya no he vuelto a meter mano en política, pues desde que hay una presidenta del gobierno la corrupción no ha aumentado pero tampoco ha sido eliminada por completo. En cambio, he meditado largamente cuál debe ser mi siguiente paso.

Esta tarde, he visitado al mayordomo del señor. Nunca pensé que volvería a poner los pies en esa casa. Contra todo pronóstico, se ha mostrado de lo más amable. Incluso se ha disculpado por haberme despedido. Mientras tomábamos el té en una salita, un carrillón me ha sobresaltado al dar las cinco en punto.

No me he atrevido a contarle lo que pasa.

Él ha lamentado tener tanto tiempo libre. No deja de ser curioso. Según el testamento del señor, seguirá cobrando sus honorarios mientras viva con la única condición de mantener el hogar habitable.

Antes de que el crepúsculo ahogara el último rayo de sol, el mayordomo ha hecho una pregunta reveladora:

—¿No tienes a veces la sensación de que, aunque lo puedes todo, no puedes hacer nada?

Me he vuelto hacia él y, por primera vez, lo he mirado a los ojos.

miércoles, 17 de febrero de 2016

PELUSILLAS EN WASLALA



Siempre he sospechado que la gente sin vicios, en el fondo, no es humana. Pues bien, yo soy adicto al té. Este pequeño placer viene asociado a otro que tiene más años, el de la lectura. No puedo leer sin una taza de té en las manos.

Por eso, cuando surgió la idea de presentar PELUSILLAS EN EL OMBLIGO en una tetería me pareció lo más natural del mundo. No una cualquiera. Waslala, cuyo nombre evoca la ensoñación misma. Allí suelo ir solo o con amigos mientras suena de fondo una música nunca demasiado alta. Allí he discutido con mi mujer muchas veces si un relato valía la pena o no. Allí, incluso, he tomado mojitos hasta no saber cómo me llamaba.

Bajé una tarde de viernes a entrevistarme con sus actuales dueños y, desde el principio, hubo una química especial. Iván y Nuria están realmente interesados en la cultura, no la utilizan para cobrar un plus. Además, son abiertos y simpáticos. Te dejas encandilar por sus ganas.




Fijamos una fecha. Luego me puse en contacto con mi compañera de libro y con la editorial, que se encargó del cartel publicitario.

La víspera de la presentación, recibí un mensaje de Esther diciendo que tenía la gripe. Muchos alumnos también se pusieron enfermos esa semana, de modo que no me puedo quejar.

La noche del jueves, camino de Waslala, iba sudando como si estuviera en la selva Amazónica. Una lluvia delgada empezó a caer. Sólo faltaba la nube de mosquitos para completar el ambiente tropical. Por eso, sentí un alivio inmenso cuando me quité el chaquetón dentro de la tetería. Eché un vistazo. Había venido a verme el número de personas perfecto para que aquel rincón no perdiera el encanto.




Eva, profesora de un curso de escritura creativa en Waslala, tuvo el detalle de decir unas palabras previas. Aproveché para hidratarme. Hay escritores que aseguran que hablar en público es una tortura. A mí no me entusiasma, pero considero fundamental dar a conocer tu trabajo. Forma parte, se quiera o no, del oficio.

Mientras hablaba, se creó un ambiente agradable. Debía girar la cabeza una y otra vez para no descuidar a la derecha ni a la izquierda del auditorio. Se me antojó que era un político intentando formar gobierno.

Como Esther andaba con voz de aparecida, le dediqué el primer microrrelato. Luego se arrancaron a leer algunos de los presentes. Calaron hondo los textos más chistosos con fondo trágico. Los españoles nos reímos hasta de nuestra sombra.

Dicen que transmito pasión y humildad. No sé si será cierto, pero desde que dejé de considerarme un genio he empezado a pasármelo en grande.



martes, 9 de febrero de 2016

PRESENTACIÓN EN WASLALA



















Durante esta semana se celebra el sobrevalorado San Valentín, pero yo quiero reivindicar el valor de la amistad. Esa amistad que hace que dos personas muy diferentes escriban un libro juntas. Tenéis una cita con PELUSILLAS EN EL OMBLIGO en la tetería Waslala. Los enamorados también podéis venir.









viernes, 5 de febrero de 2016

REALISMO MÁGICO

















Para explicar el Realismo Mágico a un alumno, levité por el aula como si tal cosa. Lo entendió a la primera. Cuando el chaval desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra, me quedé estupefacto. Aún le busco una jodida explicación.


Más historietas en la página de Academia Nova.

viernes, 29 de enero de 2016

PELUSILLAS EN EL INFORMACIÓN



















En la primavera de 2015, Noelia Planelles nos hizo una foto delante de la Casa del Tango de Alicante. Su puerta está siempre cerrada a cal y canto. Protege una casa museo de la mirada de curiosos y público en general. Me pregunto si no debería ser al revés. El mundo de la literatura es algo parecido. Parece mentira que todo el engranaje que rodea a un libro, desde editoriales hasta librerías, esté tan sumamente anquilosado y lleno de herrumbres. Parece mentira que sea tan difícil publicar y tan arrastrado escribir. Por eso, recibir un regalo en forma de RESEÑA hace tanta ilusión. Gracias, Pepe.

lunes, 25 de enero de 2016

COMA DE MÁS

















Una amiga publicaba el otro día en facebook un aforismo de PELUSILLAS EN EL OMBLIGO que le había encantado, y hubo un detalle que me llamó la atención. En el texto, aparece una coma que no está en la versión original ni en las galeradas. Por tanto, he informado a la editorial de la errata en el libro. Según la RAE, no es correcto escribir coma entre el sujeto y el verbo de una oración.


“El libro, el perro, el amigo, me salvaron de morir de soledad. Nunca les pregunté de dónde eran.”

miércoles, 13 de enero de 2016

PELUSILLAS EN VILLAVIEJA



El pasado 18 de diciembre fue la presentación oficial de PELUSILLAS EN EL OMBLIGO en Villavieja 6.

Aquel viernes por la tarde, salí de casa con tiempo de sobra. Me apetecía pasear un rato y la costumbre, supongo, me llevó a la biblioteca Azorín a través del paseo marítimo del Postiguet. Una vez en el edificio, estuve tentado de sacar algún libro.

Cuando llegué a Villavieja, Esther Planelles ya estaba allí. Charlaba con una amiga mía en la barra. El local es una mezcla muy apropiada entre La Casa de la Pradera y La Matanza de Texas.

Salí un instante a comprobar que alguien había escrito mal la hora en una pizarra y entonces apareció un taxi. Era Lidia López, la editora. Me pidió que sostuviera un bolso o algo así. Yo besaba al aire. Su acompañante, también editor, sacó varias bolsas de libros del maletero. Fuera de bromas, quiero agradecerles el esfuerzo de venir a la presentación. No todas las editoriales lo hacen.





Tras los besos de rigor, nos dispusimos a esperar dentro con una cerveza en la mano. Bueno, Esther con un agua. Incluso firmamos ejemplares para Laura Frost y una amiga de Canarias.

Pronto se dejaron caer algunas personas. Se notaba que eran las fechas previas a la Navidad y a unas elecciones generales. Casi sin proponérmelo, estuve charlando con todo el mundo.

Después de la presentación había un concierto de flamenco. Uno de los músicos se acercó a preguntarme si íbamos a terminar a tiempo. Le pedí unas palmas para animar el acto literario, pero la fusión no se produjo.

Una amiga del voluntariado confundió a Esther Planelles con mi mujer. Fueron unos segundos terriblemente cómicos. Supongo que la escasa iluminación del local tuvo mucho que ver.




Intuyendo que no iríamos por propia voluntad, Lidia López nos arrastró hasta el escenario. Pasaban bastantes minutos de la hora prevista.

En menos que canta un gallo, la editora leyó las barbaridades que habíamos escrito como biografía —ya podía haber avisado—. Luego tomé yo la palabra. Creo que se animó el cotarro cuando leí las extrañas respuestas de algunas editoriales a la publicación del libro. Mi compañera habló en último lugar. Aclaró, como buena profesora, el significado de la expresión «guardarse las manos en el culo».

Para rematar una noche distinta, dejamos que el público leyera unos cuantos microrrelatos. Lidia López se las había ingeniado para esconderlos en unas simples bolas de máquina expendedora. Mi hija sirvió de mano inocente. Con su calculada lentitud, se lo hizo pasar un poco mal a la gente.

«Nos hemos divertido mucho», dijo Esther Planelles en su discurso. No es una frase hecha. En mi opinión, ha merecido la pena todo el esfuerzo solo por arrancarle una sonrisa al tiempo.


miércoles, 6 de enero de 2016

SOLIDARIDAD
























—Buenos días —dije con la mejor de mis sonrisas—, ¿podría colaborar con el Banco de Alimentos?
—Lo siento —respondió sin detenerse—, no quiero lotería de Navidad.


lunes, 21 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD PELUSILLERA



Abandona los convencionalismos —llámense colonia, calcetines o flores—, y regala algo original: un libro. No uno cualquiera. Regala la ironía y el desparpajo de PELUSILLAS EN EL OMBLIGO. Ya a la venta en la librería Pynchon & Co de Alicante. Feliz Navidad pelusillera.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

PRESENTACIÓN EN VILLAVIEJA




















Parecía que no iba a llegar nunca, pero ya está aquí la presentación oficial de PELUSILLAS EN EL OMBLIGO. Nunca me ha gustado hablar en público —por algo soy escritor—, pero me encanta conversar con la gente. Contradicciones de un lobo estepario. Si estás harto de comidas de empresa, deja plantado a tu jefe y ven a disfrutar con nosotros.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

PELUSILLAS A CHIMO (2)

 


Hola Chimo,

Con mucha propiedad, los editores llaman cubierta a la portada de los libros. Me hace gracia el término porque la cubierta también es la banda que protege exteriormente la cámara de los neumáticos y sufre el roce con el suelo. ¿De dónde surge esta convivencia entre las ruedas y los libros? Ahora, cada vez que salgo en bicicleta me imagino que las portadas queman kilómetros.

Todo este rollo para enviarte la portada de Pelusillas en el ombligo. ¿Qué te parece el neumático? Me quedo con la pelusilla del centro, no por afán de protagonismo sino porque me recuerda a un lobo gris.

Me alegra que, aunque te haya tocado el peor curso de primaria, no pierdas el sentido del humor.

Un abrazo,
Jose

lunes, 30 de noviembre de 2015

BOOKTRAILER DE PELUSILLAS
























Ya está aquí. Ya tenemos más cerca el libro de microrrelatos Pelusillas en el ombligo. Para presentarlo al mundo, hemos decidido realizar un vídeo promocional. Lo hemos titulado «Rip». Se trata del seudónimo con el que Esther Planelles y un servidor nos presentábamos al concurso semanal Cuenta 140 que dio origen al libro. En el vídeo, Rip es un personaje singular que tiene problemas con un ratón. Le ocurrirán muchas otras peripecias que no puedo desvelar. Esperamos que os guste.




miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL SOLITARIO EN OTOÑO
























Tengo una teoría: los libros llegan a nuestra vida cuando deben llegar, ni antes ni después. A veces, me sorprende que la acción de una novela suceda en la estación del año en que estoy leyéndola o que diga cosas de mi vida que ni yo mismo me atrevo a admitir.

Habitación sin vistas (Amazon, 2015) parece escrita para mí, hijo único nacido cuando mi madre contaba cuarenta años. Afortunadamente, las coincidencias terminan ahí y puedo disfrutar la historia que inventa Maribel Romero sin atormentarme como su protagonista.

Ignacio, un joven de treinta y cinco años, lleva cuatro encerrado en su habitación. Solo. Sin querer ver a nadie. Su madre cuida de él, pero arrastra una culpa por un hecho luctuoso del pasado. Una psiquiatra tratará de sacarlo de esa muerte en vida.

Con este feroz argumento, arranca la que posiblemente sea la novela más oscura de Maribel Romero hasta la fecha. Contribuye a esa oscuridad el personaje de Carmela Lizón. Esta madre posesiva, beata y obsesionada por el qué dirán recuerda a la tétrica señora Danvers de la película Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940). Dice el hijo de ella: «Nunca soportó que me encariñara con nadie, fuera perro o persona. No quería a mis amigos en casa…»

Una vez planteado el nudo, Mónica Beltrán aporta luz para que la historia avance. La psiquiatra necesita averiguar la verdad a toda costa. Es el único modo de ayudar a Ignacio. Durante la lectura, he fantaseado con que está un poco enamorada de él aunque no lo haya visto nunca.

Combinando de sabia manera la primera y la tercera persona, la autora nos llevará a un final de infarto donde el ser humano revuelve las tripas. Sin embargo, Habitación sin vistas va más allá. Plantea dónde acaba el ejercicio de la paternidad. Yo creo que donde empieza la vida de nuestros hijos.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

YO FUI A JUAN XXIII



Puede sonar a broma, pero en Alicante levantas una piedra y aparece un alumno del colegio Juan XXIII. Frente a este desproporcionado número de hijos, nadie te revela su condición de «juanveintitresero» si no hay cierta confianza. Se lleva como en secreto. He oído a gente decir sobre cualquiera con un mínimo de éxito en la vida que ha sido «uno de los pocos que ha llegado lejos». Existe, en definitiva, un complejo de inferioridad.

Pues bien, yo fui a Juan XXIII.

Lo digo ahora que no soy escritor de éxito, pero escribo lo que me da la gana. Lo digo ahora que tengo el dinero justo para vivir, sin que me falte un beso de mis hijos antes de irse a la cama. Lo digo ahora que tanto se valora lo que pareces por encima de lo que eres.

Siguiendo la estela marcada por la generación del 74, el pasado 17 de octubre se celebró un encuentro de antiguos alumnos en la plaza Magallanes de Alicante. Y, como cabía esperar, muchos desaprovecharon la oportunidad de decir que fueron a Juan XXIII.

Llegué a la plaza a eso de las diez de la noche, y al principio no vi ninguna cara conocida. Enseguida se disiparon los temores. Ahí estaban algunos compañeros del grupo B con una sonrisa —que espero no se convirtiese en maldición por lo bajo al ver a la maestra Carmen—. Me encantó saludar a amigos que no habían asistido a la comida del mes de mayo, como Pedro Abellán o José Manuel Ros.




















Mientras tomaba una caña, miré alrededor. Los hijos pequeños de mis compañeros de clase habían tomado la plaza. Jugaban como nosotros lo hubiéramos hecho de tener su edad. También observé a gente desconocida buscando con ojos ávidos a su promoción, creyendo recuperar así un trozo de infancia perdido para siempre.

Localicé, de pronto, a Sebas. Iba en el autobús de Jacinto y era lo que se dice un auténtico diablo. Recuerdo que, desde la cuna, mi madre ha comentado con auténtico cariño lo que la hizo sufrir aquel chaval.

Tuve que perseguir casi un cuarto de hora a Jose Miguel, apodado «el teacher». Todo el mundo lo reclamaba para hacerse una foto. Igual debería plantearse cobrar derechos de imagen.

Eché de menos a tanta gente que no sabría por dónde empezar. Prefiero quedarme con la alegría de que la muerte de Jesús Fuentes, el profesor de literatura, fue un bulo. Por lo visto, lo han matado ya varias veces. Y nosotros dedicándole cumplidos en el whatsapp como si fuera a subir nota.

He dicho ya que fui a Juan XXIII, un colegio donde pasé buenos y malos ratos. Ser el hijo de la profesora no te hace precisamente muy popular. Ya he echado la toalla a este respecto: la conocida es ella.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

ATRAPA A UN ALUMNO




La voz de la adolescente sonaba débil pero tranquila a través de la puerta del ascensor averiado. No cesaba de repetir la misma cantinela: «Nunca me ha pasado algo tan fuerte». Viendo que el técnico no aparecía, la profesora se aclaró la garganta y le dictó unos ejercicios de integrales.


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